Imágenes: Cristóbal Olivares y Santa Feria

¿Quería cumbia casera?, pregunta como en son de amenaza Alonso “El Pollo” González desde el escenario del Galpón Víctor Jara: a cada llamado, los otros nueve músicos le contestan como en voz de guerra coreando el nombre de la banda “Santa Feria”. ¿Quería cumbia casera?, El Pollo reitera su amenaza una, dos, tres veces. La rutina es conocida por las más de quinientas personas del público que se pliegan al grito colectivo. Y Santa Feria ametralla, cumpliendo la advertencia: Un acordeón puntea y El Pollo dice:

“Don Satán/ te queremos ver/ cuando los locos nos tomemos el poder/ Don Satán/ que risa que me da/ ver tu circo ruso/ solito se va a quemar”.
Con el estribillo de la canción pareciera que estos locos se toman el poder cumbiero del Galpón como un proceso conocido por el público que corea cambiando la letra “Don Tatán”.

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-La gente igual piensa que nosotros somos medio comunistas al haber hecho ese tema, y al contrario. No somos de ni un partido político y no tenemos mucha cultura en lo que es política. Es un tema que sí o sí se lo íbamos a hacer al presidente que estuviera, porque no estamos de acuerdo con cómo se están haciendo las cosas-, apunta El Pollo, cinco días después del show, en una plaza de Ñuñoa con un matero en la mano.

-Todos los hueones que están mandando la huea son todos los culiaos dueños de empresa-, lo secunda, como escudero, su hermano Rodrigo “Cogollo” González, el bajista de la banda que en estos días estrenó su primer disco “Les traigo cumbia”.

-Le cambiamos un poco la letra. Antes hablaba del gabinete y le cambiamos a circo, porque el hueón es un payaso-, retoma El Pollo, uniformado con una sudadera roja y una visera tapada por un gorro de lana donde esconde la melena, encajando de cerca con el estereotipo de un cantante de cumbia villera.

El grupo, uno de los más nuevos en la camada de bandas cumbieras de Santiago, es también uno de los más presentes en manifestaciones y protestas. Pasó con Hidroaysén. Pasó con el 21 de mayo en Valparaíso.

-No es tanto política, es descargar un poco la rabia y el descontento que existe frente a cómo se están haciendo las cosas-, dice el cantante.

-Nosotros no queremos impregnar nuestra música de política, sino queremos una forma diferente de decir las cosas: la gente está reclamando por el agua hoy, es lo que está pasando. La canción se pregunta ¿Y si nos privatizan el agua? Y eso es lo que está pasando-, interrumpe Gonzalo Jara, percusionista y representante de la banda.

-Si voy por la calle y le robo la cartera a alguien, tengo que ir en cana, pero si estoy en un directorio y le repacto la cuota tresmil veces a alguien, robándolo, no voy en cana.

Anarko Cumbia

-Pero es raro que sólo ahora se hable del tema, cuando las prácticas abusivas llevan años y años.

-Yo creo que más que trancas, la gente se está dando cuenta y está recién entendiendo que hay que levantar la voz.

-¿Y ahí la música es placebo o un detonante?

-Ambas. Las fiestas se nos van de las manos. La gente es imparable, se quiere liberar, busca cierto placer pero también libertad de gritar, de expresarse-, habla Jara.

Pero de la política y la realidad social a la cumbia hay un solo paso. Una línea delgada que si bien el grupo no quiere ensuciar, no puede evitar que su música entre dentro de la curiosa denominación con que se ha agrupado de un saque a las bandas del Galpón: la anarko cumbia.

-Hacemos cumbia pero también le metemos la cosa cochina que no la queremos llamar política, queremos llamarla reclamo, descarga, placer-, apunta Jara cuando se le dice que lo de ellos es cumbia a secas. Y El Pollo profundiza, navegando los ríos de la cumbia que brotan de Colombia, que brotan de México, que brotan de Argentina, que brotan de las raíces chicha de la cumbia peruana y desembocan matizadas por ska, punk, caporales y mucha cerveza, en sus temas.

-Lo mio va por grupos como Meta Huacho, Damas Gratis, Flor de piedra, Jalajalá. Nuestra base es más villera, pero siempre metiéndole lo chilenero-, explica El Pollo. Pasa una mina y dice rica.

-Cómo ven el hecho de que en los 90s con el sound, la cumbia no tenía mucha aceptación, pero ahora la cumbia en Chile está en todos lados…

El Pollo sigue:
-La cumbia llegó primero al público popular por la identificación con las letras, pero es un ritmo contagioso, ahora está entrando en los barrios cuicos y no me molesta para nada, todos tenemos derecho a bacilar. Es bonito, eso no más.
-La gente se liberó-, complementa Jara detrás del matero.

-¿Por qué dicen que no son parte de “La nueva cumbia chilena”?
-No adscribimos. No nos representa. Lo tildan como moda, va a llevar 10 años sonando y ¿va a seguir siendo nueva? No. El nombre se lo pusieron los medios- dicen traslapándose los tres.

-Pero hay grupos que antes no hacían cumbia y con esta avalancha se sumaron a la cumbia…
-Los músicos quieren ganar plata. En este país un músico no puede vivir tranquilo- comenta el Pollo.

