-El 2009 publicaste “Que salgan los dragones”, tu primer disco. Hoy te preparas para lanzar el segundo de estudio. ¿Qué ha sido de tu vida en este tiempo?
Hace dos años que vivo en Santiago y he hecho un poco de todo. Compuse la gran mayoría del disco que voy a sacar ahora y otros dos discos, que son un montón de canciones que las voy a dejar fuera para ver si venimos con otro pronto este mismo año. Es lo que más me gustaría. Además, escribo y pinto. El año pasado tuve una exposición de pintura en la Factoría Santa Rosa que he llevado por varias poblaciones en Santiago y en Concepción. Fuimos a Lo Hermida… con vecinales, cabros que se han interesado, que les ha gustado mi música y con los que he me llevado bien y con los que me he jugado más de una pichanga, esos cabros me han movido de alguna manera. He llevado la exposición por donde me inviten.

-Me dices que escribes también. ¿Fuera de las letras de tus canciones?
Crónica y poesía más que nada. Y yo creo que lo voy a publicar. Me gustaría sacar el libro este año.

¿Tiene nombre?
No tiene nombre todavía. “Cabeza de pescado” tenía pensado ponerle… “Sangre de paloma con azúcar”, jajaja. Así que sí po, ahí tengo unos arreglos por ahí para que salga este año.

-¿Por qué esperar cinco años desde el primer disco de estudio?
Bueno en internet hay como ciento cincuenta canciones dando vueltas, entonces… traté de tomar el camino más instintivo. Le di más importancia a otras cosas este tiempo. Además eso de sacar discos cada dos años como para poder sobrevivir al medio y empezar de nuevo con la prensa y el bullicio, no me tenía tan entusiasmado y ahora sí… ¡Aaaah! No, tampoco mucho ahora, jajaja…

-¿Por qué entonces sacar un disco?
Yo creo que por respeto a las canciones y por darle un buen sonido y una buena gestión a la gente, cosa que me ha andado faltando. Es como una vocación de orden que no he podido amarrar, una mejor producción. No pretendo hacerme conocido aún, ojalá que esté a los cuarenta aquí y ahí recién a lo mejor sentar cabeza y poder valerme de un material y haber ganado experiencia con los años para poder disfrutar de esta época de los treinta a los cuarenta más o menos en juventud.

-¿Cómo viviste el proceso de salir del under el año 2009?
Yo creo que uno nunca sale de ahí. Si se trata de estar en los últimos pisos del planeta y de los medios, estamos aún en el under, indudablemente. Además está el propio under personal, ese es más under que todo lo demás, jaja. Pero en realidad no soy muy sensible a la fama, entonces me pongo serio y digo “esto es el trabajo no más”. Además, estar en el under te permite guardar con respetabilidad cualquier tipo de movimiento artístico o artista que aparezca. Lo que más agradezco de este espacio es el encontrarme con verdaderas joyitas de la música y de la poesía. Para mí es un placer estar aquí en la vida, en el mundo, en el planeta chileno, de esta manera.

-No te gustaría ser famoso-famoso…
Es que qué quiere decir eso, ¿cachai? Hay muy poca convocatoria de los medios ante todo esto, entonces no hay una seriedad con la que uno pueda comprometerse. Entonces, si no es serio esto… tampoco me voy a poner un anillo de novio con la burocracia funcional del medio artístico chileno.

-Oye, “De loco medieval”, el nuevo disco, ¿qué nos traerá?
Yo creo que la cuestión está en las letras más que todo. La letra y la voz que la cambié un poco. No, no mucho, pero la cambié pa’ mejor, creo que estoy cantando mejor que antes, tengo más matices. Pero habrá bastante trabajo de letrista y harto de la observación de la ciudad y una especie melancolía con el mar. Traté de hacer algunos experimentos con canciones que empiezan dentro de una duda y después hay como una especie de seguridad que es bien inocente y después terminan en un vuelco, como una especie de fórmula perfecta, y después todo se transforma en un anhelo. Son canciones que van o intentan ir desenredando para dónde va la cosa. Empezar de lleno en la duda de la soledad, de esas ganas de hacer contacto con otro y después de hacerlo darse cuenta que uno estaba para adentro o cualquier cosa y después tratar de hacer un contacto ligero con alguna especie de chispa, delirio místico, y terminar poniéndolo todo en una especie de rezo, que es un rezo que ya se dio cuenta que lo único que queda es pegar una especie de oración pa’ que nos salve de la tontería más que cualquier otra cosa.

