Alberto Montt, en tiempos ansiosos: “He pensado que el coronavirus puede permitir la extinción de la Humanidad”

Gentileza Editorial Planeta

Alberto Montt, en tiempos ansiosos: “He pensado que el coronavirus puede permitir la extinción de la Humanidad”

En enero de este año, el ilustrador creó un personaje que conectó rápidamente con el público. Se trata de la Ansiedad, una bolita roja, con púas, que le hace la vida imposible a sus compañeros de escena. ¿De dónde surge? ¿Desde cuándo habita la ansiedad en él mismo? En conversación con The Clinic reflexiona con pesimismo y humor agudo sobre esta emoción y otros estados de ánimo que hoy, en medio de la pandemia, están a la orden del día.

Alberto Montt prende la cámara y al otro lado de pantalla aparece con polera gris. Está en lo que aparenta ser su escritorio, buscando audífonos. Una vez que los pilla, empezamos. 

—Voy a estar dibujando mientras te hablo. No es que no te esté dando pelota, pero me es más fácil— advierte el ilustrador, mientras trabaja en un boceto que no veo.

Es el creador de Dosis Diarias, ese blog que inició en 2006 y en el que publicó -mientras estuvo de humor, como sugiere en la bajada de su sitio- hasta junio de 2019. El grueso de su contenido hoy se luce en Instagram (@albertomontt), donde desde enero de este año ha trabajado en un personaje que es la gran excusa de esta conversación: la Ansiedad, una pelota roja con puntas que últimamente aparece en casi todas sus viñetas y que tiene un inevitable parecido con el coronavirus. “Fue absolutamente circunstancial”, dice sobre las similitudes.

Comenta que desde la segunda semana de marzo está encerrado en su casa, que no le molestan las videollamadas y que, incluso, esta forma de comunicación le ha facilitado la vida. “Antes tenía reuniones que perfectamente podrían haber sido un correo o una videollamada de dos minutos. Espero que esto se mantenga, es lo mejor de la pandemia”, dice.

Ese personaje rojo y molesto inmediatamente captó la atención de los ansiosos seguidores de Montt. Surgió tras revisar el brief de una pauta para el suplemento Tendencias de La Tercera, donde uno de los temas destacados era que Chile tiene una de las mayores ventas en el mundo de ansiolíticos per cápita. Ahí creó una viñeta en que llegaba un tipo a una reunión y tenía este monstruo rojo en la cara y se excusaba diciendo: “Perdón, no pude encontrar babysitter para mi ansiedad”.

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Esa fue la primera viñeta en donde la Ansiedad tenía nombre y forma. “Cuando lo vi, dije: ‘Éste es un personaje, quiero hacerlo en más situaciones’ y ahí partió. Ahora, lo que se me hace gracioso es que llevo 140 viñetas de la Ansiedad, cuando yo pensé que iban a ser 10 ó 12”, comenta.

¿Desde cuándo te habita ese personaje?

-Últimamente he revisitado algunos de mis trabajos anteriores, porque voy a sacar dentro de poco un libro de recopilación de viñetas antiguas de Dosis diarias, y me di cuenta que en el 80% pude haber reemplazado a uno de los personajes por el personaje rojo. Entonces, el tema de la ansiedad claramente está presente en mis viñetas desde el 2006 y yo nunca lo percibí o nunca lo bajé a tierra. Para mí como dibujante se vuelve complejo el hecho de que ahora todas las viñetas que se me ocurren, se me ocurren en función de la Ansiedad. Aunque no es porque esté pegado con el bicho, es porque siempre se me ocurrieron en función de eso, pero no tenía el personaje. 

Cuando nació la Ansiedad en tus viñetas, el estallido social era tu telón de fondo, ¿cuánto influyó el contexto?

-El estallido social le hizo un flaco favor a mi estado de ánimo, y sin duda, a todos los chilenos. Cuando comenzó todo en octubre yo estaba en Japón, entonces viví las primeras dos o tres  semanas de revuelta allá. Creo que el nivel de estrés que tenía cuando vi que salieron los milicos a la calle mientras estaba tratando de concentrarme en un templo budista, era imposible, ¡me perdí Japón!

Un poquito snob la queja, ¿no?

-Totalmente, pero bueno, es lo que me pasó, estoy consciente del nivel de privilegio de la queja, pero hey, cada uno es cada uno.

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Ahora estamos con una pandemia. ¿Cómo describes la ansiedad del estallido en comparación a la ansiedad de la pandemia? Tiendo a creer que no tienen el mismo ánimo.

-Es rarisimo, porque desde que comencé con el tema de la ansiedad me han invitado a congresos de psicología, me citan en páginas médicas, y yo no tengo idea. De lo único que te puedo hablar es de mi experiencia como usuario de la ansiedad y como observador de la ansiedad alrededor mío, pues la verdad es que no conozco a nadie que no la padezca. 

