Negocios
3 de Julio de 2026Presidente de Telecos demanda mayor uso de internet: “Necesitamos dar el salto, acá algunas empresas creen que ser digital es solo tener una página web o un medio de pago”
Alfie Ulloa indica que Chile tiene una de las mejores carreteras digitales del mundo, y “entre el 75 y 80% de la capacidad de ancho de banda se consume entre 5 o 6 aplicaciones de video. Está muy bien que la gente consuma, pero es en la parte más productiva, industrial, donde hay mucho espacio todavía por resolver”. Explica que hay un margen muy grande para que las empresas inviertan en drones, riego inteligente, monitoreo de faenas acuícolas, forestales o mineras, pero “hay mucha resistencia”. Además, compara el bajo uso de la red en Chile, versus a potencias como Japón.
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Cada tanto aparece un extranjero en las redes sociales impresionado por el acceso a internet que existe en Chile, que incluso en el Metro conecta. Nuestro país lidera junto a Singapur, Corea del Sur y Estados Unidos, el ranking de velocidad de internet del Speedtest Global Index de Ookla.
“Nosotros tenemos una red realmente impresionante”, afirma el presidente ejecutivo de ChileTelcos y AccesoTV, Alfie Ulloa, al recalcar que no existe una brecha de acceso entre ricos y pobres, ni entre barrios, muy diferente a lo que se observa en América Latina o en algunos países OCDE.
Por ese lado, estamos muy bien. El problema es otro. “Todo el mundo tiene red, pero no todo el mundo sabe usarla”, explica Ulloa quien como exsecretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Productividad le impresiona que las empresas no le saquen el jugo a esta carretera digital.
“Las empresas creen que porque tienen una página web, basta”, advierte el titular del gremio de las telecomunicaciones, con pesar.
—¿Cómo está el mercado de las telecomunicaciones considerando que en algún momento usted señaló que sería bueno que hubiese menos actores y seguimos con cuatro?
—El mercado en Chile es un mercado maduro, de empresas consolidadas, todos con una participación de mercado bien relevante. Estamos hablando específicamente de móvil donde hay cuatro empresas grandes, Claro-VTR, Entel, Millicom y WOM, que se reparten unos 22 millones de celulares activos en Chile. Eso significa que tenemos una tasa de penetración de más del 100%, o sea, hay más celulares activos que personas. No es un mercado donde haya espacio para crecer, no hay muchas personas que no tengan teléfono, porque la cobertura de la red móvil es muy grande, y el 99% del territorio poblacional está cubierto.
—¿Cuál sería el volumen razonable de empresas para un mercado como el chileno?
—En Chile sucedieron dos cosas que coincidieron: la pandemia y la licitación del 5G, que generó una demanda de inversión muy importante, lo cual estresó financieramente a algunas compañías, tuvieron que hacer reestructuración, otras se vendieron, otras se fusionaron, en fin. Los países muy grandes como México, Brasil o Estados Unidos, tienen dos o tres operadores con centenares de millones de clientes, y en Chile, con 25 millones de clientes, tenemos cuatro operadores, donde se han invertido US$29 mil millones en los últimos 15 años.
—En un mercado tan pequeño, ¿cómo se podría calificar la llegada de Millicom que adquirió Movistar?
—Para el país es bueno que haya más empresas, más inversión. Millicom es una empresa que además, compite en otros mercados no tradicionales de la telefonía. Aquí la discusión es quién es capaz de invertir considerando que hay que invertir tanto, sistemáticamente unos US$1.200 millones al año solo para mantener la calidad de la red actual, junto a los desafíos por la explosión en el consumo de datos por las plataformas de streaming e Inteligencia artificial (IA).
—¿Y cómo se responde a ese desafío?
