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DÍAS DE RADIO

Usted está con Pedro Lemebel, absolutamente en vivo y con un invitado a quien le tengo un cariño muy especial: el escritor Roberto Bolaño, que por estos días nos visita como invitado especial a la Feria Chilena del Libro.

¿Cómo estás, Roberto?
Muy bien, Pedro.

Estoy un poco nervioso, Roberto. No me pasa nunca.
Debe ser mi presencia.

Tu presencia y tu aura. Comencemos hablando de la radio. Cuéntame cuál es tu memoria, tu relación con este medio por el cual la gente tiene la oportunidad de escuchar tu sedosa voz.
Una primera relación es infantil: recuerdo a mi abuela o a mi madre oyendo las radionovelas, unas cosas terroríficas que no acababan nunca, y a veces me ponía a escuchar con ellas aquellas historias. Para mí es un sinónimo de tardes en el sur, de horas muertas donde aparentemente no ocurría nada. Y luego de la radio de mi edad adulta tengo un recuerdo bastante malo, una época donde estaba en un estado catatónico y escuchaba la radio como quien se pincha heroína. Yo creo que había quedado zombi.

¿Y qué escuchabas en esa radio?
Escuchaba todo. Me encantaban las conversaciones nocturnas, generalmente de chismorreos. También escuchaba programas deportivos nocturnos. Siempre de noche. No podía dormir y escuchaba la radio.

LA UP Y LOS ESCRITORES

¿Cuándo te fuiste a México?
Me fui a México a los 15 años, volví a Chile y me volví a ir a México a los 20 años, en enero del 74.

¿Por qué te fuiste?
Por Pinochet, evidentemente, por el golpe de Estado.

Pero tú no fuiste exiliado…
No, yo me fui. Mi madre me empezó a presionar para que me marchara. Ya había caído preso ocho días en una comisaría en Concepción y tenía miedo de caer otra vez.

¿Qué recuerdos tienes, a modo de chispazo, de la Unidad Popular? Porque eras muy joven entonces.
20 años. Yo recuerdo un Santiago más bien espectral. Muchachas muy bonitas. Rostros a los que yo me había desacostumbrado ya, rostros muy blancos. Yo estaba acostumbrado por México a ver rostros más oscuros. Mi impresión fue ver mucha gente blanca.

Más bien pálida, ¿no?
Sí, más bien pálida. Una marcha intelectual, cultural, que me parecía bastante sospechosa y en esto meto tanto a la izquierda como a la derecha.

Te refieres al proyecto cultural de la Unidad Popular…
No al macro proyecto, sino a los intelectuales de entonces. Hay escritores de aquella época que me encantan, pero personalmente no vi a ninguna vaca sagrada. Vi a escritores que estaban preparándose para trepar… no sé si aquí se sigue diciendo esa palabra.

Claro que sí.
Y claro, no vi a gente de derecha. Solo vi a gente de izquierda dispuesta a trepar y trepar y trepar a como diera lugar. Y bueno, la impresión que eso me dejó pues fue mala. El arribismo es perverso en sí mismo, y generalmente pervierte lo demás… Pero lo más duro es que esta gente ni siquiera tenía talento. Era una especie de amiguismo, de compadreo nada más.

Ya, claro… cuando tú dices “esta gente” también hay un dejo despectivo, ¿no? Y pienso que mucha de esa gente ya no está tan bien.
No, incluso muchos de ellos supongo que murieron o salieron exiliados. Pero el sufrimiento no añade valor literario a una obra. El valor literario a una obra se lo pone el escritor. Si ese escritor ha sufrido mucho, pues es asunto suyo. Igual si no ha sufrido nada y hay una obra magnífica. Es decir, el talento no tiene nada que ver ni con las ideologías ni con la situación de una persona. El talento se tiene o no se tiene.

Una especie de aura… ¿Qué sería el talento para ti?
No sé, algo misterioso. Algo que llevas dentro o cosas que llevas dentro que entran en colisión entre ellas. No sé, pero lo evidente es que hay talento. Es decir, Franz Kafka es un hombre de un talento enorme, genial. James Joyce, ahí hay talento. En Nicanor Parra hay talento. En Pablo Neruda, hubo talento.

