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Rojas Magallanes
@camiloguerrero.visual

Tiempo Libre

12 de Agosto de 2026

De sede vecinal a templo del indie chileno: la historia del centro cultural Rojas Magallanes y cómo se transformo en “un trampolín de bandas”

Desde una sede vecinal en La Florida hasta convertirse en refugio de la escena independiente: el Centro Cultural Rojas Magallanes lleva casi dos décadas recibiendo bandas, formando públicos y funcionando como trampolín para nuevos proyectos antes de que den el salto a los grandes escenarios del país.

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CBGB en Nueva York, The Cavern en Liverpool o The Masque en Los Ángeles. Ciudades de todo el mundo han construido, más allá de los márgenes del mainstream, espacios que se convierten en refugio y punto de encuentro para las bandas independientes. En Santiago, hace casi dos décadas, nació el Centro Cultural Rojas Magallanes, en La Florida, originalmente destinado a albergar actividades comunales. Hoy, sin embargo, se ha levantado como uno de los principales puntos de encuentro de la escena independiente y de la llamada nueva escena musical.

Pero el viaje ha sido orgánico. Hoy, el espacio cuenta con dos recintos: una sala con capacidad para 250 personas y el recinto principal, donde caben aproximadamente mil asistentes.

Por sus escenarios pasan actualmente exponentes de la llamada “nueva escena”, con grupos jóvenes como Candelabro, uno de los nombres más reconocidos de esta nueva camada, Hesse Kassel, TeodioTeodio, Cámara Chilena de la Destrucción y Destruyendo Autos, entre otros proyectos que hoy rondan el lugar.

El origen del Rojas Magallanes, sin embargo, está lejos de los circuitos musicales. El espacio funciona desde 2008 como una sede social en La Florida y nació por iniciativa de un grupo de amigos del barrio que decidió recuperar un recinto que estaba en desuso.

“Nosotros funcionamos acá desde el 2008, en La Florida. Esto es un espacio vecinal, es una sede social, y surgió gracias a un conjunto de amigos que somos de acá del barrio. Jugábamos a la pelota y, de hecho, salimos campeones en un campeonato largo de La Florida jugando a la pelota, porque éramos de acá del barrio. Entonces, hay un sentido de pertenencia con el lugar, primero que todo”, cuenta Sandoval.

La recuperación del recinto fue el primer paso. Sandoval cuenta que la sede estaba prácticamente abandonada y en manos de personas que, según su relato, estaban haciendo un uso personal del espacio.

El grupo de amigos decidió entonces organizarse para recuperarlo y, después de una serie de gestiones, terminó haciéndose cargo legalmente de la administración. “Hicimos una elección, una nueva elección. Se tuvieron que levantar nuevos libros de actas porque las personas que estaban ahí no estaban vigentes, tuvimos que hacer todo nuevo. Entonces, así nos empezamos a tomar el espacio”, relata.

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Así Sandoval y sus amigos, muchos venidos de carreras humanistas, decidieron formar un centro cultural con la idea de incentivar la participación de los vecinos a través de distintas expresiones artísticas. La organización vecinal, por sí sola, no estaba consiguiendo convocar a la comunidad, por lo que la cultura apareció como una herramienta para darle vida al espacio. En el barrio también hay vecinos de la tercerda edad, la idea era también integrarlos a ellos con actividades.

La música llega a Rojas Magallanes

La música comenzó a entrar al Rojas Magallanes de una manera mucho más sencilla que la que tendría años después. En sus primeros tiempos, el espacio abrió sus puertas a bandas que se dedicaban principalmente a los covers, en jornadas que todavía tenían más de encuentro entre amigos y músicos que de espectáculo profesional. “Eran tocatas nocturnas, más rockers y al principio eran con banda de covers”, recuerda Sandoval.

Con el tiempo, esas presentaciones fueron ganando convocatoria y extendiendo sus horarios. En 2012, el funcionamiento seguía siendo completamente intuitivo y las jornadas podían prolongarse hasta el amanecer. “En ese tiempo ya empezamos como fuerte, nos quedamos hasta tarde, hasta la hora del ñafle haciendo tocatas de manera muy intuitiva, y terminamos a las 6 de la mañana, de repente”, cuenta Sandoval.

Ese primer período también estuvo marcado por la falta de recursos. El centro cultural todavía no contaba con la infraestructura ni los equipos que tendría años después, por lo que buena parte de la organización dependía del ingenio de quienes estaban detrás del espacio. “No había otra, no había otra. Trabajábamos con mesa análoga y algo podía defenderme en eso”, recuerda Sandoval sobre esos primeros años.

