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Tornado en Requínoa
Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Ciudad

27 de Octubre de 2026

“Luché por todo lo que tengo y en tres minutos se fue todo”: El relato de vecinos de Requínoa y el amanecer en una ciudad después de un tornado

Angélica Lira y Orlando Soto, históricos residentes de la Villa Jardín, fueron testigos del inusual tornado que afectó a Requínoa este lunes. Desde sus casas, hoy sin techos y sin rejas, cuentan a The Clinic cómo lo vivieron, en medio del impacto de enfrentar cara a cara un fenómeno natural inédito que sorprendió al país. "Creí que era un sueño. Era un ruido terrible", son algunas de las expresiones que se repiten entre los vecinos que siguen sin entender lo que les tocó vivir este lunes.

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En la Villa Jardín, un antiguo sector residencial de Requínoa, hay vecinos que acumulan más de cuarenta años como residentes. En casi medio siglo, cuentan estos mismos, se mantuvieron a salvo de catástrofes naturales. Ni terremotos, ni inundaciones, ni incendios —por muy cerca que estuvieran— lograron alterar la paz del vecindario. Pero este lunes 26 de octubre, fueron testigos de un inédito fenómeno natural no solo para la región, sino que para el país: un tornado pasó por el pequeño rincón de la comuna.

En la mañana del martes, el ánimo en la villa es particular. Autoridades pasan de casa en casa dimensionando el daño de las 92 casas afectadas. A diferencia de otras catástrofes, más que la desesperación y la angustia, en el sector se siente aún una energía de asombro. Después de todo, en Chile nadie sabe reaccionar a un tornado.

Así lo sienten al menos Angélica Lira y Orlando Soto, vecinos de la Villa Jardín, que viven hace 40 y 49 años respectivamente en la calle Las Camelias, donde termina el barrio. La primera, de acuerdo a las primeras impresiones de autoridades, fue la más afectada por el tornado. El segundo, su vecino directo, no se queda atrás. La columna de aire atravesó sus propiedades, derribando sus muros frontales y laterales, y provocando severos daños a sus viviendas.

En conversación con The Clinic, cuentan, aún sorprendidos, lo que les tocó vivir.

“Era una pesadilla. Era un ruido atroz y volaban las planchas de zinc. Se cayó mi reja, aquí había techo también. Con mis vecinos ahora no tenemos paredes. Por lo menos estoy viva. Estoy asustada sí, como que me va a pasar algo, no dormí nada de la noche”, cuenta Angélica. “Los terremotos, el del 85′ y el de 2010, ninguno fue tan heavy como esto. Fue como las cosas que ves en las películas de los gringos. Uno dice ‘tenemos una cordillera que no va a dejar pasar nada’. No, mentira“, acota su vecino.

Casas de la Villa Jardín con daños irreparables en sus techos. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

“Se me voló el techo, no tengo casa, pero estoy viva”.

Angélica Lira ha pasado 68 de sus 78 años en Requínoa. Solo estuvo fuera del país por cerca de una década, para luego volver a su ciudad a mediados de los 80′, época en la que se instaló en la casa que reside hasta hoy en Las Camelias. Ahí mismo le tocó vivir el tornado.

“Fui a comprar a un negocio más para allá, que no pasó el tornado por ahí, porque dobló y estaba aquí. Creí que era un sueño. Era un ruido terrible. Ahí llamé a mi hijo, llegó con su señora y nieto, y empezaron a sacar cosas. Cosas que no eran de aquí llegaron aquí, pues. Sí, anoche yo no podía abrir ni la puerta de la cocina”, comenta.

A los minutos de volver de un pequeño comercio del sector, llegó el tornado. Pasó directo sobre su domicilio, llevándose el techo de su casa, su terraza, y casi toda su reja. Al interior de su vivienda, mientras responde a las consultas, militares trabajan en la reconstrucción de su tejado. “No sé por qué está pasando esto”, comenta emocionada.

Angélica Lira. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Tal como el caso de su vecino, recuerda que el terremoto de 2010 no hubo daños mayores, pero ahora sí. Al interior de la casa sintió la explosión de los vidrios, acompañado de un estruendo que la dejó en shock. Sin saber a dónde ir, sintió cómo una corriente de aire la empujó al centro de su casa, como un tirón. Angélica recuerda, a horas del tornado que “el viento me tiró. No ve que se quebraron los vidrios aquí. Si me pilla fuera de la casa me tira y… los zinc volaban aquí, porque yo venía entrando”.

