Opinión
30 de Agosto de 2026
Columna de Kike Mujica: Republicanos vs. La opinología exquisita
Por Kike Mujica
Frívolos. Desconectados. Fumadores de opio. Iluminados. La discusión de la reforma constitucional avivó el menosprecio que siente el mundo republicano por la fronda de columnistas e intelectuales “progresistas-liberales”: Carlos Peña, Arturo Fontaine, Javier Couso, Daniel Matamala y compañía.
Compartir
“Una fronda aristocrática casi siempre es hostil a la autoridad de los gobiernos”.
Alberto Edwards.
-¿Qué importancia les dan a las opiniones de Carlos Peña, Arturo Fontaine o Javier Couso? -, le pregunto a un conspicuo miembro del Gobierno.
-Los Republicanos no leemos las cartas, columnas ni las editoriales de El Mercurio, en los matrimonios preferimos bailar antes que conversar en el cocktail y nuestra agenda en terreno está más enfocada en las sedes sociales y clubes de adulto mayor.
Feria y micro
En plena campaña presidencial un miembro del círculo de hierro de JAK criticaba los temas que comentábamos al aire los periodistas políticos. “Ustedes son la élite hablando para la élite. Están preocupados de temas que a la mayoría de la gente les interesa cero. Pero cero, en serio”.
Su lógica era (es) la siguiente: lo que no se habla en un bus del Transantiago o en una feria, no clasifica como un tema relevante o para (pre) ocuparse.
Me lo dijo por el debate respecto de la incipiente candidatura de Michelle Bachelet a la secretaría general de la ONU. “Ustedes están más preocupados que nosotros del tema. No es algo que le preocupa a la gente”, me dijo.
Por esos días, Brasil y México le dieron el apoyo a la exmandataria.
Le pregunté si eso afectaba la decisión de JAK -aún no la tomaba- de apoyar o no a Bachelet.
“Brasil y México valen lo mismo que Djibouti y Sudán del Sur”, me respondió con desdén.
Círculos de poder de La Moneda exudan menosprecio por los temas que inquietan a las élites intelectuales. De derechas e izquierdas. La academia estaría cooptada por el progresismo. La derecha liberal hipnotizada por esas corrientes.
“Evópoli es la derecha woke”, dicen.
El buenismo liberal-progresista -y lo políticamente correcto-, según ellos, habita de la rotonda Pérez Zujovic hacia arriba, por las derechas; y en Ñuñoa por las izquierdas.
“Poco se fijan en los dolores de los chilenos. Después se llenan de foros, diagnósticos, conversatorios para no avanzar en nada. El crimen organizado no se ataca con chai latte y pata cruzada en un buen sofá y el ministro Arrau está dando muestras de ese trabajo en terreno que se requiere”, dice el diputado y jefe de bancada de republicanos, Benjamín Moreno.

Fontaine y Couso
Ni hablar del debate actual sobre si el gobierno es iliberal o no. Para republicanos, es un fumadero de opio de columnistas e intelectuales de la fronda: entre otros, Carlos Peña, Javier Couso, Arturo Fontaine, Daniel Matamala. Iluminados que habitan Torres de Marfil.
“Cuando hablamos de falta de libertad, yo llamo a todas las personas que opinan, hubo mucho opinólogo la semana pasada, que vayan un poco a las poblaciones y que vean el grado de libertad que tienen las personas que viven ahí”, dijo el ministro Martín Arrau.
Carlos Peña -a este Gobierno lo sitúa en la “ultraderecha”- escribió en El Mercurio: “Los discursos del Presidente Kast en la Cumbre Transatlántica, las reuniones con Orbán y las alabanzas a Bukele, la puesta en escena del traslado de reos (que los matinales y las radios transmitieron y comentaron como si se tratara de una película de superhéroes), el abandono de la neutralidad en cuestiones religiosas, eran indicios. El proyecto de reforma que se ha sometido a discusión deja poco espacio para negar la inspiración iliberal del Gobierno”.
Fontaine -ligado a la derecha liberal- y Couso -ligado a la centro izquierda- escribieron una columna en El Mercurio -que en su editorial ha sido particularmente duro con la reforma constitucional promovida por el gobierno- que avivó la ofensiva anti-elite de los republicanos.
Fontaine y Couso señalaron: “Gobiernos iliberales son los que, con respaldo de las mayorías y de modo legal, socavan las libertades, típicamente buscando perpetuarse en el poder. El poder se concentra en el gobernante hasta transformarlo en uno autoritario. Fue el caso de Orbán en Hungría y Chávez en Venezuela. Si bien no hay indicios de que el Presidente Kast tenga la motivación autoritaria de capturar las instituciones de control y acallar la prensa, la reforma constitucional que ha propuesto implicaría un paso en una dirección populista-autoritaria”.
Fontaine habló de un parteaguas: “Si el Gobierno insiste en esto, a mi juicio se pone a caminar por la vía que conduce al autoritarismo legal”
Arrau respondió con dureza contra el mundo que, según él, no entiende el proyecto: “ciertos políticos, periodistas, doctores en Derecho, y algunas personas que son más bien opinólogos”.