-¿Crees que hay mucha tontería hoy en día?
Yo creo que sí. Yo creo que la bolsa de plástico se infló hasta dejarla sin espacio para más. Es fina, se ve muy bien por fuera, está muy bien cuidada. Creo que vivimos los tiempos donde los valores están truncados… Me parece que hay que empatizar mucho con la blandura y liviandad de las cosas… al final este tiempo está para ser radical. Para verse uno y medirse la propia inteligencia ¿cachai? Mi filosofía es andar ahí, darle vueltas a algo hasta que me deje caminando a pata suelta por la calle sin rumbo fijo, sin un plan desmedido, sin buscar a nadie para embaucarla con ninguna de mis inmundicias, jaja.

-Tu historia y tu música tiene harto de la calle. ¿Por qué?
Creo en la calle porque es un lugar un poco más lejos de la casa ¿cachai? Es un lugar un poquito más lejos donde te podí reinventar, hacerte a ti mismo fuera de las convenciones que hay en tu familia y de las grandes responsabilidades que te ponen de ir al colegio, entrar a la universidad… creo que si hay una educación que me ha soportado en la ligereza por las cosas es la calle. Ahí hay un enfrentamiento con el carácter en sí mismo, y sobre todo es una especie de habitar más dado hacia el juego, más libre. En la calle uno puede hacer una conversación más real. La tontería que me refería antes es a lo que se comenta. Ha desaparecido la conversación y se ha convertido todo en un comentario. Hay mucha información cascando las cabezas a la puerta de la mente y todos conversamos lo que hay que comentar. Es un sonido hueco.

-A propósito de lo mismo, ¿qué significa San Antonio para ti? Es tu ciudad natal…
Es como mi escondite. Donde me puedo escabullir e ir a caminar por el cerro, ir a ver a mis amigos de siempre, que son un par. Voy por poco tiempo para allá pero me dedico a lo que extraño de allá, que en este caso serían mis amigos que escriben y otro que pinta… voy a ver en qué están y a caminar y tirar la talla. Además es un lugar que conozco y me ha llevado bastante tiempo quererlo, y aunque después a la noche no tenga ningún brillo de lo que es lo urbano de la capital o de Valparaíso, tiene la capacidad de ser escondite y de retener la simpleza de las cosas. La gente también es simple. Ahora hay un mall y hay algunas cosas que seguramente han desconectado a la gente pero también la gente elige desconectarse…

-Tu relación con Valparaíso también es importante. Allá te hiciste conocido…
Creo que Valparaíso es como una fiesta. Cada vez que voy pa’ allá voy a ver a mis amigos y todo es después de las nueve de la noche, jaja. Es un embotellamiento de botellas, de conversar largamente en la noche y de pelusear. Además, es como que estamos invitados a esa ciudad que es la que nos dio trabajo ¿cachai? Nos dio de qué vivir. Por otro lado, se ve el movimiento under más descreído que hay siendo que es un movimiento de mucho talento, muy sencillo, pero que yo creo que difícilmente es más callejero en Santiago o en Conce. Valpo es mucho más fuerte en calle y en reunión de quienes se quieren mostrar. Se puede conversar más, se puede beber en las escaleras si no te gustan los bares… Tiene una vida callejera súper rica. Cuando llegué allá mi alegría fue que iba a poder vivir de lo que hacía con la guitarra. Podía ir a un bar, tocar, y ya no me iba a morir de hambre de ninguna manera ¿cachai? Tenía la guitarra y tenía canciones.

