Luego de la publicación de los Imaginarios Culturales para la Izquierda, nuestro columnista Rafael Gumucio opinó sobre el contenido de esta separata y a través de cartas que llegaron a nuestro pasquín se armó una sabrosísima rosca cultural-epistolar que reproducimos a continuación.

En el número 379 de nuestro pasquín apareció una separata llamada “Imaginarios Culturales para la Izquierda”. Tal como lo cuentan en su portadilla, la idea se generó a partir del grupo de intelectuales, artistas y representantes del mundo social que apoyó la candidatura presidencial del ex PS, Jorge Arrate en diciembre de 2009.

Luego de su publicación, nuestro columnista, el escritor Rafael Gumucio, entregó su opinión a través de una columna sobre el material que incluyó la separata, tanto en su contenido como su diseño y presentación. Fondo y forma, como le llaman. Luego de la publicación se armó una sabrosísima rosca cultural-epistolar que aquí reproducimos.

Para entender la polémica, los invitamos a leer la columna de Gumucio y luego la seguidilla de cartas que llegaron a nuestros correos. Escriben Juan Pablo Sutherland, John Streeter R. y Maximiliano Salinas C.

1. Columna de Rafel Gumucio: EL IMAGINARIO DEL TÍO VALENTÍN


Imaginarios culturales para la izquierda” se llamó la separata que publicó este medio en su número pasado. Lo primero que podría decirse de esta separata es que se separa claramente del resto de la revista. Mientras ésta intenta el humor, la insolencia, la  desvergüenza, el escándalo, el placer, la separata no arranca ni una risa, ni un escalofrío, ni una polémica siquiera. Muchas letras, pocos colores, pocas, poquísimas imágenes. Es una cuestión de forma quizás, aunque la forma es también aquí el fondo. En la diagramación, pero también en mucho de los textos, hay un desprecio evidente por la entretención y por la visualidad. El neoliberalismo vende sus productos, el imaginario cultural de izquierda no.

¿Por qué publicar entonces la separata en el más neoliberal de los pasquines, uno que vive de sus ventas? Si el neoliberalismo sólo produce bazofia, ¿cómo se explica la existencia del medio que soporta la separata? No hay respuesta, porque no hay preguntas. La separata es una versión light de la Revista de Crítica Cultural de Nelly Richard, y una versión FOME del Clinic.

La separata piensa en un lector que no espera ni risa, ni escalofrío, sino razones, muchas razones de las que generalmente el lector está convencido previamente. La estética de empleado fiscal, el tono de recetario magistral, no es un azar sino una búsqueda consciente, la búsqueda por no impresionar, por simplemente dejar dicho de una vez por todas lo ya dicho mil veces.

Las secciones culturales de los diarios de derecha, el Teatro a Mil o el Fondart habitan el mismo imaginario cultural, el del Museo de la Memoria, las cátedras universitarias chilenas o extranjeras, las revistas que nadie lee, los manifiestos que nada manifiestan, las exposiciones donde siempre asiste la misma troupe.

Hay entre los firmantes premios nacionales, presidentes de sociedades de escritores sin escritores, académicos eméritos…; el poder mismo en su versión más poderosa que se rebela contra el otro poder, el político, el mediático, el sexual, sin revisar siquiera por un instante sus propias estrategias de exclusión, silenciamiento, la esterilidad que los ha instalado, más felices de lo que piensan, en su gueto feliz, esa Ñuñoa ideal que ya no existe porque la verdadera vota por Sabat, la cara más desembozada de una derecha arribista y desprejuiciada, populista y nada aristocratizante, vacía de cualquier imaginario cultural de izquierda o derecha pero que basa quizás su éxito en el fracaso de esa izquierda que nos presenta un imaginario sin imágenes y sin imaginación. Fome por voluntad propia, aburrido porque lo entretenido, lo luminoso, lo vivo es territorio enemigo.

La separata se separa de la realidad del pasquín en que se aloja, pero también de la gente que lee ese pasquín justamente por su humor y su descaro. Un pasquín que tiene —como observó Raúl Ruiz— un tono de “cuico flaite” pero también el de “flaite cuico”.