—Este es un servicio que se universalizó sin subsidios del Estado. Si el foco era la universalización del servicio por la vía del precio más bajo, eso ya se logró, la pregunta ahora es qué necesitamos. ¿Necesitamos mantenernos en la frontera tecnológica y adoptar el 6G tan pronto salga? Si vamos a estar siempre en la frontera qué tipo de espaldas debe tener el inversionista privado para poner esos recursos con expectativas razonables de recuperarlo, ahí está la discusión.
—¿Cuál es el nivel de rentabilidad que tiene la industria?
—En los 90 era una industria muy rentable, y en los últimos 15 años la rentabilidad ha sido negativa en las empresas móviles.
—¿Hacia dónde están viendo nuevos negocios?
—Este es un sector muy distinto a lo tradicional porque la oferta llega antes que la demanda: hay que tener 5G desplegado para que las empresas vean qué pueden hacer con 5G, y hay muchos usos como la IA, la inteligencia de las cosas, la realidad aumentada, drones, vehículos autónomos, etc. Recuerdo que nosotros adoptamos el 5G semanas después que salió en Nueva York, y la promesa de esos ingresos no se materializó. En el caso de los consumidores domiciliarios, mantienen el mismo plan con el mismo precio pero conectado a 5G.
“Demoramos cuatro años en construir una antena y en Colombia, seis meses”
—¿Hay algún tipo de traba regulatoria o algo que el sector público debiese cambiar para entregar la rentabilidad que el negocio requiere?
—Esta es una industria que entrega un servicio público, ya que la Subsecretaría de Telecomunicaciones con el Fondo de Desarrollo de Telecomunicaciones subsidia básicamente, el 1% del total de la inversión. Estamos llenos de trabas burocráticas, nos demoramos cuatro años en construir una antena y en Colombia se demoran seis meses. Tenemos problemas en municipalidades, con Bienes Nacionales, con Subtel, estamos llenos de cositas burocráticas que hacen que el proceso sea muy complicado para desplegar nuevas redes y tenemos una carga regulatoria enorme en lo que ya está desplegado.
—¿En qué sentido es esa carga si ya están desplegadas?
—Es que desde la Ley de Antenas que se hizo hace unos años, prácticamente no se han podido construir nuevas antenas. Alguna reducción de esos costos podrá permitir un poco más de rentabilidad, pero aquí la discusión es en qué se usa la red, quién contrata estos servicios, necesitamos dar el salto de utilizar esta infraestructura de primer nivel, no sólo latinoamericano sino a nivel mundial.
—¿Cuáles son las estadísticas que tienen de calidad de la red?
—Tenemos las estadísticas más impresionantes en velocidad, en cobertura, en precios bajos, etc. Pero ¿cómo le sacamos trote a lo que ya está desplegado? Estamos en el top 3 de velocidad en el mundo siendo un país muy complejo desde el punto de vista geográfico. Hoy día el acceso a Internet ya no es un lujo, no hay brecha entre ricos y pobres, ni entre barrios, todos tienen fibra óptica a una velocidad muy grande, el consumo de datos es infinito en los hogares porque los planes no tienen límite de datos.
—¿Cuáles son los datos de uso de la red?
—Los datos que tenemos que entre el 75 y el 80% de la red instalada, de la capacidad de ancho de banda que tenemos, se consume entre 5 o 6 aplicaciones de video, de streaming, la que ven los niños. Y en algunas de esas redes, el 30% de la información que se está entregando es publicidad que el usuario además no pidió. Eso significa que sólo el 25% de la red instalada se está ocupando para otras cosas productivas, no recreacionales. Está muy bien que la gente consuma, pero es en la parte más productiva, industrial, donde hay mucho espacio todavía por resolver.
—¿Y respecto a los países de la OCDE, con los que siempre nos comparamos, como es la división entre el uso recreacional y de empresas?
—En los países más industrializados hay mucha más Internet productiva, en las empresas, en robotización. Ahora estamos viendo un consumo creciente del uso de la red por inteligencia artificial, básicamente procesamiento y uso de datos, etc.
—¿Por qué cree que las empresas en Chile no expanden el uso de la red?
