The Clinic Lab
No te distraes. Te distraen: la campaña chilena que le puso número a la interrupción
Una bebida para concentrarse, nueva en el mercado, instaló avisos virtuales contando cuántas personas se distraían mirándolos. Y de repente, todos los emprendedores de LinkedIn empezaron a hablar de atención.
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Imagina un aviso que dice: “Interrupción #65. Hay compañías que invierten millones en llamar tu atención.” Abajo, en letras pequeñas: No te distraes. Te distraen. Deep.
El número no es aleatorio. Es un contador. Cada pieza de la campaña lleva uno distinto —#99, #262, #432— como si el aviso mismo estuviera registrando su propio crimen: interrumpirte.
Es la campaña de lanzamiento de Deep Productivity & Performance, una bebida chilena para la concentración fundada por Ignacio Norambuena Köndor, Isaías González Dibán y Pascal Mentler Muñoz. A diferencia de Red Bull o Monster, Deep no apunta a la adrenalina: su propuesta es el foco y el rendimiento cognitivo. Pero lo que logró esta campaña fue algo que pocas marcas nuevas consiguen: que la gente hablara de ella sin que nadie le pagara por hacerlo.
La trampa publicitaria (y la confesión)
Hay un detalle que hace la campaña todavía más interesante: los avisos numerados que circularon en redes —los que mostraban contadores de “personas que se han distraído mirando este cartel” o mensajes en pantallas del Metro— no existían físicamente. Eran imágenes diseñadas para parecer reales.
Y eso, lejos de restarle mérito, le agrega una capa. La campaña no solo hablaba de la distracción: la usó. Creó imágenes suficientemente atraíbles para que la gente las compartiera, las creyera y las discutiera —exactamente el mecanismo que criticaba. Una publicidad falsa que se volvió real porque el público la hizo circular. Pocos conceptos publicitarios logran esa coherencia entre forma y contenido.
No es la primera vez que una marca juega con la línea entre lo real y lo ficticio en publicidad. Pero hacerlo con un mensaje sobre la economía de la atención —donde la distinción entre lo auténtico y lo manufacturado es justamente el problema— tiene algo de audaz.
El efecto LinkedIn
En paralelo, una serie de emprendedores, ejecutivos y figuras del ecosistema digital chileno publicaron reflexiones en LinkedIn sobre la economía de la atención. El detonante fue una invitación de Deep a compartir su propia mirada sobre el tema —no para hablar de la marca, sino para abrir una conversación.
Akash Samtani, Head of Ecommerce de una empresa regional, escribió que “hace unos años el desafío era conseguir información. Hoy el desafío es ignorarla.” María José Castro Au, marketing manager de Cabify, habló de apagar canales durante su primera semana en un nuevo trabajo como un acto de rebeldía. Manu Chatlani, fundador de Jelly, calculó que estamos expuestos a entre 4 mil y 10 mil avisos al día, y que solo 100 logran capturar nuestra atención.
Lo que tienen en común estos posts no es el tono corporativo de una campaña coordinada: es que cada uno habla desde su propia experiencia, y que todos tocan el mismo nervio.
Los números detrás del nervio
La intuición que activa esta conversación tiene respaldo científico. Gloria Mark, investigadora de la Universidad de California en Irvine y autora de Attention Span (2023), lleva dos décadas midiendo cómo trabajamos frente a pantallas. Sus datos son incómodos: en 2004 una persona podía mantenerse enfocada en una pantalla durante 2 minutos y medio antes de distraerse; en 2012 el promedio bajó a 75 segundos. Hoy apenas alcanza los 47 segundos.
Y recuperarse de una distracción no es gratis: se necesitan 25 minutos para que la atención vuelva a una tarea después de una interrupción, y nos interrumpimos a nosotros mismos más de lo que somos interrumpidos por otros.
Un informe de 2024 documenta que el 59% de los trabajadores no logra concentrarse 30 minutos seguidos, y que las interrupciones digitales suman cerca de 275 por jornada laboral. Una encuesta del mismo año encontró que las personas revisan su teléfono en promedio 205 veces al día —aproximadamente una vez cada cinco minutos durante las horas de vigilia.
La paradoja del aviso
Lo más inteligente de la campaña de Deep es que se nombra a sí misma. “Qué absurdo tener que gritarte ‘recupera tu atención’ desde una pantalla. Pero bueno. El silencio no pudo pagar este espacio.” La campaña usa la interrupción para hablar de la interrupción. Y ahora sabemos que también usó la ilusión para hablar de la ilusión.
Bastian Moreno, cofundador de ContAI y coordinador general de TakeOff FEN, lo resumíó bien en su post: “Yo era muy de culparme pensando que era solo falta de disciplina las veces que me distraía en exceso, pero hay un ecosistema completo construido para distraernos.” Esa frase —que la distracción no es un defecto personal sino un producto diseñado— es la tesis que Deep convirtió en campaña. Real o ficticia, resonó.