Un pasquín que atraviesa las fronteras que rigen el territorio que la separata quiere y no quiere explorar de miedo a perderse. La izquierda en búsqueda de imaginario le da la espalda justamente al imaginario del pueblo que desierta generalmente de lo solemne, de lo académico, que generalmente ve televisión, le gusta el fútbol, se tatúa el nombre de sus sobrinos en el brazo, se ríe fuerte, fuma marihuana y puede idolatrar a Allende y votar por la alcaldesa rubia de la UDI que soluciona “los reales problemas de la gente”.

Un pueblo que no puede dejar de sentir el tufillo de desprecio con que se habla aquí de sus gustos, sus supermercados, sus ropas, su lenguaje, todo colonizado, neoliberalizado, banalizado hasta más arriba del paracaídas según nos explican toda suerte de profesores de sociología. Un pueblo que en la separata ha perdido no sólo su alma en las garras del mercado, sino su cuerpo masacrado por los
esbirros de la dictadura, desestructurado por los magos de la Concertación, asfixiado de deudas, ignorancia e injusticia.

Todo, sueños, proyectos, compañero presidente, todo muerto y mil veces muerto, todo muerto por los cuatro costados. La separata está llena de eso: de informes forenses, de cadáveres, de lamentos, de muertos y más muertos. Un cementerio del que cada definición es una lápida (donde tristemente yacen muchas veces los nombres de gente talentosa). Eso es lo que produce la separata, la melancolía del campo santo en el que tantas buenas voluntades, tantos intentos, tantos recuerdos valiosos le son entregados a los gusanos del olvido.

Como en un cementerio, en la separata cada cual tiene su espacio, una piedra rectangular en que inscribir sus mejores deseos. Como en los cementerios, no hay muertos malos. El compañero Allende, la UNCTAD antes que se llamara Diego Portales y luego Gabriela Mistral, los torturados, los fusilados, los desaparecidos. La separata recuerda, y es noble que así sea, los acallados del 73 (38 años atrás). Pero si no fuese por Carolina Tohá (la menos izquierdista del grupo) habrían pasado completamente desapercibidos los muertos en la cárcel de San Miguel (dos meses atrás). Los muertos de izquierdas son así los únicos inolvidables, los que no tienen otro partido que la miseria y el delito no merecen ni la mitad de la atención.

Escalofriarse porque en el Estadio Nacional se sigue jugando fútbol, celebrar una y otra vez la memoria de los muertos de los que casi nadie niega la importancia, indignarse con Pinochet, son hoy gestos tan cobardes como eran valientes en los ochenta o comienzos de los noventa.

La catadura moral de un izquierdista de hoy se puede medir por las veces que recurre al tic nervioso de la villa Grimaldi, el Estadio Nacional o las manos de Víctor Jara cada vez que no sabe qué decir. La pobreza moral de la izquierda está ampliamente retratada en su intento vano por hacer resaltar cada vez que puede la superioridad moral de haber sido víctimas de sus ideas hace casi 40 años. No hay finalmente nada más mediocre que escribir, pintar, o montar obras de teatro sobre la dictadura, un mundo en que los buenos y los malos son evidentes, donde la moraleja es por todos conocida, donde todo en su horror era de alguna forma excitante, donde la banalidad y la duda no eran posibles.

El presidente y su ministro del Interior no tendrían ni un problema en adherir al sentido recuerdo de los caídos. Los derechos humanos que deberían doler no son los de los míos o de los que piensan como yo, sino de los otros, de los que no leen separatas porque no necesitan que les entreguen en orden alfabético lo que tienen que pensar sobre tal o cual tema de actualidad cultural. Porque este es también uno de los temas que más le interesa a los separados de la separata, los sistemas de becas, el aporte estatal a lo cultural. El tema gremial en todas sus facetas, la cultural, la homosexual, la feminista.

Una sociedad neoliberal tiene que tener por fuerza una izquierda neoliberal. Por más paradójico que sea, ésta no es la que se vende en el mercado —la de este pasquín— sino la que reproduce en su seno el instinto más profundo y hondo del neoliberalismo, la reivindicación de sí misma, desde sí misma y hacía sí misma. Admitir que el mercado existe no es venderse, sino abrir los ojos, poner tus ideas a la altura del mundo en que se vive, ser marxista y comprender que la praxis cambia las ideas, marginarse en el reclamo de lo propio, esconderse en las universidades, refugiarse en las minorías, es volverse inofensivos, que es justamente lo que el neoliberal quiere.

