Manuel Baquedano, histórico ambientalista: “Me imagino un Santiago inhóspito, cada vez más vulnerable a las lluvias, por eso yo me fui”
A sus 77 años, el fundador del Instituto de Ecología Política observa sin sorpresa los fenómenos climáticos extremos que han golpeado a Santiago. Hace una década abandonó la capital porque la consideraba cada vez más vulnerable. Hoy vive en Pucón, tiene preparada una mochila de emergencia y advierte sobre el futuro de una ciudad que imagina "inhóspita". También cuestiona al presidente Kast, Trump y a los gobiernos que, a su juicio, no han querido enfrentar la crisis climática.
Por Sebastián Palma 17 de Octubre de 2026Compartir
Manuel Baquedano, fundador del Instituto de Ecología Política, dice que no le sorprendieron los recientes temporales en Santiago. Desde Pucón, advierte que ve una ciudad “inhóspita” y “cada vez más vulnerable a las lluvias”, critica a gobiernos y políticos, y afirma que la humanidad se dirige a una crisis irreversible.
- Baquedano dejó Santiago hace diez años por su creciente vulnerabilidad.
- Dice que el reciente temporal en la capital no le provocó sorpresa.
- Desde Pucón mantiene una mochila de emergencia y una bicicleta eléctrica.
- Critica a gobiernos y compara a Trump y Kast por no enfrentar la crisis climática.
- Afirma que enfrentar el cambio climático exige “decrecer” y vivir según la naturaleza.
El artículo presenta a Manuel Baquedano, histórico ambientalista chileno, y su visión sobre la crisis climática. Cuenta por qué abandonó Santiago, cómo observa los temporales recientes y por qué cree que la capital será más vulnerable. También expone sus críticas a los gobiernos y su idea de que la respuesta real pasa por “decrecer”.
Manuel Baquedano (77) lleva tantos años peleando por el medioambiente que algunas de sus protestas parecen sacadas de otra época.
Una vez, junto a su ex esposa la también ambientalista Sara Larraín compró una sola acción de Enel para poder presentarse ante sus directivos y cuestionarlos desde dentro de la compañía. En otra ocasión, junto a otros ambientalistas, inventó el “cochinómetro”: un paño blanco que dejaban expuesto durante el día y que, al retirarlo por la tarde, permitía observar la suciedad acumulada por la contaminación de Santiago. También recuerda haber trepado por las rejas de La Moneda durante una protesta, aunque ya no tiene tan claro qué estaban reclamando.
No es para menos. Viene hablando del tema desde fines de los ochenta, tiempo en el que su causa parecía quijotesca.
Eran los años en que, según recuerda, a los ambientalistas los trataban como “los loquitos del barrio”. Él mismo llegó a ser considerado un extremista, una definición que todavía le provoca risas. Baquedano se considera pacifista, aunque advierte que eso nunca ha significado quedarse de brazos cruzados. Después de todo, recuerda, Gandhi y Martin Luther King también recurrieron a medidas de presión.
Hace diez años decidió abandonar Santiago. No fue un retiro, sino una decisión que tenía bastante que ver con las ideas que llevaba décadas defendiendo.
La capital se había convertido, a sus ojos, en una ciudad cada vez más difícil de habitar, donde la naturaleza era vista como una amenaza y las nuevas construcciones aumentaban la vulnerabilidad de sus habitantes. Se instaló en Pucón, donde encontró un ritmo de vida más tranquilo y una relación distinta con el entorno.
—Acá la naturaleza se ve como una parte constitutiva de todo —explica.
Nacido en Valparaíso en 1949, Baquedano estudió Electricidad en la Universidad Técnica Federico Santa María y Sociología en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica. Fundó el Instituto de Ecología Política en 1987, participó en instancias internacionales de discusión ambiental y formó parte de la delegación chilena de la sociedad civil en las negociaciones climáticas de París en 2015. También ha escrito varios libros, entre ellos Colapso: Cuando el clima lo cambia todo (2019) y Crisis climática: Cómo vivir en el Antropoceno (2023).
Su trayectoria ayuda a entender por qué las imágenes del reciente temporal que golpeó a Santiago, con aluviones e inundaciones incluso en sectores acomodados de la capital, no le provocaron demasiada sorpresa.
–No, nada. Nada. Nada –responde cuando se le pregunta si hubo algo de estos fenómenos que no esperaba.

Lo que viene después es todavía más inquietante. Baquedano está convencido de que la humanidad se dirige hacia una crisis de consecuencias irreversibles y que los gobiernos, independientemente de su orientación política, no están dispuestos a adoptar las medidas que considera necesarias para enfrentarla.
No lo dice con desesperación. Tampoco parece particularmente sorprendido. Desde su casa en Pucón, donde mantiene preparada una mochila de emergencia y una bicicleta eléctrica para desplazarse en caso de desastre, habla de la posibilidad de una extinción humana con la serenidad de quien habla de fútbol.
