El-imperio-del[1]

Como nunca antes veo circular por mi barrio decenas de autos policiales que van a toda velocidad con las sirenas encendidas. Vivo en un barrio pegado al centro histórico de Roma muy tranquilo, donde casi nunca pasa nada. En la calle me topo con mi vecino, un abogado penalista del Ayuntamiento de Roma, y le pregunto qué onda, si hay una manifestación o problemas con los inmigrantes, como los ha habido en las periferias. Él sonríe y me dice: “no cachaste nada, aquí va a quedar una de esas cagadas inolvidables”. Me invita a su oficina para contarme la verdadera situación. Cuando termina, le confieso mi voluntad de escribir este artículo y me pide que no lo nombre por motivos de seguridad, aunque las informaciones ya figuran en actas de procesos legales. La historia es increíble y en cierta manera aterradora. Una historia que tiene origen en los años 80 y 90, cuando la tristemente célebre Banda della Magliana controlaba el tráfico de drogas y de armas y contaba con una red de corrupción que incluía a políticos, servicio secreto y hasta el Vaticano.

Estamos hablando del caso de corrupción más grave en la historia de la ciudad, que involucra a políticos de izquierda y derecha y al ex alcalde berlusconiano Gianni Alemanno. De joven, Alemanno militaba en partidos de extrema derecha, llegando a tener contactos con el NAR (Núcleo Armado Revolucionario) que durante los 80 ponía bombas en las plazas y realizaba atentados fascistas en varias ciudades italianas. El NAR tenía contactos con la Banda della Magliana para adquirir armas y explosivos, y su jefe histórico era el anarcofascista Franco Giuseppucci, alias El Negro. La mafia romana fue “derrotada” a principios de los 90 cuando su último jefe fue asesinado y los supervivientes se escondieron bajo falso nombre o escaparon al extranjero. Desde entonces se lo considera un caso cerrado, pero parece que no sacamos bien las cuentas.

Tras ganar la alcaldía de Roma en el 2008 (estuvo en el cargo hasta el 2013), Alemanno nombró a familiares y viejos amigos, entre ellos varios ex NAR y ex miembros marginales de la Banda della Magliana, en distintos servicios públicos. Como casi todos los políticos que suben al poder en Italia hacen lo mismo, no se hizo gran escándalo. Pero hoy sabemos que así llegaron ex mafiosos y ex terroristas a controlar la capital de uno de los países más industrializados del mundo.
Los jueces lograron probar que Roma está completamente en manos de la ahora llamada Mafia Capital. Más precisamente en las manos de otro viejo miembro del NAR y asesino profesional a sueldo para la Banda della Magliana, y a quien, según documentos del poder judicial, se daba por muerto: Massimo Carminati (57), alias el Operaietto (el Pequeño Obrero). Él es “el hombre de la caja de chocolates”: en 1983 mató a otro miembro de la banda mientras le ofrecía un chocolatín en caja, pero en la caja había una pistola. Le disparó con una sonrisa.

Hoy Carminati es el verdadero alcalde de Roma y ejerce el poder a través de una red de corrupción que toca todos los ámbitos de la administración local e incluye a decenas de políticos del PD (partido de izquierda) y del PDL (partido de derecha berlusconiano) que en estos días han estado cayendo en las manos de la policía. Gracias a las llamadas interceptadas, los jueces lograron recomponer la red. Y un libro de contabilidad, donde está todo anotado, se encontró en el arresto de un importante empresario romano, antes condenado por homicidio: Salvatore Buzzi, el “faccendiere” – intermediario– que distribuía –en maletines y en efectivo– los cientos de millones de euros que Carminati destinaba a corromperlo todo. Solo al alcalde Alemanno le habría llegado un maletín mensual con 1,2 millones de euros que, se sospecha, exportaba a Argentina.

¿Pero de qué dinero hablamos? ¿Tráfico de droga, armas, chantajes? No. Hablamos del dinero público que Italia y la Unión Europea (UE) entregan al Ayuntamiento para manejar situaciones de emergencia, como catástrofes naturales pero sobre todo la gestión de la inmigración. En las grabaciones interceptadas, Buzzi dice: “Saco más plata trayendo negros y árabes que con el tráfico de coca”. Y refiriéndose a la UE: “¿Para qué traficar droga cuando a estos imbéciles les podemos sacar billete sin esfuerzo ni riesgo?”. En todos los diarios salió la noticia que la Mafia Capital tiene negocios desde Londres hasta las Bahamas, desde Buenos Aires hasta Montreal. Manejan cuentas bancarias en todo el mundo y mueven billones de dólares cada año.

Mientras Buzzi repartía entre los miembros de la red el dinero de las cooperativas de construcción y centros de ayuda –para entregar todo lo restante en efectivo a Carminati–, la situación de los pobres y marginales a quienes esas cooperativas y servicios deberían ayudar, ha estado en el centro de la atención mediática en Roma como lo más grave que la administración debe resolver. Pero la decadente ciudad está a merced del mafioso Carminati, un killer, el noveno rey de Roma si el octavo es Francesco Totti. Carminati es el hombre del equilibrio que controla a todas las bandas de perros sueltos, camorristas, ex fachos, gánsteres gitanos, tal como la Cosa Nostra en Sicilia. Cada facción con su autonomía pero bajo la disciplina del boss: un clásico de Scorsese. En pocas horas, los jueces de Roma recibieron cientos de amenazas de muerte. Por eso mi vecino, el abogado del Ayuntamiento, prefiere que no lo cite. Para arrestar a Buzzi, los policías llegaron a su casa con pasamontañas para no ser reconocidos.

Carminati fue detenido hace unos días y ya advirtió que esto es solo el principio. Parece tener razón. A cada hora sale algo más impactante sobre cómo esta organización controla el territorio romano y, según los jueces, también controla a parlamentarios, ministros, generales de policía y hasta tiene contactos con el Servicio Secreto Italiano (SISMI). En el libro contable de Buzzi hay nombres escalofriantes, como el Ministro del Interior Angelino Alfano. La Repubblica informó que Buzzi habría hablado con el Líder Parlamentario de Forza Italia (el nuevo partido de Berlusconi), Gianni Letta, tío del ex-Primer Ministro Enrico Letta, sobre contratos públicos de construcción que valen millones de euros. También futbolistas de la AS Roma como Daniele De Rossi y Alberto Aquilani (ahora en Fiorentina) tuvieron contactos con hombres de Carminati, así como los líderes de la Curva Sur (barra de la Roma) y hasta el hijo del entrenador campeón mundial Marcelo Lippi habló con Buzzi para que le pagara el crédito hipotecario de su casa.

Tienen comprados los mejores restoranes, bares y discotecas del centro y de las periferias de Roma; gasolineras, empresas de construcción, condominios, mansiones y hasta balnearios. Incluso llegaban a financiar como fachada proyectos contra la violencia de género, espectáculos de teatro, etc.

En las conversaciones interceptadas entre Buzzi y Carminati, este último parafrasea a Tolkien y a Dante Alighieri: “Los vivos están arriba, los muertos abajo y nosotros en medio. Entonces quiere decir que hay un mundo, el de en medio, en el que todos se encuentran. Las personas que viven arriba tienen interés que alguien de abajo le haga cosas que arriba nadie hace. Esta es la cosa… y todo se mezcla”. Y parece estar todo mezclado desde hace mucho tiempo, como en una reacción química presente en el ADN de este pueblo. Y aunque el poder judicial disponga de los medios para acabar con estos malandrines, “cuando todo es mafia, nada es mafia”.