Los gays preocupados de sus derechos homosexuales, los artistas de sus derechos de autor, las feministas de su feminidad, los estudiantes de su estudiantabilidad, los mapuches de su mapuchidad. Se trata entonces de una pluralidad que se basa justamente en dejar en claro la identidad de cada uno, su porción de derechos, su reivindicación.

Un gremialismo de izquierda que no tendría nada de malo si las identidades fuesen todo lo claro que la separata quiere creer, cuando justamente lo que caracteriza el Chile de hoy es la complejidad misma de esas identidades. Como el candidato de la izquierda extraconcertacionista que fue ministro de la Concertación y el del 20% que es hijo de un guerrillero casado con una estrella de
televisión, el de la derecha votó por el NO y odia y es odiado por la derecha tradicional.

El intento de que esas contradicciones, que son las de las vidas de casi todos los firmantes de este manifiesto, no alcancen sus convicciones explica la esterilidad de la separata.

La separata se separa del resto del Clinic, dije al comienzo de este artículo. Aunque no del todo. Justo después de ella el Tío Valentín Trujillo resume en una entrevista todo el imaginario de la izquierda que nos propone la separata. Su nostalgia por la UP, su apego a Cuba, su lucha por el 20% de música chilena en las radios, su defensa de Don Francisco, que es su jefe, su crítica a la farándula y el reggaeton, que están deformando las cabezas de la juventud. ¿Valentín Trujillo, el nuevo líder que la izquierda imaginaria espera?

Piensa como los de la separata, aunque lo separa de ellos su falta de pedigrí académico o reivindicativo. Habla en fácil, resume en un par de frases lo que la separata disgrega en muchas consideraciones seudosesudas. Es un pianista de televisión que al menos no pretende aleccionar a nadie. Es, con su pasado, con su presente, el ejemplo más vivo de todas esas contradicciones —upeliento músico de Don Francisco, el gran símbolo del neoliberalismo chileno, ateo en el Canal 13, el amigo de Pin Pon que pasó a ser el de Profesor Rosa—, esas contradicciones sobre las que un imaginario de izquierda debería empezar a preguntarse.

Pero está visto que las preguntas no son el fuerte de los imaginarios de izquierdas. Ante el peligro que alguien llegue a formulárselas, vemos cómo separan en su separata todas las respuestas posibles.

2. UNA CARTA MODESTÍSIMA A LA HISTERIA NEO-LIBERAL DE RAFAEL GUMUCIO QUE VIVE FIRME JUNTO AL PUEBLO

Por Juan Pablo Sutherland

Estimado Rafael:

Me he reído mucho con tu artículo, me he reído ¡¡¡¡¡tanto, tanto!!!! que sólo para tentar la frescura de esa risa creativa quisiera por lo menos rescatar algunas emociones y modestísimas ideas desde el gremialismo marica, según palabras tuyas y más allá de la maricada según yo mismo, pues soy un escritor ¡¡¡tan tan!!! minoritario y de izquierda, que mi nicho obviamente es despreciable para el escritor que aspira a lo universal, y fíjate qué paradójico, pues las lecciones fueron comunes y resultaron tan caóticas, estuvimos juntos en el mismo taller literario a finales de los ochenta.

Ahora bien, espero que el pueblo lea tu preparada y excelsa reflexión respecto a los imaginarios culturales para la izquierda, aunque yo a estas alturas al pueblo lo llamo multitudes, y quizá el pueblo corra un serio peligro de aburrirse con tu artículo (tú lo dijiste: prefieren el fútbol y las teleseries, yo no los culparía para nada) pero siguiendo tus ideas, finalmente te quedas igual con la vieja y heroica idea del pueblo. The Clinic lo dice: “firme junto al pueblo”.

