Camila Vallejo (PC): “El candidato Kast le pediría hoy día la renuncia al Presidente Kast, porque no ha cumplido nada de lo que prometió”
En su primera entrevista con un medio escrito desde que dejó La Moneda, la exministra vocera aborda el avance de la extrema derecha en América Latina, cuestiona los primeros siete meses del Gobierno de José Antonio Kast y plantea una autocrítica al progresismo por haber llegado tarde a la disputa cultural y al terreno digital. Además, analiza el retorno de Michelle Bachelet al debate político nacional, defiende su rol como figura de unidad y aborda los desafíos del Partido Comunista de cara a su Conferencia Nacional. “La extrema derecha leyó mejor a Gramsci que la izquierda”, sostiene.
Por Rodrigo Córdova 11 de Octubre de 2026
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Camila Vallejo afirmó que “llegó el pinochetismo al poder”, pero que “no es mayoría” en Chile. En su primera entrevista escrita tras dejar La Moneda, criticó al gobierno de José Antonio Kast, hizo autocrítica al progresismo por llegar tarde a la disputa cultural y digital, y valoró a Michelle Bachelet como figura de unidad.
- Vallejo dijo que no echa de menos La Moneda y que sigue en política.
- Calificó al gobierno de Kast como “extrema derecha” y “gobierno clasista”.
- Sostuvo que la ultraderecha “leyó mejor a Gramsci que la izquierda”.
- Planteó autocrítica al progresismo por subestimar redes y batalla cultural.
- Destacó a Bachelet como figura de unidad y habló de la Conferencia PC.
La entrevista aborda la mirada de Camila Vallejo sobre el avance de la extrema derecha en América Latina y en Chile, con críticas directas al gobierno de José Antonio Kast. También expone una autocrítica del progresismo por no haber disputado antes la conversación digital y cultural, y analiza el rol de Michelle Bachelet y del Partido Comunista.
Camila Vallejo dice que no echa de menos La Moneda. A pesar de que su agenda ya no es como la de una ministra vocera de gobierno y de que tampoco está expuesta diariamente a las cámaras y a la prensa, sus proyectos personales, la política y el tiempo de calidad en familia logran copar las horas disponibles de su semana.
Con todo, se las arregla para encontrar tiempo para viajar al extranjero y asistir a los encuentros a los que invitan distintos sectores de izquierda latinoamericana. El domingo pasado, de hecho, acompañó al bloque progresista brasileño y a Lula da Silva en Sao Paulo durante la primera vuelta presidencial. Hoy, en tanto, emprende viaje a México, tras ser invitada por el Gobierno de Claudia Sheinbaum al “Seminario Internacional: El progresismo frente a la extrema derecha”.
Desde una oficina ubicada en la comuna de Ñuñoa, Vallejo conversa por primera vez con un medio escrito desde que dejó la vocería de Gobierno. Antes, acostumbrada a lucir formal. Ahora, en esta entrevista con The Clinic, lleva un look más bien casual: un chaleco suelto de tonos tierra y otoñal, con jeans color café y zapatillas.
Aunque su imagen ya no es la de una autoridad que ejerce un cargo en el Ejecutivo o el Parlamento, Vallejo está lejos de abandonar la política. “Estoy fuera de la primera línea, pero jamás de la política. Soy una mujer política, tengo una convicción muy profunda de que la principal herramienta para cambiar el estado de las cosas y pucha que es necesario cambiar el estado de las cosas en Chile”.

—¿Echa de menos ese espacio de protagonismo o de influencia mediática diaria?
—No, eso tiene sus pros y sus contras. Cada rol que uno asume tiene un momento en la historia y, por lo tanto, no tengo en mi cabeza esa idea de que me gustaría seguir haciendo lo mismo en este momento. Estoy en otra etapa, con otros proyectos que creo que son importantes para el progresismo y los desafíos que tenemos en Chile y para América Latina también.
—El fin de semana pasado fue a Brasil, viajó para las elecciones de primera vuelta. ¿Por qué?
