POR PATRICIO FERNÁNDEZ Y PABLO VERGARA • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES
Hasta hace pocos días vocera de Gobierno, Carolina Tohá dejó su cargo para asumir como generalísima de Frei y demostrar el rol que el candidato quiere darle a las nuevas generaciones en su gobierno. Aquí reflexiona sobre los resultados de la primera vuelta y señala las diferencias que habría entre la Concertación y la Alianza.

¿Cómo piensan seducir a alguien que el domingo dudó entre Arrate y MEO?
-En primer lugar, mostrando que hemos escuchado el mensaje que da este resultado electoral.

¿Cuál mensaje?
-Que en Chile hay un sector importante de la población que ha apoyado nuestro gobierno y que tiene críticas profundas respecto a cómo hacemos política; que el apoyo no quiere decir incondicionalidad. Y en segundo lugar, logrando que la campaña se trate de los debates realmente relevantes y que los podamos poner al centro de la discusión, no en los cambios en el comando o las peleas de Juanito con Pedrito, sino lo que nos proponemos hacer y la manera en que la derecha gobernará el país si llega algún día al gobierno. Chile hoy es un país más progresista que antes, que está mucho más cerca de la Concertación. Nuestro problema no es una ciudadanía que no comparte nuestras ideas, al contrario. Sería muy paradojal que esta ciudadanía eligiera un gobierno de derecha, una derecha que progresista no es.

¿En qué consiste el miedo a la derecha, a qué le temes?
-Le temo sobre todo a la prepotencia, a la falta de una cultura que acepte que cuando uno está en una posición de autoridad, puede ser escrutado, examinado, cuestionado. En la Concertación no somos perfectos, en lo más mínimo. Pero hemos dado pruebas bien profundas que no solo estamos dispuestos, sino que hemos impulsado el avance, para que el poder tenga contrapeso y sea escrutado. En la derecha veo una actitud obtusa a aceptar el control público de sus actos. Y cada vez que alguien cuestiona, examina, la manera en que ellos actúan, dicen que eso es guerra sucia, una política agresiva, descalifican a las instituciones que asumen esos roles, victimizan a los que están siendo examinados. Y eso es grave, porque en Chile la derecha es un sector que representa diversos poderes, que todos juntos en la misma mano no son buen pronóstico para una sociedad.

¿A qué atribuyes el mal resultado del domingo?
-No fue una votación especialmente mala. Era una de las alternativas. No era la mejor, pero tampoco la peor.

¿Había peores?
-Había peores. La Concertación ha sido mayoría todo este tiempo porque siempre ha logrado, en la diversidad y la complejidad, un entendimiento al que al final todo el mundo se ha sumado. Y esta vez no fue así. Hay diversos sectores de la Concertación que están fuera o que presentaron candidaturas propias y el resultado fue la dispersión de los votos.

¿Se hizo algo mal en la campaña? ¿Hay algo que no te gustó cómo fue?
-Hay muchas cosas que uno podría pensar que se podrían haber hecho mejor, pero por salud mental y sentido de misión no va a ser en lo que voy a centrar mi energía, porque tenemos que enfrentar un mes de trabajo en que hay que dedicarse a las cosas que hay que hacer, y no en las recriminaciones o las pequeñas querellas que ya se han ventilado demasiado de la campaña de Eduardo Frei.

Una de las primeras cosas que ocurrió fue la salida de Pablo Halpern y la llegada de Juan Carvajal. ¿Qué hizo mal Halpern comunicacionalmente?
-La salida de Pablo Halpern se conversó y decidió antes que yo llegara. Halpern, como muchos otros que han estado, son personas talentosas y con ideas acertadas. Pero no hubo una buena estructura de gestión y esos talentos, en lugar de complementarse, se fueron sobreponiendo unos con otros y no se logró establecer un coro donde se transmitiera un mensaje claro.

No había generalísimo.
-Entre otras cosas, no había alguien que estuviera a cargo. Aquí ha habido buenas personas, valiosas, que han trabajado de buena fe. Pero ha habido un problema para estructurar un equipo. Y no voy a ahondar en eso porque uno de los problemas de esta campaña es que han sido demasiado centrales los temas internos del comando y eso ha sido un obstáculo.

EL PROYECTO

¿Qué ha perdido la Concertación en 20 años?
-¿Qué cambió? Que en estos años la Concertación ha sido muy persistente y lúcida en tener una agenda de gobierno, en hacer transformaciones en las políticas públicas, en preocuparse de la economía, de las relaciones internacionales, de la estabilidad democrática. Pero no se le ha dado ninguna atención al deterioro de la actividad política y su vínculo con la ciudadanía. No nos hemos preocupado de la manera en que se organiza la actividad política. ¿Qué hemos hecho en materia de partidos? ¿O del Parlamento? Lo hemos dejado a la deriva.

