cuacua

Foto: Extraída del libro “Anecdotario de la Copa América” de Luis Urrutia O’Nell, Ediciones B.

Enrique “Cua Cua” Hormazábal paseaba con su hijo, a un costado de una cancha de fútbol, ubicada en un parque cercano a su casa en el barrio Yungay, cuando vio a un jardinero cortando plantas en una escalera de madera.
-¿Disculpe, me la puede prestar?, le preguntó Cua Cua.

-¡Sí, claro don Enrique!

Tomó la escalera, la colgó a un travesaño y se puso a unos 25 metros de distancia con un par de pelotas de fútbol. Había otros dos testigos regando.

-Mira Pelaito, va entre el séptimo y el octavo espacio, le dijo a su hijo.
¡Paf! Y la pelota pegó en el lugar indicado.

-¡Ahora va entre el tercero y el cuarto!

¡Pum! Nuevamente el balón golpeó el objetivo.

Su hijo fue a buscar los balones. “Hoy todos me pueden decir ‘tu papá hizo tal tiro libre’ o ‘le hizo un gol de media cancha a Católica el ‘63, pero ese día yo vi algo espectacular: una técnica perfecta. Me acuerdo del video de Ronaldinho, que puede ser real o no, pero yo vi a mi papá hacerlo con una escalera hechiza”, recuerda hoy Enrique “Pelaíto” Hormazábal, hijo de Cua Cua.

Para finalizar su demostración, su padre puso en el arco dos camisetas, una en cada ángulo. A una le pegó con la diestra y a la otra con la zurda.

Devolvió la escalera y tomó sus cosas.
-Así se le pega a la pelota- soltó.

EL CUARENTA CENTAVOS
Ni por flaco ni por caminar como pato. El sobrenombre Cua Cua es un derivado del apodo de Hormazábal cuando chico: Cuarenta centavos. De niño vivió en Libertad con Yungay, pero luego se mudó a unas 30 cuadras de su casa. Como echaba de menos a sus amigos, se devolvía a su ex barrio a “pichanguear” con ellos. Para la vuelta les pedía 40 centavos para el trole que pasaba por Mapocho y ahí lo apodaron Cuarenta. Así se pasaba día y noche pateando las pelotas de trapo que él mismo hacía, a tal presión, que hasta llegaban a dar bote.

Con 6 hermanos, tuvo que dejar los estudios a corta edad y dedicarse a trabajar, sin dejar de jugar al fútbol en el club amateur Viscaya. Un día un auto paró en la calle mientras Enrique jugaba con su papá y se bajó Humberto Agüero, dirigente de Santiago Morning, para ofrecerle, a los 16 años, su primer contrato profesional. Jugó su primer partido en el profesionalismo a los 17 y dos años más tarde debutó por la selección con un gol contra Bolivia.

En el Campeonato Sudamericano de 1953, equivalente a la actual Copa América, lesionaron a un Hormazábal que estaba haciendo buenos partidos, pero luego tendría dos revanchas que lo convertirían en el goleador histórico de Chile en la Copa.

El propio Cua Cua reconoció en la revista Estadio que sus mejores años fueron los de los Sudamericanos de 1955 y 56. “Yo no sé, será cuestión de gustos, pero para mí esa delantera de Ramírez, Hormazábal, Robledo, Muñoz y Leonel fue la mejor que ha tenido un seleccionado chileno”, decía.

El periodista Luis Urrutia O’Nell, “Chomsky”, asegura que Cua Cua fue clave en el debut de Leonel Sánchez por la selección, en un amistoso con Brasil el 18 de septiembre de 1955. “Las tres primeras pelotas de Leonel se le pasaron bajo la suela por los nervios, se puso a llorar en la cancha. Se le acercó Cua Cua y le dijo ‘¡Vamos cabro que yo te voy a dar juego!’ Y le empezó a dar pases hasta que Leonel se afirmó e hizo un gran debut”.

En 1955 marcó 6 goles, el número mil de la Copa América y fue electo el mejor jugador del torneo. Al año siguiente, fue el goleador con 4 tantos, dos de ellos contra Brasil en una inédita goleada de 4 a 1. Pero no fue su único logro. En 1956 Hormazábal llegó a Colo Colo con un contrato en blanco, muy al estilo de la época. “Ustedes saben cuánto tienen que pagarme”, respondió humilde. Santiago Morning descendió ese año.

ÍDOLO COLOCOLINO
Los periodistas Diego Figueroa e Ignacio Morgan escribieron un capítulo dedicado a Cua Cua Homazábal en su libro “Los 11 mejores jugadores de la Roja”, titulado “El Rey sin corona”. Allí relatan la siguiente anécdota que tuvo el técnico uruguayo Enrique Fernández con el mediocampista una vez que llegó a Colo Colo:

“Antes del entrenamiento, el técnico reunió a sus dirigidos y les dijo “el jugador más rápido del fútbol chileno es Hormazábal”. Todos rieron, burlándose del técnico. Para ellos el más veloz era Jaime Ramírez, incluso Enrique opinaba igual. Pero el uruguayo lo mantenía: ‘para mí, es Enrique Hormazábal, les apuesto una comida a todo el plantel, yo la pago si pierdo’. Todo el equipo se paró para darle la mano y cerrar el trato ¡Hasta ‘Cua cua’ apostó a favor de Ramírez! Después partieron a la cancha de entrenamiento.

Fernández se paró en mitad de la cancha y le pidió a Jorge Robledo que se parara dentro del área. El DT le pasó la pelota a Jaime Ramírez y le dijo ‘corre hasta el fondo de la cancha y dale la pelota a Jorge para que haga el gol’, sin ningún adversario al frente. ‘Ahí Jaime apretó cueva como a tres mil kilómetros por hora. Se demoró 17 segundos en correr y darle el pase al gringo para que la metiera adentro’, recuerda Charles Villarroel.

