60 vinilos en una noche, 300 negronis en un mes y filas de hasta 40 minutos: por qué Ri.Co Hifi se convirtió en la joya análoga de Providencia
En apenas tres meses, Ri.Co HiFi se convirtió en uno de los bares más comentados de Santiago. Su apuesta por la escucha activa de vinilos, una programación musical curada y una propuesta gastronómica diseñada especialmente para el concepto explican el fenómeno del primer listening bar de Chile. "Siento que hoy estamos ofreciendo no solo una propuesta gastronómica y de barra, sino también una propuesta musical que estaba un poco perdida en Santiago", dice Gonzalo Vallejo, el hombre detrás del proyecto, a The Clinic.
Por Felipe Betancour 28 de Junio de 2026
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Jarvis Cocker, vocalista de Pulp, comparte mesa con dos amigos mientras luce un jockey y sus clásicos lentes, íconos de la escena británica. En la cocina, la premiada chef Carolina Bazán prepara una sopa de tomate; a sus pies, una maleta guarda su colección de vinilos. Mario Marcel y Carolina Tohá esperan cerca de 30 minutos para conseguir una mesa, mientras Ana Tijoux observa la fila, decide irse y el dueño del local ni siquiera se entera.
Todo ocurre en distintos días en Ri.co HiFi, el nuevo rincón melómano de Providencia que se ha transformado en el bar de moda de la noche capitalina y que apuesta por un concepto inédito en el país: ser el primer listening bar de Chile.
El periodista Gonzalo Vallejo está detrás de este proyecto, que abrió sus puertas hace apenas dos meses en el pasaje Dr. Luis Middleton. Desde entonces, el bar ha experimentado una popularidad creciente y sostenida, al punto de que la administración debió implementar un sistema de reservas para evitar las largas filas que hoy se forman para conseguir un lugar en este cuidado espacio.
La pregunta frente a este éxito es inevitable: ¿qué ha llevado a este bar a convertirse en el nuevo objeto de deseo de Providencia? La respuesta intenta darla Vallejo, periodista de formación, pero vinculado a la música en distintas etapas de su vida. Para entenderlo, primero explica qué es un listening bar y qué lo diferencia de un local convencional donde simplemente suena música.
“Un listening bar es un lugar dedicado a la escucha de música. En los bares tradicionales, si bien la música complementa la experiencia, no necesariamente ocupa un rol central. Acá, en cambio, la música sigue siendo el eje de todo. Esa es la primera gran diferencia”, dice Vallejo.
Los listening bars nacieron en Japón y, con el tiempo, se han replicado en distintos países. En Latinoamérica, ciudades como Ciudad de México, São Paulo y Buenos Aires ya contaban con sus propios exponentes, pero en Santiago todavía faltaba una apuesta de este tipo. La idea resultó exitosa. En estos espacios la música se reproduce principalmente en vinilos.

“Es generar una pausa en el día. Sentarse a escuchar un vinilo completo, o al menos un lado, sabiendo de antemano qué va a sonar porque existe una programación”, explica el periodista.
Así, alguien puede decir “hoy quiero escuchar jazz” y saber que podrá sentarse, tomarse un momento y disfrutarlo en un lugar especialmente acondicionado para ello. Los bares convencionales cuentan con sistemas de sonido que cumplen la función de ambientar los espacios, pero no necesariamente buscan la definición, la calidad o la experiencia de escucha que sí persigue un listening bar.
Para lograr esa experiencia, el equipo detrás del proyecto optó por un sistema de sonido completamente análogo, es decir, sin procesamiento digital en la cadena de audio.
“En general, los parlantes que uno tiene en la casa, o los que se usan en matrimonios o fiestas, procesan el sonido digitalmente. Acá no, y eso hace que la reproducción de la música sea lo más fiel posible a cómo fue grabada. Se nota: suena distinto, más cálido y con más detalles. Muchas veces uno escucha elementos de una canción que en un equipo convencional simplemente pasan desapercibidos”, explica.
Mantener la popularidad
El desafío ahora es consolidar la propuesta. Para eso, no han dejado ningún detalle al azar. La iluminación está diseñada para ir cambiando a medida que avanza la tarde y la noche. Con el sonido ocurre lo mismo, y el espacio seguirá evolucionando para perfeccionar la experiencia.
“Entendemos que, al ser de los primeros en este formato, también tenemos la responsabilidad de convertirnos en una referencia. No podemos crecer más en términos de espacio físico, pero sí queremos seguir mejorando la experiencia. Por eso tenemos listo un proyecto de tratamiento acústico que esperamos implementar en los próximos meses”, adelanta Vallejo.
