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Ordenar la casa fue una de las principales promesas del Presidente José Antonio Kast durante su campaña. Recuperar el control de las cuentas fiscales, revisar el gasto de los ministerios, terminar con las ineficiencias del Estado y proteger los beneficios sociales. Un compromiso importante para un país que necesita recuperar el crecimiento económico y administrar mejor sus recursos públicos. Pero como dicen, otra cosa es con guitarra.
Llevar esta promesa a la práctica siempre ha tenido grandes dificultades. Ajustar un presupuesto implica establecer prioridades y tomar decisiones que inevitablemente generan problemas con quienes se ven afectados por los recortes. Porque cada ministerio tiene sus necesidades, cada programa sus defensores y detrás de muchas partidas existen personas que dependen de esos recursos. Por eso, tan importante como decidir dónde reducir el gasto es explicar las razones que justifican esos ajustes.
El Presupuesto 2027, el primero de esta administración, contempla un crecimiento real del gasto público de 1,5% respecto de la ejecución proyectada para el 2026 y un déficit estructural de 1,8% del PIB. El Gobierno proyecta además un crecimiento económico de 3,3% para el próximo año. Son cifras que reflejan su apuesta por recuperar la actividad económica y avanzar hacia una mayor disciplina fiscal.
En ese esfuerzo, revisar la calidad del gasto resulta fundamental. Según la Dirección de Presupuestos, los programas que presentan hallazgos relevantes en sus evaluaciones tendrán una reducción promedio de recursos de 18%. Es razonable revisar aquellas iniciativas que no entregan los resultados esperados, pero también es importante explicar qué problemas presentan y cómo se abordarán las necesidades de sus beneficiarios.
Durante los primeros días de discusión presupuestaria, una de las principales dificultades del Gobierno ha sido comunicar con claridad los fundamentos de algunas decisiones y coordinar su explicación política. El caso del programa Yo elijo mi PC, cuya eliminación generó inquietud entre parlamentarios oficialistas y de oposición, dejó en evidencia la importancia de anticipar estas conversaciones y explicar cómo se resguardarán los beneficios sociales.
Como informó The Clinic, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se reunió con representantes del oficialismo y transmitió que cada punto del presupuesto estaba abierto a discusión. Una disposición al diálogo que podría permitir revisar prioridades y construir acuerdos, pero que también muestra la importancia de una coordinación más temprana.
Aquí aparece un aspecto relevante, la comunicación también forma parte de gobernar. Hacienda puede establecer los criterios fiscales, pero cada ministro debe explicar las razones de sus ajustes, sus consecuencias y cómo se relacionan con los objetivos del Gobierno. La ciudadanía necesita comprender qué se está recortando, por qué se hace y qué resultados se esperan.
La discusión en el Congreso representa una oportunidad para mejorar la propuesta, evaluar los programas y resguardar aquellos beneficios que realmente necesitan las personas. La responsabilidad fiscal exige tomar decisiones difíciles, de ahí la importancia de contar con argumentos sólidos y capacidad para construir acuerdos.
Ordenar la casa es necesario, pero también hay que explicar cómo se ordena. El Presupuesto 2027 será una de las primeras pruebas importantes para el Gobierno de Kast. Su éxito dependerá tanto de la disciplina con que administre los recursos públicos como de la confianza que logre construir en torno a sus decisiones.
