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LAS RELACIONES CON EL MIR
Cristián Pérez, estudioso de la historia del MIR, refiere lo siguiente en uno de sus trabajos: “Poco antes de las elecciones del 4 de septiembre, mientras el MIR se encontraba en la clandestinidad, se realizó una reunión de capital importancia entre Miguel Enríquez y Salvador Allende. La reunión se efectuó en una casa de seguridad del Partido Socialista, que también usaba el MIR, ubicada en la zona oriente de Santiago. Para llegar a la residencia, Salvador Allende fue trasladado, en una operación de máxima seguridad, por diferentes autos a distintos puntos de la ciudad, pues, al parecer, temían a la reacción de la gente si se llegaba a saber que el candidato presidencial de la Unidad Popular se reunía con el jefe guerrillero más buscado por la policía chilena. Allí el candidato presidencial manifestó su molestia por las acciones armadas que realizaba el MIR, las que eran usadas por la prensa proclive a la derecha y causaban daño a su campaña. Miguel Enríquez sostuvo que ellos no hacían ‘recuperaciones’ porque les gustaba, sino porque necesitaban el dinero para mantener la organización. Allende se comprometió a entregar al MIR 80.000 dólares (de la época) antes de finalizar el año 1970. A su vez, Allende le pidió a Miguel Enríquez que se hiciera cargo de su seguridad personal. En la Comisión Política, los miristas ya lo habían debatido y estaban de acuerdo”. “Salvador Allende, apuntes sobre su dispositivo de seguridad: el Grupo de Amigos Personales (GAP)”. Estudios Públicos N° 79 (Invierno 2000)

LAS RELACIONES CON LA DC
El 22 de agosto de 1973, la Cámara de Diputados aprobó un texto propuesto por un grupo de diputados de la Democracia Cristiana y el Partido Nacional en que acusó al gobierno “de desconocer y atropellar sistemáticamente las atribuciones de los demás poderes del Estado, de violar habitualmente las garantías que la Constitución asegura a todos los habitantes de la República y de permitir y amparar la creación de poderes paralelos ilegítimos”.

Sobre la base de esas y otras consideraciones, la Cámara llegó a un acuerdo.

La lectura ingenua del acuerdo, hecha por algunos de los redactores democratacristianos, era que el texto proponía una vía de rectificación de la acción del gobierno dentro de las normas constitucionales y bajo la autoridad del presidente. La lectura desinhibida del PN era que la Cámara había dejado establecido que el gobierno de Allende se había puesto fuera de la Constitución. Era el respaldo legal que necesitaba el golpe.

La posición que se impuso dentro de la DC en septiembre de 1973, expresada por la directiva de Aylwin, con el aval de Frei, fue algo así como “dejar que pasen las cosas que tengan que pasar”. Los representantes oficiosos de esa línea en los conciliábulos golpistas fueron Juan de Dios Carmona y Sergio Ossa Pretot, ex ministros de Defensa del gobierno de Frei. El vínculo principal de ellos con el grupo golpista del Ejército eran los generales Óscar Bonilla y Sergio Arellano Stark.

LAS RELACIONES CON LA UP

¿Dudó Allende en algún momento respecto de la racionalidad y la viabilidad del programa de la UP? No hay antecedentes de ello. ¿Tuvo libertad para ajustar la hoja de ruta de acuerdo a las dificultades que fueron surgiendo? Prácticamente ninguna. De partida, fueron muy menguadas las condiciones en que él aceptó ser candidato de su partido (12 votos a favor y 13 abstenciones en el Comité Central), y luego de la UP.

Allende aceptó desempeñarse como Presidente dentro de un insólito esquema de “gobierno de comité”. En efecto, el 26 de diciembre de 1969 los partidos de la coalición izquierdista firmaron un documento llamado Pacto de la Unidad Popular, que estableció lo siguiente: “En el gobierno de la Unidad Popular, la acción del Presidente de la República y la de los partidos y movimientos que lo forman será coordinada a través de un Comité Político, integrado por todas estas fuerzas”.

Parece increíble, pero el texto sostenía con todas sus letras que “la acción del Presidente de la República” sería coordinada por los jefes partidarios. En la práctica, el pacto no reconocía la autoridad del Presidente ni las facultades que le entregaba la Constitución.

Esa visión fue reafirmada por el PS en un Pleno Nacional efectuado en octubre de 1970, cuando Allende ya había ganado la elección: “Los cargos que correspondieren al partido serán ocupados por militantes activos y la proposición de su designación será atribución del Comité Central (…) los organismos partidarios, y en particular el Presidente, podrán sugerir nombres y antecedentes al Comité Central (…) los militantes en quienes recaiga una designación deberán entregar anticipadamente su renuncia sin fecha a los cargos”.

En otras palabras, el PS escucharía las sugerencias de Allende, pero la resolución sobre las designaciones correspondería a la cúpula partidaria, encabezada entonces por el senador Aniceto Rodríguez, quien había disputado con Allende la candidatura presidencial. ¿Quería decir entonces que Allende no contaba con la confianza de su propio partido? No puede concluirse otra cosa. El reemplazo de la directiva de Rodríguez, un hombre más bien moderado, por una directiva encabezada por Carlos Altamirano y Adonis Sepúlveda, ocurrido en el congreso que el PS efectuó en La Serena a comienzos de 1971, no mejoró las cosas para Allende. En realidad, las empeoró de una manera que él nunca pudo imaginar; pronto descubrió que los nuevos líderes partidarios representaban un tipo de izquierdismo para el cual la realidad era un detalle.

Cuando se constituyó el primer gabinete, quedó consagrado el criterio del cuoteo partidario en el nombramiento de los ministros. No se trataba sólo de asegurar, por razones de equilibrio interno, un número determinado de secretarios de Estado a cada partido, sino de que los ministros serían elegidos por los partidos y el Presidente solo firmaría el decreto de nombramiento.

El sábado 8 de septiembre, la mesa directiva de la DC resolvió pedir a todos sus senadores y diputados que renunciaran a sus cargos. El propósito era que los demás partidos hicieran lo mismo y que, finalmente, el propio presidente de la República se viera obligado a renunciar, luego de lo cual la DC era partidaria de convocar a nuevas elecciones.

Joan Garcés, que fue asesor de Allende durante los tres años de su gobierno, cuenta que el miércoles 5 de septiembre el mandatario se reunió con los jefes de los partidos de la UP para pedirles que se pronunciaran urgentemente sobre las siguientes opciones:

a)Recurrir a las urnas.
b)Un acuerdo con la Democracia Cristiana.
c)Formar un gabinete de “seguridad y defensa nacional”, integrado esencialmente por militares.
d)Allende propuso a los partidos que, por último, si no se ponían de acuerdo, le permitieran que durante tres meses él adoptara las decisiones fundamentales de acuerdo a su criterio.
La respuesta, relata Garcés, llegó el sábado 8 de septiembre en la noche, a través del dirigente socialista Adonis Sepúlveda, y se resumía así:
a)Acuerdo con la DC: rechazado.
b)Convocatoria a un referéndum: rechazado.
c)Formación de un gobierno de seguridad y defensa nacional: rechazado.
d)Voto de confianza al presidente para que adopte decisiones: rechazado.
e)Recomendaciones: ninguna.
Joan Garcés, Allende y la experiencia chilena, Santiago: Ediciones BAT, 1990.


A partir de la UP
Sergio Muñoz Riveros
PVP $ 14.000
Páginas 288
Editorial La Copa Rota