Uno de los más importantes periódicos financieros de Estados Unidos- al que nadie acusa de iqzuierdista-, sorprendió el fin de semana pasado al publicar en su sección de notables muertes del mundo de los negocios, un obituario con los detalles más tenebrosos de la vida de Ricardo Claro Valdés.

El texto comienza diciendo que “Ricardo Claro fue un temible industrial que en 1974 anunció al mundo, en nombe del gobierno milista de Pinochet, que Chile estaba una vez más abierto para los negocios”. Sigue contando cómo el empresario hizo su fortuna y detalla las empresas de las cuales era dueño. Uno de los golpes más fuertes se lo pega al afirmar que “era un abusador de información privilegiada. Se sentía cómodo con el poder y estaba acostumbrado a codearse con la elite mundia, desde el papa Benedicto a Henry Kissinger y Deng Xiaoping” -dice el diario. Y agrega una entrevista que Ricardo Claro dio al Ireland Sunday Business Post el año pasado: “en 1978, Deng y yo hablamos, y él claramente planteó la visión de China y su economía en el siglo 21 -una visión que se ha desenvuelto casi exactamente como él la delineó”.

El perfil también muestra la faceta moralista de Clar, y cuenta un episodio en que, en un mes censuró 296 películas de su red de cable, como “Harold and Maude” y “Henry and June”, que fueron reemplazados por “The odd Couple” según el libro “…And well tied down”: Chile’s press under democracy”.

Wall Street Journal cuenta también la relación que existió entre Claro y Pinochet, quien lo envió a Nueva York, lugar donde el empresario le dijo a los inversores nerviosos que las compañías mineras nacionalizadas bajo el gobierno marxista de Salvador Allende serían devueltas a sus antiguos dueños. En ese capítulo también repasa la disidencia que tuvo el empresario en 1976 cuando coordinó una reunión en Santiago de la Organización de Estados Americanos y un grupo de abogados chilenos protestaron públicamente por las violaciones a los derechos humanos. En esa ocasión, Ricardo Claro denunció a los abogados, incluyendo a un antiguo decano de derecho de la Universidad de Chile, por un “acto impronunciable de tración”.

El periódico también afirma que aunque criticó a Pinochet, aseguraba que tenía “los instintos de un león”. Y agrega que “varios reportes publicados sugieren que Pinochet le ofreció ser embajador en EE.UU., pero él rechazó el cargo”.

El texto recuerda las uvas envenenadas con cianuro a bordo de uno de sus barcos de la CSAV. En esa ocasión -dice Wall Street Journal- el señor Claro acusó al Departamento de Estado de los EE.UU. de conspiración para intentar desestabilizar el régimen de Pinochet.

El cierre del obituario consigna que en su funeral se leyó una carta del Papa Benedicto y que a él asistieron Ricardo Lagos y Lucía Hiriart, viuda de Pinochet.