Diego Ibáñez, senador FA: “Si el progresismo no crea una nueva coalición, tiene que despedirse de la idea de gobernar”
El parlamentario fue jefe de campaña de Gael Yeomans quien el domingo pasado se transformó en la nueva presidenta del Frernte Amplio. En esta entrevista hace su análisis de su triunfo y descarta que este implique un giro a la izquierda. "La pelea dentro del Frente Amplio no es por quién es más de izquierda que el otro", señala, aunque sí enfatiza que el partido "debe roncar más fuerte". Además, insiste en la idea de crear una coalición de izquierda progresista que abarque a los partidos políticos, desde el PC a la DC y a los movimientos sociales, para volver a La Moneda.. Además, califica al Gobierno de Kast como de “extrema derecha”, tilda la reforma de seguridad como una "locura" y lanza: "No sé quién manda. No sé si en economía manda Quiroz o el mismo Presidente Kast, o si en seguridad manda el senador Squella o el ministro Arrau".
Por Rodrigo Córdova 23 de Agosto de 2026
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Diego Ibáñez valoró el triunfo de Gael Yeomans en el Frente Amplio y descartó un giro a la izquierda. Sostuvo que “el Frente Amplio no es un partido de followers” y que la prioridad es construir una nueva coalición progresista amplia. Además, calificó al gobierno de Kast como “de extrema derecha” y rechazó la reforma de seguridad.
- Ibáñez destacó que Yeomans interpretó el debate y la participación militante del FA.
- Dijo que el partido debe iniciar un congreso orgánico y reforzar su vínculo con movimientos sociales.
- Planteó que el progresismo necesita una nueva coalición amplia para volver a gobernar.
- Calificó al gobierno de Kast como “de extrema derecha” y criticó la reforma de seguridad.
- Afirmó que la reforma constitucional de seguridad será rechazada “de plano”.
La entrevista aborda el análisis de Diego Ibáñez sobre la elección interna del Frente Amplio y el liderazgo de Gael Yeomans. El senador insiste en que el partido debe ordenar su estructura, fortalecer su relación con movimientos sociales y empujar una coalición progresista amplia. También critica con dureza al gobierno de Kast y su reforma de seguridad.
“Tengo que ir a la iglesia”, dice con una sonrisa Diego Ibáñez poco después de terminar esta entrevista. Lo dice sin bromear, pese a que es ateo. En su agenda, cuenta, tiene una invitación del cardenal Fernando Chomali al evento “Carta de los empresarios”, donde el arzobispo presentará una declaración de principios sobre la inteligencia artificial -área de interés del dirigente del Frente Amplio- y planteará al mundo empresarial su inquietud por la incorporación de estos procesos productivos sin una regulación adecuada.
“Estamos muy alineados en esa materia”, dice Ibáñez con rostro más serio, recordando que su colectividad ha puesto la IA como una de sus principales preocupaciones en el marco de su proyecto político, algo que también buscan expandir al progresismo chileno.
Ibáñez viene de celebrar un triunfo para algunos sorpresivo, luego de que su candidata, la diputada Gael Yeomans, se impusiera en las elecciones internas del Frente Amplio a quien conduce el partido desde hace un tiempo, Constanza Martínez.
Yeomans lo llamó hace un par de meses para pedirle que fuera su jefe de campaña.
Desde su oficina en el Senado en Santiago, rodeado de plantas y con el retrato oficial del expresidente Gabriel Boric a sus espaldas, Ibáñez aborda ahora el escenario que dejó esa elección y las dudas en torno a su esto implicará un giro hacia la izquierda de la colectividad con más militantes en Chile. Eso lo descarta de plano.

“El Frente Amplio no es un partido de followers“
—¿Fue una sorpresa el resultado de la elección interna?
—Gael toca una tecla que interpreta mucho al partido. Un partido que tenía ganas de discutir, de debatir abiertamente, que se moviliza desde la discusión de ideas y desde la práctica política. Era un diagnóstico compartido con Gael y se reflejó en un buen resultado que es sorpresivo porque para todo el mundo las caras más conocidas estaban apoyando a la otra lista.
Pero el Frente Amplio es un partido de izquierda que le gusta el debate, que añora espacios de incidencia y el sentido de militar de muchos es opinar, es abrir discusiones nuevas y eso lo ofreció la lista de Gael Yeomans y por eso salió victoriosa.
—¿Por qué cree que no lograron pesar estos rostros conocidos para definir la presencia del partido?
—Mi impresión es que el Frente Amplio no es un partido de followers, es una comunidad militante que tiene una cultura participativa y de debate público. Quien ofrece ese espacio de incidencia en el debate, en el programa, en las ideas, en las propuestas que se van a impulsar, es quien es capaz de aglutinar esa fuerza viva propia del Frente Amplio que no ha perdido sus niveles de participación desde sus partidos fundantes. Eso creo que es positivo, se rescata y eso genera la victoria de Gael
—Usted mencionó que el Frente Amplio es un partido de izquierda con añoranza de incidir, pero ¿qué cambios se pueden anticipar con la nueva dirección?
