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“Es terrible tener fobia y que las personas no se pongan en tu lugar”: El incómodo día a día de quienes no aman a las mascotas en un Chile cada vez más pet friendly

En un país donde los hogares tienen un promedio de 2,4 mascotas y el 79% de sus dueños las considera parte de la familia, no tener afinidad por perros y gatos parece haberse convertido en un pecado capital. Mientras el gasto en mascotas ha crecido un 63% y los espacios pet friendly se multiplican, hay quienes deben abandonar restaurantes, evitar parques o subir por las escaleras para no encontrarse con un animal. Sus historias abren una pregunta: ¿hasta dónde llega el amor por las mascotas y dónde comienza el derecho de los demás a mantener las distancias?

Por 17 de Octubre de 2026
Imagen: Sandro Baeza
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Desde que tiene memoria, Verónica (50) le tiene fobia a los gatos. Cuando se topa con uno, su cuerpo se paraliza. “Me da taquicardia, me cuesta respirar. Las manos se me ponen húmedas. Me da una sensación de pánico, de angustia”, cuenta.

Es tanto el miedo que, en ocasiones, ha tenido que irse de lugares por no tolerar la presencia de un gato o, derechamente, ha dejado de ir a sitios donde sabe que los hay.

“Estaba en un restaurante con mi marido, y llegó un gato a la terraza. La mesa de al lado le empezó a dar comida y como el gato se acercó tanto, tuvimos que irnos”, explica. 

“No he podido entrar a casas porque el gato está ahí. Hay lugares a los que no voy porque sé que pueden haber gatos. Y además, si yo voy a una casa, yo no puedo estar exigiendo que encierren a su mascota. Entonces, claro, me resto de ir a ciertos lugares”, agrega Verónica. 

Aunque ella no lo recuerda, su mamá atribuye su fobia a un episodio ocurrido cuando tenía seis años: el gato del vecino, con el que solía jugar a través de la pandereta, se le lanzó encima y le rasguñó la cara. 

En el caso de Sofía, su distancia con los perros no se debe a una fobia, sino a una fuerte alergia a su pelaje. Por eso, nunca ha tenido una relación cercana con ellos. A su juicio, muchas veces los dueños de mascotas transgreden los límites del espacio personal y, al igual que Verónica, ha dejado de ir a ciertos lugares por su presencia. 

“A mí por ejemplo, me gusta mucho salir a los parques a leer, y tuve que dejar de ir al Parque Inés de Suárez porque ya he tenido varias situaciones incómodas con perros, por culpa de sus dueños. Una de esas veces, un perro se me acercó todo mojado, con barro, y pisó mi libro. La dueña ni siquiera se acercó a pedir disculpas”, cuenta. 

“La conciencia o la cultura del metro cuadrado del otro, es algo que tenemos muy regulado e integrado en la socialización humana, sobre todo después de la pandemia. Pero es súper extraño que las personas hemos aprendido a regular las distancias, sin embargo, con los animales siento que esos límites o esas barreras se han ido perdiendo y que la gente ya no es consciente del respeto del metro cuadrado por el otro“, afirma Sofía. 

La joven cuenta que en su edificio, los perros tienen prohibida la entrada al ascensor, y se debe bajar a los animales por las escaleras. 

“Sin embargo, todos lo hacen. Y yo tengo que subir por la escalera, porque soy muy alérgica y me da mucha lata ser la vecina mala onda. Creo que hoy en día es mal visto que tú puedas marcar ese límite, pareciera que tú eres la persona mala onda, cuando en realidad es el otro que no tiene conciencia de respetar las normas de sana convivencia de la comunidad”, agrega.

La convivencia entre mascotas y vecinos está regulada por la Ley de Copropiedad Inmobiliaria. Esta  establece que los reglamentos de edificios y condominios no pueden prohibir que sus residentes tengan animales dentro de sus viviendas, pero sí pueden fijar restricciones para su circulación y uso de espacios comunes, como ascensores y áreas compartidas, cuando sea necesario resguardar la tranquilidad, seguridad y salubridad de la comunidad.

Foto: Agencia Uno.

“Que para mí, mi perro sea un hijo no significa que para el otro también”

“En la casa, cada familia decide cómo convive con su animal. Pero en la calle, en un ascensor, en un café o en medio del transporte, el resto de las personas no eligió esa convivencia y tiene derecho a no tenerla. Que para mí mi perro sea un hijo no significa que para el otro también lo sea. Hay personas que tienen miedo, que fueron mordidas, que tienen alergias, que andan con niños pequeños o que simplemente no quieren interactuar con un animal”, expresa Fernando Mardones, médico veterinario y académico de epidemiología veterinaria en la Division of Global Agriculture and Food Systems de la Universidad de Edimburgo. 

“Uno de los datos que estudiamos, es que el 70% de las mordeduras de perros reportadas en Chile ocurre fuera de la casa, y el riesgo en la calle es el doble que dentro de las casas. Integrar a la mascota a la vida diaria está muy bien, siempre que el dueño asuma que en el espacio público o compartido la responsabilidad es suya y no de los demás”, agrega el académico. 

El estudio realizado por Mardones junto a otros académicos fue publicado en la revista científica Preventive Veterinary Medicine y analizó los registros de mordeduras de animales en Chile entre 2019 y 2024. Se constató que la tasa de mordeduras de perro reportadas pasó de 216 a 400 por cada 100 mil habitantes en ese período. La investigación también detectó que siete de cada diez episodios ocurrieron en espacios exteriores y que los casos aumentan durante la primavera. 