–Yo creo que la vida humana se va a extinguir –dice.
Antes de que la angustia se propague por su interloctor explica por qué.
–¿Hay algo que le haya sorprendido de los últimos eventos climáticos que hemos visto en Santiago?
–Nada. Porque es lo que va a empezar a ocurrir. Le echan la culpa a El Niño y al súper Niño, pero yo creo que después, pasado El Niño, van a seguir existiendo, porque es la temperatura del océano la que está aumentando.
–¿Santiago le parece una ciudad especialmente vulnerable a estos fenómenos?
–Absolutamente. Por eso yo me salí de Santiago. Veo que a medida que se construye más, se produce más vulnerabilidad.
–¿Y cómo se imagina Santiago en 2050 si seguimos enfrentando el cambio climático de la misma manera?
–Me la imagino inhóspita, cada vez más vulnerable a las lluvias, a todas esas cosas. La gente que vive aquí en el sur sabe que las tormentas eléctricas existen, que los rayos existen, que las nevazones existen. Las experimentan. Entonces, en Santiago eso es una anomalía.
–Este último temporal tuvo la particularidad de afectar a sectores acomodados de Santiago, donde también vive buena parte de quienes toman las decisiones. ¿Qué lectura hace de eso?
—Mi hijo me decía: “Le tocó a los ricos”. Y claro, yo lo veo como que eso hace que sea imposible negar el cambio climático, porque son los sectores que toman las decisiones.
–En los últimos días vimos cómo las lluvias provocaron aluviones en sectores de Santiago que antes habían sido afectados por incendios. ¿Qué relación ve entre ambos fenómenos?
–Yo creo profundamente que la naturaleza está recuperando su espacio. Por ejemplo, en lo último que hubo en Las Condes, creo que se debió, como dicen los científicos, a que en el verano hubo una quema y no se removieron esas cosas. Entonces, eso taponeó las salidas naturales y se produjo esto.
–Usted lleva décadas advirtiendo sobre los riesgos ambientales. ¿Siente que fracasamos como sociedad al no escuchar esas advertencias?
–Sí, somos tratados como los loquitos del barrio. Pero como va a haber una especie de muerte súbita, entonces van a decir: “Ah, tenían razón estos loquitos”. Pero ya va a ser demasiado tarde.
–Donald Trump ha cuestionado abiertamente el cambio climático. ¿Ve similitudes entre su discurso y las posiciones que ha expresado José Antonio Kast?
–Yo creo que en el fondo no cuestionan el uso de la energía fósil. Y las energías fósiles son el petróleo, el gas y el carbón. Esas energías no son reproducibles, por eso se llaman fósiles, porque la naturaleza las creó en millones de años. Cuando quieren proteger esa industria, porque casi toda la industria y todo el sistema funcionan con energía, se producen situaciones como la de Trump y la de Kast. Yo creo que están casi en la misma onda.
–¿Y qué le diría al presidente Kast si tuviera cinco minutos para explicarle por qué debería tomarse en serio el cambio climático?
–Yo creo que él no entendería. O sea, lo entienden, pero no lo quieren aceptar.
–¿Y cree que esta responsabilidad es exclusiva de este gobierno o también alcanza a los anteriores?
–Yo lamento decir que son los gobiernos. Son los gobiernos porque no pueden enfrentar el crecimiento, que es algo deseado por todo el mundo.
–¿Qué tendríamos que hacer entonces para enfrentar realmente el cambio climático?
–Yo creo que hoy día enfrentar el cambio climático significa decrecer. Y eso significa vivir considerando las variables de la naturaleza. Esa naturaleza está sobrepasada en todos los grados. Por lo tanto, tendríamos que decrecer desde el punto de vista natural.
–Pero eso difícilmente lo van a aceptar los políticos.
–Y la gente. La gente no lo va a aceptar.
–Usted ha dicho que estamos viviendo el comienzo de una extinción. ¿En qué basa una afirmación tan categórica?
–Bueno, yo creo que ya estamos viviendo los dos grados (se refiere a la temperatura de la tierra). Según James Hansen, que fue mi maestro y estuvo 30 años a cargo del clima en la NASA, el equilibrio natural del planeta estaría perdido en 15 grados más. Entonces, si estamos a dos grados y eso es lo máximo que pueden aguantar los seres humanos por sobre lo normal. Por eso pienso que no vamos a llegar al 2100 con dos grados más, como se había fijado en las metas del Acuerdo de París, sino con mucho más.
–Cuando habla de la posible extinción humana, lo hace con una tranquilidad que sorprende. ¿Es algo que ya tiene asumido?
–Yo siempre lo he aceptado, porque creo que la vida humana se va a extinguir. Y creo que lo que está pasando ahora es porque la civilización no se puede poner un orden, entre comillas. Entonces, como eso va a ir aumentando y la gente no se prepara, creo que va a haber una etapa de extinción. No sé si de todos los seres humanos, pero una etapa de extinción.