Entonces respóndeme como usuario de la ansiedad…

-Te puedo decir desde ese punto que no es una ansiedad, sino que son 50 al día. Entonces hay ansiedades en que puedes trazar algún tipo de paralelismo entre la que teníamos en el estallido versus en la pandemia: esa sensación de que ya nada es normal y de que lo normal tampoco nos gustaba. Por otro lado, hay cosas que son súper puntuales: durante el estallido yo jamás pensé que iba a morir, ahora sí he pensado que el coronavirus puede permitir la extinción de la Humanidad. 

¿Cómo observas el estado de ánimo ahora?

-Yo creo que hay gente, por ejemplo, hoy en día que tiene mucho más estrés por haber perdido el trabajo y porque el futuro se ve mucho menos posible y habitable que en la época del estallido. Durante el estallido mucha gente que conozco, y yo me incluyo hasta cierto punto, sentía que había esperanza, o sea igual vivíamos una angustia y ansiedad terrible, pero al mismo tiempo era “bueno, pero esto es por un cambio”.

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Era un estado más eufórico también.

-Sí, por supuesto. Hay gente mucha gente a la que le dio una razón de vivir. De hecho, conozco gente que tenía depresión y dejó su depresión de lado, porque de repente tenía una causa. Hoy día, yo no tengo cerca esas situaciones, pero por ahí hay gente que estaba odiando su profesión de camillero en un hospital y ahora siente que es un héroe, que esto le dio una razón de vida. Entonces, es difícil hablar de la ansiedad y generalizarla, porque es súper puntual. Muchas veces me pasa que hago una viñeta sobre la ansiedad y hay gente que me dice “esa no es la ansiedad, es la depresión” y alguien dice “no, no, no, para mí la ansiedad es eso, la depresión para mi es otra cosa”; ahí te das cuenta que en el campo de las enfermedades y afecciones mentales tampoco hay consenso.

“No es una ansiedad, sino que son 50 al día. Entonces hay ansiedades en que puedes trazar algún tipo de paralelismo entre la que teníamos en el estallido versus en la pandemia: esa sensación de que ya nada es normal y de que lo normal tampoco nos gustaba”, dice Montt.

¿Cómo has visto ese diálogo con las personas que te siguen? ¿Somos muy ansiosos? ¿Cuál es tu diagnóstico? 

-Yo creo que todos somos muy, muy, muy ansiosos y muy pocos de nosotros somos conscientes de cuán ansiosos somos. Entonces, de una u otra forma, el personaje ha sido revelador para algunas personas porque ahora dicen “hey, eso me pasa a mí, pero nunca pensé que eso era ansiedad”. Otra gente me dice “yo pensé que era al único que le pasaba esto”. También te das cuentas de que vivimos en una sociedad súper ansiosa, donde al mismo tiempo está muy silenciada esa ansiedad, donde casi no se habla al respecto, donde no hay una relación con las emociones, al punto de que tienes que verlas reflejadas en un personaje para hacer el bypass. Eso creo: que el personaje sirve como bypass entre lo que sientes y lo que piensas que sientes.

Claro, el mérito está en darle forma a eso que uno creía que era único y personal. Bajaste el velo y dijiste “oye, esto nos está pasando a todos”.

-Exacto, es como el típico animal de catarsis. Desde esa perspectiva, siento que ha habido una conexión que no esperaba, no buscaba y me sorprende. Después, cuando uno lo racionaliza, deja de sorprender ¿te fijas?, porque dices “ah, pero es que obvio que va a conectar”.

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¿Siempre has sentido afinidad a los temas de salud mental?

-Tengo afinidad con todo ese universo. De hecho, muchos de mis chistes son sobre psicólogos y mucho de mi humor funciona entre dos personajes. Es una hiper simplificación de lo que es la sociedad en el fondo: siempre somos tú y el resto. Y siempre esos personajes funcionan desde alguna plataforma arquetípica, entonces, desde esa perspectiva todo mi humor siempre ha sido social y como social, siempre ha tenido que ver con la mente y las emociones.

“Vivimos en una sociedad súper ansiosa, donde al mismo tiempo está muy silenciada esa ansiedad, donde casi no se habla al respecto, donde no hay una relación con las emociones, al punto de que tienes que verlas reflejadas en un personaje para hacer el bypass. Eso creo: que el personaje sirve como bypass entre lo que sientes y lo que piensas que sientes”.

En tu Instagram, el otro día alguien te sugería que hicieras viñetas con tips para la ansiedad y tú, en tu estilo, lo mandaste a leer autoayuda. Más allá de la anécdota, ¿en qué encuentras alivio para la ansiedad? 