-Nosotros tenemos hartos amigos en las poblas, algunos nacimos en una ‘villa’ y la verdad ese es nuestro nicho, cuando tenís vecinos al lado que escuchan cumbia, que escuchán al gran Lucho Barrios, cuando vivis con peruanos y ecuatorianos al lado, te mezclai cachai. Esa es la riqueza que tiene nuestra música, no es sólo para los chilenos a los que les gusta el gran Tommy Rey-, dice Jara. Y sigue.

-Mi mamá no le habla fuerte a un paco porque está cagada de miedo de que el paco le pegue un balazo. Nosotros estamos poniéndole bueno en esta democracia entre comillas buscando la libertad de la palabra aprovechando de que somos músicos y de cierta forma tenemos más libertad de decir las cosas. Quizás tengamos que barrer la plaza, barrer las calles, tocar en las micros, en Paseo Ahumada-.

-¿Tocan en la calle?

-Sí-, responden los tres.

Fumar poquito y tocar

Volvamos atrás. Sigue siendo jueves en la noche y la fiesta “El frío se pasa con Cumbia” aún arde en el Galpón Víctor Jara. Cigarritos de marihuana alumbran como luciérnagas y El Pollo invita a todos con las manos arriba a hacer palmas. Repite y el acordeón lo acompaña. Un teclado agudo completa una tonada más villera que las anteriores. La infancia del público en tono Nubeluz vuelve con una interpretación más cruda: “Papí, papí, papí deja de fumar, porque cuando seas grande un cáncer te va a dar” Repite. “Mejor sacate uno weno. Uno weno huacho”. Las luciérnagas iluminan y el humito volando va, como quienes del otro lado aspiran y bailan “Sakate uno”, el himno de Santa Feria.

Este, junto a “Conace” (yo contigo no hago las paces/ droga dura/ cara dura), hacen parte de su artillería marihuanerística.

-¿Por qué no hacer las paces con Conace?

-Porque lo que hacen es meterle miedo a la gente- dice El Pollo y Gogollo, con brillo en los ojos por el tema, sale al ruedo:
-Decir que es droga dura… ya capacito que digan que los terroristas son todos los hueones que fuman marihuana y eso es lo que crean: miedo, miedo, miedo y más ignorancia. Ya, sabemos que la marihuana es una droga y la huea no hace bien, pero tampoco nos va a sacar un ojo de la cara por fumarte un pito-

-Sólo si sube el precio…
-Por eso mismo, tienes que gastar más plata que la chucha si no tienes plantita en la casa, de ahí viene el narcotráfico- dice El Pollo. –Todos los fines de semana estamos viendo accidentes por hueones curados, como el caso del niño Kevín. En cambio con la marihuana te fumai un cañito y te vay manejando tranquilito, concentrado, a treinta por hora.

-¿Y por temas como este los ven como los locos que se la pasan fumando y tomando?
-Es que eso es lo que hacemos- Bromea Jara –Típico que te tomai una pilsen y te encontrai con todo el mundo. No es que uno vacile mucho, es que justo se encuentra con la gente tomando-

-Al final todos fumamos y tomamos. Ya cuando te apuntan con el dedo por lo que haces y lo que eres, es feo-

-¿Entonces es un mito el carrete?

-Nooo- Al unísino. Luego Jara:

-Le ponemos. Pero hasta donde el cuerpo de no más. De repente tenemos tres tocatas y si pasai tomando, tomando, tomando, el body no te da no más, porque la madre tierra no te dio toda la energía. Entonces hay que carretear un poquito, fumar un poquito y tocar. Carreter un poquito, fumar un poquito y tocar.

El Pollo:
-Al final las tocatas son nuestros carretes.

-¿Y las minas también son un mito?
-No, pero al final uno elige en las patas de qué caballo meterse-
-Es parte del catering- complementa su hermano.
-Hay un movimiento feminista que me gusta: “Ni sumisa ni devota, te quiero linda, libre y loca” – apunta Jara.

-¿Votan ustedes?
-Yo no- responden a coro los hermanos Gonzáles.
-Yo sí. Creo que es un mecanismo de cambio- Replica Jara, que de ninguna manera podría confundirse con el futbolista.

-¿Entonces cómo se toman el poder los locos?

Sigue Jara:
-Cambio de consciencia. No es un proceso tan largo. Si yo de un día a otro digo que le paso quina a mi vecino en lugar de pagar las seis gambas de la micro, estoy tomando otro camino. En lugar de ir en el transantiago de mierda que funciona como la callampa y el gobierno le sigue poniendo lucas.

-¿Cuál es el rol de la música en este cambio?
Ahora El Pollo:
-Cada banda asume el rol que quiere, nosotros el cambio lo hacemos informándole a la gente qué es lo que nos parece y qué no. Partimos hablando para poder tomarnos el poder, para que la vida sea más piola, que no tengas que trabajar tanto y ganar poco, para que tengas tiempo de estar con tus hijos, para poder hacer lo que te gusta, si al final nadie trabaja en lo que le gusta.

-Para realizar los sueños- interrumpe Jara- Nuestro disco era un sueño y nos costó mucho. Un productor nos cagó con la plata, no lo voy a nombrar, para que se pudra, pero tu sabes quién eres, estoy hablando de ti, concha de tu madre. Pero no pudo destruir el sueño.