
Ciudad
28 de Agosto de 2026Directora del Demre aborda los desafíos de la educación superior y plantea cambios al NEM: “Queremos que sea un aporte y no que incentive a la inflación de notas”
Leonor Varas plantea en conversación con The Clinic que el sistema le da demasiada importancia a la prueba, y que debe prepararse no para una saturación de carreras, sino que para un exceso de vacantes. Sobre la admisión vía PAES, menciona que preparan cambios para disminuir los puntajes máximos en Matemática 1, y que dada la entrada en vigencia del nuevo ranking para la admisión 2028, se está estudiando también la incorporación de un cambio en el NEM.
Compartir
Durante años, el principal problema del sistema de admisión a la educación superior fue cómo repartir las vacantes disponibles entre miles de estudiantes que buscaban ingresar a las carreras más demandadas, donde pruebas como la PAA, la PSU y ahora la PAES han jugado un rol esencial.
Pero ese escenario está comenzando a cambiar. Según cuenta en conversación con The Clinic la directora del Demre, Leonor Varas, la caída de la natalidad hará que en los próximos años haya menos jóvenes postulando a las universidades, por lo que “hay que pensar en un sistema no de escasez de vacantes”, plantea.
A casi una década de asumir la conducción del organismo encargado de administrar el sistema de admisión hace treinta años, Varas mira los cambios que ha experimentado el sistema en general, pero sobre todo la PAES, así como aquellos que siguen pendientes.
Defiende el paso desde la PSU a la actual prueba, que considera “más justa”, aunque adelanta que siguen habiendo desafíos y estudios que el Demre está realizando, como que una vez entrado en vigencia el “nuevo ranking”, se debe adecuar también el NEM, donde se analizan fórmulas como limitar su exigencia en las postulaciones.
También aborda el fenómeno de los puntajes máximos en M1 —que este año, adelanta, es probable que vuelvan a aumentar—, ante lo que anticipa un eventual reajuste en la forma de ensamblar la prueba.
—Más allá de lo que ha sido su periodo a cargo desde 2015, ¿cuál diría que ha sido el cambio más profundo en el sistema de admisión a la educación superior?
—El Demre aparte de sostener el sistema y mantener la operación, que ya es delicada y difícil, para mí el más importante es el cambio de la PSU a la PAES.
—¿Por qué?
—Primero, porque había muchos problemas con la PSU desde su creación. El momento de la creación de la PSU es un momento complicado, fue una tormenta perfecta. Se juntaron muchas condicionantes que hicieron que esa prueba saliera con fórceps. Entonces, esa prueba no se probó antes y se blindó frente a las críticas. Y su mayor problema fue ese: que no se le pudo hacer mejoras a la PSU en toda su vida.
—Estuvo vigente casi veinte años.
—Sí, 17 años duró, mucho tiempo, con muchos problemas. Y entonces, para el estallido surge la demanda por el fin de la PSU, que era importante, era una demanda propia. Realmente era súper difícil aplicar la prueba, si después nadie quería prestar su colegio porque se los quemaban. Pero lo que estaba en riesgo en realidad era más que una prueba, era el sistema centralizado.
Porque inmediatamente los rectores dijeron: ‘No se preocupen, yo selecciono a los míos’. Y eso es el fin del sistema centralizado (…). Pero el sistema no se salvó solo por eso, se salvó porque desde el 2016 el Demre estaba preparando nuevas pruebas. Entonces el cambio en la prueba, pero por las dos cosas, porque se preparó con mucha anticipación y porque resistimos el gran sabotaje del estallido.
—¿Cree que la PAES es una prueba más justa que la PSU?
