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Ilustración: Sandro Baeza, The Clinic

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21 de Octubre de 2026

“No podemos controlar el clima, pero sí ayudar al cerebro”: cómo el fenómeno de El Niño prolongó la depresión estacional

El fenómeno de El Niño provocó una extensión de la depresión estacional debido a la persistencia de días fríos y nublados. La neurocientífica Verónica Pantoja detalla el impacto biológico en el cerebro y qué medidas adoptar para recuperar el bienestar anímico.

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Cielos negros, nubes espesas y negras, intensos vientos y lluvia, mucha lluvia. Esa ha sido la dinámica de los últimos días. Pareciera que en algunos días estamos en pleno invierno, pero la verdad es que desde el 22 de septiembre comenzó la primavera en Chile. Todo parece ser culpa del fenómeno de El Niño, y una de sus tantas consecuencias es la prolongación de la depresión estacional.

Lo que miles de personas experimentaron como un desgano inexplicable o fatiga acumulada responde, en algunos casos, a un desajuste neuroquímico profundo: la falta sostenida de luz natural alteró el reloj circadiano, desestabilizando la producción de serotonina y prolongando la presencia de melatonina durante las horas del día.

La neurocientífica cognitiva y directora del magister en Neurociencias de la Educación de la Universidad Mayor, Verónica Pantoja, explicó a The Clinic que “nuestro cerebro no reconoce las estaciones por el calendario, sino principalmente por la luz que recibe. Esta información llega al núcleo supraquiasmático, ubicado en el hipotálamo, una pequeña región en la base del cerebro. Este núcleo funciona como nuestro reloj biológico y regula los ritmos circadianos, que influyen no solo en el sueño, sino también en la energía, la atención y el estado de ánimo”.

“Cuando recibimos menos luz, pueden modificarse los ritmos de liberación de melatonina y la actividad de sistemas relacionados con la serotonina, afectando nuestra regulación emocional. Sin embargo, la evidencia demuestra que no todas las personas responden de la misma manera, ya que nuestro cerebro tiene capacidad de adaptación y, mientras muchas personas logran ajustarse a estos cambios ambientales, otras, por su susceptibilidad biológica y psicológica, pueden experimentar cansancio, desmotivación o síntomas depresivos. Por eso, la falta de luz no provoca necesariamente depresión, pero puede ser un factor de riesgo en personas más vulnerables“. apunta.

“No significa que el cerebro crea que sigue en invierno”

Pantoja insiste que “aunque estemos en primavera, si continuamos expuestos a días oscuros, lluviosos y fríos, nuestro cerebro recibe menos estímulos luminosos durante el día, lo que puede dificultar la sincronización de los ritmos circadianos. Esto puede influir en la regulación de la melatonina, el estado de alerta, la energía y el ánimo. Además, existe un componente psicológico importante, ya que en primavera esperamos más luz, temperaturas agradables y mayores oportunidades de realizar actividades al aire libre. Cuando estas expectativas no coinciden con las condiciones climáticas, algunas personas pueden experimentar frustración, desmotivación o sensación de prolongación del invierno”.

“Sin embargo, nuestro cerebro posee neuroplasticidad y capacidad de adaptación, por lo que no todos reaccionamos igual. La respuesta depende de nuestra sensibilidad individual, los hábitos y las experiencias previas. No significa que el cerebro crea que sigue en invierno, sino que las señales ambientales y nuestras expectativas pueden influir conjuntamente en la regulación emocional”, acota.

En ese sentido, asevera que “cuando las lluvias se prolongan incluso durante la primavera, disminuyen estas oportunidades y pueden aumentar el sedentarismo, el aislamiento social y la desmotivación.
Las personas más vulnerables son aquellas con antecedentes de depresión o ansiedad, adultos mayores que viven solos, personas con redes de apoyo limitadas y quienes dependen de los espacios públicos para realizar actividad física o socializar. También pueden verse afectados niños y adolescentes, especialmente cuando disminuyen sus oportunidades de juego, movimiento e interacción social”.

¿Cómo salir del letargo?

Pantoja indica que “más que hackear o activar nuestro cerebro, necesitamos ayudarlo a sincronizar su reloj biológico. Una de las medidas más efectivas es exponernos a luz natural durante la mañana, incluso en días nublados, ya que esta señal llega al núcleo supraquiasmático del hipotálamo y ayuda a regular los ritmos circadianos, la melatonina y nuestro estado de alerta”.

“También recomiendo mantener horarios regulares de sueño, realizar actividad física, idealmente al aire libre cuando el clima lo permita, y reducir la exposición a pantallas luminosas antes de dormir. Además, mantener actividades sociales y rutinas agradables favorece la motivación y la regulación emocional”, agrega.

Asimismo, la académica afirma que “desde las neurociencias sabemos que el cerebro posee neuroplasticidad, es decir, la capacidad de adaptarse a las experiencias y estímulos del entorno, por eso, pequeños cambios sostenidos en nuestros hábitos pueden favorecer el sueño, la energía y el bienestar emocional. No podemos controlar el clima, pero sí podemos ayudar a nuestro cerebro a adaptarse mejor a él“.

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