—Me llegó la invitación de los partidos que apoyan a Lula para poder ser parte de una delegación internacional de observadores del proceso electoral para resguardar la integridad del proceso, observar aquello, apoyar el proceso. También fui por mis propias convicciones, entendiendo la importancia que tiene esta elección para América Latina e incluso para el mundo. Creí importante aceptar esa invitación.
“El pinochetismo llegó al poder, pero no es mayoría en nuestro país aunque griten mucho y tengan más presencia en redes sociales”
—¿Por qué es importante esa elección?
—Es evidente que hoy día tenemos una arremetida mucho más violenta del imperialismo estadounidense. Lo que ha dicho el presidente Donald Trump es que busca actualizar la doctrina Donroe, que es una doctrina que se basa en entender que América Latina es un espacio que tiene que estar controlado por Estados Unidos.
En ese sentido, lamentablemente, ha habido muchos mandatarios de América Latina que son afines ideológicamente Trump, de extrema derecha, incluido nuestro Presidente Kast, que se han ido alineando con esa agenda. Uno de los países que queda en la región que no se ha sometido a esa doctrina es Brasil, particularmente Lula, con su carácter, pero también con su mirada de entender la importancia que es resguardar 200 años de soberanía de nuestros países.
—¿El gobierno de José Antonio Kast es de extrema derecha?
—Totalmente. Pero todavía no se logra imponer la derecha tradicional en la agenda. Lo que tenemos es que el Presidente Kast no es mayoría a pesar de tener mayoría parlamentaria. Llegó el pinochetismo al poder, pero el pinochetismo no es mayoría en nuestro país, aunque a veces griten mucho, tengan más presencia en redes sociales y digan las aberraciones que dicen. El negacionismo que tratan de imponer en la conversación pública sobre los horrores que cometieron durante la dictadura sigue siendo una minoría.
—Pero llegaron al poder…
—Lo que pasa es que, por razones circunstanciales electorales, llegan al poder. Tienen una correlación de fuerzas favorable en el Parlamento, pero no están siendo un gobierno de mayoría social y en cada decisión que toman se demuestra su clasismo, su mirada ideológica, que no está resguardando los intereses de las grandes mayorías y eso se reflejó con la reforma tributaria, que favoreció a los más ricos, eso se está reflejando con la Ley de Presupuesto.
—En el caso de Brasil, nuevamente la izquierda fue doblegada y ahora por el hijo de Jair Bolsonaro, que es un aliado del Presidente Kast.
—Son cuestiones que son propias de Brasil y de su historia y su realidad social, política, religiosa. Desde hace algunas décadas en Brasil han crecido mucho las iglesias neopentecostales y eso ha generado además una irrupción muy fuerte en la esfera política.
Pero también hay una cuestión que es más estructural y que nos ha tocado vivir a nosotros y a varios países de América Latina: la ultraderecha ha sido mucho más hábil para dominar la conversación pública y posicionar sus temas.
—¿Por qué?
—Porque se les ha naturalizado, se les ha dado mucho espacio, que antes no pasaba, tanto en medios, como en la derecha tradicional que no ha puesto cercos sanitarios y ha evitado diferenciarse por razones electorales. Hemos asimilado también, lamentablemente, los marcos interpretativos de los problemas que tenemos en seguridad, en economía, de la extrema derecha o de derecha sin disputarlo.
Carlitos Marx decía que las ideas dominantes son las de la clase dominante y la derecha siempre ha entendido y ha invertido en construir infraestructura para dar en la disputa, como de la batalla cultural o hegemónica. Ha invertido en medios, en universidades, pero hoy día también han invertido mucho en el espacio digital y lo comprendieron antes que el progresismo. La ultraderecha ha dado esa disputa y esa batalla en la calle digital antes y de mejor manera que la izquierda y el progresismo.

Vallejo: “La extrema derecha leyó mejor a Gramsci que la izquierda”
—Tras las elecciones en Brasil usted realizó una transmisión en vivo por Instagram y señaló que el progresismo debe hacerse una autocrítica. ¿Cuál es esa autocrítica?
—La izquierda y el progresismo cometimos el error de negar que esto era un problema emergente. A la extrema derecha no podíamos subestimarla aunque apareciera con resultados electorales de un 2%, 3%, 4% o 5% en su momento.
