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19 de Mayo de 2026El fotógrafo de Calama que pasó tres años buscando al gato colocolo y terminó logrando una imagen que dio la vuelta al mundo: “Cuando sacamos la foto nos pusimos a llorar”
El ingeniero ambiental y fotógrafo Francisco Andreas Gómez estuvo a punto de vender su cámara por falta de oportunidades laborales. Años después, terminó registrando una de las imágenes más impactantes de uno de los felinos más esquivos de Chile, tras un largo trabajo entre montañas, nieve y cámaras abandonadas durante meses. Acá su historia fotografiando
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Francisco Andreas Gómez creció en Calama, rodeado de un paisaje que muchas personas suelen menospreciarlo o encasillarlo: tierra seca, minería y desierto. Pero en su casa la mirada era distinta. Su mamá trabajaba como fotógrafa documental en comunidades del norte y desde niño lo acostumbró a fijarse en detalles que otros pasaban de largo: la luz golpeando los cerros al atardecer, los colores escondidos entre las quebradas y los animales que aparecían en lugares donde aparentemente no había nada.
Por lo mismo entró a estudiar ingeniería civil ambiental, pero cuando mostraba sus trabajos las reacciones no eran las que esperaba, algo distinto ocurría cuando mostraba fotografías de proyectos ligados a fauna y conservación. Cada vez que volvía de terreno y mostraba fotos de zorros, reptiles o cactus florecidos en pleno desierto, la reacción era parecida: a la gente le interesaban esas fotos e incluso no le creían que esas imágenes fueran de Chile.
“Yo soy de Calama, en la región de Antofagasta, y era esa zona del desierto. La gente asume que el desierto es árido y que no hay nada”, cuenta.
Ahí la fotografía dejó de ser solamente un hobby. Primero fue una herramienta para mostrar lo que veía en terreno. Después se convirtió en su trabajo.
“Me di cuenta que con una foto bonita podía captar la atención de la gente. Los papers no los lee nadie”, dice.

Durante un año estudió fotografía de manera autodidacta sin siquiera tener cámara propia, hasta que un tío le prestó una que no usaba. Más tarde se compró una propia, pero vino la pandemia y los proyectos se frenaron. La frustración fue tanta que estuvo a punto de vender todo su equipo fotográfico.
Entonces apareció una llamada.
Un fotógrafo ligado a una empresa de expediciones antárticas llevaba años siguiendo silenciosamente su trabajo en Instagram y quería ofrecerle trabajo como guía y fotógrafo en la Antártica. Francisco pensó que podía tratarse de una estafa.
“Yo estaba a punto de vender mi equipo de fotografía, no creía lo que pasaba, de hecho le corté la primera llamada”, recuerda.
El contacto llegó apenas una semana antes de que cumpliera 30 años.Hasta entonces, conocer el continente blanco le parecía una fantasía imposible. “Yo pensé que era más fácil conocer Marte que ir a la Antártica”, recuerda.
Hoy ya suma cuatro temporadas trabajando ahí. Entre focas leopardos, pingüinos y expediciones extremas, terminó entendiendo que todas las pequeñas cosas que había hecho durante años —la conservación, la montaña, la investigación y la fotografía— parecían haberlo llevado exactamente hacia ese lugar.

