La Tercera de hoy trae una bomba: la acusación contra el Padre Fernando Karadima, ex párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de El Bosque, de abusar en su residencia y por más de 20 años de un ex colaborador desde que era menor de edad,. Según el matutino, “el denunciante asevera que los presuntos abusos se extendieron hasta comienzos de esta década, cuando se alejó del entorno del religioso. Tras ello, tomó contacto con otras cuatro personas que habrían pasado por una situación similar y que están dispuestos a apoyar sus afirmaciones”.
Karadima se hizo famoso por sus concurridas misas y por ser guía espiritual de numerosos fieles, siendo el formador y promotor de las carreras sacrdotales de un buen número de obispos. Además, era portavoz del testimonio de vida del Padre Alberto Hurtado, quien fue su mentor. Hoy, a los 80 años, se encuentra retirado y vive en la casa parroquial de la iglesia donde por tantos años predicó y, al parecer, no practicó.

“Un fuego que enciende otros fuegos”

El 6 de Septiembre de 2006, Emol publicó una nota relatando la despedida del padre Karadima de su cargo de párroco, tras veinte años en el cargo. En ella se señala que “fue una celebración cargada de significados. Como testimonio de la gran cantidad de vocaciones al sacerdocio que el padre Karadima fomentó, lo acompañaron en su despedida cuatro obispos formados por él. La misa fue encabezada por el obispo auxiliar de Santiago, Andrés Arteaga. También estuvieron el obispo de Talca, Horacio Valenzuela; el obispo castrense, Juan Barros, y el obispo de Linares, Tomislav Koljatic En su homilía, Arteaga envió un especial saludo del cardenal Francisco Javier Errázuriz y elogió la fidelidad y fecundidad del trabajo del padre Karadima en la parroquia, así como su arraigo en la juventud, que le fue profetizada por su guía espiritual, san Alberto Hurtado, s.j. (…)
El obispo castrense, en tanto, se refirió al retirado párroco como “un fuego que enciende otros fuegos”, citando una frase del extinto obispo franciscano capuchino Francisco Valdés sobre el Padre Hurtado.
Los fieles, que llenaron el templo y se mostraron muy afectados por la partida de su pastor, estallaron en aplausos. Karadima, fiel a su estilo sencillo y de poca exposición pública, recibió modestamente los elogios y realizó un muy breve saludo en el que se puso a disposición del nuevo párroco y ofreció todo lo realizado a la Virgen.
Karadima nació en 1930 y se ordenó sacerdote diocesano en 1958. A los 15 años necesitó un director espiritual, y un día se fue al colegio San Ignacio, de calle Alonso Ovalle, donde conoció al Padre Hurtado, quien sería después su mejor aliado para alcanzar el sacerdocio”.