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Opinión

11 de Septiembre de 2026

Por qué funciona “Lanterns”: la serie de HBO que reinventa a los Linternas Verdes entre crímenes, poder y conflictos generacionales

Foto autor Cristián Briones Por Cristián Briones

La nueva serie del Universo DC transforma a los Linternas Verdes en una pareja de policías intergalácticos que debe resolver un crimen en un pequeño pueblo de Estados Unidos. Pero bajo esa premisa aparecen conflictos de poder, diferencias generacionales, sesgos raciales y personajes creados hace más de medio siglo que deben enfrentarse a una sociedad muy distinta. Una serie que, según este análisis del crítico Cristián Briones, encuentra su fuerza en los matices y en una ambición que va mucho más allá del género de superhéroes.

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El nuevo éxito de HBO es una serie de superhéroes del flamante Universo DC. Superó en su estreno y en sus cifras posteriores a otras emisiones largamente conversadas, como “Succession”, “A Knight of the Seven Kingdoms”, “The Penguin”, “The Last of Us” o “IT: Welcome To Derry”. Y más trascendente todavía, pasó la barrera de los televidentes a la conversación multimedia en donde prácticamente no ha habido quienes no le hayan dado su espacio. Desde la más humilde de las cuentas en RRSS dedicadas a comentar cultura pop, hasta La Casa Blanca, usando la iconografía de los Linternas Verdes para investir de categoría de superhéroe al actual ocupante de la Oficina Oval.

“Lanterns” es la historia de dos policías intergalácticos, uno veterano, uno en entrenamiento, que deben investigar un caso en un pequeño pueblo de EEUU. Una trama que para muchos, no debiera alcanzar este nivel de repercusión. Y por ello es que es imposible no caer en cuenta de cómo el prestigio de HBO logra algo que otros streamings de muchísima más audiencia no consiguen: establecer la conversación. Influye que la serie no esté disponible en su totalidad en un sólo día, evitando el maratonear, pero mucho más la búsqueda de un cierto nivel de calidad. Sin embargo, también es necesario hacer notar lo muy contaminada que está el diálogo sobre este tipo de material en estos días.

Más allá de la lógica de las trincheras y la polarización, que encuentran indudable cabida en la revisión de una obra cuya trama principal implica que un joven negro va a reemplazar a un hombre blanco ya experimentado, se vuelve necesario abordar que muchísimos de los argumentos esgrimidos en ese proceso, carecen de una intención real de apreciación del arte involucrado, y recaen mayormente en sesgos y la carencia de herramientas de análisis audiovisual, o la persecusión de estos. La proverbial trinchera se ha cavado a tal nivel, que nadie puede ya asomar la mirada sobre las obras. Fenómeno que vimos pasar también con “La Odisea” de Christopher Nolan, y básicamente con el mismo resultado. Una película que fue combatida desde el parapeto reaccionario a propósito de sus elecciones de reparto y reinterpretación temática. Argumentos que quedaron totalmente fuera de juego con el éxito del film, que ya ha recaudado más de 1600 millones de dólares y sigue en cartelera. Y que muy probablemente se repita con el estreno de la nueva serie de Harry Potter y la lucha en contra de la autora de los libros. El 2026 está probando ser un año que tiene espacio para los matices en el manido debate cultural.

Pareciera que conceptos como “discursos” o “sermones” entraron a las oficinas de guionistas y creadores con la clara directriz de ser cuestionados o en el peor de los casos, cambiar su envoltorio. Y es por esto que las conversaciones con los autores se vuelven una hebra bastante atractiva de plantear. Durante las ruedas de prensa, Tom King y Damon Lindelof, dos de los tres creadores de la serie, abordaron puntos muy interesantes sobre la perspectiva que toma la serie, el uso del género del policial en clave pareja dispareja, y los carices indispensables cuando se trae personajes que llevan en su formato de origen más de medio siglo al mundo actual. “Este es el punto de vista de los personajes” terminó siendo una frase que tiende a definir “Lanterns”. Casi todo el debate en torno a la serie, tiende a ignorar esto. Que los personajes fueron concebidos en un tiempo y con un foco. Y ese tiempo pasó, pero el foco no necesariamente.

