THE CLINIC
En estas semanas se inician los juicios en el sur contra militantes de la Coordinadora Arauco Malleco por Ley Antiterrorista. El tráfago mundialero ha sumergido todavía más las noticias desde allá. En medio de este ruido mediático, la Universidad Alberto Hurtado desarrolló un seminario sobre “La Ley Antiterrorista contra el Pueblo Mapuche: La criminalización de una Nación”, organizado por la Coordinación de Organizaciones Autónomas Mapuche de Santiago. Raúl Sohr fue uno de los panelistas.

¿Cómo ve este conflicto?
Este es un conflicto que se está arrastrando hace décadas y que se ha ido intensificando en ciertos aspectos, y en el que la postura que ha ido adoptando el Estado chileno de aplicar la Ley Antiterrorista a mi juicio no hace más que agravar la situación.

¿En qué sentido?
La aplicación de la Ley Antiterrorista a los mapuches es un caso de clara discriminación. Hay una figura que se llama “incendio terrorista” que no se aplica a otros grupos. Por ejemplo, grupos de trabajadores tercerizados en El Teniente pueden quemar buses y no se les aplica; estudiantes pueden lanzar bombas molotov y tampoco son juzgados bajo esa figura, que en lo concreto triplica las penas.

Con tu experiencia, ¿en qué estadio nos encontramos, hacia dónde está evolucionando esto?
La violencia mapuche es una expresión bastante común de la violencia indígena en América Latina, donde el 10% de la población es indígena; entre ellos, además, se encuentran los más pobres del continente. Mucha de la población indígena excluida se encuentra en condiciones muy precarias. Desde el sur de México pasando por Ecuador, Perú, Bolivia, hay una movilización indígena que es en gran medida porque los indígenas en su mayoría viven de una agricultura de subsistencia, y con los tratados de libre comercio quedan expuestos a una competencia internacional frente a agriculturas que tienen amplios subsidios, que los deja a ellos en una precariedad absoluta. Por lo tanto, la defensa de sus tierras y sus culturas los llevan a muchos de ellos a estas movilizaciones. Y ha habido problemas en Chile con las empresas forestales, pero en Ecuador y Perú se da con las petroleras que invaden su territorio, en México es la competencia por el maíz importado de Estados Unidos. Cada lugar tiene su especificidad. Pero ese es el drama de comunidades que viven de una economía de subsistencia y que ven desaparecer su sustento.

Estas causas antiterroristas las iniciaron gobiernos de centroizquierda. ¿Cómo evalúa la respuesta de la Concertación al conflicto?
Me parece lamentable y realmente reprobable la forma, que se hayan aprovechado de leyes que fueron estatuidas bajo el sistema dictatorial y que hayan sido aplicadas en democracia. Creo que ahora, que acaba de fallecer ese extraordinario escritor que fue José Saramago, que le señaló a la presidenta Bachelet “mire a los mapuches” y que creo expresó una conciencia internacional de repudio frente a la forma en que se ha manejado el tema mapuche en Chile; lo ha señalado Naciones Unidas a través de su relator especial. Es francamente impresentable cómo se ha abordado esto, con una represión cruda e innecesaria.

¿Cree que el conflicto escale?
Lo que estamos viendo en Chile es una lucha ideológica/política en la que ciertos sectores del espectro político están tratando de presentar a la movilización mapuche como algo similar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y tratan de establecer vínculos oscuros entre ellos… Creo que eso no tiene ningún fundamento, sin negar que es posible que haya habido contactos. Pero la movilización mapuche no guarda ninguna relación con los movimientos guerrilleros de Centroamérica o de Colombia. Esta es una movilización social, política, que tiene fundamentos económicos; de una minoría que ha sido excluída y víctima de abusos durante mucho tiempo.