-A ver, tampoco soy el Maradona del control de ansiedad. Me como tres kilos de maní a la semana, pero siento que dibujar me ayuda mucho a la ansiedad, a bajarla. Jugar videojuegos, no es que me baje la ansiedad, pero me la transfiere de una vasija a otra. 

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¿Qué juegas?

-Juego muchos jueguitos de disparar gente. Juego fútbol o algunos otros de ingenio. Me gusta jugar, porque trabajo jugando, paso gran parte del día jugando porque no hago bocetos, yo estoy bocetando en la cabeza y cuando lo tengo listo voy, me siento y lo hago. Tenerlo listo muchas veces implica estar jugando, estar caminando, viendo un documental o cocinando. Cocinando bajo la ansiedad incluso más que comiendo. 

¿En serio? ¿No te da hambre la ansiedad del encierro?

-El encierro en sí mismo no me afecta, creo que nosotros los ilustradores estábamos preparados desde hace tiempo para esta situación. Sí, porque yo no salgo. Ahora, lo que sí me pasa, y vamos de nuevo con los comentarios snob, es que yo viajo mucho, unas 12 ó 15 veces al año y no hacerlo me está volviendo loco: estar en casa, la falta de avión.

“Creo que nosotros los ilustradores estábamos preparados desde hace tiempo para esta situación (el encierro)”.

No tienes para cuándo.

-No está fácil. Yo calculo que en noviembre, diciembre con suerte.

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NO ME ABURRO

Una pandemia como esta, ¿ha alterado tu forma de trabajar?

-No me altera, a mí todo me da material, la falta de material me da material. Entonces, yo estoy constantemente a la… -se corrige- no, a la espera de inspiración no, porque eso suena ridículo. Estoy constantemente buscando información y eso puede ser desde buscar un documental, conversar contigo o estar en la cama al borde de un colapso nervioso. Todo es material de información para hacer una viñeta, para crear un cuento, macerarlo y que en dos años se convierta en una novela gráfica o para hacer chistes en un stand up. Lo que yo hago no es necesariamente dibujar, yo cuento historias, muchas veces las cuento a través del dibujo, pero hay otras veces en que pasan a otros formatos, que incluso pueden ser publicidad. Entonces, estos contextos, como la pandemia, lo único que me dan es material y me gusta que me pasen cosas.

En ese sentido, esta inmovilidad a la que estamos sometidos ¿no es justamente lo contrario a que “te pasen cosas”?

-No, porque al final igual cuando estás afuera y te encuentras con información, eso hace eco en lo que está adentro. No importa lo que veas afuera si adentro no hay nada, no va a pasar nada creativo. Entonces, claro, uno podría pensar que ahora se tiene menos ese input externo que ayuda a lo interno se movilice, pero al mismo tiempo, yo creo que los niños de hoy en día son medios idiotas, justamente porque los papás no los dejan aburrirse. Este contexto lo que genera es que muchas veces te aburras y en ese aburrimiento surge la introspección y de esa introspección algo tiene que salir. No creo en las sequías creativas, tal vez, porque tengo la suerte de… no sé si no me las permito o tengo la suerte que no llegan, pero un contexto como este igualmente me da material, entonces no me aburro, siempre hay algo.

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¿En serio no te aburres?

-No, no me aburro. Es gracioso, ni siquiera lo había pensado. Yo te puedo decir, sin temor a equivocarme, que en estos tres meses que llevo encerrado, no recuerdo haber estado en ni un solo momento aburrido. Esto no quiere decir que esté todo el tiempo haciendo cosas, quiere decir que no he tenido tiempo de aburrirme no más. 

“Este contexto lo que genera es que muchas veces te aburras y en ese aburrimiento surge la introspección y de esa introspección algo tiene que salir”.

LA MUERTE AL LADO

Es un tiempo de mucha incertidumbre, ¿te preocupa la muerte, por ejemplo?

-O sea, la muerte me preocupa desde el 1985. Yo tengo esa sensación de que todo se va a ir a la mierda en el momento menos pensado. De hecho, yo pienso “ok, la pandemia va a acabar y vienen los aliens”. Obvio que esto no termina acá, es sólo el principio, el 2020 es muy joven todavía. Entonces, respondiendo tu pregunta sí, pero obviamente ahora es mucho más tangible esa sensación. Yo tengo 47: el otro día veía que el porcentaje de gente entre 40 y 50 años que ha muerto por Covid-19 y es el 10%, entonces no es jauja, si me da coronavirus y voy mal, tengo un buen porcentaje de morir. No sé, tengo 10 pelotitas de ping pong, una es roja, ¿me atrevo a meter la mano y sacar una pelota sabiendo que si saco la roja me muero? Es heavy verlo así.

De fondo se ve que Laura, su hija de nueve años y una de las protagonistas del libro “Laura y Dino”, entra a la habitación. 