Esa preocupación también se refleja en la programación musical, que busca ser diversa y permanente. Esta semana, por ejemplo, Lorena Pulgar, vocalista de Chica Rica —banda chilena que acaba de ganar un Premio Pulsar— realizó una sesión de escucha de su primer EP solista, con cupos limitados e inscripción previa. La idea es que el espacio genere una programación constante de actividades que vaya mucho más allá de servir tragos y comida.
“Mantener una programación atractiva es un desafío permanente. Queremos invitar a la gente a vivir la música de otra manera. Siento que hoy estamos ofreciendo no solo una propuesta gastronómica y de barra, sino también una propuesta musical que estaba un poco perdida en Santiago”, afirma.
El nombre Ri.co HiFi proviene de la abreviación de Ritmo Colectivo, una plataforma musical antes que un proyecto gastronómico. Por eso existe una disquería Ri.Co Records cerca del bar y se organizan actividades de este tipo. Una de ellas por ejemplo, el conversatorio de la chef Carolina “China” Bazán.
“Probablemente podríamos tener más gente consumiendo si funcionamos simplemente como un restaurante tradicional, pero ese nunca ha sido nuestro objetivo”, asegura.

La cocina también escucha
Aunque la gastronomía no es el eje principal del proyecto, terminó convirtiéndose en uno de sus grandes atributos gracias a la cercanía con otro vecino del barrio. A pocos pasos, en la misma calle, se encuentra Huggo Comedor, otro de los locales que ha transformado Dr. Luis Middleton en un polo de atractivo turístico. Detrás de su cocina está Maximiliano “Maqui” Muñoz, exchef y creador de Guappo, quien asumió el desarrollo de la propuesta culinaria de Ri.co HiFi.
“Maqui entendió muy bien el concepto. Dijo: ‘Este es el primer listening bar de Santiago y de Chile, así que la comida también tiene que hacer una alusión al país’. Por eso todos los platos están pensados desde esa lógica”, cuenta Vallejo.
Uno de ellos es la lengua nogada, un carpaccio de lengua con alcaparras fritas inspirado en el vitel toné. El plato rescata un ingrediente que muchas veces genera prejuicios, pero que aquí se presenta frío, muy suave y delicado. “Mucha gente ni siquiera se da cuenta de que está comiendo lengua”, comenta.
También trabajan con pescado del día, por lo que parte de la carta cambia según la disponibilidad. Hay un tiradito que puede prepararse con róbalo u otros pescados frescos, además de una brocheta de pescado con salsa de pimentón inspirada en un anticucho de mar. Son guiños a la costa y a la cocina chilena.
La carta también incluye una cola de vacuno cocinada durante ocho horas en vino tinto, servida como un ragú acompañado de pan. En realidad, toda la propuesta gastronómica está pensada para compartir: platos para picar, untar y conversar, más que preparaciones individuales para sentarse frente a un plato principal.
En la barra también hay una selección muy cuidada. El Negroni, por ejemplo, es el trago que más se vende. “La Paloma ni siquiera está en la carta, pero la gente que ya conoce el lugar siempre la pide. Me atrevería a decir que hoy es una de las mejores palomas de Santiago”, dice el fundador.
Con la cerveza hicieron algo distinto. El creador del espacio considera que un listening bar no debía ser un lugar de schop y consumo masivo de cerveza, así que la oferta es bien acotada. Tienen una selección muy específica: Peroni, Asahi, la cerveza japonesa, y una cerveza artesanal chilena llamada Vienna, elaborada en Temuco. Él mismo cultiva el lúpulo y realiza todo el proceso de producción. Nosotros la traemos y la comercializamos acá. Son solo esas tres: Italia, Japón y Chile.
Con los vinos pasa algo parecido. Trabajan, por ejemplo, con las viñas de Marcelo Retamal, en el Valle del Itata. Tenemos tintos, blancos y espumantes, pero todas las etiquetas fueron elegidas con mucha dedicación.
Les gusta que nada esté escogido al azar ni por volumen. Hay una intención detrás de cada decisión: la comida, las bebidas, los discos y los géneros musicales responden a una misma idea.
Respecto a la música, entre las nueve de la noche y la una de la mañana siempre hay alguien a cargo de la selección musical. Son cuatro horas continuas y se reproducen alrededor de 12 vinilos por hora.



