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Organillero chileno en China

Tendencias

26 de Junio de 2026

El payaso chileno que mantiene viva la tradición del organillero en China: “Los chinos se vuelven locos”

Roberto Yurisic es el único chileno en China que realiza espectáculos como organillero. De oficio payaso, el chileno viajó al país asiático hace cerca de diez años y ha encontrado un camino profesional con su proyecto “Organillero Transpacífico”.

Por Max Chávez desde Beijing
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Roberto Yurisic (35), es como una postal del pasado. Con un bigote frondoso, un traje impoluto y un sombrero de los años 60’, hace sonar la música del organillo mientras el viento rueda furiosos los remolinos de papel celofán.

La gente se reúne alrededor del carro que lanza burbujas y lucen sorprendidos; alegres, pero sorprendidos. Como si vieran una escena sacada de alguna extraña película que solo han visto en internet.

Es que Roberto no hace sonar el organillo en alguna plaza de Maipú, una feria en Concepción o una empinada calle de Valparaíso, está a más de 18 mil kilómetros de Chile en la ciudad de Harbin en China, donde la gente jamás había siquiera escuchado hablar de ese extraño aparato.

El viaje a China

En 2016, Roberto trabajaba en Chile como payaso y monociclista en su compañía Le Fracás e incluso colaborando con el Cirque Du Solei en el espectáculo Hadal. Fue en ese último show donde creció en él la idea de viajar a conocer China, luego de hacer amistad con una contorsionista que provenía del gigante asiático.

Y no lo pensó demasiado. En 2017 emprendió rumbo a Hong Kong, para luego viajar hasta Cantón, cuna de lo que en Chile conocemos como comida China, e internarse hacia el oeste del país hasta la provincia rural de Yunnan.

Ahí encontró un circo que estaba presentándose. Roberto asistió a la función y puso especial atención en un trapecista. “Lo caché altiro, era chileno, se cacha de lejos. Además, esto quizás la gente en general no lo sabe, pero en el circo es muy conocido que los mejores trapecistas del mundo son de Chile”.

Rápidamente hicieron amistad y cuando Roberto tuvo que volver a Chile porque se terminaba su visa, el trapecista chileno lo llamó para ofrecerle un trabajo por cuatro meses.

Roberto alcanzó a estar un mes en Chile y volvió a China a mediados de 2017. Esta vez giró por todo el país haciendo su show de payaso. “Esa fue una de las experiencias más bonitas que tuve”, recuerda.

Cuando quedaban cerca de dos meses para que terminara esa gira, una noche, en medio de su show, sacó a un joven china del público para participar de su rutina. “Era guapísima y pensé, ‘le voy a pedir el número’. Terminó la función, esperé en la puerta y se lo pedí. Nos quedamos hablando y esa misma noche fuimos a comer. Fue todo bien intenso”.

Tan intenso que luego de la gira de cuatro meses, Roberto volvió a Chile pero solo para retornar unos meses después a China y pedirle matrimonio a Matilda en las montañas de Wuyishan.

Ya casados, Roberto encontró trabajo en un circo en China y fue en medio de una gira que a fines de 2019 llegaron a Wuhan. “Estábamos montando el show, pero se fue retrasando y retrasando, y nunca se armó, porque llegó el Covid-19. La gente se volvió loca. Todos encerrados en sus casas, pero nosotros no teníamos casas, estábamos viviendo en unos contenedores al lado del circo”, dice Roberto.

Pasaron más de tres oscuros meses para que pudieran salir del confinamiento, pero una vez libres, el circo había quebrado.

“Pero yo soy artista”

Sin nada, Roberto y Matilda fueron a vivir a la casa de sus suegros en Xiamen. De a poco la situación fue mejorando y el mundo volvía a abrir las fronteras con la retirada del Covid. Fue entonces que Roberto recordó los consejos de su padre, un comerciante de Meiggs que, más de una vez, le había planteado la idea de meterse en el negocio.

“Yo ahí me pegué el cacho. Había gente de Chile con la que no había hablado hace años y me escribía para pedirme que le mandara cosas,. Y yo como ‘loco, no hablamos hace diez años y me pides cosas de China”, comenta.

Así empezaron a importar peluches, lámparas, luces para influencers, primero con amigos, para luego importar directo para otras empresas. “Nos salvó la vida, pero yo soy artista”, confiesa.

En 2023, ya con el negocio andando, visitaron Chile. Iban por tres meses y se quedaron por diez. Roberto tenía la idea de armar un espectáculo callejero, pero con tradición chilena. Fue entonces que surgió la idea de comprar un viejo organillo, que consiguió de una antigua familia de chinchineros. Su papá fue el encargado de llevarlo hasta China en avión.

“Ahí arme todo el proyecto, empezar a armar toda la idea y lo llamé Organillero Transpacífico. El primer día que salimos con el organillo en China fue una locura, a la gente le encantó. Los chinos se vuelven locos”, dice Roberto.

Y fue así como cambió el arte circense por la tradición musical del organillero. “Es un oficio que a mí me trajo mucha alegría porque en si la música del organillo es tan bonita, es antigua, es de otro tiempo. La felicidad que le trae a la gente es algo que me encanta”, asegura.

Desde entonces Roberto ha recorrido buena parte de China realizando su espectáculo: “me contratan de festivales y en general mucho para los feriados de China y son tiradas largas de 10 días, de dos semanas y estamos ahí en distintas ciudades tocando”.

Hace algunos meses, Roberto y Matilda compraron un segundo organillo en Alemania. Ella también aprendió el oficio y se transformó en la primera organillera de China.

Aquí en China es como un concierto, cuando avisamos una fecha la gente se junta, llegan muchas personas, porque lo encuentran muy romántico, recibimos comentarios muy lindos, hay gente que se queda horas escuchando, es una cosa súper poética y eso hace que valga la pena, si logras tocar el corazón de alguien con el arte, vale la pena todo el esfuerzo que uno hace”, asegura Roberto.

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