Segundo, creo yo que llegamos tarde a interpretar el fenómeno de las redes sociales y cómo dar la disputa en esa cancha, la de disputar el sentido común en la conversación digital. Hay más cosas, pero lo tercero es que tenemos una crisis de las democracias liberales y quizá la respuesta no es solamente más democracia liberal, sino que dotar de nuevo sentido a la democracia y profundizarla.
—¿A qué se refiere?
—Por más que los gobiernos progresistas que hemos logrado llegar al espacio de toma de decisión, avanzamos en aumentar los salarios, aumentamos la capacidad de ingreso, ampliamos las coberturas de derechos sociales, siempre terminamos haciendo pequeños cambios al modelo socioeconómico, pequeños rasguños al modelo impuesto y no logramos cambiar significativamente un modelo que es estructuralmente desigual.
Ahí está el desafío de la izquierda y, sobre todo, nosotros, la izquierda comunista, que somos materialistas al final, tenemos que abogar por un desarrollo productivo, un modelo económico que permita acelerar las capacidades productivas con orientación estratégica para que un nuevo proceso de industrialización llegue con los recursos a todos los sectores y a los que históricamente han estado marginados y con buen empleo, con buena provisión de salud, de cuidado, de pensión, etc. Ahí está como el gran desafío de actualizar nuestra propuesta económica y hacerla atractiva y deseable.
—Pero para llegar a un espacio de toma de decisiones y cambiar la estructura también se requiere mayoría social. En el gobierno anterior se dijo que iban a terminar las AFP y finalmente se mantuvieron.
—La historia nos enseña que llegar al gobierno no es hacerse necesariamente de todo el poder que necesitas para cambiar profundamente las cosas. Por eso es tan importante entrar de lleno a la disputa por el sentido común y la batalla cultural que la extrema derecha, insisto, leyó mejor a Gramsci que la izquierda, y no solamente lo leyó, sino que armó sus propias herramientas para dar esa disputa y nosotros, lamentablemente, llegamos tarde.
Ahora hay una mejor comprensión de cómo funcionan las redes sociales, de cómo combatir, la desinformación y las fake news en redes sociales, pero sigue siendo insuficiente. Por otro lado, hay que apostar a construir programas que no sean solo programas de gobierno, sino que sean de un proyecto político de mayoría.
—Se atribuye mucha responsabilidad a las fake news y a las redes sociales a propósito de los resultados electorales. ¿No cree que eso puede ser engañoso?
—Son muchos factores y no es atribuible las derrotas del progresismo o de la izquierda frente a la extrema derecha solo a el tema digital o su capacidad de instalar posverdades o fake news. Eso es un componente y no podemos ser ingenuos y desconocerlo. Eso también sería un error porque ahí hay una batalla que se está dando y que está incidiendo en la conversación pública, pero no lo explica del todo. Por ejemplo, la extrema derecha, y en Chile el pinochetismo, tienen mucha más conciencia de clase que la izquierda y el progresismo.
—¿A qué se refiere?
—Ellos llegan al poder prometiendo seguridad, mejor crecimiento económico, más empleo. A siete meses vimos que no lo logran y, muy por el contrario, no cumplen. Un fracaso en su plan de seguridad, su plan proempleo es totalmente insuficiente, pero sí tuvieron muy claro al inicio del gobierno que había que bajarle los impuestos a los más ricos.
A ellos no les interesa ser mayoría social, les interesa llegar al poder para privilegiar a los sectores que son de su propia clase. Después de que se aprobó la reforma tributaria, sin ningún informe que probara que esto iba a ayudar a reactivar la economía, una encuesta, a la semana siguiente, señaló que más del 70% de la gente está de acuerdo con que a las grandes empresas se le aumenten los impuestos, no se les baje. Ahí hay una desconexión muy grande entre las decisiones que se están tomando por parte de esta extrema derecha frente a lo que requiere la gente.
—¿Cuál es el desafío entonces?
—Cómo volvemos a generar una conciencia en las personas que son de familia trabajadora de que hay un sector muy poderoso en nuestro país, que se hace de más poder al gobierno no para favorecerlo, sino que para privilegiar principalmente a los suyos y que tiene más conciencia de clase que nosotros.

