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El difícil camino de María Ignacia Fuentes para convertirse en la primera psicóloga Sorda de Chile: “Si tú quieres estudiar, tienes que luchar y no rendirte”

A los seis meses perdió completamente la audición por una meningitis. María Ignacia Fuentes tardó ocho años en terminar Psicología: durante sus primeros años reprobó cuatro cursos por las barreras de comunicación, perdió su beca y tuvo que recurrir al CAE. Hoy es la primera psicóloga Sorda de Chile cuya primera lengua es la Lengua de Señas Chilena y quiere dedicar su carrera a una comunidad que, dice, todavía debe adaptarse al mundo de los oyentes.

Por 29 de Agosto de 2026
Francisco Paredes / The Clinic
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Resúmenes generados por Intelgencia Artificial Resúmenes inteligentes

María Ignacia Fuentes perdió la audición a los seis meses por una meningitis y tardó ocho años en titularse de Psicología en la UC. Reprobó cuatro cursos, perdió la beca y recurrió al CAE por barreras de comunicación. Hoy es la primera psicóloga Sorda de Chile y quiere trabajar para su comunidad.

  • Perdió completamente la audición a los seis meses por una meningitis.
  • Tardó 8 años en terminar Psicología en la Pontificia Universidad Católica.
  • Reprobó cuatro cursos, perdió la beca y tuvo que recurrir al CAE.
  • Es la primera psicóloga Sorda de Chile con LSCh como primera lengua.
  • Dice que el problema no es la sordera, sino un sistema que no se adapta.

El artículo cuenta la historia de María Ignacia Fuentes, una mujer Sorda que superó barreras escolares y universitarias para titularse de Psicología. Relata su formación, el apoyo que recibió y las dificultades por falta de intérpretes. Hoy trabaja con la comunidad Sorda y defiende que la inclusión debe partir por adaptarse a sus necesidades.

Estos resúmenes son generados por inteligencia artificial y chequeados por el periodista a cargo.

Un día, mientras trabajaba en el Colegio Santiago Apóstol, un grupo de niños se quedó mirando a María Ignacia Fuentes (29). Después, uno de ellos le hizo una pregunta en lengua de señas:

—¿Tú eres Sorda?

María Ignacia respondió que sí.

Los niños se emocionaron.

Hasta entonces, los profesionales que habían conocido eran oyentes. María Ignacia era distinta: hablaba su misma lengua, compartía su cultura y, además, era psicóloga.

—Tú en el futuro puedes trabajar igual que yo, que soy Sorda —les dijo.

María Ignacia recuerda especialmente esa escena porque sintió que, de alguna manera, se había convertido en algo que ella misma había echado de menos durante buena parte de su vida: un referente.

En la comunidad Sorda, explica, todavía hay pocos.

El Colegio Santiago Apóstol, donde trabaja, es una institución pública y gratuita de la comuna de Santiago dedicada a la educación bilingüe de niños, niñas y jóvenes sordos. Allí la Lengua de Señas Chilena (LSCh) es el primer idioma y María Ignacia no necesita adaptarse para comunicarse con el resto.

No siempre fue así.

Francisco Paredes / The Clinic

“El día que entendí que existían dos mundos”

María Ignacia perdió completamente la audición cuando tenía seis meses, producto de una meningitis. El médico que la atendió recomendó a su madre no realizarle un implante coclear debido a las posibles complicaciones derivadas de la infección.

—Tuve un buen doctor y nunca tuve el implante coclear. Uso la lengua de señas, que es parte de mi identidad —dice.

Hoy se identifica plenamente con la cultura Sorda -se escribe con mayúscula para distinguir a las personas que se identifican con la cultura sorda y utilizan la Lengua de Señas como su primera lengua- su primera lengua es la LSCh, una lengua de naturaleza visual y gestual utilizada de manera propia y natural por las personas Sordas en Chile.

Aunque no fue la primera persona Sorda en estudiar Psicología en el país, sí es la primera en titularse con pérdida total de audición, identificándose culturalmente como Sorda y teniendo la lengua de señas como primera lengua.

