Tiempo Libre
28 de Octubre de 2026Dejó Derecho para perseguir la música en Chicago: la historia de CONOSUR, el chileno que persigue sus sueños en Estados Unidos
Nicolás Rubio creció escuchando a Los Prisioneros, Los Bunkers y Juanes, pero fue años después cuando decidió abandonar sus estudios de Derecho en la Universidad Católica para perseguir su sueño musical en Estados Unidos. Instalado en Chicago, el artista conocido como CONOSUR acaba de lanzar "Self-title", un álbum marcado por la experimentación y la influencia de músicos como Mac Miller. En conversación con The Clinic, habla de su proceso creativo, sus referentes y su mayor aspiración: vivir de la música.
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En la casa donde creció Nicolás Rubio, llamado artísticamente “CONOSUR”, se escuchaba música de distintas décadas. Su madre siempre escuchaba música, Los Prisioneros, Los Bunkers y Juanes sonaban constantemente en su hogar. Sin embargo, los instrumentos no llegaron hasta que a los 13 años le regalaron una guitarra para su cumpleaños.
Aprendió a usarla y siguió escuchando, pero no pensó de inmediato en dedicarse profesionalmente. “Durante toda mi formación en el colegio fue como una burbuja muy tradicional. Entonces, me fui buscando lo mismo y como que eso nunca me hizo ruido a mí, aunque nunca fue algo que yo quería hacer. Pero igual lo intenté, estuve en College de Ciencias Sociales para entrar a Derecho, en la Universidad Católica. Después y me salí, no pude”, cuenta en entrevista con The Clinic.
“No sabía lo que iba a hacer, pero sí supe que iba a hacer algo creativo”. En ese momento estaba haciendo clases de producción musical y pensó que necesitaba una formación técnica “porque todo lo que yo aprendí hasta ese tiempo era por oreja o a la mala”. Ahí se dio cuenta de que quería estudiar afuera. Y terminó en Chicago. Estudió en Lake Forest College, una universidad de artes liberales en Illinois.
Un álbum de dos lados y escribir con sentido
En “self-title”, su último álbum —estrenado el 18 de septiembre— buscó ordenar la diversidad de género que había explorado antes. Quería que las canciones de cada lado dialogaran entre sí, aunque no compartieran género.
“En este álbum específico lo que quería hacer era tener el lado A y el lado B no tan distintos. Nos pasó en el otro, [álbum] que si bien tenemos hartos géneros y nos gusta jugar con eso, está un poco muy por todos lados, en cambio en este álbum nos digamos un poco como que esté un poco más ligado todo aunque no sea el mismo género”.
Una estadía con otros músicos en una cabaña de Michigan ayudó a definir el lado A. Allí surgieron tres canciones que dieron forma inicial a esa mitad del disco. El lado B incorporó materiales guardados, como las canciones “Home” y “Cut It”, además de piezas desarrolladas con colaboradores. “Lullaby”, contó, nació de un encuentro con otro artista a través de transmisiones en Twitch.
“Yo creo que el efecto colaborativo es lo que me causa como de no mantenerme en un género, me gusta mucho experimentar”, cuenta. El proyecto puede describirse, por necesidad de clasificación, como indie o rock alternativo. Sin embargo, él imagina un repertorio capaz de pasar del rap al reguetón o al techno: “Siento que el artista que está partiendo dice, ‘ya, yo voy a ser un artista de indie rock’, y se dedica solo al indie rock. Y no nada malo con eso, pero a mí me pasa que yo creo que me aburriría. Me encantan las posibilidades”, relata.
En esa búsqueda conviven referencias de distintas épocas. Menciona a Mac Miller por su escritura y por la manera de reunir experiencias personales en una canción. También recuerda la música que oyó en casa. Del rock latinoamericano, dice, rescata los movimientos de tensión y descanso que provocan ciertos cambios armónicos, como en “Ángel Eléctrico”, de Soda Stereo.
Sus letras no siguen siempre una sola experiencia. Cuenta que escribe a partir de conversaciones, amistades, desencuentros. Y de ahí, construye personajes que concentran situaciones distintas. Algunas escenas nacen de hechos reales, otras se modifican para que la historia funcione, casi como un novelista.
“Son muchas personas con las que me han pasado cosas. Incluso puede ser una interacción que tuve y que inspira algo así. Entonces agarro todas esas experiencias y las mezclo casi como si fueran una sola. De ahí sale el concepto de las canciones. A veces puede ser algo muy real y otras, casi una exageración para que funcione el concepto, pero mucho viene de experiencias reales”, cuenta sobre su proceso de escritura.
Con una canción de su último disco, “A love story” relata que tenían un puente pero no sabían cómo cerrarla, y recordó una historia que había escuchado sobre la composición de “Chop Suey!”, de System of a Down. Estando en Michigan, tomó un libro que encontró en la cabaña y lo abrió en una página random. Leyó algunas líneas y las adaptaron para que funcionaran en la letra.
También cuenta que le gusta dejar puzzles en las canciones: “Me encantan los mensajes misteriosos, como puzzles, me encanta cuando el artista le da más intención”. Es fanático de los videojuegos, y eso, en parte, pudo trasladarlo a sus canciones. En su disco anterior, “Pay Respects”, todas las canciones comienzan con la letra F. La idea, dice, remite al meme de “press F to pay respect”. En “self-title” quiso repetir esa atención al detalle mediante un mensaje juntando la inicial de cada canción del disco.
Sobre sus objetivos en la música dice que “lo que quiero es poder vivir tranquilamente haciendo lo que me encanta, siempre ha sido mi objetivo”. En este momento, está trabajando para su primer show en vivo, el cual será en Estados Unidos. Recientemente, fue invitado a los Premios Billboard de la Música Latina 2026.



