La política debe ser una práctica donde se construyan ideas, y en base a ellas, se compita por el poder convenciendo a la mayoría, para llevar esas ideas a la realidad. Una de las grandes falencias de la política actual, es que se ha puesto la lucha por el poder antes que el debate.

Cómo gano las elecciones, parece ser el único debate. Por eso hoy se hace relevante para la oposición, dejar de poner “la carreta delante de los bueyes”, y centrarse en lo realmente relevante: La construcción de un programa.

Discusiones como que si va solo una lista de oposición o si finalmente van dos listas; que si el PPD va con el PC en concejales; que si el PS firmó con la DC; o que si la Concertación murió, sobrevivió o resucitó, la verdad, son conversaciones que a la mayoría de las personas poco y nada les importan.

Hay que dar un giro. Ser capaces de enfocarse en lo que importa.

El modelo neoliberal instaurado en la dictadura cívico militar, a punta de tortura, exilio, genocidio y terror, perdura como modelo de sociedad absolutamente intacto hasta hoy.

Las AFP tienen a los chilenos jubilando con un 30% de su último sueldo. Las Isapres lucran a costa de la salud de millones. Los bancos engordan sin control. El sistema electoral genera instituciones que no son realmente representativas de la realidad social. La educación es un negocio donde se habla de un tipo de prestación para “consumidores C2 y C3” y otro para “ABC1”.

Todo es un negocio. La gente se sobre endeuda para comprar la comida a un retail. Se enferman trabajando para ganar dinero, que luego gastan curando las enfermedades que les produce el trabajo.

Un sistema donde solo unos pocos pueden decir que viven con tranquilidad y sin miedo a no tener dinero. Todos estresados, enojados o deprimidos. El país de las oportunidades y la seguridad, solo para el 2%.

Aquí es donde hay que centrar la discusión. Ya no existen justificaciones válidas para no hacerlos. Los cambios ya no deben ser en la medida de lo posible, sino en la medida de lo justo.

Ya no bastan buenas políticas públicas. Hay que discutir reformas estructurales.

¿Qué sistema de educación creemos justo para Chile?
¿Apostaremos por la educación pública y gratuita? ¿Vamos a poner el centro la derogación del sistema binominal y su remplazo por uno que represente a los chilenos? ¿Vamos a entregarle atribuciones reales a las regiones, o las seguiremos viendo con la visión colonialista? ¿Haremos una gran reforma tributaria que logre modificar la vergonzosa distribución del ingreso que tenemos? ¿Terminaremos con el escándalo de las AFP generado un nuevo sistema de pensiones? ¿Creemos necesario cambiar el sistema subsidiario por uno garantista? ¿Reestudiaremos la política de drogas en temas como el autocultivo?

¿Discutiremos un nuevo código laboral? ¿ Cómo generamos salud pública de calidad? ¿Cómo paramos el negocio de las Isapres? ¿Qué hacemos con el agua?

La oposición debe ser capaz de centrarse a discutir estos temas. Sin excluir a nadie. Escuchar a la gente de la Concertación que apoya a Bachelet, Orrego, Rincón o Gómez, a la gente del Partido Comunista, y también a las personas que trabajan con MEO.

Pero de igual manera al mundo de oposición que no milita en partidos, como aquellos que respaldan a Andrés Velasco, y a otros más lejanos como Franco Parisi, o grupos ciudadanos transversales como “Revolución democrática”, y por qué no, invitar a debatir a espacios como “La Red Liberal”, con quienes quizás pudieran encontrarse coincidencias programáticas.

Pero por sobre todo, dialogar con la ciudadanía, con los estudiantes, con los trabajadores, con el movimiento social que emerge en Chile.

Ser capaces de centrarnos en el debate de ideas. Juntarnos. Convocarnos. Dialogar. Escribir. Generar foros. Talleres. Debates públicos. Concluir que queremos para Chile, en que coincidimos, en que diferimos, y cuales son los caminos a seguir.

Generar un programa común, para luego buscar quien como candidato representará ese programa, mediante una gran primaria abierta, sin exclusiones ni odiosidades, donde la premisa sea la participación democrática. Donde podamos ir más allá, y plebiscitar en la primaria aquellos puntos donde no existan acuerdos programáticos para que sea la ciudadanía la que dirima ciertas definiciones.

Hay que ponerse serios, y hacer política en serio. Con menos chimuchina y centrados en el debate de ideas. Solo en esta sintonía es que podremos encontrar el camino a la unidad de la oposición. Solo así podremos reencantar a la ciudadanía. Solo así podremos generar una masa social consciente que pueda empujar, desde la movilización, las reformas que se lleven a cabo. Solo así podremos devolver la mística, y volver a soñar. Y ¿Qué esperamos para partir?

#DiscutamosElPrograma

*Daniel Manouchehri, es vicepresidente del Partido Socialista, tiene 28 años. Puedes seguir sus comentarios en twitter en su cuenta @dmanoucheri