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Reportajes

La historia de la archivera de TVN que salvó de la destrucción registros históricos durante la dictadura: “Las nuevas generaciones tenían derecho a saber”

Durante la dictadura, Amira recibió la instrucción de eliminar el material de TVN relacionado con los años de la Unidad Popular. En lugar de hacerlo, resguardó las fichas y conservó un archivo que décadas después permite reconstruir parte de la historia reciente de Chile.

Por 11 de Septiembre de 2026
Sandro Baeza
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Al archivo de TVN se entra con una advertencia: detrás de esas puertas se encuentra uno de los lugares más importantes del edificio. Allí se conserva buena parte de la historia audiovisual de Chile, miles de cintas, imágenes y registros de acontecimientos que durante más de medio siglo aparecieron —o no alcanzaron a aparecer— en las pantallas del canal público.

En la primera oficina está Amira Arratia. Llegó a TVN con 20 años, como practicante, cuando el área de Documentación todavía no tenía ese nombre y era, simplemente, una bodega de libros y cintas. Más de cincuenta años después, sigue trabajando en el mismo lugar y hoy es la jefa del área. Entre todo el material que ha pasado por sus manos hay una parte de la historia de Chile que, si hubiera obedecido una orden que recibió cuando era muy joven, probablemente ya no estaría ahí.

Amira había ingresado al canal en febrero de 1973. Por entonces estudiaba Bibliotecología y Documentación en la Universidad de Chile durante las mañanas y trabajaba por las tardes como ayudante de información en TVN: recibía las peticiones de los periodistas, buscaba las fichas en los catálogos y encontraba las cintas que necesitaban.

El 11 de septiembre de ese año no estaba en el canal. Había paro en la universidad y se había quedado en su casa. Después del golpe de Estado, TVN permaneció cerrado durante tres o cuatro días y solo con el paso de las semanas sus trabajadores comenzaron a ser llamados nuevamente.

Amira volvió a comienzos de octubre. El canal que había dejado unas semanas antes ya no era el mismo. Estaba tomado por militares, hombres con los que desde entonces tendría que convivir a diario. Y en ese nuevo TVN, donde ella seguía encargada de encontrar y entregar las imágenes del pasado, no tardaría en descubrir que también había quienes querían hacerlas desaparecer.

Guardiana del archivo 

Tiempo después de su regreso, Amira fue citada por el gerente de producción del canal. Tenía un encargo para ella. Primero debía reunir las fichas de todo el material relacionado con la Unidad Popular: registros de Salvador Allende, sus giras y entrevistas, las manifestaciones de apoyo a su gobierno y otros episodios de aquellos años. Una vez que las tuviera todas, debía cumplir la segunda parte de la orden: hacer desaparecer ese archivo.

—A mí el gerente de producción me llamó y me dijo que llevara la ficha de todo lo que nosotros tuviéramos del gobierno de la Unidad Popular, incluyendo Salvador Allende con todas sus giras, entrevistas y las manifestaciones de apoyo.

“También estaba el material de cuando Fidel Castro visitó Chile y estuvo un mes, un mes en que TVN transmitió muchas de las actividades que tuvo él. Estaba el Premio Nobel de Literatura, que había sido una maravilla de transmisión, porque fue una de las primeras transmisiones vía satélite que hizo TVN desde Suecia, directo, y fue muy emocionante”, añade.

Comenta que al llevar las fichas, le pidieron que borrara todo. 

—Yo estaba estudiando en la Universidad de Chile y me estaban enseñando que había que preservar la historia, que las cintas, los libros y las fotografías eran parte de ella y que nuestra labor era conservarlos. Y esto era exactamente lo contrario. Lo que me estaban diciendo era: “Borre esta historia”.

“Entonces, afortunadamente, el trayecto era largo y me vine pensando y dije: “No, históricamente es imposible que yo me haga cargo de eliminar este material”. En mi cabeza no cabía”, recuerda.

En ese entonces, el acceso al archivo era completamente manual. Para encontrar una cinta había que recurrir a un catálogo y localizar ahí la ficha correspondiente. Amira entendió que, si lograba sacar esas fichas del catálogo, el material sería mucho más difícil de encontrar. Sin pensarlo dos veces, lo resguardó en su oficina.

Con el paso de los meses, solo dos personas que trabajaban con ella sabían que en su oficina se encontraban los documentos.

—¿De qué manera guardó el material?

