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Del “maletín de dólares” al crédito hipotecario: el argentino que se hizo viral defendiendo a Chile
Lucas De Gregorio llegó a Chile a los 22 años, pasó de tener un trabajo corporativo a quedar endeudado por cerca de $150 millones y terminó convirtiendo sus comparaciones entre Chile y Argentina en una comunidad digital sobre inversión, vivienda y desarrollo.
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Hay una comparación que Lucas De Gregorio repite desde hace años y que suele generar exactamente dos reacciones: chilenos sorprendidos de que alguien valore cosas que ellos consideran normales y argentinos que no siempre reciben demasiado bien la comparación.
“En Argentina, para comprar una propiedad, durante mucho tiempo la realidad fue ahorrar durante décadas y llegar con los dólares contado. En Chile descubrí que una persona podía financiar una vivienda a 20 o 30 años con un crédito hipotecario. Para mí era ciencia ficción”.
Ese contraste terminó convirtiéndose en uno de los temas recurrentes de sus videos. Pero la historia empezó bastante antes de las redes sociales.
Lucas De Gregorio nació en Argentina y llegó a Chile en 2015, con 22 años. Ingeniero Comercial, comenzó su vida laboral en Santiago con un sueldo cercano a $1,2 millones mensuales. Empezó con una fascinación particular por una herramienta que para muchos chilenos parecía completamente rutinaria: el crédito hipotecario.
Para alguien que venía de Argentina, no lo era. De Gregorio recuerda haber crecido en un país en el que comprar una vivienda podía significar ahorrar prácticamente toda una vida, conseguir dólares y cerrar operaciones con mecanismos que le parecían impropios de una economía moderna.
Chile le mostró otra realidad. No solamente por los bancos. También por las carreteras, el Metro de Santiago, la infraestructura, la facilidad para crear una empresa y una institucionalidad que, en su experiencia personal, funcionaba de una manera mucho más predecible. Ese asombro inicial nunca desapareció.

“Los chilenos no se dan cuenta del país que tienen”
Si algo caracteriza hoy el contenido de De Gregorio es que habla de Chile con el entusiasmo de alguien que llegó desde afuera.Y eso, curiosamente, parece conectar mucho con los propios chilenos.
A través de Instagram sube videos en los que compara situaciones cotidianas de Chile y Argentina: desde cuánto cuesta realizar determinados trámites hasta el precio de los autos, el prestigio de Carabineros, el funcionamiento de las instituciones, la infraestructura urbana o algo tan simple como que los automovilistas se detengan frente a un paso peatonal. En otros videos habla del 18 de septiembre.
Le sorprende que prácticamente un país entero pase varios días comiendo platos típicos, bailando cueca, jugando juegos tradicionales y llenando casas, calles y fondas de banderas chilenas. Para él, pocas cosas muestran mejor la relación que existe entre Chile y su identidad nacional.
“Yo siempre digo que Chile probablemente es el país más patriota de Latinoamérica. El 18 no es una fecha en el calendario: durante varios días el país entero cambia”.
Sus comparaciones son deliberadamente provocadoras. De Gregorio suele decir que Chile es “el mejor país de Latinoamérica” y contrasta la previsibilidad institucional que encontró acá con la burocracia, la inflación y las prácticas informales que asegura haber experimentado en Argentina y, según él, en todo Latinoamérica.
Son opiniones personales —y él mismo las presenta como tales—, pero funcionan especialmente bien en redes porque ponen bajo otra perspectiva cosas que para un chileno pueden pasar inadvertidas.
Un ejemplo que utiliza constantemente es el transporte público. Santiago sigue expandiendo su red de Metro y apunta a tener para 2032 más de 200 kilómetros de Metro y una línea que llegará al Aeropuerto Arturo Merino Benítez, habiendo partido a construir su Metro en 1970.
Mientras que Argentina, habiendo partido en 1910 apenas tiene una red que supera los 55 kilómetros de Metro y casi no se proyectan nuevas líneas en el mediano plazo.
Para De Gregorio, lo llamativo no es solamente la infraestructura existente, sino la velocidad con la que Chile continúa proyectando obras: nuevas líneas de metro, teleférico a ciudad empresarial, autopistas subterráneas nuevas que cierran el anillo de Américo Vespucio e incluso el famoso puente Chacao, una obra de infraestructura monumental.
“Argentina empezó muchísimo antes con el “Subte”. Cuando ves lo que Santiago construyó y lo que todavía está construyendo, te obliga a preguntarte qué hizo distinto Chile”.

Pero antes de los videos vino una caída
La parte menos conocida de su historia ocurrió en 2020. Hasta entonces, De Gregorio sentía que las cosas le habían salido bastante bien. Trabajaba, invertía y había comenzado a comprar varias propiedades. También había entrado en una inversión bastante más grande: un terreno. La operación parecía buena sobre el papel. Tan buena, recuerda, que decidió renunciar a su trabajo.
El problema fue que los permisos comenzaron a demorarse. Y después se demoraron más. El proyecto que debía generar ingresos quedó detenido mientras las obligaciones financieras seguían corriendo.
Según relata, llegó a acumular alrededor de $150 millones en deuda bancaria y a pagar aproximadamente $4 millones mensuales en cuotas de créditos de consumo. Y ya no tenía sueldo.
“Yo había renunciado porque pensaba que me había ido bien. De repente estaba sin pega, con una inversión que no avanzaba y todos los meses tenía que encontrar cuatro millones de pesos solamente para pagar deuda”.
Fue uno de esos momentos en que una decisión financiera que parecía brillante puede convertirse rápidamente en una fuente de estrés. Y, de una forma bastante inesperada, de ahí nació lo que vino después.
