Dirigida por Jean de Certeau y Marcela Said, este 24 de noviembre se estrena “El Mocito”, el documental que habla sobre el mayordomo de Manuel Contreras.
Pero la buena noticia no sólo es el estreno, donde podrás conocer a quien atendió por años al Mamo: Si compras The Clinic y le agregas $3.990 podrás tener el DVD, en exclusiva y en paralelo a su estreno en cine. Pídelo en todos los kioscos del país.

Revisa acá la entrevista a uno de sus realizadores Jean de Certeau:

Dice, Jean de Certeau -documentalista, francés, rubio, alto, ojos celestes- que llegar a vivir a Chile hace cuatro años fue como llegar a la provincia, al fin del mundo, a una isla perdida en la que las cosas -las cosas de la posición política- están divididas en dos.

-Todos son de un lado o de otro. Y la vida no es así. No es tan blanco-negro.

Dice que al ver lo que se hacía en Chile sobre la dictadura o Pinochet, o Allende, o etcétera, pensó esto:

-Todavía faltan muchos documentales del tema en Chile. Me falta un buen documental sobre Allende. ¿De dónde nació este hoyo que llevó al golpe de Estado? Tiene que nacer de algo ¿no? Bueno. Para mí no es hacer una película de Allende y poner un mito de eso.

Dice que lo que le gustó de la historia de Jorgelino Vergara -que primero fue mozo de Manuel Contreras, que después vivió en un centro de tortura, que fue mozo de ese centro de tortura y que después, mucho después, identificó a 74 agentes de la Dina ante la justicia- fue que todo era matiz. Nada era mito.

Buscando a Jorgelino

Jean y su mujer, la documentalista Marcela Said, buscan a Jorgelino, lo encuentran en el sur y -al encontrarlo- ven a un hombre que creció sin papás. Que nunca vive más de dos meses en algún lugar. Que nunca tiene un amigo más de dos meses. Que siempre pierde o cambia los celulares. Que estuvo casado y luego no. Que se baña con agua fría porque quiere, que vive apenas, que come lo justo, que le gusta la vida estoica, militar.

Jorgelino Vergara llega a vivir a Santiago a los catorce. Entra a trabajar a la casa de Manuel Contreras. De los días en esa casa, no cuenta casi nada. Porque de lo único que habla Jorgelino es de torturas y torturas, y torturas. De todo lo que vio en los años que vivió y trabajó en el cuartel Lautaro.

De la mujer embarazada a la que dejaron morir en un gimnasio. Del tipo que mataron a palos. De cómo se hacía hablar a la gente. Pero de él mismo -de lo que él sentía- dice poco.

-¿Por qué crees que huye de eso?

-Él no sabe cómo sentirse. Cómo recordar esas historias. Cómo situarse a sí mismo- dice Jean.

No sabe. Jorgelino -durante el documental- se sacude la culpa repitiendo que sólo servía la comida de los presos, que a veces sacaba cuerpos, que veía lo que pasaba pero que nada más . Que en el fondo, él también era un preso. No sabe. Jorgelino también respeta a los torturadores. Dice que eran como sus padres. Como su única familia. Y en todo eso que dice queda una pregunta, que nunca se responde, flotando: si habrá torturado él o no.

-El tema de Jorgelino es muy complicado. Es víctima-victimario. ¿Cómo se hace justicia con este tipo? Para mí es imposible. Yo no me puedo posicionar con él. Y hay miles de personas, miles con esta doble dimensión-, dice Jean.

-¿No existe un victimario a secas?

Es que imagínate. Él llegó y no tenía nada. Son seres muy débiles, muy fáciles de manipular.

Jorgelino está sentado en una mesa y toma mate. Lo acompaña un sobrino. Es una escena del documental. El sobrino dice que entiende que su tío haya llegado joven a Santiago, que no haya tenido otra cosa en la que meterse, pero que él no hubiera hecho lo mismo.

-Para la familia es una vergüenza-, dijo el sobrino.

Y Jorgelino, al ver el documental terminado, dijo que le había gustado. Incluso esa parte. Que le había gustado todo, menos cuando salen hablando dos huasos. Dos vecinos suyos.

Los dos huasos decían que a Jorgelino le gustaba mentir.