Durante la tarde del día jueves cayeron los primeros detenidos de la Operación Heidi. Se trataba de una red de explotación sexual de menores que tenía entre sus clientes a importantes personalidades como Jaime Román, productor musical de TVN; Diego Méndez, ex tesorero DC; Enrique Manzur, empresario de San Felipe y Guido Vallejos, creador de Barrabases.


En la madrugada los detenidos aumentaron a 19, entre clientes y regentas, pero finalmente sólo 16 fueron formalizados el día viernes. La operación de la PDI había durado más de cuatro meses hasta que el jueves llegaron a Calle Lira 910 donde funcionaba un prostíbulo que explotaba a menores de entre 15 y 17 años. En ese mismo lugar fue detenido Vallejos de 83 años.

Durante la audiencia de control de detención del viernes, Jorge Matus, abogado de Vallejos, resaltó la edad del imputado pidiendo que se le hiciera un chequeo de salud antes de tomar cualquier medida, y que se tuvieran sus medicamentos a su disposición. Se le solicitó al tribunal que el dibujante cumpliera la prisión preventiva en un recinto asistencial, medida que será evaluada hoy cuando se continúe con la formalización.

Las cámaras captaron la imagen del dibujante cubriéndose la mitad de la cara con su chaqueta blanca, antes de declarar a los medios que él había pagado por una prostituta, pero que era mayor de edad. Para varias generaciones, el creador del equipo de fútbol más querido después de La Roja, caía en picada del altar en que lo había dejado la lectura de la revista Barrabases durante la infancia.

MALO PARA LA PELOTA
“Era bueno para el dibujo, pero malo para la pelota”, dice el dibujante a La Tercera hace ocho años. Oriundo de Copiapó, nacido en 1929, Guido Vallejos creó su primera historieta en el Liceo Miguel de Amunátegui de Santiago, inspirado en los partidos de recreo de sus compañeros. “El Corneta” relataba los partidos de fútbol de forma humorística y fue la semilla para lo que vendría.

El joven Guido continuó trabajando en esta historia, perfeccionando los personajes, mientras se dedica al corretaje de propiedades, aunque para Mauricio García, fundador del Museo de la Historieta Nacional, decir esto es demasiado porque el trabajo de Vallejos correspondía más al de un junior que iba a cobrar el arriendo. “Vallejos cobraba el arriendo a una agencia, y como ahí habían publicistas, en algún momento les mostró unos dibujos que eran Barrabases y les preguntó qué les parecían. Ellos lo incentivaron a que sacara la revista porque iba a ser un buen negocio”.

En la misma época, Vallejos había publicado en la revista El Saquero, perteneciente a Pepo, con quien curiosamente trabajaría más tarde. “Los Hermanitos de Diablo” fue el nombre de la historieta que llevó su nombre, la cual mostraba las aventuras de unos niños que jugaban a la pelota y que más tarde se transformaría en Barrabases.

Los cercanos y estudiosos de la historia de Vallejos no tienen claro si estudió luego del colegio, pero sí saben que no aprendió el dibujo en una escuela: “En esa época, los dibujantes trabajaban desde muy jóvenes”, explica Jorge Montealegre, autor de “Historia del humor gráfico en Chile”. “Eran autodidactas, empiezan copiando y se van perfeccionando en la medida que publican. Por eso, es muy probable que Guido Vallejos haya seguido cursos de dibujo por correspondencia como otros que aprendieron copiando y empezaron como cabros chicos”. Lo mismo aclara Carlos Reyes, quien señala: “no sé qué estudió pero sé que en términos de dibujo era autodidacta. Él, al igual que la mayoría de los dibujantes chilenos no estudió jamás en una institución”.

EMPRENDEDOR
Guido Vallejos nunca fue un hombre que expusiera mucho su vida privada. Hasta antes de la detención del viernes, sus figuraciones eran casi nulas. El 2004 apareció en un homenaje a la historieta deportiva, organizado por Mauricio García y Carlos Reyes, que se centraba en los 50 años que entonces cumplía Barrabases, una revista ya desaparecida de los kioscos nacionales.

La última versión de Barrabases salió en 1989 para desaparecer con el avance de los ‘90. Para los entendidos en la materia, la última serie de los jugadores de Villa Alegre distaba de la calidad vista en sus versiones anteriores. Esta vez, Vallejos dibujaba y escribía los guiones solo, con una que otra colaboración fantasma. La calidad del dibujo y la historia fueron afectadas, aunque igual que sus predecesoras, se hicieron un espacio en un Chile lejano al esplendor de las revistas donde Vallejos se hizo un nombre como dibujante y editor.