—Sí, es una prueba más justa. La PSU era una prueba que evaluaba todo el currículum prescrito, currículum oficial, que no necesariamente es el currículum implementado, no en todas partes al menos. Entonces, a un montón de gente le preguntamos cosas que no había tenido la oportunidad de aprender (…). Entonces, lo primero de la PAES es esta reducción de los contenidos. Tratar de preguntar lo que estemos seguros que le enseñaron a todo el mundo. Entonces, junto con ser eso más justo, es también una entrega de puntajes que son más precisos y de mayor calidad.
—Dice que la prueba es más justa, pero obviamente sigue siendo una prueba que discrimina en torno a la persona que puede pagar un preuniversitario y la que no, por ejemplo. Es una prueba que sigue en cierto nivel midiendo en torno al nivel socioeconómico.
—Ninguna prueba va a poder borrar unas inequidades educativas previas. Eso se tiene que resolver de otro modo, con que todos accedan a una buena educación. O sea, lo que nosotros podemos hacer fue lo que hicimos: decir, ‘si esto no se lo enseñan a todos, no se pregunta’. Pero mucho más que eso no puede hacer una prueba.
En el sistema chileno se le da demasiada importancia a la prueba, cuando el 20% de los que ingresan a primer año lo hacen con ingresos especiales.
—¿Cuál debería ser la próxima gran reforma o cambio en el sistema de admisión?
—En este momento, el sistema de admisión es masivo. Entonces, el problema de los muy altos puntajes, de la sobreexigencia respecto a estos puntajes, es en pocas carreras, medicina es el caso más típico. Y además la evolución demográfica de los estudiantes sabemos para dónde va. O sea, en pocos años más vamos a tener que varias universidades van a tener el problema de que más vacantes van a quedar sobrando, porque va a haber menos jóvenes postulando.
—¿Por la baja natalidad?
—Claro, porque estamos decreciendo en población. Entonces, hay que pensar en un sistema no de escasez de vacantes. Incluso en términos de la admisión, hay que pensar en un sistema de selección distinto (…). De alguna manera el sistema tiene que ser responsable de tomar decisiones basadas en criterios y decir ‘a ver, ¿qué es lo que necesitan saber y ser capaces de hacer para que puedan terminar esa carrera?’.
—Se ha hablado mucho de que los colegios inflan las notas para el ranking y que a partir del próximo año y la admisión 2028 va a entrar en vigencia el nuevo sistema para que la comparación sea solo dentro de su colegio. ¿Hay seguridad de que este nuevo ranking va a funcionar o también hay algún riesgo de que ocurra un fenómeno de este estilo?
—Efectos colaterales del ranking se han estudiado tanto que está bastante previsto lo que podría ocurrir. Y ahí el factor que más va a influir es el NEM. Entonces se está estudiando cómo se va a regular el NEM. Lo que existe hoy no es un ranking, es un bono sobre NEM. Pueden haber 400 puntos de diferencia a una misma posición relativa, dependiendo de las notas. Eso es lo que se acaba.
—¿Pero por qué hay que hacerle cambios al NEM en torno al nuevo ranking? ¿Cuál es el diagnóstico?
—Entre los efectos que hay que analizar respecto de qué produce el cambio del ranking, interviene el NEM. Y eso es lo que se está estudiando, que el NEM se comporte como queremos, que sea un aporte y que no incentive, por ejemplo, a una mayor inflación de notas.
Foto: Adriana Thomasa/THE CLINIC
Sobre resultados en M1: “Quedó una prueba fácil, probablemente más fácil de lo que pensábamos que iba a quedar”
—Considerando que muchos están mejorando sus puntajes en las pruebas y que precisamente este año hubo mil puntajes máximos más en Matemáticas 1, por ejemplo, hay un problema en que después no necesariamente ese niño rinde de la manera que se espera en la universidad.
—Primero lo de M1 es que el problema que teníamos es que la prueba obligatoria de matemáticas, cuando era la PSU, era tan difícil para la población que se estaban respondiendo muy pocas preguntas. Entonces, la prueba obligatoria de matemáticas tiene que ser una prueba que se ajuste a la población.