—Primero, iniciar el proceso para tener un congreso orgánico del partido para acomodar la estructura vocación de cambio, de participación y de acción militante. Segundo, que el Frente Amplio tenga un protagonismo prístino y nítido en conducir la construcción de una nueva coalición, que es uno de los objetivos que nos hemos propuesto y que hay que desde ya comenzar a trabajar. Y por último, una vinculación orgánica con los movimientos sociales, con los movimientos ciudadanos, con las organizaciones sociales que hoy están reactivadas producto de los recortes que está imponiendo el Presidente Kast y las propuestas radicales de extrema derecha, como por ejemplo el nuevo estado de excepción constitucional. Eso se ha dejado de lado desde el último tiempo y en ello vamos a trabajar.
“Una de las críticas que tiene que hacerse la izquierda es la falta de proyecto político”
—Yeomans ha hablado de conformar una nueva coalición prigresista. ¿Cómo se la imagina? ¿En cuanto tiempo tiene que materializarse?
—Una de las críticas que tiene que hacerse la izquierda es la falta de proyecto político en tanto mirada de país, cómo crecer, hacia dónde y con qué propuestas concretar podemos hacer viable una mejora material en la vida de los trabajadores. Ese proyecto hay que construirlo porque hoy no está dado.
En una ola de ultraderecha muy agresiva no se puede responder solo en base a la impugnación o a la estridencia, sino que la respuesta adecuada es construir un proyecto con ideas, con programas y atendiendo los nuevos desafíos que tiene el mundo en en esta transición tecnológica que tiene que ver, por ejemplo, con una cesantía estructural producto de la automatización.
—¿Esa es la fórmula para enfrentar a lo que llama ultraderecha?
—La ola de la extrema derecha no es imparable. En todo el mundo donde se le ha ganado a la extrema derecha han existido coaliciones amplias. El rol del progresismo en Chile es crear una nueva coalición, si no es imposible volver a gobernar y volver al poder en cuatro años. Si el progresismo no crea una nueva coalición, tiene que despedirse de la idea de gobernar. Esa es la tesis política que el Frente Amplio debiese empujar con propuestas, con generosidad, articulando las distintas visiones, los distintos matices.
Frente a una nueva época, tú no puedes responder con las viejas recetas y el Frente Amplio, como partido nuevo, está llamado a responder con novedad a los nuevos problemas de la época, a pensar esta época en clave política y material y ponerse a disposición de la construcción de una nueva coalición.
—El expresidente Boric dijo que “el fanatismo por la moderación no lleva a ninguna parte…
—La nueva sociedad es muy distinta a la sociedad que nos vio crecer y no se va a repetir la existencia de un centro político equidistante entre dos posiciones ideológicas, eso dejó de existir en la sociedad chilena y en el mundo entero. Cuando se habla de interpretar a la sociedad, estamos hablando de interpretar a los trabajadores que no tienen contrato, a las pequeñas empresas que hoy día tienen pérdidas históricas, producto de la concentración de las oportunidades en las grandes empresas.
Eso implica un conocimiento de su malestar y levantar propuestas que apunten materialmente a mejorar su calidad de vida. Eso no implica moderarse, al contrario, es levantar esa reivindicación y hacerla sentido común. Si nos dicen que somos radicales por querer que la mujer rural pueda tener una pensión básica que le permita pagar las cuentas, bueno, somos radicales.

“Hoy la pelea dentro del Frente Amplio no es por quién es más de izquierda que el otro”
—La UDI acusó que Yeomans significa “el retorno del octubrismo y de una oposición obstruccionista y confrontacional”. ¿Es un giro más a la izquierda del partido?
—Son caricaturas, porque el congreso ideológico del Frente Amplio unificó en un mismo paraguas a muchas organizaciones que venían construyendo hace más de 10 años. Hoy la pelea dentro del Frente Amplio no es por quién es más de izquierda que el otro, eso es no entender absolutamente nada, sino que tiene que ver con estilos y formas de construcción donde hay un sentido común de ir formando un partido que sea mucho más que una comunidad militante novedosa, que ofrezca espacios de incidencia heterogéneos y plurales a caricaturas que coloca la UDI.
Justamente, hoy día necesitamos, desde el punto de vista de la derecha liberal, una reflexión un poco más sesuda y más empática con lo mal que lo pasa a la gente cuando ven que una manga de políticos se roba la plata en distintos casos como la colusión del confort, de los pollos, de Penta o Soquimich. Eso hay que reconocerlo por parte de quienes fueron responsables y empujar una política distinta. Y ahí la derecha liberal o la derecha social tiene una responsabilidad.