Pero ese fue el punto que metió Marco.
-Ese es uno de los temas que metió Marco. No creo que haya sido suficientemente constructiva la forma en que lo hizo, pero es válido. También, para ser justos y no decir mezquindades, eso en gran parte ha pasado porque en esta coalición se ha priorizado y se ha puesto toda la energía para que le vaya bien a los gobiernos. Y para eso hay una pega que han hecho los partidos y los parlamentarios que no tienen ningún reconocimiento ni valoración ciudadana.

Cierto, pero no me imagino que la ciudadanía esté loca por ese tema.
-Pero por lo que está loca la ciudadanía es por el descontento que tiene con la política. Probablemente nadie se levanta en la mañana angustiado pensando en la necesidad de modernizar los partidos, pero sí rabiando contra una actividad política que al final del día también se aplaude, porque el gobierno es el resultado de esa actividad. Si es una paradoja muy curiosa. Eso es lo que Marco hizo. Se vinculó con ese descontento, no con una agenda de cambio.

Chile cambió. Uno ve que se terminó un proyecto. Pero no veo el proyecto nuevo. ¿Por qué debiera ganar la Concertación?
-Ese proyecto que dices que terminó tiene varios capítulos inconclusos en materias obvias. No se ha logrado superar todavía la institucionalidad que tiene la educación pública, no se ha reformado el sistema binominal.

¿La oferta de educación pública de la Concertación es distinta a la de la derecha?
-Completamente. La derecha quiere solucionarla haciendo competir a los colegios públicos con los privados y que las familias elijan. La Concertación quiere darle una institucionalidad a la educación pública que le permita desarrollarse, no sólo competir, sino tener condiciones para ser competitiva.

¿Qué otra cosa diferencia a la Concertación?
-Claramente, tiene una mirada distinta que la derecha al rol del mercado, cómo debe ser regulado y cuál es el papel que deben tener las instituciones fiscalizadoras y que protegen a los consumidores. Una mirada que en el último tiempo es poco visible, y es uno de los problemas en que se ha desarrollado esta campaña, porque la manera en que se trata esto en este periodo es extremadamente oportunista: eludiéndolo, maquillándolo, sin discutir realmente las convicciones que tiene cada sector. Hay un temor a hacer estos debates que creo que tiene muy desconcertada a la ciudadanía, porque la gente ya no tiene ese temor.

¿En derechos civiles?
-Lo de la Píldora es impresionante. Hoy se vota finalmente en el Senado y hemos llegado a esto por una postura totalmente corporativa de la derecha, no de parlamentarios aislados. Y aparentemente es como si no fuera tema. Y cuando se sientan en una mesa a discutir pareciera que piensan lo mismo que nosotros y dicen que piensan lo mismo, pero en la práctica han puesto todos los obstáculos del planeta para que la gente acceda a sistemas anticonceptivos y pueda elegirlos y no tengan costo.

¿Qué otras cosas? ¿Aborto terapéutico?
-Absolutamente. El candidato de la Concertación dijo que es un tema que se tiene que discutir, que la legislación que tenemos es aberrante. Y en el tema que ha sido central este año: la protección social. Ahí tenemos miradas profundamente distintas, que no se quieren discutir. La derecha dice “nosotros vamos a hacer lo mismo que la Concertación pero de manera más eficiente”. Para quienes hemos estado en el Parlamento y hemos discutido de las políticas sociales, acceso a la píldora, democratización, en cada uno de esos temas tenemos diferencias. No sé por qué –o más bien, sé por qué- la derecha no plantea su punto de vista y lo discute ante la gente, para que la gente pueda elegir. Para eso se hacen elecciones: para saber cuáles son las diferencias; no es una competencia por la eficiencia.

¿Te parece sinceramente que Frei es la encarnación de esta Concertación 2.0 que le viene a proponer al país un nuevo aire?
-La Concertación siempre ha sido un esfuerzo colectivo desde la diversidad, que ha tenido su punto de encuentro en diferentes liderazgos, pero que siempre se ha basado en distintas fuerzas que buscan un entendimiento. Endosarle eso a Frei, decir él es quien tendría que hacer esta nueva síntesis, creo que es pedirle algo que no es justo. La Concertación es la que tiene que hacer esa síntesis.

En La Segunda dijiste que no se va a negociar. ¿Cómo se remonta un millón de votos sin hacerlo?
-Lo que digo es que tenemos que llegar a esos electores que votaron por otras candidaturas y no podemos poner el acento en una negociación que la otra parte no quiere realizar. Sería poco realista. Pero si hay en las otras candidaturas esa disposición a dialogar, nunca vamos a estar en contra, pero no puede ser nuestra apuesta, porque claramente hemos sido notificados de la disposición que hay hasta el momento en la candidatura de Marco Enríquez. También pienso que el clima de esta elección va a cambiar mucho con el transcurso de los días. La primera vuelta estuvo muy marcada por las diferencias entre personas que fueron de la misma coalición, pero hoy hay dos candidatos y en torno a ellos se va a tener que ir alineando y definiendo la gente.