—Por eso la distinción entre la M1 y la M2.
—Al principio esto se ajustó, cuando se creó la PAES, con información que venía de las pruebas anteriores. Se ajustó sobre todo con lo que se buscaba: que no fuera una prueba difícil, que fuera una prueba ajustada a la población.
Y quedó una prueba fácil, probablemente más fácil de lo que pensábamos que iba a quedar. La prueba la ensamblamos siempre igual, porque la promesa es que los puntajes signifiquen lo mismo independiente de la aplicación, y para eso tiene que ser con la misma dificultad. Pero, sobre todo en matemáticas, la gente empezó a estar mejor preparada para responder esa prueba. Y eso se va a corregir pronto, porque se puede hacer un ajuste de manera que no haya ningún problema con los puntajes anteriores.
Se hace un ajuste por una vez y probablemente hay que estar cada cuatro años mirando si se ajusta o no se ajusta la transformación a la escala de 100 a 1.000 para que no quede como está ahora con tanto efecto techo. Que en el fondo es porque hay un montón de gente que con esa misma escala sacaría 1.200 puntos, entonces resulta en muchos que obtienen mil puntos.
—¿Y ese ajuste cómo se hace?
—Es un ajuste en el ensamblaje. En la distribución. Cuando se arma la prueba, uno tiene a priori una distribución de cuántas preguntas de tal dificultad, cuántas de otra, etcétera.
—Porque es mucha gente la que logró el máximo en la M1.
—Sí, y no estamos distinguiéndolos, y si bien para eso está la M2, necesitamos cambiar el ensamblaje para poder ver la distribución en torno a las habilidades de la población, uno ve las habilidades y ahí va a poner la dificultad.
—Entonces no es un cambio para aumentar la dificultad de las preguntas.
—Es el reordenamiento de la proporción sobre lo que se mide.
—¿Y cuándo se piensa que se puede cambiar eso? ¿No están revisando constantemente la prueba?
—Claro, pero no se puede hacer esto todos los años. Se hace como cada cuatro años (…). Pero eso lo tiene que aprobar el Comité Técnico de Acceso, nosotros en este momento tenemos que mostrar nuestros análisis y nuestra propuesta de ensamblaje. Con eso mostramos los efectos, se hacen simulaciones sobre las selecciones anteriores y lo que ocurre con la población.
—¿Y qué se puede esperar para los resultados de este año?
—Este año pueden haber más puntajes nacionales en M1 que el año pasado.
—¿Porque matemáticas es más entrenable?
—Claro. Las dos pruebas obligatorias que da todo el mundo son la de competencia lectora y matemáticas, ¿y por qué ahí no pasa eso? Porque esas habilidades lectoras son súper estables y son muy dependientes del capital cultural y familiar.
—A raíz precisamente de los resultados en la M1 es que para este año hay muchas carreras que le buscan dar más peso a la M2. ¿Era lo que se esperaba de esa prueba?
—Sí, es muy bueno, pero también porque no todas las carreras van a usar M2, entre otras cosas, porque hay un efecto de marketing. Como M2 es difícil, con una misma habilidad en M1 sacan buen puntaje y en M2 sacan un puntaje mucho más bajo, y como después hacen propaganda con los puntajes ponderados (…). Entonces no es seguro que todas las carreras van a usar el M2. Entonces hay que tratar de que M1 sea precisa en la mayor parte de la escala, sabiendo que para agregar precisión en las habilidades altas no hay nada mejor que M2. Es complementario.
Foto: Adriana Thomasa/THE CLINIC.
—¿Si a una persona le va bien en la M2, es garantía de que le irá bien en la carrera que exige la M2?
—Relacionar los puntajes de las pruebas con cómo le va después es validez predictiva. Y la validez predictiva es algo que hay que exigirle a todas las pruebas que se usan para seleccionar(…). Pero no es que una prueba tenga tal validez predictiva, un número, sino que eso cambia dependiendo de la zona del puntaje.