El personaje de Hal Jordan, el Linterna Verde experimentado (interpretado en la serie por el excelente Kyle Chandler), fue creado en los cómics a semejanza de Paul Newman: hombre de alta velocidad, regocijo en su carisma, desafiante al establishment, pero respetuoso de la autoridad. John Stewart (calado a la perfección por Aaron Pierre en la TV) nació en 1971, a semejanza de Sidney Poitier, siendo crítico y contestatario del sistema y la autoridad, con la clara misión de establecer que un afroamericano era tan digno del título de superhéroe como cualquier otro personaje. Ambos ya tenían diferencias en sus miradas del mundo en esa década hace 50 años atrás. La resaca de la revolución de las flores y la sombra tradicionalista de esa era, dieron un tono crepuscular a muchísimas de las expresiones culturales de esa época, y la historia tiende a repetirse. Y es donde nos encontramos con “Lanterns”. Y es quizás la razón por la que la serie parece ser más compleja que la disposición a verla y apreciarla.

“Queríamos que esa relación estuviera marcada por el conflicto de una persona que, en el fondo, no quiere hacerse a un lado ni ceder su poder, y otra que siente que prácticamente se ha preparado para ello durante toda su vida y que, en algún punto de esa tensión, empiece a surgir un respeto mutuo”, dice Damon Lindelof, co-creador de “Lost” y creador de “The Leftovers” y “Watchmen” para HBO, encierra al menos dos niveles en esta declaración.

En el apartado narrativo, la elección precisa de un género audiovisual que hace sentido en el formato episódico. En el aspecto temático, ese conflicto bien se puede traspasar al momento intergeneracional que estamos viviendo. En donde la idea de siquiera legar el poder se ha vuelto intransable. Y el sólo atisbo de que una nueva generación no esté totalmente preparada para ejercerlo, algo inaceptable. “Lanterns” aborda esto bajo la añeja premisa de los cómics DC, que cada concepto se enfoca como si fuera el aspecto de un diamante, y la labor de los artistas es iluminar cada uno de ellos y hacerlos brillar. Y lo consiguen. Traumas generacionales, relaciones de poder, obstinación de la autoridad, sesgos raciales, la inhabilidad del sistema para entender la multidimensionalidad humana, y un extenso etc. que recién estamos viendo en la mitad de esta primera temporada. Todo gracias a que el enfoque está puesto en la perspectiva de personajes creados hace más de medio siglo, y cómo la sociedad en que deben funcionar ahora es distinta para mucho más bien que mal.

Porque el enfrentamiento entre esas perspectivas se puede traspasar al mundo real, se puede ver en las interacciones que tratan de hacer lo que el arte suele tener la intención de llevar a cabo, el abrir una ventana al mundo. Y por supuesto que existe un porcentaje de la audiencia que intenta llevar las aguas hacia sus cada vez más conflictivos molinos. Y muchas veces lo consigue. Sin ir más lejos, el tercer episodio, uno de los mejor construidos narrativamente de la serie, ha sido objeto de review bombing (generar malas calificaciones en los sitios especializados) aún cuando es el que por lejos más puso bajo la lupa los mencionados traumas generacionales y sesgos raciales, cuestionando miradas a favor y en contra. Pero el éxito de la serie dice que hay muchísimo más público dispuesto a revisar esos matices.

“Lanterns” está generando el espectro completo de trascendencia de una obra audiovisual que quiera realmente adquirir importancia en el panorama de estos días. Desde los interminables memes en todas y cada una de las plataformas de interacción social, hasta el hecho de la Casa Blanca no logre captar que un superhéroe designado por alienígenas para evitar y solucionar conflictos, vaya a estar construyendo muros y expulsando inmigrantes. Pareciera que lo malentendido y aquello que se empapa de un debate útil, tienen prácticamente la misma cabida en la revisión de algo en apariencia tan pueril como una serie de TV de superhéroes. Pero lo que siempre se va a quedar, es la calidad de la historia y su ejecución en la puesta en escena.

“Tenemos un crimen que tiene consecuencias intergalácticas, y a dos tipos que intentarán averiguar quién lo cometió y por qué. Pero lo que realmente queremos que le importe al público es si lograrán llevarse bien”, dicen sus creadores.

Pueden llegar a esta serie por cualquier razón, pero lo que logrará hacer que se queden, es que está narrada con una ambición que sólo entrega una televisión que aspira a la más alta calidad. Que además el relato tenga un foco, un punto de vista, una perspectiva, nos debería poner la meta de también tenerla nosotros. Es de esperar que eso siga ocurriendo.

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