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“Tu perro debería tener bozal”: La disputa por el espacio en plazas y parques en un país donde hay más perros con dueño que niños

En Chile hay más de ocho millones de perros con dueño y 3,2 millones de niños menores de 15 años. Especialistas, abogados y cuidadoras explican a The Clinic los riesgos, la falta de educación y los vacíos de convivencia en plazas, parques y caniles.

Sigue a The Clinic en Google News Por 18 de Julio de 2026
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Imagen: Sandro Baeza.
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Catalina celebraba su cumpleaños en el Parque Bicentenario, en un picnic con sus amigas, junto a su perro. Sabe que no es un animal amigable; lo describe como un “viejo mañoso”. Por eso, cuando vio que una niña comenzaba a acercarse, intentó prevenir cualquier problema. “El perro no es amigable”, recuerda haberle advertido. El animal alcanzó a gruñir tres veces antes de que el padre de la menor interviniera. Pero, en lugar de simplemente alejar a su hija, encaró a Catalina. “Te voy a denunciar en redes sociales”, le repetía. Discutieron durante algunos minutos hasta que la familia se fue y el episodio no pasó a mayores.

Amanda vive situaciones parecidas desde que adoptó a Kira, una mestiza de pastor alemán con labrador, en 2020. Todos los fines de semana sale a pasearla con correa por los alrededores de su casa. En una de esas caminatas vio a un niño correr directamente hacia la perra. El animal se sobresaltó y, antes de que Amanda pudiera reaccionar, el padre le dio una patada. “Fue el niño el que se acercó”, intentaba explicar ella. “Tu perro debería tener bozal”, respondía él. La discusión se prolongó durante varios minutos.

Sofía, en cambio, terminó lesionada intentando evitar un accidente. Mientras cuidaba a una niña de cuatro años, la familia había adoptado un quiltro de tamaño mediano que mostraba señales de estrés: gruñía con frecuencia y una vez intentó morder a la menor. Sofía alcanzó a interponerse y fue ella quien recibió la mordida.

Sus historias son solo algunas de las experiencias de encuentros entre perros y niños pequeños, los que parecieran ser incompatibles.

Según el primer estudio de población animal realizado en Chile por la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad Católica, encargado por la Subsecretaría de Desarrollo Regional (SUBDERE) en 2021, en Chile existen 8.306.650 perros con dueño.

Frente a esto, el último censo del Instituto Nacional de Estadística registra 3.274.648 niños menores de 15 años. Es decir, hay 2,5 perros con dueño por cada niño en Chile. Una proporción que, en los parques y plazas del país, se traduce en una disputa constante por el espacio.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

El riesgo para los niños

Según datos del Ministerio de Salud, en 2024, en los distintos recintos de urgencias del país, se recibieron 90.000 casos por mordeduras de animales. 93% de esos eran mordeduras de perro, y 19.000 niños se vieron afectados.

Pero, según cuenta el doctor Guillermo Zepeda, pediatra y profesor asistente del Departamento de Pediatría y Cirugía Infantil Norte de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, los riesgos para los niños van más allá de una mordedura o un traumatismo físico.

“Un perro grande puede pasar a llevar a un niño más pequeño generándole un traumatismo. También los perros muchas veces andan con correas que se pueden enredar en los pies de un niño, y puede incluso ser arrastrado”, comenta.

Pero el doctor, pone especial atención en la transmisión de infecciones y parásitos que pueden afectar a los menores: “Hay que recordar que los perros tienen parásitos, por supuesto, y eliminan parásitos a través de las deposiciones. Un niño pequeño puede agarrar pasto donde haya habido excremento de un animal y puede eso llevárselo a la boca”.

“En la etapa preescolar los niños son muy intrépidos, les gusta salir corriendo, explorar el mundo donde están y se pueden enfrentar a este tipo de peligros. Con el tema de la infección, incluso en etapas posteriores, eventualmente un niño más grande, que ya no tiene esta avidez, igual puede pasar su mano por casualidad en un sector que esté contaminado”, agrega.

La enfermedad más común causada por estos parásitos es toxocariasis, una infección parasitaria que ocurre cuando las larvas de unos gusanos llamados Toxocara canis, que viven en perros llegan a las personas. Según el Instituto de Salud Pública, entre 2013 y 2023, hubo un aumento en estos casos de 65 a 179, un alza del 175%.

