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Manuela Martelli

Tiempo Libre

21 de Agosto de 2026

Manuela Martelli, luego de Cannes y previo al estreno de “El Deshielo” en Chile: “Está la intención de comprender cómo se crece en un país que tiene una deuda con la justicia”

Tras su estreno mundial en Cannes, la directora de "1976" llega a las salas chilenas el próximo 3 de septiembre con una película ambientada en los primeros años de la transición. En conversación con The Clinic, Martelli aborda la memoria, la justicia, una generación “suspendida” y las dificultades que enfrenta actualmente el cine nacional.

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Después de su estreno mundial en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, “El Deshielo”, la nueva película de Manuela Martelli, se prepara para llegar a las salas chilenas el próximo 3 de septiembre. Para la directora de “1976”, sin embargo, el verdadero comienzo de la película será precisamente cuando pueda encontrarse con el público local.

Su directora hoy se mueve en Europa estrenando la cinta. Esta semana se realizó el estreno en Francia, donde la película llegó a 80 salas.

“Cannes es una experiencia muy emocionante, pero muy intensa, y después de tanta intensidad queda una sensación de vacío hasta que la película empieza a circular de nuevo”, comenta Martelli. Si bien valora la posibilidad de estrenar en un festival tan importante, sostiene que el vínculo con los espectadores nacionales es central para una historia que tiene un fuerte arraigo local.

“Para mí la película tiene un germen muy chileno, y de alguna manera no se completa hasta que se estrena en Chile”, señala.

“En este minuto creo que todo el equipo está con mucha ansiedad por estrenar la película el 3 de septiembre en las salas”.

Ambientada a comienzos de los años 90, “El Deshielo” sigue a una niña que, en un aislado centro de esquí de la cordillera, queda involucrada en la investigación por la desaparición de una adolescente. El misterio funciona como punto de partida para construir una historia atravesada por silencios, secretos y tensiones de un país que intenta avanzar mientras todavía convive con las huellas de la dictadura.

La película también incorpora momentos hablados en inglés, una decisión que para Martelli no pone en riesgo su identidad chilena. “Toda la película está contada desde un punto de vista chileno, particularmente de una niña chilena de nueve años”, explica.

El idioma, de hecho, es parte del conflicto que aborda la cinta. “La dificultad con el idioma y la comunicación, o incomunicación más bien, es un tema en sí mismo”, plantea. A eso se suma “el encuentro de dos culturas muy distintas que operan como reflejo una de la otra” y “un tema de clase también, de quién se puede comunicar y quién no, y de qué manera”.

El iceberg como germen de la película

Para Martelli, uno de los puntos de partida de la película estuvo en una imagen que permaneció en su memoria desde la infancia: el iceberg trasladado desde la Antártica hasta Sevilla para ser exhibido en el pabellón chileno de la Expo 92.

“Para mí, el iceberg también es parte del germen de la película, de ese recuerdo que quedó en mi memoria y que fui releyendo con el paso de los años”, explica. De niña, recuerda, aquella imagen le parecía casi una fábula: “esta imagen de un pedazo de hielo que cruzaba el Atlántico y que nosotros veíamos por la televisión”.

“Era como un personaje, una especie de animal, una bestia que era capturada en esas redes para ser expuesta”, recuerda.

Con el paso de los años, aquella imagen adquirió otras lecturas. Martelli la vincula, por ejemplo, con la historia de Jemmy Button, el fueguino llevado a Inglaterra como parte de un proyecto que buscaba “civilizarlo”.

Desde ahí también aparece el título de la película. “¿Qué pasa si deshielamos ese iceberg? Es uno de los sentidos, porque el título para mí es un título abierto, que puede resonar en muchos lugares”, explica.

Para la directora, esa idea también permite volver sobre los recuerdos de la transición. “Uno de ellos tiene que ver con la idea de derretir ese hielo y ver qué hay ahí, tratar de volver a leer esos recuerdos de la transición que yo, de niña, percibía sin tener palabras para nombrarlos y ver qué más descubre uno ahí”, señala.

Una generación “suspendida”

La directora considera que existe un espacio todavía poco explorado en las historias ambientadas en los primeros años de la democracia. A diferencia de las películas que abordan directamente la dictadura, “El Deshielo” se instala en el período posterior y observa aquello que permaneció sin resolver.

En ese sentido, Martelli destaca la aparición de películas como “Cuerpo Celeste”, de Nayra Ilic, también ambientada en los años de la transición. Para ella, la coincidencia no es casual.

“Me parece que hay un diálogo interesante entre las dos películas. Creo que en ambas está la intención de comprender cómo se crece en un país que tiene una deuda con la justicia”, sostiene.

Martelli sitúa allí a una generación que, como ella y la directora de “Cuerpo Celeste”, creció durante la transición y que “de alguna manera quedó ahí suspendida”. A su juicio, algunos encontraron en el arte una forma de expresar aquello que no se manifestó “en las calles o en la política más concreta”.

“Creo que hay algo en esta generación que se sintió como guardiana de esa democracia tan frágil, y que eso fue entendido como mantener un cierto silencio, como abrazar las concesiones que implicó la transición”, afirma.

Para la cineasta, esa experiencia también permite entender por qué comienzan a aparecer temas que permanecieron pendientes durante esos años. Entre ellos, ubica especialmente la justicia y la verdad.

“Para mí uno de esos grandes temas es la justicia y la verdad, y todo lo que eso implica”, plantea. A su juicio, la falta de justicia no afecta únicamente a quienes fueron víctimas directas de la violencia política.