¿Hasta cuándo? ¿Cuál es el Neruda que te desagrada?
El Neruda estalinista me molesta muchísimo, y en ese Neruda veo además mucha miseria humana. Lo que pasa es que Neruda es tan gran poeta, Residencia en la tierra o ciertas zonas del Canto general son una poesía tan alta, pero tan alta, que de alguna manera permite cualquier exceso posterior. Neruda es un gran poeta, pero un GRAN poeta.

LOS PELAMBRES

Estamos conversando con el escritor Roberto Bolaño que por estos días es un poco la diva de la Feria del Libro. ¿Cómo te sientes, Roberto, en este papel de súper entrevistado, de súper televisado, de súper súper súper?
Pues me siento súper súper súper, evidentemente. Me siento volando y esperando el batacazo con la kriptonita. Pero estoy bien.

Es que la gente acá es tan hipócrita, Roberto, que tú llegái así de visita después de harto tiempo y te tratan pero la maravilla. Pero te vai y te queda el pelambre, ¿no? Hay algo de esa cosa perversa, o más bien ladina, una de las características que se le podrían achacar a los chilenos. ¿No sospechas de este exceso de cariño? ¡Ja, ja, ja!
Yo el año pasado vine por primera vez después de 25 años e hice muy buenos amigos, pero realmente muy buenos. Y al volver ahora al cabo de un año sigo teniendo esos mismos amigos con la diferencia de que los quiero mucho más. Y como postre tengo más amigos nuevos. Esto a mí me lleva a una certeza, y es que yo no podría vivir aquí, porque no podría escribir. Para escribir necesito más bien soledad, y Santiago es tan agradable –salir con los amigos, a tomar, a comer con ellos, a caminar con ellos– que yo no necesito escribir. Yo aquí lo único que hago es vivir. Y yo espero, y más les vale, que jamás me vayan a pelar, jajaja… no, que me pelen.

Ay, un poquitito.
Claro, un poquitito.

Es sospechoso cuando uno no pela a alguien.
Además es casi un arte.

“Ay, qué se cree este chileno triunfador que viene y nos opaca a todos”. ¿Tú te sentís algo así como un chileno triunfador? ¿Como el Salas, el Zamorano, el Chino Ríos de la literatura?
No, no, para nada.

Pero te han tratado así po.
No creo. Yo primero no me siento triunfador en modo alguno. Además la gente que me ve de verdad sabe que soy totalmente accesible y sencillo.

Tú no das un espacio para juzgarte siquiera… Tú eres rotundo.
¡No! Pedro… jajaja.

Roberto es rotundo, como una cimitarra.
Son los duros años en la península Ibérica.

Y la Feria del Libro, ¿qué te ha parecido este mall?
Me ha gustado mucho. Ayer fui a la Feria y un grupo de ocho liceanos vestidos con uniforme estaban afuera y no podían entrar porque no tenían dinero, y me pidieron que los pasara. Además me reconocieron, me dijeron “Bolaño, pásanos”. Y yo con lágrimas en los ojos los pasé. Evidentemente no iban a comprar libros, iban a mirar libros.

O a robarse libros.
Mejor aún.

¿Te robaste libros alguna vez?
Muchísimas veces.

Uno tiene otro cariño con esos libros. ¿Qué opinas sobre el pirateo de los libros?
Pues me parece bastante bueno, sinceramente. Yo aún no he recibido ese honor, porque mi literatura, algunos de mis libros al menos, son más bien difíciles, ¿no?

Oye, Roberto, y pensando precisamente en ese público un poco ausente de esta fanfarria cultural; pensando en el público de Radio Tierra, en la señora que en este momento nos está escuchando y está revolviendo la olla a lo mejor… ¿cómo le explicarías a ese público tu quehacer escritural?
A ese tipo de público… Es difícil.

Recién dijiste que tus libros eran difíciles…
Bueno, son difíciles según cómo. Si es una señora la que me está escuchando le tendría que decir “señora, retiro lo dicho, son muy fáciles”. Incluso tengo algunos cuentos y novelas cortas que esta señora que está preparando la cazuela podría leer ya mismo. Depende. Todos los libros son difíciles en cierto nivel de lectura, pero los buenos libros son también fáciles en un primer nivel de lectura. Ahora, si es buena literatura, siempre, siempre son difíciles en el fondo. Cuanto más te sumerjas, más aire necesitas.