Su decisión de estudiar psicología tampoco fue casual. Durante años había visto las barreras que enfrentaban las personas Sordas para comunicarse con sus familias, profesores e incluso profesionales de la salud. Con el tiempo, dentro de la propia comunidad comenzaron a decirle que necesitaban a alguien como ella: una psicóloga que no requiriera de un intérprete para entenderlos y que compartiera su misma cultura.

Ese camino, sin embargo, también significó aprender a moverse entre los dos mundos que había conocido desde niña: el de los sordos y el de los oyentes.

 María Ignacia repasa su historia, gracias a la ayuda de una intérprete. 

–¿Cómo fue vivir tu infancia como persona Sorda?

–No entendía bien por qué era distinta al resto del mundo. Y en primero básico o segundo básico, vino un profesor de educación diferencial y me hizo señas, y a mí no me gustaban porque no las conocía (…). Después entendí que era la lengua de señas con la que se quería comunicar, y esto es muy distinto al mundo de los oyentes. Y ahí me vi y me identifiqué con la lengua de señas. Cuando era niña, estaba tratando de estar en el mundo de las personas oyentes.

–¿Tu familia aprendió lenguaje de señas?

–Mi familia sabe señas básicas, por ejemplo comer, baños, salir. Pero no saben hacer frases (…) Mi papá no es hábil con la lengua de señas, él se comunica modulando y a mí me cansa estar leyéndole los labios.

–¿Cómo fue tu época escolar?

Cuando era muy chica iba a dos colegios, a un colegio de oyentes en la mañana y en la tarde al colegio de sordos. Entonces, yo decía: “¿Por qué tengo que ir a esos dos lugares?”. Y no entendía.

Luego fui al colegio San Francisco, donde eran solamente personas sordas, y después, en el liceo, había integración escolar, un Programa de Integración Escolar. Había profesores que sabían un poco de lengua de señas, pero no había intérprete en la sala. La primera vez que tuve un intérprete fue en el preuniversitario y luego acá en la UC.

–¿Por qué dos colegios?

Porque mi mamá quería que yo conociera esa diferencia. Ella tenía miedo de que yo estuviera sin entender. En prekínder fue que yo iba a ambos colegios, porque mi mamá quería que yo supiera que había dos mundos. Pero, en ese momento, yo me sentía obligada y tuve que aceptarlo.

Pero después me di cuenta de que era lo que mi mamá quería transmitirme: que había dos mundos, el de los sordos y el de los oyentes.

–¿Y con tu familia, cómo fue la experiencia cuando les contaste que querías estudiar en la universidad?

Me decían: “Es difícil, es difícil, vas a sufrir”. Entiendo, porque hay prejuicios con las personas sordas. Entonces, al final, dije: “Lo logré”, y mi papá no dijo nada más. Entonces, mis padres me tienen un gran respeto. Eso me da risa, me hacen señas de alabanza. Ambos querían que fuese profesora, pero yo no.

Yo pude estudiar aunque mis padres no me ayudaron. Yo pedí ayuda acá porque acá hay profesionales que saben, saben del asunto, y acá sí tuve apoyo”.

–¿Cómo viviste el logro de ser la primera psicóloga sorda?

Existe un gran número de profesionales psicólogas que se especializan en el tratamiento de personas con discapacidades auditivas, como hipocusias e implantes cocleares. A pesar de las dificultades que pueden surgir, es fundamental demostrar que, con determinación y resiliencia, podemos superar cualquier obstáculo y alcanzar nuestros objetivos. La comunidad Sorda es un ejemplo de esto.

“Es importante hablar sobre modelos porque aquí hay pocos profesionales sordos y usuarios de Lengua de Señas Chilena. Solo existen profesionales con discapacidad auditiva como hipoacusia que se comunican en español”.

Francisco Paredes / The Clinic

La psicóloga que su comunidad estaba esperando

El camino no fue sencillo: María Ignacia tardó más tiempo que sus compañeros en terminar psicología en la Pontificia Universidad Católica. Fueron 8 años en total, donde perdió su beca del estado y tuvo que entrar al CAE sin que ella lo quisiera, afirma que no fue por falta de capacidad, sino porque al comienzo, nadie en la institución manejaba la lengua de señas y la comunicación se daba de forma oral, lo que dificultó su adaptación. 

