Ciudad
6 de Agosto de 2026“Me dijeron que debe agredirme para detenerlo”: La pesadilla de una veterinaria de Ñuñoa acosada hace un año por un cliente de 60 años
Desde hace un año, Camila Tobar denuncia ser víctima de un intenso acoso por parte de un hombre de 60 años que solía llevar a su perro a la clínica veterinaria donde ella trabaja. Según relata, el sujeto la espera todos los días a la salida de su trabajo, le hace llegar regalos y la amenaza con que conoce su ubicación en todo momento.
Compartir
En un desesperado último llamado de ayuda, la médica veterinaria Camila Tobar publicó un mensaje en Instagram relatando el calvario que vive hace un año: un cliente de la clínica donde trabaja se obsesionó con ella y la espera todos los días a la salida del recinto. El acoso ha llegado a tal nivel que sus compañeros deben escoltarla cada vez que sale de la veterinaria al terminar su jornada para regresar a su casa.
“La última vez que fui sola a la farmacia de la esquina, intentó abordarme en la calle y tuve que salir corriendo. Me mantiene vigilada todo el día y todos días (…) Incluso manifestó que tenía un GPS en mi vehículo, que sabia cuando llegaba y cuando me iba, y que no pensaba detenerse porque no le tenía ‘miedo a nadie‘”, cuenta sobre el hombre de 60 años.
En conversación con The Clinic, Camila relata los detalles de lo que califica como “una pesadilla”.
Todo comenzó cuando atendió al perro del hombre, en agosto de 2025. Su mascota padecía múltiples enfermedades, y su dueño no contaba con los recursos para costear todo el tratamiento, “por lo que junto a mis compañeras de trabajo lo ayudábamos costeando medicamentos y exámenes”, cuenta.
Con el tiempo, Camila asegura que el hombre comenzó a “malinterpretar” esa ayuda. Luego de que su perro falleció en diciembre, el acoso se intensificó.
“Cuando falleció el paciente, lo primero que hizo fue declararse, me dijo que se estaba pasando rollos conmigo, y en ese instante yo no lo atendí nunca más. Nuestra relación siempre fue únicamente la de médico veterinario y cliente. Jamás hubo otra interacción diferente ni personal”, relata.
A pesar del rechazo, a la veterinaria comenzaron a llegar pasteles, flores y regalos de manera constante. “Empezó a llamar insistentemente y a enviar mensajes de contenido amoroso al número de la clínica insinuando que estábamos juntos y enamorados”, agrega.
Incluso, según denuncia, el hombre comenzó a involucrar a terceros en el hostigamiento. Les pedía a clientes que ingresaban a la clínica que le entregaran las flores que llevaba para ella y, más tarde, empezó a pagarles a cuidadores de autos para que le hicieran llegar regalos. En una ocasión, mientras Camila estaba de vacaciones, el sujeto acudió a su lugar de trabajo exigiendo hablar con ella y preguntando dónde se encontraba.
En otra oportunidad, “él llamó a otra doctora en la mitad de la noche, pensado que era yo, y le decía cosas amorosas, de índole sexual, que estaba enamorado y que gracias por la ayuda”, cuenta.
“Aunque cuento con una medida de protección, en la práctica sigo expuesta“
“He realizado denuncias en Carabineros y presentando antecedentes ante Fiscalía, incluyendo pruebas y registros de lo ocurrido. Aun así, mi causa fue archivada y, aunque cuento con una medida de protección, en la práctica sigo expuesta. Me han explicado que, mientras no exista un delito flagrante, las posibilidades de actuar son muy limitadas. Me dijeron que debe agredirme físicamente o llegar a algo mayor para detenerlo”, asegura.
La pareja de Camila y su cuñada han llegado dos veces hasta la casa del hombre, en un acto por intentar frenar el acoso, pero en ninguna de las oportunidades ha salido a hablar, si no que han sido sus familiares los que han salido a dar explicaciones.
“La primera vez salió un sobrino y la segunda vez ya salió el hermano. El hermano dijo que el tenía trastornos mentales y que era poco menos que un cacho en la casa. Que ya era un caso perdido, que no sabían qué hacer con él. Esa era la justificación que daban“, afirma Camila.
Luego de su publicación en redes sociales, la historia llegó hasta Sebastián Sichel, el alcalde de Nuñoa, comuna donde está ubicada la veterinaria.
“Ya tuve una reunión con el alcalde, con su equipo. Me van a facilitar abogado gratuito, una abogada de la Defensoría de la Mujer de Ñuñoa. Me van a brindar protección, terapia psicológica y me van a brindar un dispositivo de emergencia, que puedo activar cada vez que este tipo esté cerca”, comenta. Además, han desplegado patrullas para resguardar su seguridad.
Al compartir su historia en redes sociales, Camila pensó que quizás el acoso disminuiría, pero ha sido todo lo contrario: “Pensé que quizás le iba a haber vergüenza unos días de aparecer. Y ayer apareció en la clínica, volvió muerto de la risa, estuvo en la esquina un rato, se reía, se paseaba“.



