Por Alvaro Díaz

Patricio Navia no alcanzó a poner un pie en la derecha cuando ya lo habían traicionado. Un afectuoso mail suyo, dirigido personalmente a Sebastián Piñera, se hizo público por arte de magia y a la velocidad del rayo, pasándose por el culo el principio básico de la privacidad. Navia, hoy en La Tercera, culpa a “la incontinencia de algún cercano al candidato” por tal violación. Me temo que aquel supuesto cercano probablemente sea el mismo abanderado, campeón en el uso y abuso de información privilegiada. No hay que ser Sherlock Holmes para deducirlo. Piñera es el usuario titular de aquel correo electrónico y, por lo tanto, principal sospechoso. Ahora, no nos hagamos los niños: nadie manda un correo así sin querer que se haga famoso. En la soledad frente al computador basta con apretar enter para que la ceguera, la vanidad y un repentino entusiasmo nos traicionen y coloquen en jaque nuestro destino.
Bienvenido a la derecha, Sr. Navia. Bienvenido a la falta absoluta de moral, de mínima decencia. Bienvenido al club de los que firman finiquitos, de los que nunca piden perdón, de los que manejan a más de 150 Kms por hora con la nana igual que un bulto en el asiento trasero rumbo a Cachagua, de los que se cambian de equipo de fútbol cuando son adultos, de los que arman barrios con colegios y universidades detrás de los cerros para que sus hijos no se mezclen con otros hijos de otros barrios, de los que se roban empresas públicas, de los que quieren confundir especulación con emprendimiento, de los que detestan el riesgo, de los que creen que la peor atrocidad de Pinochet fue robar, de los que le ven el lado amable a la Colonia Dignidad, de los que heredan la tierra, los que preguntan de qué colegio vienes, los que meten lanchas al lago y sólo leen libros con estrategias y gráficos. Bienvenido a ese mundo que ambicionamos de tanto que nos ha despreciado, al mundo del “usted” en vez del “tú”, al monopolio, a la falta de pensamiento crítico, al baile sin ritmo ni gracia, a los chalecos con rombos, al imperio de la ignorancia.
La Concertación puede estar convertida en una mierda, pero es nuestra mierda. Burócratas vagabundos y parásitos van a existir siempre, y de seguro muchos de ellos enviaron su mail antes que Navia, de manera silenciosa y no a Piñera, sino a la persona indicada, esa que lo guarda sabiendo que un favor se paga con otro favor. Eduardo Frei puede ser muchas cosas -o muy pocas, dependiendo por dónde se le mire- pero sólo basta verle su cara sin operaciones para saber que es mejor persona que Sebastián Piñera. “Es mejor un tonto que un pillo”, es el comentario más común entre los que hacen fuerzas para evitar el naufragio concertacionista. Por lo menos puedo asegurar que, en tan triste balanza, es preferible alguien mínimamente considerado que no haga vox pópuli el íntimo refugio de su correspondencia privada.