“Eficientar el gasto del Estado no significa que le quiten los computadores a los niños y niñas de séptimo básico”
—¿Cuál es su evaluación respecto al gobierno de José Antonio Kast en los primeros siete meses?
—El candidato Kast le pediría hoy día la renuncia al Presidente Kast, porque no ha cumplido nada de lo que prometió. Y si pudiéramos trasladar el comportamiento del candidato Kast a la actualidad, estaría impugnando todas las decisiones del gobierno y pidiendo renuncia a ministros.
A siete meses de haber llegado al poder se ha demostrado que es un gobierno extremadamente clasista y que no le interesa necesariamente conectar con las necesidades de la gente. Por eso hay un divorcio muy grande entre las decisiones que está tomando en materia presupuestaria, en materia de agenda legislativa, con lo que está viviendo y sintiendo la población. Por eso quitaron el programa Yo Elijo Mi PC, por eso están reduciendo los recursos a la ley Ricardo Soto y por eso el plan de subsidio al empleo es menor que el de 2026, a pesar de que tenemos una crisis de empleo que está llegando casi al 10%.
—¿Eso porque es un gobierno “clasista”?
—Es un gobierno que tiene extremada conciencia de clase y, por lo tanto, en sus decisiones privilegia siempre a su sector frente a las necesidades de las grandes mayorías. Qué explica que en una crisis de empleo hayan disminuido la inversión pública a un 14% de manera inicial en medio de una situación donde la demanda de la gente es mayor presencia y mayor protección del Estado para tener seguridad y desarrollarse, reducen los ingresos fiscales por bajarle los impuestos a los más ricos.
—A propósito de la crisis del empleo, especialistas señalan que el alto costo de contratación ha sido un factor para profundizar la crisis, considerando el aumento del salario mínimo y las 40 horas. Ambos ejecutados durante su gobierno.
—El último informe del Banco Central de diciembre del 2015 señalaba que su proyección después de reformas, pensiones, aumento de salario mínimo, reducción en la jornada laboral, iba a ser de alrededor de un 5% de crecimiento de las inversiones. Y hoy día estamos como estamos a pesar de esas proyecciones, porque ha habido una mala administración del escenario económico actual.
Ya no es adjudicable la crisis de empleo, la crisis de crecimiento al gobierno anterior. Ese discurso está agotado y la gente lo está sintiendo. A siete meses de gestión del Presidente Kast, no puedes seguir echándole la culpa al gobierno anterior. Más cuando todo el mundo, todos los expertos, saben que para enfrentar una emergencia en empleo, lo que tienes más a mano es aumentar el gasto público en inversión pública. Hasta los empresarios piden eso. Pero el Gobierno, por ejemplo, le reduce el presupuesto a los gobiernos regionales.
—Pero hay un consenso en que el Estado también tiene que eficientar el gasto público…
—Claro, pero eficientar el gasto del Estado y modernizarlo para hacer que funcione mejor, no significa que le quiten los computadores a los niños y niñas de séptimo básico. No significa que disminuya los recursos de la ley Ricardo Soto. Se usa ese discurso, pero para terminar perjudicando a las personas, no para hacer que el Estado llegue de mejor manera y más rápida.
—¿Lo hacen a propósito?
—Quizás no es su prioridad. Ya están acá, lograron el primer triunfo de las desigualdades que fue aprobar la reforma tributaria para bajar los impuestos a los más ricos. Las consecuencias de eso las estamos viviendo en cada una de sus decisiones que están tomando y en materia presupuestaria está el principal ejemplo. Entonces, no hay un ánimo de volver a conectar, siguen ese mismo patrón: que el costo lo paguen las familias trabajadoras, las personas. No hay ningún esfuerzo que lo esté pagando las clases más privilegiadas, ninguno.

“Por vetarla en la ONU, hicieron que Bachelet volviera al debate nacional. Eso le genera tirria a la derecha”
—¿Le sorprendió que Michelle Bachelet apareciera abriendo la puerta a una tercera candidatura presidencial?
