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Ilustración: Sandro Baeza

Ciudad

3 de Noviembre de 2026

La historia de un parto en el Hospital San Borja que terminó en tragedia: recién nacido murió por una fractura craneal tras el uso de fórceps y su familia exige justicia

Mikaela Pal y Claudio Carbonel llegaron el miércoles pasado al recinto asistencial para recibir a su hijo Tomás, pero un procedimiento de dos días gatillado por una preeclampsia, una cesárea denegada y el uso de fórceps sin su consentimiento fueron algunos de los factores que terminaron con la muerte del recién nacido. Hoy, buscan “justicia” y esclarecer lo ocurrido.

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Luego de nueve meses esperando conocer a su hijo Tomás, Mikaela Pal y Claudio Carbonel llegaron este viernes al Hospital San Borja Arriarán para iniciar el trabajo de parto. Pero una serie de complicaciones transformaron ese día en lo que será recordado como uno de los más dolorosos de sus vidas.

La pareja de padres jóvenes llegó el miércoles al centro médico para hospitalizar a Mikaela por presión arterial alta (preeclampsia), y si bien se esperaba que estuviera todo bajo control, el procedimiento terminó en un fatal desenlace.

Hasta el jueves en la noche tanto la madre como la guagua estaban bien. El problema surge luego de que Mikaela el viernes en la mañana comienza con muchos dolores por las contracciones, por lo que insistieron en que el parto fuera por cesárea.

Sin embargo, el equipo médico insistió que fuera natural. La propia madre narra que le hicieron una rotura de membrana y que le prometieron con eso se iba a dilatar. Según comentan fuentes del hospital, la decisión fue porque ya había comenzado la inducción con Propess y por ende no habían indicaciones para una cesárea.

Los dolores no pararon, por lo que se le administró la epidural. De a poco se fue dilatando cada vez más, narra Mikaela, “pero no fue suficiente”.

“Por indicación de la matrona tuve que pujar a pesar de mencionar los dolores insoportables que tenía y que ya no tenía la capacidad de seguir haciéndolo”, dice. Siguió pidiendo que le hicieran una cesárea, pero el equipo volvió a decirle que no.

Eran pasadas las 20:00 horas y cuando la matrona a cargo estaba liderando el parto por vía natural, cuentan desde el recindo, todo iba en orden. El problema se produjo cuando Tomás ya se encontraba en el canal vaginal, coronando (se le veía la cabeza), que es cuando habría quedado atascado y no lograba salir. A partir de ese momento fue que comenzó el fatal desenlace.

La instrucción del equipo a cargo fue realizar una episiotomía e intervenir utilizando fórceps, herramienta similar a unas pinzas que se colocan al rededor de la cabeza de la guagua, para facilitar la salida del lactante.

“Utilizó fórceps sin nuestro consentimiento y a pesar de que Claudio, mi pareja, dijo en reiteradas oportunidades que no autorizábamos el uso de fórceps ni vacuum”, cuenta Mikaela. 

Ese procedimiento, utilizado a diario en partos y realizado por el médico, en esta ocasión y por motivos que se investigan, derivó en que la guagua sufriera una grave fractura craneal y una posterior hemorragia.

Según Mikaela, “el doctor, evidentemente inseguro y agarrando la cabeza de mi hijo con una fuerza desmedida, luego de muchos intentos, logró sacarlo. Una vez que mi bebé nació, sólo pude verlo por dos segundos, lo sentí llorar y se lo llevaron a neonatología”.

Los médicos intentaron estabilizar al lactante que ya estaba perdiendo sangre. Le hicieron una serie de exámenes, pero el diagnóstico ya era claro para el personal: el daño era grave y tenía que ser trasladado a la UCI.

Claudio no alcanzó a terminar de informar a su familia sobre lo que estaba sucediendo cuando Tomás, en la UCI, había entrado en un paro cardiorrespiratorio que duró cerca de diez minutos. Luego de eso, el padre tomó la decisión de que no siguieran reanimándolo.