—Yo pensé: si esta ficha no está en el catálogo, está en mi escritorio, no van a llegar a encontrarla para eliminar el material. Pero también creo que ayudó la circunstancia de que durante la dictadura no se celebraba ni un año ni tres de que Allende asumió el poder, ni cinco de que Pablo Neruda había ganado el Premio Nobel.

—¿Fue un acto de rebeldía?

—Yo nunca pensé que era un acto rebelde. Era el ímpetu de la juventud, de que te estabas nutriendo de la universidad, que te estaba enseñando a ser profesional, a ser leal, a ser honesto, a amar lo que haces. Así te tocó un momento histórico, ese es tu momento profesional histórico.

—¿Sintió miedo en algún momento?

—Yo no había tenido miedo y la verdad es que yo nunca me había planteado el tema del miedo, porque para mí fue un acto de conservar el material, de pensar que las nuevas generaciones tenían derecho a saber la historia tal cual como fue, sin poner un color político ni nada. Para mí el miedo no tenía cabida, porque no es plantearte frente a un militar que te está diciendo “Borre esto” y tú le dices “No”. Yo me vine cabeza gacha, pero guardé el material.

Amira se preocupó de conservar no solo el material de archivo creado por Televisión Nacional de Chile. Apenas supo que en la sala técnica del canal estaban despachando material desde otros países, entre ellos Italia, Japón y Estados Unidos, volvió a tomar la decisión de resguardar esos archivos que no se transmitían en Chile.

“Lo que eran las protestas, lo que estaba pasando acá, no teníamos ese material. Entonces, hablé con algunos de ellos y les dije: “¿No les importa que yo haga una copia de esto?” Porque está pasando, pero nadie más que nosotros que vemos aquí, lo sabemos”.

—Me dijeron: “Por supuesto, esto es su calle, esto es su gente y esto es lo que está pasando”. Y nos hicimos de un acervo de material de las protestas en contra de Pinochet, que después, por supuesto, ha sido tremendamente utilizado.

Con la vuelta a la democracia, los periodistas estaban ávidos de saber qué material estaba disponible. Eso llevó a que algunas de las cintas fueran manipuladas por personas que consultaron el archivo. Con el paso del tiempo, algunas quedaron con partes de video y audio faltantes.

—¿Qué recuerda que se borró?

—La más clásica es cuando Pinochet dijo: “En este país no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”. Movía los labios y esa frase nosotros la teníamos. ¿Cómo se borró? ¿Quién la borró? No sabemos.

—¿Cómo han sido estos años trabajando en el archivo?

—Haber construido este camino, que en tiempos difíciles tuvimos la oportunidad de resguardar todo ese material para, en un futuro, poder decir a las nuevas generaciones: “Esto es lo que pasó en Chile”. Entonces, sentir que fuiste partícipe de mantener esos materiales para que tú juzgues lo que estás viendo. Estarás de acuerdo, no estarás de acuerdo, pero esta fue tu historia. No está contada, está grabada.

Actualmente, el archivo se encuentra en un proceso de digitalización y cerca del 60% del material ya ha sido incorporado al sistema. La documentación anterior a 2010 es considerada parte del archivo histórico y requiere un proceso de digitalización específico, que implica migrar la información y registrarla en las fichas creadas para el nuevo sistema.

En cambio, desde 2010 en adelante, el material —tanto programas como noticias— comenzó a generarse directamente en formato digital, por lo que su incorporación al archivo responde a un proceso distinto.

“En el proceso de digitalización, además, los descubrimientos han sido fantásticos y han acrecentado este archivo y le han dado mucho más valor, porque hemos recuperado material que no sabíamos que existía” comenta Amira.

Hoy ella sueña con que, antes de su retiro, pueda dejar la base de datos y el archivo listo para que cualquier ciudadano que quiera pueda acceder a ella.

“Es como un puzzle, como ir armando el puzzle de tu propia historia como ciudadano. Entonces, por eso te digo, el gran desafío yo creo que es poner esta base de datos a disposición de la comunidad y que puedan ellos mismos armar su puzzle”, agrega.

Al visitar el archivo muestra las cintas originales que todavía están guardadas en los estantes y comenta con seguridad: “Yo soy porfiada y me rehúso a deshacerme de ellas”. Amira está lejos de tener una fe ciega en la tecnología.

—El mayor desafío es precisamente que, al tenerlos tú preservados y digitalizados, no sabemos qué pasa si muere un servidor. Muere la información. Por eso, hasta este minuto, todo lo que tenemos digitalizado me rehúso a botar los originales.

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