Pero el proyecto que terminaría cambiando su nombre en redes sociales ocurrió mucho más cerca de casa: el intento de fotografiar al gato colocolo, uno de los felinos más difíciles de registrar en Chile.
La foto al gato colocolo: “Es como buscar una aguja en un pajar”
Hace poco más de un mes, una fotografía de un gato colocolo comenzó a circular masivamente en redes sociales y medios especializados alrededor del mundo. El animal aparecía entre rocas y vegetación mirando directamente hacia la cámara. Quieto. Imponente. Parecido a un ser mitológico.
Pero la imagen no fue tomada de la manera tradicional. Francisco Andreas Gómez nunca estuvo frente al animal con la cámara en las manos. De hecho, cuando la fotografía se capturó, él estaba a miles de kilómetros de distancia.
La escena había sido planificada meses antes junto a Carlos —un investigador que lleva casi una década estudiando al felino— en una zona remota de montaña donde el gato colocolo aparece apenas algunas veces al año. Ahí instalaron un sistema especial de cámara trampa diseñado para obtener imágenes profesionales: estudiaron la luz, despejaron vegetación, calcularon el encuadre y dejaron el equipo abandonado durante meses esperando que el animal apareciera.
Después solo quedaba esperar.
El proceso siempre terminaba igual. Volver al cerro, desenterrar la cámara, revisar baterías agotadas o encontrarse con errores. A veces el equipo aparecía caído por el viento. Otras veces la nieve tapaba completamente la cámara. También había meses enteros donde el registro mostraba a otros animales como zorros o reptiles
“Habían muchos casi”, recuerda Gómez. “Los primeros dos años hubo un montón de cosas que fueron fallando”.

Ese día, cuando subieron nuevamente a recuperar el equipo, pensaron que probablemente volverían con las manos vacías. Durante varios minutos creyeron que habían perdido otros tres meses más de trabajo. Hasta que revisaron las imágenes ahí estaba el gato colocolo. Mirando directamente hacia el lente en medio de las rocas. Entonces los dos se quebraron.
“Cuando logramos la foto nos pusimos a llorar obviamente, estabamos en la punta del cerro, la montaña estaba nevada completa. Tuvimos que desenterrar la camara de la nieve, pensábamos que lo habíamos perdido todo de nuevo, pero por suerte estaba la foto. Fue como un colapso de emociones después de tres años de trabajo. Fue súper lindo”, recuerda Gómez.
La imagen rápidamente comenzó a circular en redes sociales y medios internacionales. No solo por la rareza del animal, sino también por la composición de la fotografía: el gato aparece tranquilo, imponente y casi mitológico, muy distinto a los registros habituales de la especie.
—¿Por qué demoraron tres años en lograr la foto?
—Es un gato muy esquivo. Las zonas donde vive son ambientes muy intensos en vegetación. Literal, es como buscar una aguja en un pajar. Está un gato en más de 8 mil hectáreas de parque nacional. La probabilidad de fotografiarlo era muy baja.
—¿Y cómo funcionaba el sistema?
—La cámara quedaba abandonada en el cerro por tres meses para que el gato no viera gente, porque intentar fotografiarlo en persona es súper difícil. Entonces había que ejecutar un sistema especial donde la cámara tuviera batería autónoma.
—Pero no era una cámara trampa normal.
—No. Era un sistema construido para funcionar como cámara trampa, pero generando una fotografía a nivel profesional. Las cámaras de investigación normalmente tienen una calidad muy mala. Sirven para registrar comportamiento animal, pero no para hacer una foto que pudiera acercar gente al proyecto.
—O sea, tú no apretaste el botón directamente.
—No. A mí me tocó planificar todo. Dejar la cámara programada, estudiar la luz, entender la composición, el comportamiento del gato. Hay que visualizar la imagen, pensarla y confiar en que lo que uno está tratando de hacer va a pasar.
—La gracia es que el gato no parece asustado.
—Claro. Las fotos que existían antes generalmente eran desde arriba y el gato se veía asustado. Nosotros queríamos engrandecerlo un poco, mostrarlo natural en su ambiente y hacer una foto más atractiva. Todo eso fue parte del diseño: la iluminación, el ángulo, la sensibilidad de la cámara, la composición.
—El gato colocolo tiene algo medio mitológico. ¿Te pasa que afuera se valora más esta fauna que acá en Chile?
—Sí, pasa bastante. Chile tiene una diversidad única, un patrimonio natural invaluable y que todavía no se conoce. Me pasaba mucho en San Pedro, donde trabajaba con extranjeros que venían específicamente a buscar fauna del desierto porque veían el valor de encontrar especies que sobreviven en lugares súper hostiles y que además son endémicas de nuestro país. El gato colocolo, por ejemplo, solamente se encuentra en Chile, en ninguna otra parte del mundo.