—En el oficialismo también creen que esto dará paso a que la izquierda conforme un tipo de oposición más similar a la que enfrentó al segundo gobierno de Sebastián Piñera.
—No se podría ser la misma oposición porque es otra sociedad, es otra coyuntura política. La historia también va configurando nuevas épocas y repetir y calcar lo que hiciste en algún momento de la historia es un error, eso no va a ocurrir. Y ahí sería un poco más inteligente si fuese de esa UDI que está hoy defendiendo cuestiones indefendibles, que más bien intentaría que no te correteen por la extrema derecha para poder sobrevivir como institución política. Están totalmente subordinados a Kaiser y perdiendo identidad propia. El llamado ahí es a reaccionar un poco más y entender con mayor profundidad los fenómenos sociales.
—A propósito de Sebastián Piñera, hubo polémicas en el oficialismo respecto a la valoración de su figura esta semana. En el debate interno del Frente Amplio también se dieron diferencias. ¿hay un debate zanjado en el partido sobre su figura?
—Hay un consenso en que no es una figura que promueva el respeto a los derechos humanos. Sí, naturalmente, hay una mirada distinta respecto de los principios de la política pública en relación a disminuir la desigualdad que este gobierno es radicalmente de extrema derecha y no toma en cuenta. Lo digo a propósito de la aprobación de la megarreforma. Es un debate que ya está zanjado y no veo mayores diferencias en eso.
“Hoy el Frente Amplio tiene que roncar mucho más fuerte”
—¿Qué cree que le pasó a la directiva anterior que no pudo mantenerse liderando?
—Hay que hacer un reconocimiento a toda la directiva saliente y valoro mucho el trabajo que hizo Constanza Martínez y todo el resto de la directiva para ejecutar los acuerdos que tomamos cuando fusionamos el Frente Amplio. Para que la fusión resultara teníamos que tener un congreso ideológico, teníamos que convocar a la mayor cantidad de sensibilidades en un proyecto común y eso se ejecutó a mi juicio de forma correcta.
Sin perjuicio de aquello, creo que faltó protagonismo en el último tramo. De cara a un cambio de época, a una crisis de sentido colectivo, a una falta de esperanza en esa ciudadanía movilizada, el Frente Amplio tiene que roncar mucho más fuerte y en eso creo que Gael Yeomans era la mejor carta para cumplir con ese propósito.
—Hubo críticas contra Martínez a propósito de su vocería y dicen que pesó el hecho de no estar en el Congreso debatiendo cara a cara las iniciativas del Gobierno.
—Ninguno de los dos elementos explican la victoria de Gael, tanto así como el haber ofrecido una reactivación en torno a un debate de cómo construir frente a él. Viajando por regiones con Yeomans, se notó mucho esas ganas que tenía la militancia de hacerse parte de la construcción de un programa común. Ahora queda lo más difícil, que es que eso se concrete en este plan de 100 días para Gael Yeomans y en eso vamos a estar todos disponibles en ayudar y en ofrecer también nuestros espacios de disidencia parlamentaria para que se cumpla con ese propósito.
—¿Quedó conforme con la participación de 10 mil militantes de los 55 mil que tiene el partido?
—La gente que vota en el Frente Amplio está por sobre el porcentaje de participación nacional dentro de los partidos políticos, que ya es bajo. Pero el desafío es que la militancia que firmó para que el Presidente Boric pueda ser presidente o para que Beatriz Sánchez pueda ser candidata, se involucre más allá de la firma digital.

“No sé quién manda. No sé si en economía manda Quiroz o el mismo Presidente Kast, o si en seguridad manda el senador Squella o el ministro Arrau”
—¿Cómo anticipa el debate de la reforma constitucional de seguridad que impulsa el Gobierno de Kast en el Senado? ¿Teme que suceda algo similar con la megarreforma, donde la oposición no tuvo mucha incidencia en el debate?
—La reforma constitucional sobre seguridad es una demostración de esa pulsión autoritaria del Presidente Kast con la cual él no está dispuesto a romper. Es una locura autoritaria que deja de ser locura cuando alguien la comienza a ejecutar. Por eso es tan peligrosa para la ciudadanía, porque generaliza y universaliza la desconfianza en vecinos que son inocentes, interceptando sus telecomunicaciones, sus correos, sus celulares, de quién tiene momentáneamente la confianza popular para dirigir el país.
Eso me parece que, sin ningún contrapeso, es una aberración que va contra la democracia liberal como se ha conocido en Chile desde los inicios de la República. Mi juicio es que ellos te proponen un proyecto absolutamente radical, bajo la lógica del tejo pasado, para ver qué rescatan en el tránsito legislativo.