Si los dos puntajes son bajos, no va a haber diferencia porque tenga unos puntos más. Y lo mismo ocurre con los puntajes altos: si tiene 900 o 1000 puntos en la prueba, va a aprobar todo, le va a ir bien, entonces tampoco va a haber diferencia.
Lo otro es que también depende de cómo se combinen las pruebas, los factores de selección, para tener mayor validez predictiva, es más complejo que eso.
—Igual hay un fenómeno que generalmente mencionan rectores o directores de carrera sobre que muchas veces el primero o incluso el segundo año son de nivelación de los estudiantes, dado que no todos llegan con el mismo nivel de conocimiento pese a haber entrado a la misma carrera.
—El cambio de la secundaria a la universidad es un cambio complicado. Por la edad, pero también porque el cambio es grande (…). Pero lo que yo sé es que, por ejemplo, para las personas que han entrado con ingresos especiales, sin prueba o con más mujeres científicas, que es con prueba, pero es la lista de espera, muchas veces el primer año les es complicado, les va un poquito peor, pero en segundo año ya no hay ninguna diferencia, ninguna.
El problema de la saturación del mercado laboral: “Se pierden muchas oportunidades y sobran vacantes porque postulan mal”
—Para el mercado laboral de hoy día da la impresión de que ya no es suficiente un pregrado. Por lo mismo algunas universidades están ofreciendo doble titulación.
—Hay un auge de estas microcredenciales, o sea, diplomados posteriores, magísteres. Hay carreras donde finalizas el pregrado y sales con el magíster al mismo tiempo.
—Claro, porque con lo competitivo que está el mercado laboral, pareciera que ya no basta con tener solo una carrera universitaria de pregrado, sobre todo porque también hay muchas más personas entrando a la universidad.
—Claro, son muchos más los que tienen títulos universitarios. Yo espero que la gente siga estudiando, mientras más estudien mejor. Vi al rector (Carlos) Peña que le preguntaban por los cesantes ilustrados. Entonces dice: ‘el problema es que estén cesantes, el problema es la oferta del mercado laboral’. El que sean ilustrados o no… Mientras más ilustrados mejor. Eso nunca es un problema agregado. Ojalá tuviéramos un país más culto, ojalá la gente estudiara más, accediera a educación superior.
—Igual, para quienes vienen de una familia donde, por ejemplo, sus papás no tuvieron la oportunidad de ir a la universidad, el poder sacar un título universitario y después igual estar cesante debe ser frustrante. Hay mucha expectativa.
—Claro. Es que ahí es terrible, porque cuando uno mira las carreras más postuladas, yo las miro y me acuerdo de mi abuela. Derechamente me acuerdo de mi abuela, porque hablaba, por ejemplo, de una persona que había llegado al pueblo. Y ella me decía: ‘Es médico, mijita’, o ‘es abogado’, como que fuera una cosa extraordinaria. Uno mira la oferta y hay una gran cantidad de carreras preciosas, pero no llenan las vacantes.
—Sigue estando asociado cierto prestigio a las carreras más tradicionales.
—Sí, lo encuentro terrible porque es como si el mundo no hubiera cambiado (…). A mí me impresiona lo poco que los estudiantes saben, lo mal orientados que están, lo mal asesorados. Y por ahí se pierden muchas oportunidades y sobran vacantes porque postulan mal.
Los estudiantes del programa PACE, por ejemplo, que tiene unos cupos reservados, entran todos los habilitados. Realmente mucho más que el promedio nacional y más que los técnicos profesionales o los que vienen de colegios públicos. Y el PACE está en los colegios más vulnerables de Chile. ¿Por qué a ellos les va tan bien postulando y a los otros no? Porque los orientan. En tercero y cuarto medio tienen un acompañamiento. Eso es. Que sepan elegir estratégicamente.