POR CRISTÓBAL BELLOLIO B.
Hace 13 años, cuando Allamand salió cuarto en la última elección competitiva en la que participó, el mundo político sentenció “la derecha liberal no existe”. En aquel entonces la figura de Lavín subía como la espuma y una especie de neopopulismo “cosista” y conservador emergía desde la gestión municipal. Era el tiempo del proyecto de la UDI. Se supone que con la victoria de Sebastián Piñera el orden de las cosas se invertía: una nueva derecha, pluralista y desvinculada del pinochetismo, llegaba al poder. Pero la reciente reelección de Carlos Larraín en RN, el partido del Presidente, hace pertinente repetir la pregunta: ¿existe la derecha liberal en Chile?

Si le creemos a los números, la respuesta debiera ser negativa: la “facción” supuestamente liberal es minoría dentro de su propio partido (obtuvo el 35% contra 65% de los larrainistas), y su partido es minoría dentro de la coalición (en las últimas elecciones de diputados obtuvo 16% contra el 21% del gremialismo). El piñerismo, si tal cosa existe y puede ser llamada “derecha liberal”, vive en la frontera izquierda de su sector. La mayoría seguiría siendo la misma vieja derecha cartucha y confesional.

Pero en honor a la verdad, ha pasado mucha agua bajo el puente. Aunque costó un parto, parte de la derecha concurrió con sus votos a posibilitar el divorcio. Luego participaron en bloque en las reformas constitucionales que eliminaron gran parte de los enclaves autoritarios de la Constitución (entre ellos senadores designados e inamovilidad de Comandantes en Jefe). Hace poco los parlamentarios de RN flexibilizaron su postura en torno a la píldora del día después, lo que permitirá en definitiva su repartición en consultorios, y es actualmente uno de sus senadores el que puja por la incorporación de las uniones homosexuales a la legislación. No llueve, pero gotea: aún a contrapelo, tenemos hoy en día una derecha más liberal.

Los grupos conservadores tienen por misión defender el statu quo, en materia de orden público, tradiciones patrias o modelo de familia. Es saludable que exista una derecha que dialogue con las posiciones más progresistas o radicales. En ese tira y afloja se maduran los problemas y se alcanzan consensos. El desafío de la UDI y de los larrainistas es tratar de minimizar los efectos “nocivos” de la modernidad, contener en la medida de lo posible las “desviaciones” de la diversidad. En cambio, no queda muy claro qué hacen los amantes de la libertad individual en esa derecha.

Las opciones para esta sensibilidad liberal son básicamente tres: (1) mimetizarse para evitar conflictos y aprovechar la temporada en el poder; (2) insistir en la diferenciación y seguir dando la batalla interna en RN; (3) explorar la alternativa del camino propio.

Aunque es la más difícil, esta última posibilidad es la más interesante para la política chilena. Durante demasiados años el clivaje del plebiscito ha impuesto su peso. Vale la pena a estas alturas preguntarse por qué estamos donde estamos. Si la respuesta trae más regresiones pasadas que proyecciones futuras, entonces algo debería cambiar en las filiaciones partidistas. Una expresión liberal químicamente pura (esto es, liberal en lo político, lo económico y lo moral-cultural) tendría adeptos en ambos lados del espectro, más aun tomando en cuenta las potencialidades del nuevo padrón electoral, ligado a una expectativa de generaciones más celosas de su autonomía. Liberales que votan Alianza y liberales que votan Concertación tienen más en común entre ellos, que lo que respectivamente tienen con conservadores y socialistas. Esto significaría no sólo desafiar el binominalismo, sino romper con lealtades, redes y vínculos creados: el espíritu de tribu puede ser más indestructible que el factor institucional.

Mientras tanto, el triunfo de don Carlos transforma al pipiolaje, como él mismo lo llamó despectivamente, en persona non grata dentro de la derecha. Otero se sumó a la mayoría, argumentando que no tenía sentido “renovar por renovar”. Con ese equipo, dan ganas de desahuciar definitivamente la idea de una “derecha liberal”…