“Ahora, hay un problema que se genera por la cohabitación con las mascotas con los niños pequeños, que ha llevado en algunas partes incluso a tener espacios separados para las mascotas, que sea un espacio cerrado dentro de un mismo parque, dentro de una misma plaza donde pueda estar la mascota libremente, pero en ese espacio más reducido, para tratar de sacar de lado esta probabilidad de accidente que se produce con la interacción mascota y niños pequeños”, explica el doctor Zepeda.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

La responsabilidad de tener una mascota

En Chile, en 2017, se creó la Ley de Tenencia Responsable de Mascotas, más conocida como Ley Cholito. Fue llamada así por un perro callejero llamado Cholito, que en enero de ese año sufrió una golpiza por parte de un grupo de personas que le causó la muerte. Esto produjo indignación social, lo que llevó a protestas y marchas que terminaron presionando a los parlamentarios para aprobar la ley.

Además de exigir que toda persona debe registrar a su mascota, identificarla con microchip, darle alimento, albergue y buen trato, la norma obliga al dueño a adoptar todas las medidas necesarias para evitar que su mascota cause daños a terceros, respondiendo civilmente por cualquier perjuicio que el animal provoque a personas o propiedades.

La médico veterinario especialista en etología y miembro de Asociación de Etología Clínica Veterinaria de Chile (ASECVECH), explica que hay mucha desinformación sobre el comportamiento canino, y en general, se malinterpretan. “Por ejemplo, si un perro mueve la cola, lo asocian a que es un perro simpático, pero puede ser una manifestación de ansiedad, que si va escalando, puede morder a un niño o adulto”, señala.

“Hay un problema también de que si hay muestras de un mal comportamiento, no se hacen cargo tampoco, lo minimizan. Falta conciencia de que, si el perro está manifestando un grado de reactividad en el paseo, por ejemplo, no puede llegar y seguir como si nada porque probablemente eso va a seguir escalando. Pero hay un tema de negación, a veces no quieren asumir que su perro tiene un problema”, agrega.

Helena de los Ríos trabaja como entrenadora de perros desde hace años. Explica que la mayoría de los perros no están preparados para estar en lugares con muchas personas. “Cuando se está en un lugar aglomerado, pasa gente cada 2-3 segundos, y hay muchos estímulos sensoriales en el lugar, además de las personas, quienes estamos acostumbrados a eso. Los perros, en cambio, pueden estresarse mucho al no estar acostumbrados”.

Detalla que esto puede aumentar mucho el cortisol del animal, debido a que su nivel de procesamiento de esos estímulos es más lento.

Por eso, explica que un error común que cometen quienes tienen perros como mascotas es no saber detectar su estado emocional y su lenguaje: “Yo lo he visto con mis propios ojos. Un perro que se estresa, el tutor le jala la correa, solo se da cuenta de que el perro no quiere caminar y de la nada, tira un tarascón, muerde un niño, a otro perro y el tutor solamente corrige al perro sin darse cuenta de todas estas señales que estaba dando anteriormente”. 

En Chile, coinciden ambas, aún hay mucho desconocimiento sobre el comportamiento canino, y cómo atender ciertos incidentes relacionados a él.

“Muchas veces los dejan sueltos y en algunos casos esos animales no tienen aprendida alguna señal de regreso, y el perro se arranca, y va a molestar a otras personas. No necesariamente porque las va a agredir ni nada, pero también molesta el entorno o el espacio donde está compartiendo otras personas, familia, incluso un niño”, dice la doctora Castillo.

Cualquier infracción a la ley de Tenencia responsable puede multarse entre 1 y 30 Unidades Tributarias Mensuales, es decir, hasta $2.100.000. El abogado Ariel Wolfenson, del estudio Wolfenson Abogados, se encarga de atender casos con respecto a infracciones de la Ley de Tenencia Responsable de Mascotas. Cuenta que es de los casos que más le ha tocado ver, pero que no hay una sola respuesta para ellos.

“Siempre los casos se ven uno a uno. Este tipo de asuntos tienen que ser ponderados por el tribunal. Por ejemplo, si es que el menor, por negligencia del padre, se expone de manera indebida al acercarse a acariciar a un perro que no conoce, podría en definitiva generar una responsabilidad del padre del menor y no así del dueño de la mascota. Pero hay otros elementos, como si era una raza considerada peligrosa o no, si estaba con correa, porque si es que estaba suelto, es muy poco probable que se pueda alegar la responsabilidad del menor”.

FOTO: LUKAS SOLIS/AGENCIAUNO

Explica que la mayoría de los casos terminan en acuerdo, de no ser así, se hace una denuncia por ley de tenencia responsable en los juzgados de policía local, quienes son los encargados de llevar estos casos.

Sin embargo, el abogado critica la lentitud con que la justicia resuelve los casos: “Los juzgados de policía local en general son procesos bastante lentos, y a mi juicio anacrónicos, porque se tramitan solo en papel y hace muy complejo tener esto a un nivel más automatizado como demanda el siglo XXI. Generalmente en primera instancia se demora cerca de un año, pero si se va a la corte pueden ser dos años más, estamos hablando de cerca de tres o cuatro años para resolver un conflicto judicial de tenencia responsable, lo cual es demasiado”.