-¿Y por qué vives en Santiago ahora?
Me fui de Valparaíso porque estaba un poco saturado y medio viciado el ambiente con mi persona. Quise sacarme de ahí un rato y estar más tranquilo porque había vivido muchas cosas y con la pequeña fama que uno gana, me costó no ver algunas cosas en mis conocidos que no quería ver. También viví un tiempo bien desordenado y no descansaba nunca del lugar… Mi casa estaba llena todo el rato, mucha gente. Así que decidí escaparme un rato. Solamente hacer una visita más o menos larga, y dejé la casa de Valparaíso pa’ mis amigos y acá me quedé en casa de otros amigos y primos y me terminé quedando. Ahora vivo solo, cerca de la Plaza de Armas.

-Tu música no se compromete con luchas sociales muy claras. ¿A ti que te parece la música que dice servir a una lucha política y social específica?
Cuando te metí con eso tení que llegar al fondo. Tení que estar en todo el asunto. Yo soy medio aéreo, abstracto de por sí, entonces me cuesta mucho entender la pesadez con la que se tratan este tipo de cosas. Como se dicen las cosas son bastante cuadradas a mí gusto y llegamos al tiempo donde hay un abuso de la oratoria y uno sabe cuánto se mella un discurso de esa forma. Finalmente nadie lo está escuchando. Tiene que salir muy del corazón como para poder atenderlo. Estamos viviendo una situación en que se tratan de ver demandas políticas pero la misma gente que empieza a trabajar en eso se empieza a endurecer y empieza a secarse la inspiración. Se empieza a transformar todo a un nivel donde quienes conversan de política entran a criticar, pero desde ahí no hay inspiración.

-Hay varios artistas que suenan hoy en día que tocan a Víctor Jara y Violeta Parra continuamente. Tú, en cambio, no lo has hecho. ¿Por qué?
De primera porque yo no los escuché de chico y porque no es lo que quiero decir ahora. He cantado alguna vez a Víctor Jara en alguna noche con alguien y me he llevado la sorpresa de que la letra me haya emocionado. Pero creo que no… Hay una frase del Payo Grondona que dice “yo no me gano la plata con los huesitos de nadie”, que se la oí decir por ahí. Aunque irónicamente estoy pensando hacer unos cuantos covers del Payo Grondona, jajaja. Pero yo creo que me es suficiente con lo que se me ocurre a mí y al final, hacer eso no dice nada desde la experiencia, entonces, de pronto esas situaciones son como medias falsas jajaja.

-A propósito de tus colegas cantautores, ¿qué te parece esa escena? Con artistas como Manuel García, Nano Stern, entre otros.
Yo estoy súper contento de haber conocido a los chiquillos. Lo primero a Manuel, de ver un artista súper talentoso, muy buen conversador, inteligente, chistoso. Estoy contento de haberme topado en este tiempo con colegas. El Nano también, lo mismo. Uno nunca termina de conocerlos hasta el fondo y eso es lo interesante, que en cada encuentro hay una cosa que contarse, hay una mutación que me agrada. Además, tengo otros amigos que también tocan como el Angelo Escobar, el Demian Rodríguez, Evelyn Cornejo, el Kaskivano que es mi hermano. De alguna manera he hecho una especie de familia, sobre todo con estos últimos. Ellos son sumamente talentosos, son cabros que deberían estar sonando. Las baladas del Pollo Fuentes deberían ser reinventadas con la experiencia… hay que destrozarlo todo de repente. Crear nuevas visiones del amor y de la canción misma.

-A propósito… ¿qué opinas de la ley del 20% de música chilena en las radios?
Estoy seguro que tiene que subir un poquito más, veinte por ciento es poco. Es mucho mejor que el cinco que suena pero debería subir a un 30%, aunque haya atados detrás. No sé cómo lo programarán pero claro que sí, por algo se está pidiendo, como se está pidiendo todo. Lo que falta es que se les vaya a pedir por favor, algo así,… o no, ir derechamente y exigir: parar una calle frente a un radio, porque ellos tienen el sí o el no.