El presidente de Republicanos, Arturo Squella, fue al hueso contra Couso y Fontaine. Escribió en X:
“Mientras la gente vive sometida al control de las bandas en sus barrios y bajo la angustia permanente de que sus hijos no lleguen vivos a sus casas, un par de expertos proponen enfrentar al Tren de Aragua con más telefonistas de emergencia. Sí, telefonistas! Sinceramente la desconexión no tiene límites, los megáfonos de Tohá finalmente fueron superados”.
Squella se refería a un párrafo de la columna de Fontaine y Couso: “La seguridad es la primera prioridad en Chile. El camino no pasa por reformar la Constitución, sino por aumentar la dotación policial y mejorar su entrenamiento y tecnología. La gente quiere ver policías patrullando las calles, que la comisaría esté más cerca y haya más telefonistas atendiendo emergencias, todo lo cual requiere una inyección de recursos”.
Squella esgrimió el argumento que mantiene la llama viva de la mano dura:
“La frivolidad no es el principal problema. Probablemente ninguno de los expertos sentirá balazos hoy en la noche afuera de su casa. Lo que indigna es la indolencia y la incapacidad para darse cuenta de la realidad que viven miles de chilenos que antes de los grandes temas que los ocupan a ellos, están viendo cómo enfrentan el día siguiente”.
El discurso antiélite no es nuevo en boca de Squella. En 2023, cuando obtuvieron un macizo triunfo en la elección de los consejeros constitucionales, dijo: “Nos representa mucho el que los sectores más populares, las zonas que han tenido más dificultades en Chile, hayan visto una esperanza en el Partido Republicano“.
Y agregó: “El mundo más acomodado está en los partidos de derecha tradicional, por una suerte de resistencia al cambio como dicen los psicólogos… El tiempo ayudará a que ellos también nos conozcan…con la ciudadanía ya conectamos, ahora nos queda la élite”.
Otro líder de republicanos y hoy integrante del segundo piso, Antonio Barchiesi, muy cercano al presidente, escribió en 2018 sobre “la élite en crisis”.
“Esas élites se presentan en algunos casos como organismos supranacionales que amenazan la soberanía de las naciones; en otros, como el conjunto de políticos, artistas y medios de comunicación unidos por el consenso respecto de cierta agenda progresista; y también hay casos de élites constituidas por la connivencia de políticos y empresarios unidos por vínculos de corrupción. Cada país tiene sus aspectos diferenciadores, pero en todos los casos se repite el mismo factor: grupos dirigentes ajenos a la realidad, desconectados de las verdaderas urgencias sociales y con un profundo desprecio por el ciudadano común”.
Kast contra la élite
Este lunes, el presidente habló en Radio Infinita y criticó a la élite que desconoce la realidad: “nunca han tenido que recurrir al gota a gota y nunca los han vacunado. Entonces, el debate es muy de la élite”.
El “gota a gota” son los préstamos informales, cuya deuda se puede pagar con la vida. Y “vacunar“ es los pagos extorsivos que cobra a la fuerza el Tren de Aragua.
En 2016, JAK se preparaba para su primera contienda presidencial. Sectores liberales -políticos e intelectuales- cuestionaban su conservadurismo.
Su defensa era precisamente la disociación entre la élite y el pueblo. La élite, según Kast, representaba lo políticamente correcto.
“Las personas, en el día a día, no están pensando en temas valóricos, en los que yo tengo una línea clara, sino en sus problemas cotidianos. Lo que pasa es que la élite política instala ciertos temas, por ejemplo el matrimonio homosexual, y le hace el quite a los temas de urgencia social”, dijo por esos días en una entrevista al DF.
¿A qué atribuye que las encuestas reflejen que a la gente le interesan los temas como el aborto o la nueva Constitución?
Si salimos los dos a la calle y le preguntamos a las personas cuál es su primera preocupación hoy día, ¿va a decir que la reforma constitucional? No.
¿Querrá decir eso que los chilenos son más conservadores de lo que parece?
-Estoy convencido de que Chile es mucho más conservador que lo que es la élite política.
Infumables
El exministro Gonzalo Blumel ha sido muy crítico del nuevo estado de excepción. Republicanos no traga a Evópoli. Y viceversa. Los dos partidos forman parte del gobierno.
Le pregunto en Radio13C qué opina de las críticas que ese partido formula a la élite.
“Me pregunto: ¿cuántos de los dirigentes republicanos viven o han vivido en poblaciones, han vivido con el pueblo, conocen sus necesidades, entienden sus inquietudes y sus temores?”, me dice.
“Una cosa es meterse a redes sociales, indagar en ellas, dilucidar lo que dicen los bots, y otra cosa es realmente ir a un consultorio a atenderse, estar en Fonasa, que tus hijos vayan a una escuela pública, que vayan a un liceo con números y que ahí realmente sientan lo que es la realidad y el deseo de los chilenos”, agrega.