“La falta de justicia no solo tiene que ver con las víctimas directas, sino que afecta a la sociedad completa. Somos todos parte de esa gran herida que me parece que tiene Chile, que es no haber hecho justicia”, sostiene.

En esa misma línea, Martelli apunta a la muerte de Augusto Pinochet sin haber sido condenado. “Que Pinochet se haya muerto en su casa me parece que es una gran grieta en nuestra sociedad, y me parece que esa herida va a quedar para siempre”, señala.

Para la directora, el desafío no pasa necesariamente por cerrar esa herida, sino por aprender a convivir con ella a través de la memoria. “Es una herida que uno no intenta sanar, sino que aprende a vivir con ella, y la manera de enfrentarla es justamente hacer memoria“.

El cine como espacio para mirarse

La directora también aborda la importancia de que las producciones nacionales tengan espacios de circulación dentro del país. En ese contexto, valora que su película “1976” llegue a TVN.

“Es una gran alegría. Todo lo que uno quiere es que las películas se vean, que circulen. Para eso son las películas”, dice.

Para Martelli, la posibilidad de que el público chileno pueda verse representado en historias creadas desde el propio país tiene además una dimensión cultural. “Para mí tiene un gran valor que las películas hablen de nosotros. Por eso me parece tan fundamental que los chilenos seamos espectadores de nuestro propio cine”.

La directora recuerda que el cine chileno tuvo un momento de especial efervescencia durante los años 60, antes de que la dictadura interrumpiera ese proceso. “La censura apagó el medio cinematográfico y por mucho tiempo lo que nosotros vimos fue cine que venía de afuera, con otros referentes”, señala.

En ese sentido, considera relevante el papel que puede cumplir TVN en la difusión de las producciones nacionales: “Me parece que debería haber siempre un espacio reservado para el cine chileno en el canal estatal, y que TVN debería asumir un rol muy activo en su circulación”.

Para Martelli, esto debería traducirse en “una política estructural y permanente, con cuotas de exhibición e inversión estable”.

Su preocupación se extiende, además, al escenario actual del financiamiento cinematográfico, que enfrenta hoy los recortes de los fondos en Cultura, mandatos por el Gobierno de José Antonio Kast.

Martelli sostiene que durante las últimas décadas se ha construido una industria que, pese a sus avances, continúa siendo precaria.

“Yo creo que nosotros hemos ido construyendo una industria que aún es muy incipiente y precaria, pero a costa de un trabajo enorme”, afirma. Según explica, existe una inversión personal importante por parte de quienes trabajan en el sector para sostenerlo.

“Pero eso en algún punto se agota, y la gente después de una, dos o tres películas cambia de rubro, o las productoras no duran”, advierte.

Para la directora, la falta de recursos afecta también a la estructura de la industria. “Hacer una película es levantar una empresa, abrir puestos de trabajo y dar espacio a que la gente se profesionalice”, plantea.

“Estos recortes son un gran retroceso, pero además, como nuestro medio es tan precario, lo que hacen es quebrar toda una trama que ha costado muchísimo construir”, señala.

La directora también pone en perspectiva la presencia internacional que ha alcanzado el cine chileno. “Si tú ves la participación que el cine chileno tiene en los festivales internacionales, los premios, las distinciones, las críticas y cuánto es apreciado el cine chileno en el circuito internacional, creo que, en proporción a la población chilena, es algo muy notable”, afirma.

Por eso, considera que reducir los recursos destinados al sector no afecta únicamente a quienes realizan películas.

“Desmantelar todo eso es una gran pérdida, no solo para nosotros, no solo para los que hacemos cine, sino para el país”, sostiene.

Directoras y financiamiento

Martelli también aborda la creciente presencia de directoras chilenas este 2026, entre ellas Dominga Sotomayor, Maite Alberdi, Nayra Ilic, Miriam Heard y Alicia Scherson.

Para la cineasta, se trata de parte del talento que existe en el país y de “estas pequeñas conquistas que hemos ido alcanzando con mucho esfuerzo”. También reconoce la influencia de un fenómeno global y de años de trabajo para avanzar en políticas destinadas a corregir una desigualdad histórica.

En ese proceso, el financiamiento vuelve a ocupar un lugar central. “Las políticas públicas y los mecanismos de financiamiento tienen una incidencia muy concreta en la inclusión de género: en quiénes tienen finalmente la posibilidad de hacer sus películas y en qué historias llegan a existir y a ser vistas”, plantea.

“Una película para los jóvenes que son herederos de esa historia”

De cara al estreno de “El Deshielo” en Chile, Martelli no espera entregar respuestas cerradas sobre el período que retrata. Más bien, busca que la película abra pregunta. “Yo creo que la película abre preguntas e intenta sensibilizarnos con la historia desde una experiencia más que con la intención de transmitir un discurso o una idea”

“Me interesa que podamos vincularnos como agentes históricos desde un lugar sensible, entendiendo que hay una memoria viva en cada uno”, señala.

Para Martelli, tanto 1976 como El Deshielo abordan un período que considera fundamental para comprender el Chile actual. “Para mí, ‘1976’ y ‘El Deshielo’ hablan de un período que para mí es fundacional del Chile que somos hoy. Es un período en el que se instalan grandes ejes de lo que es Chile, partiendo por un sistema económico y una Constitución”.

Por eso, espera que la película también pueda generar una conversación entre quienes vivieron esos años y las nuevas generaciones. “Lo que me gustaría es que la película abra un espacio para preguntarnos cómo eso dialoga con el presente”, plantea. Y concluye: “Para mí, ‘El Deshielo’ es una película en gran parte para los jóvenes que son herederos de esa historia”.

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