—Interpreté de sus palabras que ella va a estar siempre por la unidad del progresismo, y eso me parece una muy buena noticia. Las definiciones de candidaturas son una definición obviamente posterior y ella tendrá que resolverlo más adelante. Por lo pronto, yo creo que todo dirigente del mundo progresista, que esté disponible a entregar su experiencia, su trayectoria, sus conocimientos y aportar a la unidad, tiene que tener un lugar. Pero no basta y no va a bastar con la unidad del progresismo en abstracto.
La gran conversación que tenemos que tener es qué proyecto de futuro deseable logramos trabajar para ofrecer y ser realmente alternativa. Naomi Klein dice en su última publicación que la extrema derecha es más oscurantista o apocalíptica y que no solo ofrecen un proyecto futuro, sino que en cada decisión que toman provocan los incendios que tenemos que apagar después en todo el mundo, por ejemplo, las guerras.
Nuestro desafío acá en Chile y en el mundo es que todos logremos pensar que es más posible superar el sistema actual antes que la extinción del mundo. Es decir, un proyecto de esperanza y de posibilidades, y no solamente conformarnos con lo que existe.
—¿El hecho de que aparezca Bachelet como una opinión presidencial no habla de una incapacidad de la izquierda de renovarse?
—Es que el progresismo no tiene solo un liderazgo. El progresismo tiene hoy día una relación muy intergeneracional también. O sea, la edad no determina necesariamente el futuro del progresismo, sino que el marco de las ideas que estamos construyendo entre todos y todas de distintas edades y generaciones, dada la experiencia y posiciones que históricamente también hemos tenido, los roles que hemos jugado. Entre ellos, Michelle Bachelet, pero también está la experiencia de los alcaldes que están hoy día en la gestión y en el día a día también viendo cuáles son los desafíos del presente y que podemos, ofrecer a futuro, un futuro de esperanza.
Por lo tanto, bueno, a pesar de que ya no tengo la juventud que tuve en 2011, no me compro este discurso de una generación contra la otra, sino que hay un diálogo intergeneracional que se requiere dar y seguir desarrollando para ofrecer una alternativa sostenible y de futuro más esperanzador.
—¿Hay una disputa por el liderazgo de la oposición?
—Nos tenemos que sentir felices y orgullosos de que Michelle Bachelet, con su trayectoria, con su experiencia y su valentía después de emprender la carrera hacia la Secretaría General de las Naciones Unidas, esté disponible a seguir aportando.
Eso habla de una mujer ejemplar, una mujer valiente y que, con toda su juventud acumulada aún está disponible para entregar de sí para un proyecto colectivo. No hay por dónde ver algo negativo en eso.
—Pero la aparición de Michelle Bachelet, si bien es unificador, puede entorpecer nuevos liderazgos…
—El liderazgo unificador ayuda también a que otros liderazgos tengan espacio en un proyecto y ella siempre ha sido formadora de liderazgos. Ella es una fuerza que dinamiza el trabajo del progresismo en línea con construir un proyecto de futuro y siempre otros liderazgos a su alrededor.
—La otra tesis que circula es que Michelle Bachelet figura ahora para ser el foco del oficialismo y la derecha y así darle espacio a otros liderazgos para surgir en la carrera presidencial…
—Eso habilita más conversaciones, que con su experiencia va a aportar sin lugar a dudas y creo que quizá el único problema es para el gobierno y la derecha. Es decir, por vetarla de esta carrera a la ONU terminó haciendo que ella volviera al debate nacional y eso les genera tirria a la derecha, obviamente, mucha molestia y por eso caen los descalificativos que ya hemos visto que son inaceptables. Muy machista por lo demás.
—¿Le gustaría ver al expresidente Gabriel Boric de nuevo como candidato?
—No voy a entrar en eso. Aquí hay mucho aporte de los expresidentes que tenemos en el progresismo, que son básicamente Gabriel Boric y Michelle Bachelet. Tienen, están y deberán seguir jugando un rol importante en los desafíos presentes y futuros del progresismo, pero también tenemos dirigentes sociales, sindicales, alcaldes, alcaldesas y parlamentarios.
Sería un error depositar todo en solo un liderazgo o unos cuantos liderazgos. Todos tenemos que comprender que somos parte de un proyecto y todos tenemos que colaborar en esa dirección.