Los videos en Instagram empezaron como hobby
Mientras intentaba ordenar sus finanzas, comenzó a subir videos a internet. No había un gran plan de contenidos. Tampoco una empresa detrás.
Simplemente hablaba de algo que llevaba años haciendo por interés personal y en lo que, según él mismo comenta, “se había obsesionado”: comprar departamentos recorriendo todas las comunas “emergentes”, analizar rentabilidades y estudiar a fondo cómo funcionaba la inversión inmobiliaria en Chile.
Una de las cosas que más llamaba la atención era precisamente su mirada de extranjero. Explicaba que en Chile una persona podía conseguir un crédito hipotecario a varias décadas, comprar una propiedad aportando solamente una parte del capital y pagar el resto en el tiempo. Después contaba cómo funcionaba la compra de una vivienda en Argentina. Y los videos comenzaron a circular.
“Yo lo explicaba como lo había vivido. En Argentina el crédito hipotecario prácticamente no existía para una persona normal. Entonces contaba que alguien podía estar décadas juntando plata para comprar una propiedad y que muchas operaciones históricamente se cerraban en dólares billete. Para un chileno eso sonaba surrealista”.
La mezcla entre finanzas personales, inversión inmobiliaria y comparaciones culturales terminó encontrando audiencia. Con el tiempo esa actividad tomó forma y hoy tiene un Instagram con más de 300 mil seguidores y es dueño de su empresa LucasFinanzas, en la que ya tiene un equipo de más de 8 personas y con la que ha asesorado a cientos de clientes para “elegir las propiedades de inversión más rentables en Chile”.
La fascinación por Chile: “un país que funciona”
De Gregorio vuelve una y otra vez a la misma idea: para entender por qué le gusta Chile hay que haber vivido en un lugar donde ciertas cosas no son previsibles. La estabilidad institucional, dice, solamente parece aburrida hasta que deja de existir. Por eso en sus videos puede pasar de explicar un crédito hipotecario a hablar de notarías, carreteras, Metro, creación de empresas o Carabineros.
Chile cuenta desde 2013 con el Registro de Empresas y Sociedades, conocido como “Tu Empresa en un Día”. Durante 2025, el 90% de las sociedades creadas en el país se constituyeron digitalmente a través de ese sistema.
Ese tipo de infraestructura institucional es precisamente lo que De Gregorio intenta mostrar cuando hace sus comparaciones. No porque sostenga que Chile sea perfecto. Sino porque cree que el debate público chileno muchas veces pierde perspectiva.
“Obviamente hay problemas. Pero una cosa es querer mejorar un país y otra muy distinta es pensar que todo funciona mal. Cuando vienes de afuera ves cosas que probablemente el chileno dejó de valorar porque las tuvo toda la vida”.
La misma lógica aplica a la infraestructura.La futura Línea 9 tendrá 27 kilómetros y 19 estaciones, con aperturas proyectadas por etapas entre 2030 y 2033; la Línea 8 también avanza con una extensión cercana a los 19 kilómetros y puesta en servicio por etapas.
Son cifras que De Gregorio utiliza para reforzar uno de sus argumentos favoritos: Chile todavía se comporta como un país que espera seguir creciendo.
De estar endeudado a hablar públicamente de dinero
Hay una ironía en todo el recorrido. El proyecto que terminó convirtiendo a De Gregorio en creador de contenido financiero nació precisamente cuando sus propias finanzas atravesaban uno de sus momentos más tensos. En vez de comenzar su historia desde el éxito, empezó hablando mientras todavía intentaba resolver problemas reales.
Eso terminó definiendo bastante su estilo. Habla rápido, utiliza ejemplos simples y rara vez intenta sonar académico. Un crédito hipotecario puede explicarlo comparándolo con lo que costaría comprar la misma propiedad ahorrando todos los meses. La inflación argentina aparece para explicar por qué valora la UF.
La dificultad histórica para conseguir financiamiento inmobiliario al otro lado de la cordillera sirve para explicar por qué considera extraordinaria la profundidad del mercado hipotecario chileno.
Y su propia deuda de 2020 aparece como recordatorio de algo que suele repetir: que “acceder a crédito no es lo mismo que poder soportarlo.”
El extranjero que terminó explicándoles Chile a los chilenos
Probablemente ahí está la razón por la que sus videos sobre Chile funcionan tanto. No se limita a elogiar paisajes, vino o turismo. Habla de cosas bastante menos glamorosas: hipotecas, empresas, notarías, calles, impuestos, policías, Metro, trámites. Elementos cotidianos que rara vez provocan entusiasmo hasta que alguien los compara con una realidad diferente.
Y muchas veces sus videos terminan produciendo una escena curiosa: un argentino explicándole a miles de chilenos por qué deberían valorar más su propio país. De Gregorio lleva más de una década viviendo en Chile. Llegó con 22 años buscando oportunidades. En el camino tuvo inversiones buenas, inversiones malas, una deuda que por un momento pareció inmanejable y una cuenta de redes sociales que comenzó casi por accidente.
Hoy, cuando le preguntan si volvería a Argentina, normalmente responde hablando primero de Chile. De la posibilidad de emprender. Del crédito. De la infraestructura. De la Cordillera. Del Metro. Y de algo bastante más difícil de medir en una estadística: la sensación de que las reglas probablemente seguirán estando ahí mañana.
“Chile tiene muchísimas cosas por mejorar. Pero después de vivir acá tantos años sigo pensando lo mismo que cuando llegué: los chilenos no se dan cuenta del país que tienen”.