Espacio para nuevas bandas

Fue entonces cuando el Rojas Magallanes comenzó a conectarse con los circuitos de música alternativa que se estaban formando en Santiago. Parte del grupo que gestionaba el espacio ya frecuentaba lugares del centro donde se realizaban tocatas, lo que permitió que nuevas propuestas comenzaran a acercarse hasta La Florida. De a poco, esas presentaciones fueron ampliando el perfil musical del recinto y atrayendo a músicos y públicos que hasta entonces no formaban parte de su circuito habitual.

En ese contexto, el Rojas Magallanes comenzó a recibir a una nueva generación de músicos vinculados a los circuitos alternativos de Santiago. Fue el comienzo de una etapa que terminaría cambiando la identidad musical del espacio con bandas ligadas a la escena math rock.

El siguiente salto llegó hacia 2015, cuando comenzó a tomar forma una nueva escena de indie rock y guitarras en La Florida. El Centro Cultural Rojas Magallanes quedó en medio de ese movimiento y empezó a adquirir un lugar cada vez más reconocible dentro del circuito.

La reputación del espaciocomenzó a crecer junto con las propias bandas que pasaban por el escenario y también por la sala de ensayo. Rodrigo recuerda especialmente a bandas como Niños del Cerro o Planeta No. El paso de esas agrupaciones terminó consolidando al Rojas Magallanes como un escenario de referencia para esa escena.

“Nosotros nunca dejamos de abrir a nuevas bandas. Entonces, empezaron, siempre han pasado acá bandas nuevas. Y, de algún modo, desde ese entonces el espacio se transformó como en un espacio de referencia”, explica Rodrigo.

Esa dinámica también fue modificando la relación del lugar con sus públicos. El recinto comenzó a encontrar una fórmula junto con las propias bandas, con tocatas más temprano y horarios de término más acotados. Para Sandoval, parte del atractivo estaba justamente en las condiciones que ofrecía el lugar: un espacio en La Florida, cerca del Metro y dentro de un barrio tranquilo.

Con los años, el Rojas Magallanes comenzó a ser reconocido por una nueva generación de músicos y asistentes. Rodrigo describe una escena que sigue siendo de nicho, aunque mucho más visible que en sus primeros años, y con una renovación importante de público.

“Hoy día el Rojas, no sé si sea tan under, porque estamos muy visibles. Pero los públicos se van renovando, aparecen nuevas bandas. Hay una demanda importante de los chiquillos que están en el colegio”, señala.

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Entre los proyectos que actualmente circulan por el Rojas Magallanes aparecen Candelabro, Hesse Kassel y Scottie y los Pelmazos, bandas que, según Sandoval, han encontrado en el espacio una plataforma para comenzar a ganar notoriedad.

“Yo diría que el Rojas en ese sentido es como un trampolín de las bandas, porque cuando ya hacen un Rojas Magallanes, por ejemplo, ya es como que la banda ya está agarrando una notoriedad más importante”, explica.

El fenómeno también ha traído consigo una renovación del público. Las generaciones que frecuentan el recinto son cada vez más jóvenes y la escena se ha ido diversificando hacia nuevos sonidos. “Se volvió un poco más post rock, se metió al hardcore. Es una escena nueva, art rock, propuestas distintas, y los públicos son súper jóvenes”, describe Sandoval.

Ese proceso ha ocurrido mientras el Rojas Magallanes se profesionaliza, sin abandonar la lógica que marcó sus primeros años. De una operación basada en la autogestión y con una mesa análoga para manejar el sonido, el espacio ha ido incorporando nuevos equipos y profesionales mediante fondos y otras vías de financiamiento. “Ahora estamos con un sistema más profesional, siempre buscando mejorar a través de los fondos, ganar nuevos equipos nuevos”. explica Rodrigo.

Más que una escena particular, el Rojas Magallanes ha terminado construyendo una historia de recambio. Desde las primeras bandas de covers hasta el math rock, el indie de guitarras y las actuales propuestas de post rock, hardcore y art rock, el espacio ha ido cambiando al ritmo de los músicos que llegan hasta La Florida. Su papel, dice Sandoval, nunca fue apropiarse de esas escenas, sino ofrecer un lugar para que pudieran desarrollarse.

“Nosotros simplemente somos facilitadores de esto que terminó formándose de manera orgánica y natural. Los cabros, finalmente, los que hacen música, las chiquillas, los chiquillos que hacen música, son los que hacen que esto sea posible”, sostiene.

Así, el Rojas Magallanes se ha convertido en una estación intermedia para las nuevas bandas: un escenario donde pueden encontrarse con sus primeros públicos, ganar notoriedad y prepararse antes de afrontar los grandes escenarios del país. En La Florida, casi dos décadas después de su origen como sede vecinal, el galpón continúa siendo un lugar donde las escenas nacen, se renuevan y encuentran un espacio para crecer.




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