Tomás, quien nació a las 20:55, no sobrevivió la noche.

Las horas posteriores

Mientras miles de padres y madres se preparaban para acompañar a sus hijos a pedir dulces con disfraces, Mikaela y Claudio enfrentaban el duelo de Tomás como podían. A raíz de la Ley Dominga, la madre estuvo apartada en una pieza del hospital donde recibía visitas sin límite de horario.

Los sentimientos no solo fueron de mucha pena y tristeza, sino que de rabia. Con mucho dolor, el mismo sábado fueron a Carabineros a presentar una denuncia, acusando negligencia médica. Ayer, al mismo tiempo que el Servicio Médico Legal (SML) retiraba el cuerpo del hospital para hacerle una autopsia, a Mikaela le dieron el alta.

Todavía no pueden realizar los funerales de Tomás, debido a que su cuerpo está en el SML. Pero su lucha y sus gestiones no han terminado: ahora se están asesorando con un abogado para presentar una acción legal por lo sucedido.

Según la cuenta de Instagram que crearon, llamada Justicia Para Tomás, donde han visibilizado lo que ocurrió, “no buscan compasión, buscan JUSTICIA. Exigen respuestas, una investigación transparente y que se determinen las responsabilidades correspondientes”.

“No queremos que lo que vivimos quede en silencio”, dicen.

El impacto en el personal de un hospital donde casi no se mueren lactantes

Al mismo tiempo que los padres vivían una pesadilla, el equipo de natalidad del hospital estaba sumido en una crisis que tiene al personal sumido en culpa, pena y rabia. “Ha sido horrible todo”, dice una funcionaria.

Se emitió una alerta por un evento centinela, donde por ley se le avisa al Ministerio de Salud lo que sucedió, bajo la categoría de ser un “suceso grave” y que debe ser reportado de inmediato, como ocurre cada vez que fallece un lactante.

Así, “de manera inmediata” la dirección del hospital inició los procesos administrativos y disciplinarios correspondientes, con una auditoría y un sumario administrativo, “designando a una fiscal a cargo para dirigir con máxima celeridad y rigor la investigación sobre los hechos denunciados”. En paralelo, debido al ánimo que se generó en el personal, se les ofreció intervención sicológica.

Y es que, explican desde el recinto, en el Hospital San Borja es inusual que fallezca una guagua en un parto. A modo de ejemplo, mencionan, de 3.256 partos en 2024, 26 recién nacidos fallecieron. Y el año pasado fueron 21 de 3.055. Hasta ahora, de hecho, de 2.235 nacidos, solo ocho han fallecido este 2026.

Eso no quita, mencionan, que la situación es considerada grave, lamentable y dolorosa. Por lo mismo están ayudando en todas las instancias correspondientes a los padres, cuyo dolor comprenden, aseguran.

“Como comunidad hospitalaria nos encontramos profundamente conmocionados y consternados por este trágico hecho. Expresamos nuestras más sinceras y respetuosas condolencias a los padres y su familia, compartiendo plenamente el dolor por el que atraviesan en este momento”, comunicaron a The Clinic.

Además, mencionan, “desde el primer momento se han dispuesto acciones concretas de apoyo para la familia afectada, poniendo a su disposición a un equipo de apoyo social, psicológico y psiquiátrico de contención”. En esa línea, se comprometen a esclarecer la totalidad de lo sucedido y al mismo tiempo brindar acompañamiento permanente a los padres, mencionan.

“El Hospital Clínico San Borja Arriarán reitera su firme compromiso con la transparencia, la búsqueda de la verdad y el debido proceso. Para ello, la institución prestará toda la colaboración que resulte necesaria tanto a la familia como a los órganos e instituciones que, eventualmente, lo requieran en el marco de sus respectivas competencias y atribuciones legales”.

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