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19 de Octubre de 2026

“Ni siquiera sientes que te está escuchando”: Buscaba su primera práctica profesional y terminó entrevistado por una IA que no pudo responder sus preguntas sobre el trabajo

Matías estudia Ingeniería Civil Informática y está en busca su primera práctica profesional en un mercado laboral cada vez más marcado por la inteligencia artificial. Sin embargo, hasta el momento no ha hablado con ningún reclutador: su primera entrevista fue realizada por una IA que simulaba estar en una oficina e incluso teclear en un computador.

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Primero, una prueba de coeficiente intelectual con preguntas de matemáticas: sumas, multiplicaciones y ecuaciones. Luego, de lógica: “Si Platón es hombre y todos los hombres son mortales, ¿Platón es mortal?”. Tenía 10 minutos para responder 50 preguntas que no logró completar.

Pasó a la segunda etapa. Una entrevista.

Matías estudió Ingeniería Civil Informática y está en búsqueda de su primera práctica profesional. Una carrera que, pese a tener algunos proyectos en grupo, puede llegar a ser solitaria. La relación principal es la del programador con su computador.

Para apoyarse en las tareas que realiza en su día a día, Matías utiliza inteligencia artificial. “Cuando uno programa en diferentes lenguajes te pueden pedir hacer tareas de una forma muy específica. Ahí, en vez de buscar por internet o en foros en donde alguien tenga el mismo problema, es mucho más directo preguntarle a una IA cómo se hace o que busque errores”.

Pero pese a ser una herramienta útil, el desarrollo de la IA es algo que genera ansiedad en el joven informático. Sobre todo cuando piensa en su futuro laboral y en un mercado al que todavía no ha logrado ingresar.

“Creo que se trata de ver como un aliado. Se dice que ahora uno puede ser mucho más productivo o te puedes enfocar en otras cosas, pero nadie te dice realmente en qué otras cosas”, reflexiona.

La promesa de que la inteligencia artificial permitirá dejar atrás las tareas repetitivas para dedicarse a otras más creativas tampoco termina de convencerlo: “Me genera harta ansiedad. Trato de calmarme pensando que, como estamos en Chile, aún hay tiempo para que me contraten”. 

En las discusiones sobre el avance de la IA y su impacto en el empleo, una de las respuestas habituales para tranquilizar a quienes temen ser reemplazados es recordar que existen capacidades puramente humanas que las máquinas no pueden replicar.

Eran precisamente esas capacidades las que Matías esperaba demostrar en su entrevista: quién era y qué podía aportar más allá de sus conocimientos técnicos. Pero no tuvo la oportunidad de hacerlo frente a un entrevistador. La segunda etapa del proceso de selección consistía en una entrevista por videollamada con un agente de inteligencia artificial.

Voz femenina, ruidos de oficina y un teclado que escribía

En la pantalla no había una persona. Solo un círculo con el nombre de la IA en el centro. Al otro lado se escuchaba una voz femenina, acompañada de ruidos de oficina y el sonido de un teclado que parecía escribir cada vez que Matías respondía. Todo estaba dispuesto para simular una conversación humana, aunque para él la experiencia estuvo lejos de sentirse como tal.

“Me imagino que quizás lo hacen para dar un sentido de familiaridad y comodidad, por si hay personas que se sienten raras hablando con un robot. Pero a mí me pasó lo contrario”, cuenta.

Y agrega: “Perfectamente podría haber sido una conversación sin cámara, con una persona real durante esos diez minutos, y en vez de eso fue un robot que ni siquiera sientes que te está escuchando”.

La entrevista siguió por 10 minutos con una serie de preguntas. Matías respondía, la voz escuchaba y luego avanzaba a la siguiente. Solo hubo una ocasión en que la inteligencia artificial pareció detenerse en lo que estaba diciendo.

“Me dijo: ‘¿A qué te refieres con eso?’”, recuerda. Sin embargo, tras su respuesta, la conversación no profundizó: “Era como que estaba confirmando algo en vez de reflexionando”.

Para él, el problema no era simplemente que se utilizara inteligencia artificial. Lo que le llamó la atención fue el intento de darle características humanas a una interacción que, en la práctica, seguía siendo automatizada.

“Hay cosas que se automatizan que puede que den un valor agregado, pero la percepción de las personas que interactúan con eso no son particularmente positivas”, plantea.

Y agrega una reflexión: “Qué tanto vale la pena automatizar algo cuando la impresión de las personas puede ser negativa contra la empresa. Cuando el valor agregado es solo para el que contrata esta herramienta”.

Su pregunta sin respuesta

Más allá de las preguntas que tuvo que responder durante la entrevista, Matías también tenía una inquietud propia, así que aprovechó la instancia para preguntar.

“Yo pregunté si me iban a dejar hacer un proyecto, porque eso es lo que me piden para practicar”.

A lo que la IA respondió: “No manejo ese tipo de información”.

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