En la segunda temporada de la serie emitida por TVN, Los Archivos del Cardenal, se incorporará a un nuevo personaje que hará de villano, llamado Marcelo Alarcón, quien se encargará de dirigir la CNI, investigando y persiguiendo a los protagonistas de la secuela. El personaje estará interpretado por el actor Roberto Farías, quien tuvo como referente a Álvaro Corbalán, ex miltiar que dirigió el centro de inteligencia.

Según indica La Tercera, el actor, para poder interpretar de buena forma el personaje, creó todo un ritual en el que se ponía el perfume favorito de Corbalán, Halston Z14, y estudió grabaciones y crónicas del ex militar, además de conversar con personas que lo conocieron.

Para inspirarse también utilizó un personaje que interpretó Daniel Alcaíno en teatro. “Había que funcionar muy rápido. Uno en Chile no tiene la oportunidad, como en otros países, de preparar un rol durante meses. Pero siento que funciona, se me metió la energía del mal adentro y lo pude hacer”, precisó Farías.

Josefina Fernández, guionista de la producción, comentó que con este villano quisieron mostrar otro “estilo” de la CNI, que no se planteó en la primera temporada. “En el primer ciclo fue algo más del tipo de lo que se vio en los 70, pero en esta temporada es lo que se vio en los 80, un poco más visible, con la tortura y la represión más institucionalizadas”, comentó.

Ambos recalcaron que sus intenciones son mostrar un retrato que se aleje del cliché. “Quería mostrar todos los aspectos del personaje. Tienes que retratar toda su dimensión, porque muchas veces se puede caer en las maquetas de los malos, malos porque sí. Entonces era un trabajo súper delicado, para dejar en claro como se comportaba este ser humano en particular”, expresó Farías, y añadió que el personaje también representa a “un grupo de gente que operaba así”. Por otro lado, Fernández sostuvo que “me gustó esa parte de hacer un poco más de realidad en este personaje, tratar de investigar en sus vidas personales, más allá de los operativos secretos y la tortura (…) La vida diaria de un oficial que incluía gestos de ostentación y una cosa ser dueños de la noche. Al final se daban la gran vida, lo que lo hace constrastar mucho más con lo que hacían durante el día”.


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