—¿Usted califica a este Gobierno de iliberal, de extrema derecha? ¿Por qué cree que no hay un consenso todavía en la izquierda respecto a eso?
—Esa es una muy buena discusión porque no es necesario levantarse arriba de un escenario y cantar como lo hace Milei para volverse extremo. Extremo es querer aumentar la brecha de desigualdad en uno de los países más desiguales del mundo, es querer espiar a vecinos sin ningún contrapeso del legislativo y es defender con uñas y dientes los intereses de las empresas que se hacen cargo de los servicios sanitarios, pese a que hay una reforma de reconstrucción que te exige reconectar gratuitamente los servicios a los damnificados. Este gobierno es de extrema derecha.
—¿Hay consenso dentro de su sector sobre eso?
—No puede ser un objetivo para la izquierda adjetivar a tu adversario en alguna categoría. Eso para mí no es un objetivo. Uno real es construir políticas públicas en el diálogo y en el consenso, pero que beneficien materialmente la calidad de vida de las mujeres que tienen pensiones de miseria, de los pescadores artesanales que por el alza de la bencina han tenido que vender sus barcazas. Lo que me interesa como izquierda es que a los trabajadores no se les quite la indemnización por años de servicio. Esa es mi preocupación, más allá de ponerle adjetivos a mi adversario político.
—¿Van a intentar convocar a Chile Vamos para frenar la reforma?
—Hemos tenido conversaciones con Longton, con el senador Carter, con el senador Edwards, con el senador Cruz-Coke, y mi juicio es que hay un consenso en que esta reforma es mala. El senador Walker ha dicho que el Gobierno no tiene los votos. La misma senadora Kaiser, desde la otra vereda, llega a una conclusión similar. Ellos están conscientes del riesgo que implica darle cancha abierta a esta pulsión autoritaria del Presidente Kast. El Presidente equivoca rotundamente en ofrecerle este debate al Senado.
—¿Con qué ministro van a dialogar sobre el trámite? Se ha hablado mucho de una descoordinación en el Gobierno…
—Hay un problema de conducción del Presidente, porque todos sus ministros se mandan recados por la tele y tienen un ego donde no todos caben en la misma pieza. Lo hemos visto y es evidente. El ministro García Ruminot perdió todo peso para liderar la agenda legislativa en esa lucha. No sé quién manda. No sé si en economía manda Quiroz o el mismo Presidente Kast o si en Seguridad manda el senador Squella o el ministro Arrau.

El objetivo de la coalición de izquierda: “Tenemos que terminar la invitación que nos hizo el presidente Boric durante los próximos cuatro años”
—Esta semana, exministros del gabinete del expresidente Boric e incluso él mismo hicieron duras críticas a esta reforma de seguridad. ¿Cree pertinente que el exmandatario se involucre en el debate público?
—El expresidente tiene sus opiniones y las va a dar con total libertad. No creo que el debate público tenga que ordenarse en función de la impresión que él tenga. Me da la impresión de que tenemos que tener agencia propia también los parlamentarios del progresismo y en ello siempre van a ser bienvenida a la opinión del presidente y el Gobierno actual tiene que dejar de culpar de todo lo que ocurre al expresidente o a la opinión del expresidente.
—¿No cree que esta aparición de Tohá, de Elizalde, de Vallejo, Jara y del mismo Boric, habla de que hay una falta de vocería más potente en la izquierda?
—Más que falta de vocerías, hay falta de proyecto. Por eso nuestra propuesta es construir una nueva coalición si queremos volver a gobernar en cuatro años más, pero con base en un proyecto prístino de ideas, generoso y que sea genuino. En todas las partes del mundo donde se ha derrotado a la ultraderecha ha sido en base a una alianza amplia, pero que habla en positivo. No solamente se opone a las cosas, sino que tiene propuestas para mejorar la vida de la gente que, por cierto, también contribuyen a comunicar una idea de malestar que a mi juicio es bastante obvia y evidente hoy en la ciudadanía.
—Pero para hacer esta coalición se necesita tolerancia, ¿qué va a pasar cuando haya diferencias como ocurrió con los senadores PPD que acordaron con el Gobierno en la megarreforma?
—Quien no quiera construir esta nueva coalición progresista amplia está renunciando a gobernar y el desafío es apostar a un diálogo entre movimientos políticos, sociales, con una organicidad establecida. Estamos pensando en cómo se organiza el Frente Amplio Uruguayo, en cómo se coordinan las fuerzas políticas progresistas en México, bajo el paraguas de Morena. Hay muchas experiencias de donde uno aprender, evidentemente hay que construirlo a la chilena, pero es clave que exista voluntad, generosidad.
Tenemos que terminar la invitación que nos hizo el presidente Boric durante los próximos cuatro años. Tenemos que terminarla y eso implica el convencimiento de caminar juntos.