La incompatibilidad de perros y niños

La doctora Castillo explica que “los niños tienen comportamientos que son activadores en los perros y los estresan y provocan bastante. Los sonidos agudos de las voces de los niños, los movimientos impredecibles. Además, son mucho más invasivos en cuanto al acercamiento. Un niño que se acerca de forma muy invasiva a un perro, él lo puede ver como una amenaza y puede morder en la cara”.

Con esto coincide, la experiencia de Viviana. Ella ha trabajado como paseadora de perros desde 2020, paralelo a su carrera universitaria, interrumpidamente. En general, sus paseos son por el Parque O’Higgins y sectores aledaños. Cuenta que para ella es común, al pasear a los perros, que niños se acerquen corriendo a acariciarlos, sin preguntarle previamente.

“A los parques que iba casi ninguno tenía canil. Era fome porque al final los niños casi siempre invaden el lugar y está bien porque un parque es apto para todos. Pero los papás no se preocupan de preguntar si el perro es agresivo o si pueden acariciarlo. He visto en los mismos parques que los niños suelen ir corriendo a los perros y se acercan sin pedir permiso ni nada”, relata.

Muchas veces, esto la ha llevado a advertirle a los padres del comportamiento de los hijos, que, en varias ocasiones, no le prestan mucha atención. “A veces las señoras te tiran el choreo, y me dicen que el perro tiene que estar con bozal, cuando simplemente al perro no le gustan las personas. Pero otras veces no, como que los papás no se preocupan mucho cuando los niños vienen corriendo al perro y casi los muerde”.

Castillo señala que hay un tema se seguridad que tiene que ver con la tenencia responsable de mascotas: “Si tú sabes que tu perro tiene problemas y ves que viene un niño caminando, o estás en una plaza, debes tomar las medidas de correr a tu perro con la correa y así el perro no corre riesgo y tampoco el niño”.

“Pero en la mayoría de la gente no hace eso, muchos usan correas retráctiles, el perro va a varios metros de ellos y el perro va y muerde a otro o es víctima de otro perro que lo muerde a él, van con correas demasiado largas y van pegados al celular.

“No tienen conciencia de que cuando sacan al perrito tienen que pasearlo con vigilancia, tienen que estar pendientes de su perro y con la correa bien firme, amarrado siempre y sin celular, porque en una milésima segundo puede cambiar el escenario”.

Por su parte, Helena afirma que debe haber educación de ambas partes, porque un niño no tiene la conciencia de un adulto, pero el perro tampoco la tiene. A su parecer, falta cultura de respeto y respetar el espacio del otro.

Apostar a compartir el espacio

Los caniles han aparecido en distintas comunas como una respuesta al aumento de perros en los espacios públicos. Sin embargo, no todos los municipios del país tienen este espacio, o incluso, áreas verdes.

Según un estudio del Centro de Políticas Públicas UC, solo un tercio de los habitantes de Santiago tiene acceso a una plaza o parque a menos de 400 metros de sus viviendas. A nivel nacional, solo 18 de las 117 comunas que se estudiaron cumplen con el estándar de 10 m² de áreas verdes por habitante, dejando a más de 7,6 millones de chilenos con menos de 5 m² por persona, muy por debajo de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

FOTO: MAURICIO MENDEZ/AGENCIAUNO

Según la arquitecta Macarena Gaete, el debate no debería centrarse en separar a los usuarios de las plazas, sino en cómo diseñar ciudades capaces de albergar distintos usos.

“Ahora que hay más caniles, pero no están en todas las comunas. Es un lujo que existan caniles porque en el fondo están apartando una zona de una plaza solo para los perros. Y también están asumiendo que hay gente que tiene tiempo para pasear perros y llevarlos a un canil y jugar con ellos. Es como privilegiado”, señala.

“Si uno tuviera una ciudad con exceso de espacios públicos y muchas plazas, uno podría decir, ‘vamos a tener una plaza para perros separada de la plaza para personas’ pero no es el caso en Chile, como para pensar en tener plazas solo para perros”.

En el país, no hay datos unificados de cuántos caniles hay, ya que dependen de cada municipio. En Las Condes, por ejemplo, la municipalidad reporta 35 caniles. Santiago Centro, diez. El resto, están en Providencia, Vitacura y Ñuñoa, todas comunas del oriente de la ciudad.

“La solución tiene que ver con respetar el metro cuadrado, no está en el espacio, está en el comportamiento. Más espacios públicos y más extensos ayudarían, sí, obvio. Pero la solución va más allá de eso. Debemos apostar a compartir el espacio de la mejor manera”, dice la arquitecta.

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