Podría comenzar diciendo que estoy dentro de “esa multitud” que nunca formó parte del festín, de la fiesta de Babette de la Concertación durante los últimos veinte años, al que tú por cierto, supongo o intuyo dadas tus interesantes redes sociales, has sido un invitado privilegiado desde siempre, pero aquí no estamos para sacarnos biografías por supuesto, estamos simplemente para entretenernos y discutir cuestiones tan aburridas y heroicas como aquella idea The Clinic, firme junto al pueblo. Ahí mismo se me viene a mi cabeza revoltosa el aviso de Hidroaysen que supera cualquier aviso posible en el contexto del sutil desplazamiento de “los capitales transnacionales” en Chile, ¡ah! perdona la osadía de convocar “a las transnacionales”, denominación que podría parecer trasnochada y no estar a la altura de los tiempos ni del aura que impone el tío Presidente Empresario.

Posiblemente la redacción publicitaria The Clinic prepara un cambio de logo: “The Clinic firme junto a Hidroaysen”. Eso da para un trago nuevo en el bar The Clinic, lo venderían mucho y quedaríamos todos muy borrachos, será de mi autoría, lo reclamaré. Quizá sea bueno reírnos juntos de esto, pues dices claramente que la separata se separa del espíritu The Clinic. Fantástico, increíble, esperaríamos que sí, y ese giro es un buen abismo para discutir. ¿Quién o quienes se han separado de esa idea de pueblo?

O mejor dicho, ¿qué significa hoy ese rosario populista de descubrir dónde estaría el pueblo? Recuerdo claramente a finales de los noventa cuando la entusiasta Patricia Rivadeneira distribuía unas hojas huachas, transgresoras y casi militantes en el lanzamiento de un libro de Pedro Lemebel. Esa fue la primera vez que me tope con The Clinic, que nacía con una frescura transgresora apabullante y una intensa parodia escénica de la política nacional. Así, querido Rafael, el tiempo es cruel y real.

The Clinic sin duda le dio frescura política y creativa a un momento de la post-dictadura y con el tiempo esas páginas fueron engordando en la fantasía transgresora inicial y también engrosando la chequera del pasquín, supongo. Obviamente, como bien  dices tú, la separata se separa del The Clinic de hoy, y quizá sea bello entender las fantasías de los dos lugares (no tengo idea cómo se llegó a ese acuerdo), tanto la fantasía The Clinic de coquetear con los imaginarios culturales para la izquierda (más de alguna envidia cultural habrá quedado grabada por ahí en los pasillos de alguna universidad, de alguna beca, de alguna reseña no escrita por la intelligenza chilena, de alguna frustrada pasantía internacional, o de alguna invitación a la universidad del norte deseada, quizás tantas sutiles mediocridades que se pueden encontrar a la vuelta de la esquina en la fantasía del ego cultural no saciado.

¿Por qué las feministas y las maricas viajan tanto y yo me quedo acá aburrido y solo en el Parque Forestal recordando los Campos Elíseos? ¡¡¡Yo quiero una Guggenheim igual que Fuguet!!!) O viceversa, pues hay una fantasía estratégica entre los dos lugares.

A propósito de estas fantasías, mi carta modestísima no intenta representar a las grandes utopías ya agotadas, ni menos intenta representar a todos quienes firmaron por los imaginarios culturales para la izquierda, porque nadie me lo ha pedido y no me interesa. Soy parte de esa iniciativa y me represento a mí mismo y eso de representarse uno mismo es más difícil aún. Ya lo aprendí en mis años mozos eso de las representaciones…uf lección aprendida.

Querido Rafael, paradójico tu texto, que por cierto se agradece para refrescar el habla, la cabeza y volver a pensar tantas cuestiones anticuadas que ya no pensábamos que volviéramos a discutir. Oye, hay tantas universidades liberales coqueteando con la intelligenza que deberías haber ido por lo menos a algunos seminarios para no volver a discutir todo de nuevo. Ha pasado de todo en este país y es bueno ponerlo en la mesa ¿no lo crees?

Te cuento la última noticia: “Chile es atendido ahora por sus propios dueños”, antes era atendido sólo por arrendatarios con buena voluntad, pero con muy poco poder y que luego de un tiempo se paseaban felices pensando que eran el nuevo PRI sudamericano, soñando que la Moneda era su casa definitiva (eso lo escuché en la calle y no en el The Clinic).