La primera edición de Barrabases apareció en 1954, siendo lo que Vallejos llamó el “primer largometraje de historieta chileno”. A diferencia de otras revistas infantiles de la época, como El Peneca que tenía un estilo folletinesco y terminaba con un eterno “continuará”, Barrabases era una historia autoconclusiva y dedicada, en un comienzo exclusivamente a la historia del equipo de Villa Alegre, capitaneado por Pirulete y dirigido por Mr. Pipa. En los primeros tirajes, Rafael Valle -quien prepara una biografía de Themo Lobos- destaca que “dibujaba con un estilo muy parecido al creador de Dick Tracy (Cester Gould), un clásico del comic norteamericano, y los primeros dibujos de Barrabases eran muy parecidos”.

El éxito de Barrabases, quienes llegaron incluso a jugar la Copa Libertadores, dio el impulso a Vallejos a incursionar en la publicación de otras revistas, siendo protagonista del esplendor editorial vivido entre la década del ‘50 y del ‘60. Desde el ‘56, se edita la revista El Pingüino, de corte picaresco, Cine Amor, de fotonovelas; Mi vida y TV Guía, de espectáculos y la revista periodística Flash. “En el campo de la fotonovela, actuaba todo el que fuera famoso por algo, desde jugadores de fútbol hasta actores”, cuenta Jorge Montealegre, autor de “Historia del humor gráfico en Chile”.

Por eso es que Guido Vallejos, más que un dibujante, fue conocido como un editor que dio a luz a numerosas publicaciones donde trabajaron dibujantes como Themo Lobos, Vicar, Nato entre otros. Y es esto lo que más destaca Rafael Valle. En los años ‘50 la empresa Zig Zag mantenía un monopolio respecto de las publicación de las revistas más importantes. Por eso rescata que Guido Vallejos se haya metido la mano al bolsillo para financiar Barrabases: “Le va tan bien que después Zig Zag se acerca a Vallejos para decirle ‘mira, nosotros podríamos distribuirla’. Ese es el mérito, él es un independiente que le dobla la mano al gigante editorial que era Zig Zag”.

Valle también destaca que el mítico Themo Lobos creó su famoso personaje Máximo Chambonez en Barrabases. Guido Vallejos lo invitó a dibujar cuando la revista ganó popularidad y Lobos creó el personaje que siempre dejaba cagadas en los eventos deportivos. Después de eso, Lobos pasa al equipo permanente de Vallejos y llega a El Pingüino. Aunque muchas veces se ha dicho que eran grandes amigos, Valle dice que había algo de aquello, pero que no pasaba de lo laboral: “cultivaron algún grado de amistad, de visitarse en las casas, pero nunca como compadres, sino como uno se junta con los compañeros de trabajo”.

Además, no sólo empleó a muchos dibujantes de la época, sino que era un jefe justo. Según relata Carlos Reyes, la gente que trabajó con él dice que era un tipo “que cumplía sus contratos, que pagaba muy bien, sobre la media de la época, un empresario exitoso y pagaba correctamente a sus autores. Y eso era poco habitual en el mundo editorial”. También destaca que Vallejos tenía la preocupación de mantener los créditos de los autores: “No es que él pagaba y desaparecía el nombre del autor, siempre respetó mucho la cosa autoral”.

Barrabases fue la única publicación que Vallejos nunca terminó. Tuvo su primer periodo del ‘54 al ‘62, luego del ‘70 al ‘75 -momento en que se interrumpe no tanto por razones políticas, sino porque a su propietario comenzó a molestarle la cantidad de filtros que debía pasar para sacar la revista-. Se retomó del ‘78 al ‘81, para volver por última vez el ‘89.

El 2010, y con motivo del mundial de Sudáfrica, se editaron unos números recopilatorios de Barrabases, pero ya sin historias originales. En ese momento. Guido Vallejos ya estaba dedicado a las propiedades, mundo al que siempre estuvo ligado y al que comenzó a dedicarse en los ‘70, con el declive de las revistas. En esos años, Guido adquiere el Hotel Foresta y después, el Bar Don Rodrigo, los que durante años fueron punto de encuentro para los dibujantes nacionales. Hoy, en ambos las puertas siguen abiertas, pero todas las bocas están cerradas.