Con el tiempo logró acceder a distintos apoyos: tutorías, alumnos que eran tomadores de apuntes  y clases con intérpretes, financiados por ella o por fondos del Servicio Nacional de la Discapacidad (SENADIS), que le permitieron continuar y que ella misma reconoce como decisivos para no abandonar sus estudios.

“En ese momento yo me di cuenta que lo que la ley decía y que podía reclamar, que necesitaba intérprete y de esa forma lo fui logrando”, comenta. 

“La postulación a fondo SENADIS era mucha carga y responsabilidad para mí como estudiante sorda, carga con la que no cargaban los estudiantes oyentes, lo que ya me dejaba en desventaja. Por lo anterior, un año decidí no postular, asumiendo la responsabilidad económica, instancia en la que se demuestra claramente las dificultades que hay en el sistema educativo para personas con discapacidad, sin entender claramente los derechos para personas sordas en educación”, añade.

Su ingreso a la UC se dio a través de la Vía de Admisión de Necesidades Educativas Especiales, actualmente conocida como Admisión para Personas con Discapacidad. Ya como estudiante, realizó su práctica profesional en la Fundación Centro de Apoyo a las Personas Sordas CAPS Chile, obteniendo la nota máxima de 7.0.

–¿Cómo fue la entrada a la universidad?

–Tuve beca cinco años, pero mi primera lengua es la lengua de señasl. Acá, en Psicología, hay que leer muchos textos inmensos, entonces había muchas cosas que yo no comprendía. Reprobé cuatro cursos porque en las pruebas no podía redactar bien.

Durante los primeros años reprobó algunos cursos debido a las barreras de comunicación y al desconocimiento inicial, tanto de ella como del entorno universitario, sobre cómo adaptar el proceso de enseñanza a su lengua y su cultura.

“Había un choque cultural por distintos motivos y se acabó la beca a los cinco años. Y después de esos dos años, no había una adaptación para mí como persona sorda. Entonces, al final, no tuve mucha ayuda y tuve que asumir y postular al CAE. Y entonces, bueno, por esas barreras voy a tener que pagar”.

“Me dijeron: “Es normal que las personas con discapacidad tengan problemas, que la carrera se les alargue y que tengan que postular al CAE”. ¿Pero dónde están mis derechos? ¿Estoy obligada a postular al CAE? ¿Por qué? Eso me descolocó. Pero bueno, ese es un problema de las barreras del sistema”.

–¿Lograste hacer amigos durante la época universitaria?

–Yo tengo más amigos fuera que aquí, en la universidad. Acá estuve más que nada sola. Me juntaba con algunas personas que sabían lengua de señas, pero con quienes no sabían, no me juntaba o no los tomaba en consideración. Yo acá solamente tengo dos amigas en los ocho años que estuve, que conocen la cultura y saben lengua de señas, pero nadie más.

–¿Cómo descubriste que querías estudiar psicología?

–Cuando yo empecé, en la media, a estar con personas sordas, me di cuenta de que había muchas barreras de comunicación con sus familias, con los profesores y con los compañeros, y yo también tenía esas barreras. Entonces, ahí comencé a ayudar. Por ejemplo, había una persona que estaba en primero medio y yo en tercero, cuarto medio. Era una persona sorda y contaba sus problemas y yo me dedicaba a animarlo. Le decía que no se centrara en las barreras de ser sordo, sino que tuviera una mentalidad positiva a futuro.

Y ahí en la media me di cuenta que tenía ese sentimiento de ayudar a otros. Yo no conocía la palabra psicología, pero tenía que ver con buscar soluciones a los problemas. Sabía que si no hay apoyo, las personas sordas iban a estar resignadas y sin seguir adelante, sin comunicación con sus familias, sin tener una vida activa”.

–¿Qué importancia tiene para las personas Sordas acceder a atención psicológica con otra persona Sorda y que no haya un intérprete de por medio?

–Porque puedes ir notando otras cosas y además hay un tema importante de confidencialidad. Hay intérpretes profesionales, pero a veces hay muchos problemas éticos. Es una minoría que hay que cuidar. Entonces, las personas sordas deben sentir su identidad sorda, no depender, no recibir todas las indicaciones, sino abrirse al mundo.