Luego me puedes contestar si el aborto terapéutico es un tema gremial. Disculpa, no debes saber que existen 200.000 abortos anuales en Chile ni conocer alguna mujer pobre. ¿La situación mapuche es un tema gremial? Quizás no recuerdas la Ley antiterrorista aplicada por la Concertación y este gobierno. ¿Y la Isla de Pascua es una tema gremial? Lo intercultural debe ser algo complejo para ti. Mira, la imagen de club de Toby está bien para The Clinic y para los creativos anuncios que maravillosamente pueblan los quioscos, pero ¿cómo trasladamos la opinión cómoda, aristocratizante e individual a la política real?

Al parecer la política real es algo más difícil que sentarse en un bar a inventar titulares, por cierto muy creativos, felicitaciones.

En estos complejos tiempos es bueno aprovechar la inmediatez de la risa y reírnos de nosotros mismos; ¿no sería mejor reírnos de la ingenuidad de “firmes junto al pueblo”, reírnos de tú seriedad tan estudiada al responder la buena tarea que te han encomendado? Tal vez sea una cuestión de ego, imagina cuántos escritores, cuántos premios nacionales, cuánta gente “interesante” ha llegado a leer “la frescura” de tu reflexión. Entendamos algunas cosas.

Aquella insolencia, aquella desvergüenza, aquel escandaloso placer ha sido parte de un imaginario cultural que desborda incluso la propia separata en cuestión, pues ha configurado muchas biografías que no precisamente duermen en el cementerio que tú quisieras.

Han sido parte de cierta memoria, construida colectivamente también, pues aquí no se desprecia lo colectivo como ese capitalismo salvaje que apela a la individualidad aristocratizante y extrema del buen intelectual de salón. A mí ese cuento no me va, prefiero la calle, siempre la he preferido, he pagado mis costos, eso sí. Entonces, me da mucha risa cuando al ventrílocuo se le nota la mano. Se te nota mucho. ¿Quién será el que habla?

Digamos, para hacer justicia con la separata “hecha pebre por ti según The Clinic”, que en la vida se hacen apuestas, unas se pierden, otras se ganan, y la separata es una apuesta, que no piensa en una idea fija de pueblo, que no “estetiza al pueblo real” con los tatuajes o sin los tatuajes, pero se hace cargo de un sentir, de un malestar, eso es una apuesta.

Piensa en el proyecto de la UP, fue una apuesta, piensa en la Concertación, incluso piensa en el propio The Clinic del cual eres parte y que surgió como una apuesta, y qué bueno que sea así, a cada uno con su negocio o con sus obsesiones, algunos vibrarán felices con su boliche, otros con un mall disfrazado, etc. Y es bueno que lo defiendas. Pues si sentiste alguna amenaza cultural, es bueno despejar las cosas.

Esa discusión sobre el cambio de paradigmas, los lenguajes más cercanos o no del “pueblo”, ya los hemos discutido a plena calle, al descampado, en la esquina que tú no conoces, en la cancha de fútbol de la pobla que ni siquiera aspira a esa memoria monumental que señalas. De ahí ni se llega a ver el Estadio Nacional. Desde ahí no se llega a ver ni la UDP, ni siquiera el ARCIS, para tu tranquilidad.

Tu pataleta le puede quedar bien a The Clinic y al Presidente de la mitad de Chile, que debe estar chocho leyendo entusiasmado tu columna, eso te lo doy firmado. ¡Qué chico más inteligente ese escritor! Le vamos a comprar todos sus libros. ¡Mira cómo se para frente a tanta izquierda rabiosa y aburrida que nos quiere aguar la fiesta! Ese chiquillo es un genio, da para portada. ¡Gumucio firme junto al Pueblo! Directamente desde los Campos Elíseos.


3. Sr Director:

Por John Streeter R.

Muy bien la inclusión de la separata “Imaginarios Culturales para la Izquierda“. Felicitaciones. Por fin lograron matizar, solamente un matiz, la acomodaticia transversalidad con que cultivan su ponchera postconcertacionista. La pataleta de Gumucio-Fernandez, aparte de cierta cadencia ingeniosa, confirma la pertinencia de los Imaginarios. Al final, ¿debe banalizarse todo para flotar en la incomodidad que necesariamente produce el “transar hasta que duela”?.