—Llevamos años de un crecimiento bastante lánguido, lo que no impulsa a las empresas a invertir más. Hemos visto una explosión en inversión de data center, en la inversión de cables, incluyendo cables submarinos, pero en los sectores industriales hay mucho margen todavía por seguir usando en áreas como drones, riego inteligente, monitoreo de faenas acuícolas, forestales o mineras. En los sectores de servicio hay un uso bastante intensivo de Internet, pero solo como un mecanismo de comunicación; no tenemos el nivel de productividad y de automatización que uno ve en las empresas más avanzadas en Asia o en Estados Unidos. En China, Japón, Singapur, Corea, las empresas son todas digitales, aunque vendan flores, porque el back office, el relacionamiento con los clientes, el razonamiento con los proveedores, los pagos, los canales de venta, la logística, todo es digital. Creo que una vez que la economía repunte, la demanda por estos servicios va a ser más grande.
“En el sector privado, hay dudas, reticencia, resistencia”
—¿Solamente es un tema de la marcha de la economía o puede que las empresas todavía no estén preparadas para utilizar inteligencia artificial o incluir en la logística mayor automatización?
—El Estado debería ser un traccionador importante, pero sigue en deuda su modernización y digitalización, incluida las municipalidades. Hemos tenido que postergar dos veces la entrada de la ley de Modernización del Estado que digitaliza las municipalidades, porque no están las capacidades. Lo mismo nos pasa en el sector privado, hay dudas, reticencia, resistencia en algunas cosas…
—¿Resistencia a qué tipo de situaciones?
—No se sienten cómodos con los riesgos que deben asumir en ciberseguridad, algunas empresas todavía prefieren tomarlo con un poquito más de lentitud porque se exponen a multas muy grandes. Yo diría que lo principal es que no se le ve el valor y, por lo tanto, algunas empresas creen que ser digital es tener una página web o tener un medio de pago digital, y eso es sencillamente una fracción de lo que se puede hacer. También hay más resistencia de las generaciones no jóvenes, es un proceso que va más lento de lo que uno quisiera.
—Hay una especie de temor a que la mayor digitalización termine reemplazando a los trabajadores, ¿eso se cumplirá?
—Como en toda tecnología, va a haber puestos que se destruyen y puestos que se crean. Lo que uno ve en los países que están rápidamente adoptando la tecnología, es que se despliegan procesos de formación mucho más cortos, en general, entregados por la misma empresa que va a usarlos como las certificaciones que entrega Amazon, Microsoft, Oracle, o Tesla, por decir algunos. Es una solución privada a un problema público. Lograr que la gente sea más complementaria a la maquinaria y no sustituible por la maquinaria, pasa por la educación.
—¿Y en Chile quién está haciendo eso? ¿Hay empresas que estén en esa frontera?
—Chile es un hub digital, tenemos algunos de los data centers más grandes de Sudamérica, y esas empresas capacitan. Ahora hay otras cosas también: por ejemplo, Accenture, una empresa grande internacional tiene su oficina de Latinoamérica en Santiago, pero tiene 4 mil o 5 mil personas trabajando acá y 15 mil en Buenos Aires porque allá las leyes laborales son mejores y tienen beneficios tributarios. Como el mundo digital está en el ciberespacio, tú puedes ubicar a las personas donde quieras.
—Usted trabajó en la Comisión Nacional de Productividad. ¿Cómo ayudaría una mayor digitalización a que la productividad en Chile crezca?
—La verdad es que cuando uno piensa el efecto que la digitalización tiene sobre los bienes de capital, aumenta la productividad del capital, lo que lleva a aumentar siempre la productividad del trabajo y los sueldos. Podemos terminar produciendo lo mismo en menos horas, eso sería bueno. Para Chile va a ser positivo dado que tiene tantas industrias intensivas en capital, la digitalización va a hacer que la productividad del trabajo suba.



