Buscar
Entender es todo
cerrar
Sandro Baeza

Editorial

20 de Septiembre de 2026

Editorial: El país que celebramos y el país que habitamos

Por
Compartir

Septiembre nos recuerda que tenemos mucho en común. Basta una cueca, una bandera en una ventana, una mesa compartida o la imagen de nuestra geografía para que aparezca un sentimiento de orgullo que, durante el resto del año, permanece más escondido. Nos reconocemos en el desierto, la cordillera, el mar, los bosques del sur, en nuestras costumbres y en una historia que, con todas las diferencias, sentimos propia.

Ese orgullo, sin embargo, convive con una realidad menos amable. Nos gusta Chile, pero nos cuesta cada vez más convivir con quienes lo habitamos. En las grandes ciudades esa contradicción se visibiliza en la agresividad en la calle, la impaciencia al conducir, la sospecha frente a los desconocidos y la tendencia a convertir los desacuerdos en confrontación, lo que debilita la confianza cotidiana.

Los datos ayudan a dimensionar la paradoja. El estudio “Identidad Nacional y Cohesión Social en Chile 2026”, de AthenaLab, cuyos resultados fueron difundidos recientemente, señala que un 68% declara sentirse muy orgulloso de ser chileno, mientras un 87% cree que hay que ser muy cuidadoso al tratar con otras personas. Además, un 89% considera que la sociedad chilena está más dividida que hace diez años. Nos sentimos parte de una misma nación y, al mismo tiempo, miramos al otro con desconfianza. Nos emocionamos con los mismos símbolos, pero tenemos dificultades para aceptar diferencias políticas, sociales, culturales o generacionales.

La cohesión social no exige pensar igual, sino que requiere reconocer que quien piensa distinto sigue formando parte de la misma comunidad. Los chilenos han demostrado muchas veces que esa capacidad existe. Aparece frente a las catástrofes naturales, en la Teletón y cuando alentamos a nuestras selecciones deportivas. En esos momentos somos capaces de colaborar, organizarnos y mirar al otro como alguien cercano. El problema es que esa disposición suele activarse cuando ocurre algo extraordinario y el desafío es tenerla en la vida diaria.

Quizás por eso, estas Fiestas Patrias pueden servir para más que celebrar nuestra historia. También, pueden ser una oportunidad para preguntarnos qué significa hoy querer a Chile. El patriotismo no se agota en los símbolos, sino también se expresa en la forma en que tratamos a quien tenemos al lado, en cómo discutimos, en respetar reglas comunes y en la capacidad de convivir.

Hay una razón para mirar este desafío con esperanza, porque el orgullo de pertenecer sigue vivo. Somos una Nación, unida por un territorio, una memoria y una cultura capaces de congregarnos. La tarea pendiente es transformar esa pertenencia emocional en una práctica de respeto y convivencia. Tal vez el desafío de Chile sea justamente ese, que el país que celebramos cada septiembre se parezca un poco más, durante todo el año, al país que somos capaces de construir entre todos.

Notas relacionadas

Salir de la versión móvil