—¿Está de acuerdo con la idea de que para gobernar es necesaria una amplia coalición progresista desde el PC hasta la DC?
—Sí, en lo político necesitamos construir mayoría con partidos que aspiren a defender, fortalecer y profundizar la democracia en nuestro país, pero no va a bastar con esa mayoría política. O sea, ahí vamos a perder. Necesitamos construir una mayoría social y política. Y por eso la tarea de los partidos, desde el Partido Comunista hasta la Democracia Cristiana, es fortalecer su trabajo de base y no para ir a pedir un voto en cuatro años más, sino que para actualizar nuestro proyecto de futuro, ¿qué vamos a ofrecer? Es muy importante recuperar la noción de que la democracia no se defiende solo en el sentido formal o procedimental de lo que es el ejercicio democrático.
—¿Cómo entonces?
—Es decir, no es solo que haya elecciones libres, no es solo la separación de poderes. Es también el componente social de una democracia. Y ahí tenemos que fortalecer el proyecto: que la democracia es también para comer, para cuidar, para garantizar salud, la democracia también es para dar empleo, y es también para permitir el desarrollo más profundo e integral de todo ser humano.

“Tenemos las capacidades de construir una alternativa posible que no sea solo rasguñar unos pequeños cambios”
—A propósito de democracia, el alcalde Recoleta, Daniel Jadue, en el festival MUDA señaló que “esto no es una democracia”, refiriéndose al caso chileno. ¿Qué opina de esa frase?
—A ver, no escuché la declaración, pero yo lo que podría decir es que nuestra democracia no solo tiene que ser defendida, sino que profundizada, porque tiene debilidades.
—Pero hay democracia…
—Claro, pero es que si nos quedamos solo en la formalidad, volvemos a no entender que hay un descontento de la gente con cómo están funcionando las cosas. Por eso están en crisis nuestras democracias liberales. Cómo la democracia hoy día se profundiza para, por ejemplo, enfrentar y erradicar de mejor manera los problemas de corrupción, los delitos de cuello y corbata, el crimen organizado, que todos tengan la posibilidad de no sacrificar un plato de comida por pagar un medicamento, que todos no solamente tengan la posibilidad de tener un trabajo, sino que aportar a un proyecto de país.
—¿Y cómo se hace?
—Haciendo que la democracia también sea más popular. Que la participación de la gente no esté solo en una elección cada cuatro años o se exprese solo en un comentario en redes sociales, sino que haya un componente, por ejemplo, de organismos intermedios de democracia más participativa, más popular, donde la gente incida en la toma de decisiones.
—El próximo domingo se llevará a cabo la Conferencia Nacional del Partido Comunista. ¿Cuáles van a ser los temas que se van a tomar en esta discusión?
—Como lo ha dicho el presidente del partido, muchas de las conversaciones y reflexiones y decisiones que se tienen que tomar rondan la idea de cómo ser realmente un partido de masas, entendiendo la realidad actual del mundo y de nuestro país en particular. Entonces, la reflexión abordará el aprendizaje del rol del propio partido durante el último ciclo político, como también la evaluación del gobierno anterior y al mismo tiempo los fenómenos que estamos viviendo hoy en día con la agenda de la ultraderecha en Chile y en el mundo. Sobre eso, cómo logramos ser un partido que interprete de mejor manera las necesidades de la población y del mundo del trabajo.
—¿Y cuál es la expectativa que usted tiene respecto al rol que debe jugar el Partido Comunista?
—Varias, pero las voy a expresar en la instancia que correspondiente. Pero creo que nosotros, no solo el partido, sino que la izquierda, tiene mucho potencial y aquí hay que entrenar de mejor manera la musculatura que nos sirva para poder avanzar hacia un proyecto de sociedad que dé respuestas certeras a las necesidades que estamos teniendo actualmente y disputar también la idea de futuro y de esperanza.
Tenemos la materia gris y las capacidades de construir una alternativa posible que no sea solo rasguñar unos pequeños cambios y eso es lo que hay que activar. Tenemos que trabajar más coordinadamente y construir un proyecto para disputarle este oscurantismo de cultura apocalíptica de la extrema derecha y ofrecer una alternativa más luminosa y con esperanza, porque la gente lo necesita.