“Para mí, esos comentarios son un reflejo de una soberbia y una superioridad moral que, en ciertos sectores de la política, en la derecha y también en la izquierda, se ha vuelto infumable y hace muy difícil el diálogo democrático”.
En Chile Vamos se ríen y se molestan por este modo “antiélite” de los republicanos.
“Vienen de la UDI: qué más establishment que eso”, dicen. “Kast, Squella, Arrau, Alejandro Irarrázaval, no son precisamente hijos del pueblo”, agregan. “El origen de Republicanos está en el gremialismo de la Escuela de Derecho de la UC… un enclave de la élite tradicional chilena”.
“Son muy parecidos al Frente Amplio, que reniega de sus orígenes privilegiados. Ellos también disparan contra la élite o la casta. En eso se parecen tanto a Podemos como a Milei”, argumentan.
“El opinólogo”
Javier Couso se instaló en la mira de los republicanos. Le pregunto sobre la artillería que desplegaron después de su columna. Presidente Kast incluido.
-Nos ha sorprendido el grado de virulencia. Lo que escribimos es una opinión crítica. Yo personalmente no he hablado de un gobierno de ultraderecha, pese a las amistades -Trump y Bolsonaro por ejemplo- del presidente. Recuerdo que cuando Boric ganó, Kast lo reconoció inmediatamente, a diferencia de sus amistades que impugnan elecciones o tratan de incendiar el Capitolio. Por eso, la reacción del Gobierno frente a nuestra columna fue una sorpresa. Además las encuestas demuestran que el mayor rechazo a que las policías intervengan los barrios proviene de los sectores populares.
Según Couso este sentimiento anti-intelectualidad es muy propio de los gobiernos iliberales. “Si tratas de eliminar la idea de lo iliberal, es una mala idea atacar a la academia”.
-Un personero de La Moneda me dice los republicanos no leen las columnas de El Mercurio.
-Si así fuera, cosa que dudo, sería muy mala idea. Además si no las leyeran, no se habría provocado la reacción del ministro de Seguridad que atribuyó una campaña de desinformación a dos académicos que escribimos esa columna.
-Republicanos los critica porque viven desconectados de la realidad y que hablan de temas que no se conversan en las poblaciones.
-Esa opinión responde a una muy antigua concepción: que la esfera pública no percola a la ciudadanía de a pie. Es una tesis muy peligrosa, porque se parece mucho a lo que la literatura sobre el populismo define como “democracia plebiscitaria”. En las ferias no se habla de las tasas de interés pero la gente entiende cuando hay inflación. Otro peligro de esa tesis es celebrar que la gente no le dé una segunda mirada a las cosas. Es un error grave sostener que la gente es alérgica a las ideas porque vive en barrios donde hay menos libros. Las personas, con la mediación de la opinión y el periodismo, pueden entender qué está en juego.
Siútica
El diputado Agustín Romero es uno de los republicanos más duros en la trinchera política.
-¿Qué opina de la discusión sobre si este Gobierno es iliberal?
-Primero, la palabra es siútica. Segundo, la desconexión con la realidad es brutal. Esta semana fuimos a Colina y Estación Central con el subsecretario de Prevención del Delito para hablar del proyecto. Nadie nos preguntó si la reforma era iliberal: lo que te preguntan es si el Presidente puede hacer esto sin consultarle al Congreso y si lo puede hacer a partir de mañana. La realidad donde yo me muevo, no donde viven Couso y Fontaine, es un mundo donde las personas deben vivir enrejadas.
Romero advierte: “La desconexión de esta élite que habla de lo iliberal les va a explotar en la cara. No vivimos una situación grave o compleja: es una emergencia”.
-¿Entre intelectuales y amplios sectores del oficialismo hay unanimidad: el nuevo estado de excepción propuesto por su gobierno atenta gravemente contra las libertades?
-Ninguno de nosotros pretende saltarse la democracia, sino que advertirle al crimen organizado y a los terroristas que estamos disponibles para tomar medidas drásticas para que esto se acabe de alguna vez.
-Los acusan de pulsiones autoritarias.
-Esta pulsión autoritaria surge de una emergencia. O sea, si usted me dijera que vivimos en un país como Suiza y al presidente se le ocurre hacer algo como esto, yo dudaría, pero aquí estamos en presencia de gente que no respeta la democracia. Cuando las herramientas del Estado de derecho ya no son suficientes tal cual están, se necesita contar con herramientas que, a lo mejor, superan lo que nosotros pensamos que podíamos hacer. Nadie imaginó lo que vivimos hoy. Las películas de Pablo Escobar la veíamos como una realidad lejana.
Romero dice que invitaría a todos los columnistas y encuestadores a pasearse por las comunas donde él es diputado. “Me indigna que pidan que se retire el proyecto. Lo que quieren es ver humillado al presidente. Los narcos y delincuentes escuchan esto y salen a celebrar con fuegos artificiales. Es demasiada la desconexión”.