Al final de la conversación, responde un llamado de teléfono de una persona cercana. Intenta cortar, pero del corazón responde exponiendo su desesperación.

—Se me voló el techo, Sole. Se me voló, no tengo casa, Sole, pero estoy viva.

“A la hora que no cerramos la puerta, vuela todo esto”

Orlando Soto lleva 49 años en su casa de Las Camelias. Tras casi medio siglo, ha sabido construir sus comodidades. Levantó un taller que ocupa como estudio, en el que trabaja como músico. También ejerce ahí como informático. Hoy no sabe si puede volver a entrar a ese rincón que ocupa activamente, luego de que el tornado desplazara 15 centímetros la infraestructura de su base, dejándolo inestable.

Tiene un tono de calma, hasta se toma el tiempo para ironizar con lo que les tocó vivir. También revive ese sentimiento nacional que surge tras cada catástrofe, de la fuerza del chileno. Aunque con una acotación. “Chile tiene esa insignia, así como de pararse frente a la catástrofe. Si bien es cierto, luché muchos años para poder tener todo lo que tengo y que en tres minutos se vaya todo…”, dice.

Pero también expresa preocupación. Cuenta que enfrentó la muerte hace poco, y que ayer sintió verla nuevamente. Orlando cuenta que “vengo saliendo de cuatro infartos, quedé muy delicado, empastillado. Y de repente ver que un tornado viene, y viene justo en dirección hacia tu domicilio… Traté de tomarlo suave. Pero hoy día, cuando desperté y veo todo en el suelo, ahí ya como que te pegas la cachada“.

Como su vecina, le tocó dormir poco. No solo por el shock que dejó la improbable corriente de aire, sino que también por el temor que se instauró en la comunidad, por avisos de saqueos en el Colegio Tricahue, uno de los recintos más afectados por el tornado, que está detrás de su casa.

Orlando Soto. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Cuenta que en el momento no entendía lo que estaba pasando. Que es como un sueño, algo que solo se ve en las películas norteamericanas. Por lo mismo, no supo cómo actuar, y dice que “cuando venía pasando cerca tuvimos que entrarnos y no podíamos cerrar la puerta, porque el viento era demasiado. A la hora que no cerramos la puerta, vuela todo esto“.

Pese a su optimismo y calma, no deja pasar la frustración. “Todos los años, la plata que he metido, el empeño, toda la garra. Aparte que soy músico, tengo espíritu artístico y le he metido caleta de lucas a la casa ¿Y para qué? Para nada, para que en tres minutos te lo lleven. Es bien terrible. Quiero tratar de mantener la cordura, no saco nada tampoco con echarme de morir, si todo lo material se recupera. Gracias a Dios están mis tres gatos bien”, concluye.

El tornado desde el municipio

El alcalde de Requínoa, Waldo Valdivia, recorre los jardines de la calle Las Camelias. Pasa, precisamente, por los dañados hogares de Angélica y Orlando. El jefe comunal estaba en la municipalidad cuando recibió el insólito llamado de que un tornado amenazaba la Villa Jardín.

El jefe comunal comenta que “estábamos en la municipalidad, terminamos una reunión de equipos cuando nos avisan que hay un tornado. Tomamos las camionetas, salimos de inmediato y nos topamos. Lo primero que vi fue al colegio, y ahí nos dimos cuenta que las cosas eran de palabras mayores. Después vinimos a la Villa Jardín. Ahí era dantesco lo que nos encontramos“.

Requínoa había enfrentado bien las recientes catástrofes naturales. “Habíamos hecho un muy buen trabajo previo de prevención para este invierno, lo cual nos había permitido sortear bien los embates la naturaleza, me refiero específicamente a las lluvias. Pero tuvimos este evento inexplicable para esta zona. Yo, de los 68 años que ya tengo, jamás había visto algo así“, cuenta.

Vecinos ayudan a retirar escombros en la calle Las Camelias. Foto: Felipe Figueroa/ The Clinic.

Ningún estudio previo entregó sospechas de que esto era un posibilidad. Y con justa razón, considerando lo inédito que es para el país. Por lo mismo, el alcalde de Requínoa concluye: “Algo así, la verdad, que lo veíamos a la distancia. Lo veíamos como en el hemisferio norte, que acá no nos iba a llegar a tocar. Pero, bueno, lamentablemente, tuvimos la mala suerte ayer de que nos tocó vivir un fenómeno de esta naturaleza”.

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