“Comparto la cultura, entonces eso es algo cómodo y que también se comparte. Lo visual y el español son una barrera. Entonces, nosotros somos visuales, entonces otro profesional (oyente)  puede atender y dar un mal diagnóstico sin querer”.

–¿Te interesa en un futuro atender a oyentes?

–No, que vayan a otro profesional. Hay muchos psicólogos oyentes. Yo quiero centrarme en las personas sordas y que haya menos barreras. 

Francisco Paredes / The Clinic

“Ser Sorda no es un problema, el problema es el sistema” 

Maria Ignacia cuenta actualmente con 3 trabajos, como profesora de Lengua de Señas Chilena (LSCh) en la Pontificia Universidad Católica de Chile, como psicóloga en la Fundación Centro de Apoyo a Personas Sordas (CAPS) y en la Escuela de Sordos Santiago Apóstol. Además de ser voluntaria en la Asociación de Sordos de Chile (ASOCH). 

Reconoce que le gustaría contar con un trabajo más estable que le permita concentrar sus energías en un solo lugar, pero mientras tanto encuentra en cada uno de estos espacios una forma distinta de ejercer su profesión. Es justamente en el contraste entre ellos donde nota con más claridad lo que considera el verdadero problema: no es la sordera, sino un sistema que muchas veces no se adapta a lo que las personas sordas necesitan.

–¿Qué te gusta de ser voluntaria en la ASOCH?

–Que tienen distintos objetivos, pero especialmente socializar, porque hay muchas personas que, por aburrimiento y por no poder comunicarse en lengua de señas, tienen una adicción al teléfono. Entonces, ahí se les invita.

–En CAPS y en la Escuela comentas que sientes que funciona mejor, ¿en qué sentido?

–Cuando yo entro a un lugar, naturalmente las personas se comunican en lengua de señas porque saben que hay personas sordas y que su derecho es la lengua de señas, y eso es algo que siempre me sorprende y emociona. En la UC, a veces se confunden los roles.

–¿De qué manera se confunden?

–Yo soy profesora de lengua de señas y trabajo en conjunto con una profesora oyente que explica la clase teórica en español a los estudiantes que participan. El problema es que durante la clase teórica donde la profesora oyente habla en español no hay intérprete y yo igual estoy presente, entonces pierdo información y me pierdo del contexto, por ejemplo si los estudiantes hacen preguntas o comparten algún comentario, yo no entiendo al no contar con intérprete en ese espacio.

–¿Cómo funciona ser profesora cuando tus alumnos son generalmente oyentes?

–Les mando un video unos días antes para que ellos lleguen con las palabras aprendidas para la clase, luego cuando empieza la cátedra ellos tienen que venir con esos conocimientos listos.

–¿Qué te gustaría que cambiara en términos de inclusión?

–Lo primero que se debe conocer es la ley. Ese es un mínimo. Entonces, primero hay que conocer la ley, hay que concientizar e informar sobre la cultura.

“La lengua de señas es algo básico para poder comunicarse, no pensar que es mejor que lea los labios, que se use el implante coclear o que se comunique por medio de la escritura. ¿Y eso para quién es cómodo? ¿Dónde está la accesibilidad? Eso no es accesible. Yo tengo derechos por ley y es mi derecho. Entonces, tienen que adaptarse a lo que yo requiero, no los sordos adaptarnos al mundo de los oyentes. Tenemos que vincularnos en equidad, eso es lo principal”.

–¿Algún consejo para los jóvenes sordos que quieran estudiar?

–El consejo sería: si tú quieres estudiar, tienes que luchar y no rendirte. Renunciar a lo que quieres va a ser difícil, sí, pero tienes que seguir luchando, enfrentar que las personas no sepan y vean. Hubo problemas, tenía barreras, pero igual pude. Y tenemos que adaptarnos a esa persona. Entonces, seguir mostrando para que exista un cambio, no rendirse, seguir. Ese sería mi consejo.

“Se sufre, sí, porque cambiar de la lengua de señas al español es una lucha y es difícil, pero hay que empoderarse y tener orgullo sordo. La lengua de señas es lo más importante”.

Intérprete: Daniela Zúñiga

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