Además, el médico veterinario llama a no subestimar las fobias que pueden experimentar algunas personas.

“No se debe minimizar el miedo de la otra persona. En algunos casos, la fobia es real y es un tema que no se puede mirar en menos. Muchas veces viene de una mordedura previa o un susto en la infancia. Hay muchos adultos que cargan con esa experiencia. Si de verdad nosotros en Santiago y en todo Chile queremos que los animales tengan un lugar en la ciudad. Los que tenemos mascota debemos aportar a que su presencia no sea un problema para nadie“, sentencia. 

La advertencia cobra relevancia en un país donde las mascotas han ganado cada vez más espacio en la vida familiar. Un estudio reciente realizado por Cadem muestra que el promedio de mascotas en los hogares de Chile ya superó la tenencia de hijos, llegando a un promedio de 2,4. Esto, en un contexto donde la tasa de natalidad va a la baja en nuestro país: en los últimos seis años, pasó de 1,5 a 0,999 niños por mujer. Esto lo convierte en el tercer país con la peor tasa de fecundidad del mundo, sólo por debajo de Corea del Sur y Singapur.

Además, el análisis de Cadem señala que el 79% de los dueños considera que sus mascotas son un miembro más de la familia, y el 77% de los chilenos asegura que cambiaría su estilo de vida para mejorar la calidad de vida de su mascota.

“La gente está cada vez más privilegiando un estilo de vida que se acomoda más a la tenencia de un perro, un gato, a diferencia de lo que pudiese ser tener hijos. Por lo tanto, también muchos entornos hoy día se están modificando en pos del bienestar de nuestros perros”, asegura el médico veterinario Enzo Roubaud. 

“Donde sí pudiésemos tener problemas, es en el caso de una plaza, por ejemplo, en los lugares que no están debidamente ilimitados y a lo mejor un perro está ocupando juegos de niños. Por supuesto que eso sí nos puede generar un conflicto importante, y es ahí donde sí tenemos que marcar estrictas normas de convivencia en comunidad. Hay varias conductas de nosotros los humanos, en la manera en que nos relacionamos con ellos, que transgreden ese bienestar, y es ahí donde tenemos que poner ojo“, agrega el médico veterinario. 

Roubaud también cuestiona cómo se aplica el concepto pet friendly en algunos espacios comerciales. “En mi opinión, lamentablemente, el concepto pet friendly se ocupa cuando en realidad no se aplica. Por ejemplo, decir que una cafetería es pet friendly solo porque le pusieron un plato de agua debajo a la mesa. Eso no convierte ese espacio en un lugar pet friendly, sabiendo que ese lugar tiene un flujo de gente que pasa y los mismos garzones que están haciendo su pega rápido y que de repente le pueda llegar a alguien un mordisco, por supuesto que incomoda. Ahí hay un tema al cual tenemos que darle una vuelta grande. ¿Qué es realmente ser pet friendly?”, plantea.

Foto: Agencia Uno.

“Esta tendencia de ver a los perros como si fueran hijos, muchas veces nubla a las personas”

“No tengo tanta afinidad con los perros”, confiesa Paz. Los ha tenido de mascota, pero no ha llegado a sentir ese apego que suele describir la gente. Como profesora de educación básica, dice que lo que más le hace ruido es la comparación entre los perros y los hijos.

“Está muy bien que a los animales se les cuide y se tenga una tenencia responsable, como cumplir con las vacunas, llevarlo al veterinario, alimentarlos bien y pasearlos. Pero esta tendencia de ver a los perros como si fueran hijos, muchas veces nubla un poco a las personas“, expresa

“Eso es lo que me produce rechazo, sobre todo siendo profe, porque trabajo con niños, y un perro no se parece en nada a lidiar con un niño. Es un mundo de diferencia y ser papás también es muy distinto a ser responsable una mascota”, agrega Paz. 

La profesora considera que hoy existe un exceso de humanización en las mascotas. Una persona cercana a ella, por ejemplo, “todos los días lo baña, le limpia las orejas, las patitas, y le compra comidas carísimas porque al perro no le gusta cierto pellet. Aparte de todo eso, va una vez a la semana la veterinaria a pincharlo porque necesita vitamina”, cuenta. 

Un estudio elaborado por la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Chile (CNC) evidenció que el gasto de los hogares en mascotas aumentó 63% real, expandiéndose hacia salud y servicios, consolidando un ecosistema económico de US$2.300 millones al año. 

Pero mientras las mascotas ganan espacio en los hogares y en la vida cotidiana, no todos viven esa cercanía de la misma manera. Cristina, otra profesora, tuvo varios perros durante su infancia, hasta que uno estuvo a punto de morderla. Desde entonces, desarrolló una fobia que llegó a interferir en su día a día.

“No soy fanática de los perros porque todavía les tengo como un respeto. Pero ya no es tan terrible como lo fue en algún momento”, cuenta. La situación llegó a ser tan intensa que sus papás la llevaron a una psicóloga. “Veía una bolsa de azúcar en la calle y yo pensaba que era un perro, me subía arriba de los techos de los autos”, recuerda.

Con la fobia ya superada, Cristina mira atrás y recuerda lo difícil que era para las personas comprender su miedo: “Mi papá me decía ‘contrólate, ¿cómo tanto?’ Pero para mí era algo demasiado irracional, que se toma tu cuerpo. Es terrible tener la fobia y que las otras personas en verdad no logren ponerse en tu lugar”.

Foto: Agencia Uno.

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