The Clinic Lab
Una de cada tres muertes por cáncer en Chile corresponde a tipos considerados evitables
Estudio presentado por el nuevo Observatorio de Salud Pública y Equidad de la Universidad Central advierte importantes brechas territoriales y educacionales. La ruralidad aparece como uno de los factores asociados más fuertemente a las diferencias en mortalidad evitable por cáncer.
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Una de cada tres muertes por cáncer registradas en Chile corresponde todavía a tipos considerados evitables, ya sea mediante medidas de prevención o mediante tratamiento oportuno. Así lo revela el estudio “Trayectorias e inequidades en la distribución de muertes evitables por cánceres entre comunas asignadas a Servicios de Salud”, presentado por el Observatorio de Salud Pública y Equidad de la Universidad Central.
La investigación, encabezada por el Dr. Pedro Zitko, analizó la evolución de estas muertes desde 1998 y muestra que, aunque Chile registra avances, persisten importantes desigualdades. En 2023, el 33,9% de las muertes por cáncer correspondió a cánceres considerados evitables, frente al 38,3% observado en 1998.
Uno de los resultados más relevantes está relacionado con la ruralidad. En el análisis del estudio, por cada 10 puntos porcentuales adicionales de ruralidad del estrato territorial, el riesgo asociado de muerte evitable por cáncer aumenta 12,1 veces. El resultado no implica que una persona que vive en una zona rural tenga automáticamente 12 veces más riesgo, sino que evidencia una fuerte asociación entre ruralidad y mortalidad evitable al comparar estratos territoriales.
La educación también aparece vinculada a estas desigualdades. Por cada 10 puntos porcentuales adicionales de población con menos de ocho años de escolaridad, el riesgo asociado aumenta 1,7 veces. Los resultados muestran así que las muertes evitables por cáncer no se distribuyen homogéneamente en el territorio nacional.
Entre las zonas que requieren especial atención aparece Antofagasta. El Servicio de Salud Antofagasta destaca de manera consistente por presentar una mayor tasa estandarizada de muertes evitables por cáncer.
Más muertes, pero menor riesgo ajustado por edad
El estudio también permite dimensionar un fenómeno que podría parecer contradictorio. Entre 1998 y 2023, las muertes por cáncer en Chile aumentaron desde 16.277 hasta 28.980. Sin embargo, al ajustar las cifras por edad, el riesgo de morir por esta enfermedad ha disminuido. El incremento en números absolutos se explica principalmente por el envejecimiento de la población.
La evolución, además, varía significativamente según el tipo de cáncer. Los cánceres de estómago, esófago y cervicouterino registran las mayores disminuciones, mientras los de hígado, útero y colorrectal muestran tendencias al alza.
Otra señal relevante surge al distinguir entre aquellas muertes evitables mediante prevención y las que podrían evitarse mediante tratamiento. Las primeras presentan una tendencia anual descendente de 2% en términos brutos y de 5% al ajustar las cifras. En contraste, las evitables mediante tratamiento registran un leve aumento anual de 1%, un resultado que abre interrogantes para la discusión sobre diagnóstico, acceso y oportunidad de las atenciones, aunque el estudio no establece causalidad.
El investigador Pedro Zitko destacó que “otro aspecto interesante de mencionar es que observamos que aquellos territorios con mayor población adscrita a FONASA tenían mejores resultados en muertes evitables por tratamiento, lo cual es una buena noticia para el sistema público de salud, en especial cuando ajustamos los modelos por otros factores determinantes, tales como la escolaridad, ruralidad, edad e ingresos de las personas de dicho territorio”.
Los resultados corresponden a la primera investigación presentada por el nuevo Observatorio de Salud Pública y Equidad de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Central, iniciativa coordinada por la Dra. Cecilia Morales Veloso y que tiene al Dr. Pedro Zitko como investigador principal. El organismo busca transformar grandes volúmenes de información sanitaria en evidencia útil para las autoridades, los equipos de salud y la ciudadanía, contribuyendo al diseño de políticas públicas orientadas a disminuir las desigualdades sanitarias del país.