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¿Qué te pasa con esa proximidad a la muerte? Creo que las generaciones más jóvenes nunca habían tenido una experiencia que los acercara tanto a ella.

-Hace poco murió un amigo muy querido para mí, el chef Ciro Watanabe. Es la primera vez que se me acerca la muerte en esta época, y pega duro. Pega duro, porque la muerte es súper abstracta hasta que no está cerca. Entonces, respondiendo un poco a tu pregunta, tengo ese lado bipolar tipo “¡ya, que venga esta porquería y me mate de una vez por todas!” y al mismo tiempo: “¡no, no, no, soy muy adulto joven para morir!”. 

Laura sale de la habitación. Entonces Montt comenta: 

—A ratos viene mi hija y se asoma así como…

Sí, justo te escuchó hablando sobre el miedo a morir¿En qué radica ese miedo?

-Creo que implica todo. Lo que uno deja, lo que uno se pierde y todas las incertidumbres que acarrea la muerte, porque además me muero yo, y no sólo pienso en cómo va el futuro para ella, sino qué va a pasar con ella de aquí a tres semanas; o sea, ¿quién va a salir a buscar agua al Mapocho cuando aparezcan los zombis?

“Tengo ese lado bipolar tipo “¡ya, que venga esta porquería y me mate de una vez por todas!” y al mismo tiempo: “¡no, no, no, soy muy adulto joven para morir!”.

¿Cómo lidias con las preguntas de tu hija en esta pasada? ¿Cómo habitas un contexto así de incierto junto a una niña?

-Yo creo que es extraño para ambos, para ella no creo que sea muy fácil habitar conmigo todo el tiempo, pero a ratos se lanza preguntas que son muy heavy. El otro día se despertó y lo primero que me dijo es “¿vamos a volver a estar normales?”; y yo como “¿cómo normales?, define normal”, porque obviamente hay que responder con algo que le complique. “Define qué es la normalidad, Laura, a tus 9 años deberías saber decirme”, dije. “No sé, ¿voy a poder abrazar a mis amigas?”. Yo le dije “sí, por supuesto”, pero la verdad es que no sé, no tengo idea.

Hace días se publicó el protocolo del gobierno para salidas ante una eventual vuelta a la normalidad. Revisándolo pensé que el mundo como lo conocíamos ya no va a existir más. ¿Te preocupa eso?

-Es que yo ahí me pongo muy calamitoso. Al final va a ser como todas las pestes, vamos a morir los que tengamos que morir y los que sean resistentes a la porquería van a sobrevivir y en eso vamos a estar en los próximos 8 años hasta que salga otro virus. Porque éste es un virus suavecito, este fue un virus nivel 2XP, se puede venir uno nivel 235. Entonces, si esto nos puso contra las cuerdas, uff. Lo que siempre me pregunto es qué pasaba si este virus mataba niños. El mundo no estaría ahora levantado. ¿O qué pasaba si era de transmisión aérea? Entonces, no sé bien cuál va a ser la nueva normalidad, pero claramente va a ser afectada. Además súmale toda la paranoia, cómo vuelves a tocar cosas. El otro día estábamos viendo fotos, justamente de la época de Tokio y nos veíamos apoyados en unas barandas de metal. Mientras todos veían el paisaje, yo estaba pensando “Dios mío, cómo tocaba ese metal, me podría haber infectado con cualquier cosa”.

Algunos dicen que después de la pandemia, de una experiencia así, vamos a ser distintos. ¿Lo crees así?

-No, a la gente le das tres horas de normalidad y va a volver a ser la misma idiota de siempre, y cuando digo “la gente” me refiero a mí. O sea, dame normalidad tres horas, voy a volver al consumo, a la estupidez y a tirar pajitas de plástico a los delfines para que mueran ahogados. No, la gente no cambia. 

***

Solo necesito un gato
Alberto Montt
Editorial Planeta
122 páginas

Comentarios
Sabía ud que... LOS MÚSICOS COCHINOS HABLAN COSAS SUBIDAS DE TONO. -------------------------------- Sabía ud que... CUANDO TE PREGUNTEN SI VAS A PAGAR CON TARJETA, NO RESPONDAS “EFECTIVAMENTE”. -------------------------------- Sabía ud que... ME COMPRÉ UN TELEVISOR INTELIGENTE Y CUANDO EMPIEZA LA FRANJA SE APAGA SOLO. -------------------------------- Sabía ud que... LOS PECES DE ACUARIO SON MÁS SENSIBLES QUE LOS PECES DE CAPRICORNIO. -------------------------------- Sabía ud que... HASTA LA HERIDA DE FULVIO ROSSI TUVO MÁS PUNTOS QUE EL PROGRAMA DE CHECHO HIRANE --------------------------------