4. La risa: Un recurso mágico para crear la vida

Por Maximiliano Salinas C.


La risa es el recurso mágico para crear la vida”, afirmó Vladimir Propp (Vladimir Propp, Edipo a la luz del folklore, Madrid 1980). Georges Bataille añade: “La risa es la forma específica de la interacción humana” (Peter Burke et al, Una historia cultural del humor, Madrid 1999).

Los imaginarios culturales para la izquierda, publicados en The Clinic del 20 de enero de 2011, han mostrado un abigarrado conjunto de escritos –ordenados como Enciclopedia- de la izquierda chilena en un tono de menguado humor.

Es un hecho que históricamente cierta izquierda –la elite intelectual, la elite de los partidos – tuvo algo de seca, o reseca. Algo platónica. Sabemos que para Platón el humor degradaba el arte, la religión y la moral, y que, por tanto, debía ser evitado por toda persona civilizada (Filebo). O algo conservadora culturalmente.

Un manual de catolicismo pechoño decía en Chile en 1909: “Es providencia sapientísima del Señor el amargar la vida del hombre sobre la tierra” (Manual del josefino, Talca 1909). Arturo Alessandri Palma castigó el humor político con la Ley de Seguridad Interior del Estado en 1937 (El humor ante la ley, Topaze, 8.1.1937).

La izquierda militante se contagió con esta cultura de la seriedad. Eugenio Lira Massi, el jocoso periodista de Topaze y Puro Chile, describió a los comunistas en 1968: “Son tristes como caballo. Nunca tienen ganas de reírse y es explicable. A cualquiera se la doy que después de 8 horas trabajando aperrado, la célula lo mande con un tarro de pintura a rayar murallas hasta las dos de la
madrugada con frases tan novedosas como ‘fuera yanquis de Vietnam’ o ‘abajo los chiribonos’…” (Eugenio Lira Massi, La cueva del Senado y los 45 senadores, Santiago 1989).

Los socialistas no fueron muy distintos: “No hay socialista con buen carácter, podrán estar de buen humor un rato, pero a la primera se ponen a chillar […]. El militante socialista generalmente es amargado y le pega al resentimiento.” (Eugenio Lira Massi, obra citada, 93). En la película Voto Más Fusil de 1971 la izquierda no se destaca por su alegría o su comicidad. Ni en el comunista ‘burgués’ ni en el ultraizquierdista aguerrido. Aunque sí en el personaje “Dionisio” –qué nombre!- interpretado por Jorge Guerra (Helvio Soto, Voto Más Fusil, 1971).

Con todo, hay un hecho indesmentible. Quienes escaparon de la gravedad fueron precisamente las figuras cumbres del humanismo de la izquierda chilena del siglo pasado: Salvador Allende, socialista, y Pablo Neruda, comunista. “El senador Salvador Allende, luciendo un chispeante buen humor, votó en Viña del Mar,…” (La Nación, Santiago, 5.9.1964).

“Como de costumbre, Allende interrumpió varias veces su discurso para dar cauce a salidas graciosas.” (Novedades, 12.11.1971). “Cada Oda es un pequeño enigma que Neruda resuelve en el ámbito del lenguaje, y entonces la parábola del humor se vuelve la ecuación de lo exacto.” (Hernán Castellano, Neruda humorista, en Araucaria de Chile, 26, 1984, 61).

Es la que la risa, siempre y en todas partes, es el recurso mágico para crear la vida.

La separata de The Clinic del 20 de enero trae dentro de sus escasas imágenes, el rostro sereno, mágico, y sonriente – así me parece- de Kinturay Col, joven mapuche de 19 años, nacida en Nueva Imperial. Por ahí va la cosa.

En el siglo XIX el pueblo chileno llegó a ver y a decir que la “Chinita”, la milagrosa Virgen de Andacollo, se reía de contento (Eugenio Chouteau, Informe sobre la provincia de Coquimbo, Santiago 1887). En Chiloé dicen que cuando las guaguas ríen mientras duermen es porque están soñando con los angelitos (Renato Cárdenas, Catherine Hall, Chiloé. Manual del pensamiento mágico y la creencia popular, Valdivia 1989).