Víctor Hugo Ortega, que es periodista de profesión y hace clases en la Universidad de Chile se declara un seguidor de Roberto Fontanarrosa porque dice que manipula las palabras a su antojo y no tiene problema en tildar mal una palabra, que es similar a lo que el periodista de 29 años intenta hacer en su libro de cuentos Al Pacino estuvo en Malloco. De hecho, declara que es una de las razones por las que los editores no lo pescaban: mucho garabato y mucho chilenismo.

Con su primer tiraje la ha ido bien, así que está preparándose para su segundo libro que saldrá en mayo. En ese, el cuento central es sobre dos chilenos amantes del fútbol que viajan a Uruguay para conocer a Alcides Giggia, el último sobreviviente del Maracanazo de 1950. En esta entrevista, el autor del misterio del paso de Al Pacino por Chile, habla sobre la ciudad, los problemas de la autogestión y no tiene problema en reconocer que también lo hace por la plata.

En tu libro la ciudad al final es un personaje más.
Es que hubo una época en que por trabajo como que hice varias pegas que tenían que ver con caminar, de hecho hay un cuento de un loco que es inspector vial y esa fue una pega que nosotros con un amigo hicimos, como que revisábamos caminos y sapeábamos a la municipalidad. Era una pega de caminar todo el día y ahora digo, hueón, qué onda esa pega. En el libro está mucho más poetizado, pero digamos que era mirar que calles estaban malas para dar a conocer eso a la municipalidad.

¿Cuál fue tu experiencia con Santiago siendo de Malloco?
Lo que pasa es que yo creo que toda la gente que vive en Malloco y que trabaja en Santiago está largo tiempo viajando en micro, estas que se toman en el terminal San Borja. Es un ir y venir que si sumas todas las horas que estás de lunes a viernes, es caleta lo que pasai dentro de una micro. Como que te subes a una micro y te bajas de otra y hay dos contrastes de ciudades, porque Malloco es un pueblito, como el cuento Al Pacino estuvo en Malloco, es un pueblo de pocos habitantes, no hay edificios, hay mucha actividad campesina. La gente que no lo conoce cuando va a la costa pasa por Malloco, pero nunca se detiene ahí. Entonces, como siempre tuve ese viaje, me interesaba mucho plasmar eso en los cuentos, la experiencia de desarrollarte en una ciudad que no es tuya pero llegar a dormir a tu casa que está en un pueblo que nadie conoce.

La gente que no es de Santiago siempre lo odia, pero en tu libro igual se nota un cariño
Claro, es curioso. Como igual mi casa estaba a una hora, uno optaba por quedarse en Santiago por una cuestión económica o por el tiempo, entonces a mí siempre me tocó estar haciendo hora en Snatiago. No sé po, tenía que hacer hora para esperar a mi mamá para irme con ella, y siempre estaba esperando en restaurantes, en cafés, en el colegio, en una banca. Siempre esperas y ves cosas. Tienes tiempo para pensar. Y estar en lugares, que es una hueá súper inusual, como que la gente no está mucho en lugares, como caminas todo el rato, no te quedas nunca quieto.

Porque quisiste pasar del periodismo a la literatura?
Bueno igual escribo hace tiempo, hace como 10 años. Yo creo que todos los periodistas son grandes lectores. Yo partí escribiendo en un blog de cuentos, despues escribí en varias revistas y me fui dando cuenta que los cuentos gustaban. Y el cuento de Al Pacino había sido muy visitado cuando lo puse en mi blog, llamaba mucho la atención porque el título es bastante particular.

Y la historia igual
Claro, es una historia que escrita en el blog mucha gente se conectó a ella. Como que se creó un mito urbano también. Esa hueá es súper rara. Entonces dije: ya, voy a sacar el libro y le voy a poner ese título. Por dos cosas, por lo que significó ese cuento y porque Malloco como que es invisible, no existe. Entonces encontraba que era bacán tener un libro que tuviera Malloco en el título. Tu cachái que ahora Malloco es conocido por la feria de la cerveza no más.

Ese cuento me gustó mucho, me recordó a películas que veía cuando chica, no sé por qué.
Sí, gusta ese cuento. La otra vez alguien me decía que como que se rescataba el tiempo muerto de los pueblos. El protagonista lo conoce cuando va andando en bicicleta, va a una cuesta, que son cosas que la gente hace allá. Allá no hay muchas cosas, digamos, adrenalínicas, entonces la gente pasea. Ahora la cuestión de la fiesta de la cerveza es como el gran hito, pero yo no sé si es representativo de allá.

La figura de Al Pacino regando, y cuando dice que era bajito, lo hace muy cotidiano.
De hecho en esa parte de la estatura como que me denuncié como autor del cuento, porque yo mido como 1.70, aparte que escribo en primera persona. La gente que ha leído el libro me manda mails y me dice: oye, ¿son reales los cuentos? Todos preguntan eso, todos. Es lo principal: oye, ¿Al Pacino estuvo en Malloco? Y yo no puedo contestar eso porque es como el misterio y la realidad del libro. Es como pudoroso también. Escribir en primera persona yo encuentro que es súper pudoroso. Es vergonzoso igual que te pregunten si lo que escribes es real. Porque cuando escribes un cuento estás muy propenso al análisis, entonces da vergüenza porque aunque uno no lo quiera hay cosas que son autobiográficas.

¿Cómo fue todo el tema con las editoriales y la autogestión?
Es dificil trabajar con una editorial porque los tratos son muy injustos para el autor y yo quería que este libro me dejara una ganancia. Si me preguntas si lo hago por plata, sí, yo quiero ganar plata con este libro. No voy a ganar una millonada, pero sí quiero recuperar la inversión y quiero ganar unas lucas cuando haya vendido. Porque yo no veo la literatura como un hobby, lo veo como un trabajo. A lo mejor no me da para vivir ahora, pero pienso que en el futuro quizás sí.

¿Cómo te fuiste metiendo en el tema editorial?
Es difícil meterse en un mundo que uno no conoce, porque a Mario Moreno que es un amigo que lanzó su libro, él fue a editoriales y le dijeron: ya, te hacemos el libro pero tenís que pagarnos 700 lucas por los servicios de impresión, difusión y edición. Evidentemente una editorial te mueve en mercados donde no te vas a poder mover, ferias del libro y todo eso. Y eso es penca porque estás como más marginal, pero por otra parte es rico hacer un libro con autogestión en que te sacaste la cresta, que te costó mucho y en el fondo logras vender la cantidad que quieres vender.

¿Te fue mal con las editoriales?
Fue un drama que tuve con las editoriales, por el lenguaje. Porque el libro igual está hablado en un español súper chileno. Incluso yo tildo las chuchás, el tení, culíao, lo pongo como se pronuncia no como se escribe porque encuentro que es súper falso en los libros cuando dicen culeado, porque nadie dice culeado, uno dice oe longi culíao. Entonces yo soy como súper de oído, y quise ser fiel a como es realistamente el lenguaje. Me acuerdo que un tipo de una editorial, sentado con terno, me decía que incluso los garabatos se tienen que escribir bien, entonces tenía que escribir concha de tu madre, y yo le decía, pero si nadie habla así, uno dice conchetumare o algo así.

Lo último. Cuando escribes tus cuentos ¿haces investigación periodística? Por ejemplo, cuando dices que a Al Pacino le gusta el tenis, ¿averiguas si efectivamente le gusta el tenis?
Es que eso me lo dijo Al Pacino.

Al Pacino estuvo en Malloco: $10.000
alpacinoestuvoenmalloco@gmail.com