Tú conoces a Marco hace harto tiempo. ¿Te ha llamado la atención la actitud que ha tomado?
-En esencia, no. Pero sí que haya llegado a esos extremos.

¿Cuáles?
-Descalificar tan fuertemente cómo ha gobernado la Concertación. Creo, aun compartiendo los temas que plantea, que lo ha hecho de un modo que ha buscado capitalizar un descontento en lugar de resolver temas hoy mal resueltos.

¿Te acuerdas de algo que te haya dolido particularmente?
-Sí. Lo que he encontrado muy injusto es cuando para calificar ciertas críticas que él tiene para la dirigencia de la Concertación, ha planteado que el problema es que estos son un grupo de señores que se están coludiendo para perpetuar los pitutos de sus seremis y de sus operadores. Describir así la trayectoria de personas como Camilo Escalona me parece de una injusticia y de un desconocimiento histórico impresionante. Que él tenga sus críticas a Escalona o no le guste o esté dispuesto a pelear con él, no me sorprende. Pero que llegue al punto de decir estas cosas, la verdad es impresionante.

Este gesto que está pidiendo Marco Enríquez, que los presidentes den un paso al lado, ¿ayudaría a recomponer la situación en el mundo concertacionista?
-Sinceramente, en una campaña que dura un mes ese tipo de discusiones no se van a resolver. Se resolverán posteriormente y cada partido la tendrá que procesar en su realidad. No puedo invadir ese espacio. Yo estoy a cargo de una campaña, no estoy conduciendo los partidos. Esos debates y evaluaciones se tendrán que dar en cada caso y lo que sí es muy delicado, y no hay que permitir, es que el tema de este mes de campaña sea las disputas internas de los partidos. Ese es el camino seguro a no tener éxito.

PADRE

El juez Madrid, el del caso Frei, hizo diligencias por el caso de tu padre.
-El caso de mi padre lo lleva el juez Jorge Zepeda, pero como ambos casos tienen ciertos aspectos en común, el juez Madrid ha entrevistado a algunos testigos, entre ellos el doctor Chelén y a mi madre. Frei y mi padre murieron en un hospital, en ambos casos está vinculada la figura de Patricio Silva Garín, que era directivo del Hospital Militar a la muerte de mi padre; en ambos casos sucedieron cosas anómalas al momento del levantamiento del cuerpo. En el caso de mi padre, la persona de la Brigada de Homicidios que fue al lugar era un personaje de la DINA que está procesado en el caso de Tejas Verdes. En ambos casos hay cosas extrañas con la autopsia.

¿De qué se tratan esas cosas en el caso de tu papá?
-También la autopsia se hizo en el hospital y no en el Servicio Médico Legal; hay cosas que no calzan respecto de lo que debieran ser los documentos que acreditan la causa de la muerte. El levantamiento del cuerpo lo hizo un médico forense que se negó a firmar el documento oficial, que fue el doctor Chelén, que le valió su salida de Investigaciones. Y todas las fotografías que tomaron los peritos desaparecieron. Esas cosas han hecho que los jueces intercambien información y tenemos la esperanza que el avance del caso Frei ayude a que este otro caso tenga nuevas definiciones. Hay solicitada una reconstrucción de escena y el juez ha tomado medidas para indagar si hay condiciones para hacerla, si la pieza existe todavía, si el lugar ha sido modificado.

Tu mamá en ese tiempo conversó con el doctor Silva Garín. ¿Qué le decía él?
-Hay detalles de su declaración que no conozco. Lo que sé es que, antes y después de la muerte de mi padre, tuvo un tratamiento especialmente frío y duro con mi abuela y con mi madre. Y les dijo cosas espantosas, como que si le estaba pasando eso alguna cosa debía haber hecho él. Hay que decir que mientras Silva era responsable médico de ese hospital a mi padre, que estaba en la condición que estaba -pesando lo mismo que yo pero él medía 1,95 metros-, permitía que lo sacaran a interrogatorios a la Academia de Guerra de la FACH.

A ustedes les va a tocar una campaña con una revisión del caso Frei en la Corte. ¿Crees que eso va a incidir de alguna forma en la campaña?
-Sinceramente, no quiero hacer ese cálculo y creo que es demasiado aberrante hacerlo. Son casos que se han demorado tanto tiempo en avanzar que ojalá avancen lo más posible, independiente de los tiempos políticos y electorales.