Después vino el turno de Enrique. El entrenador le pidió: ‘Don Enrique, sea muy honrado en esto, no me vaya a jugar chueco’. Y luego le dice ‘Párate en la mitad de la cancha y se la tiras al pecho a Jorge’. ‘Cua cua’ tomó el balón, pateó y se la puso en el pecho al ex Newcastle quien anotó demorándose siete segundos. Los jugadores no entendían nada hasta que el técnico les preguntó ‘¿Quién es más rápido en el fútbol?’. El uruguayo estuvo semanas comiendo gratis gracias a la apuesta“.

Se tenía mucha confianza en su habilidad para poner la pelota donde quisiera, la que lo llevó a ser el tercer goleador histórico mediante tiros penales en torneos de Primera División en Chile. Chita Cruz recuerda una vez que jugando por Santiago Morning se enfrentó en una definición a penales contra el Colo Colo de Cua Cua: “Nosotros teníamos a Alberto Espósito de arquero y el Enrique sin pudor le decía ‘allá te la voy a tirar’ y, sabiendo el otro dónde le iba a tirar la pelota, le metía el gol igual”.

Pero sí había momentos en que Cua Cua fallaba penales. En los entrenamientos de Colo Colo, algunos jóvenes les pedían a los jugadores si podían regalarles un balón.

-Yo no se los puedo dar, pero pónganse en esa calle que está detrás del arco.

Cuando llegaba la hora de practicar tiros libres y penales, le pegaba por sobre la reja hacia la calle, y los niños se iban felices con el regalo.

El barrio le dio su sencillez, pero también personalidad. Fumaba en el camarín antes de los partidos, jugaba con las medias abajo y dentro de la cancha era un verdadero líder. En una entrevista “el Niño Gol”, Juan Soto corrobora el dato. “Cuá Cuá era un jugador muy valiente, bravo. A mí me defendía si me pegaban”.

“Si nos pasaban a llevar él se metía y, sin ser tan grande, le echaba la caballería encima –recuerda Chita Cruz-. Chamaco pudo asimilarle los pases y los tiros, pero la guapeza, nica. El Cua Cuá era más añiñado, había que salir arrancando de él. En la cancha era guapísimo y se tenía confianza, decía ‘métele nomás, cualquier cosa aquí estoy yo’ ”.

Luis Urrutia cuenta que dentro de la cancha, Cua Cua sabía poner la plancha una vez que eludía un jugador. “Hacía reír a los árbitros y por eso lo expulsaron muy poco, pero una vez que le pegaban, en lo primero en lo que se fijaba era en el número del agresor para cobrarla”.

Enrique Hormazábal, su hijo, asegura que la actitud de confianza era netamente una cosa de la cancha. “Fuera de ella no le gustaba hablar de él, era tímido. Me acuerdo que una vez participó en una publicidad de ‘Los grandes ídolos consumen Milo’ . Fuimos a Chile Films y fue un caos, se sentía muy incómodo. Con los focos se sentía mucho calor, transpiraba, estaba desesperado, no era su tema”, asegura.

A finales de los ‘60 ya había jugado de igual a igual con astros de todo el mundo. Hizo un gol de tiro libre en el 6-2 de Colo Colo contra Santos el 59 y al año siguiente Católica pidió dos jugadores prestados para enfrentarse a River Plate: Uno fue Ladislao Kubala, el tercer goleador histórico del Barcelona que andaba de paseo en Chile. El otro, Cua Cua.

FUERA DEL MUNDIAL
“Hoy todo se mira de otra manera. La vida termina por enseñarle a uno. Yo era muy ‘pelusa’, eso es cierto. Ahora, muy a lo lejos me da por hacer una lesera en la cancha. Y es ahora cuando vengo a ver y hacer lo que me gustó siempre. Fútbol sencillo. Lo más simple que se pueda…”, decía Hormazábal a la revista Estadio a finales del 63. Lo que le ocurrió durante los últimos años lo había llevado a una depresión.

Los atrasos, las medias bajas y las constantes bromas en el camarín terminaron por hacer que el DT Fernando Riera no quisiera nominarlo al mundial del ‘62. Muchos de los jugadores de esa selección han manifestado que, de haber contado con él, habrían ganado la copa. Pero el tercer lugar era un logro, Cua Cua se lamentó solo.
Se había hecho fama de bueno para la cerveza y llegó a pesar 82 kilos. “Niño diablo”, “Roto choro”, le decían algunos. A finales del ‘61, algo tarde para llegar al Mundial, se dio cuenta de que si seguía así terminaría por retirarse pronto.

“Y no podía ser. Tengo cuatro hijos y el deporte, hasta entonces, no me había dejado nada. Mucha risa, poca plata… Tendría que haber sido un tonto para seguir como iba. Entrenaba, bajaba dos kilos y ya en la tarde había subido tres… -dijo en la revista Estadio- De haberme dado cuenta antes podría haber llegado al Mundial. Ahora sería hasta propietario… y estos cabros serían ‘hijitos de rico’… Pero me empeciné en algunas tonterías. Creo que hubo terquedad de las dos partes, solo que el que tenía que agachar el moño era yo; si me hubieran apretado un poco, si me hubieran dado una oportunidad… ¡Mire lo que son las cosas! Ahora que yo juego con las medias arriba, otros se las bajan. Por leseras así me quedé afuera… ¿Y qué quiere que le diga? ¡Se ven harto feas las canillas peladas!”.

Con 73 kilos y un campeonato excepcional, Cua Cua fue campeón en 1963 con Colo Colo, en un equipo que alcanzó el título con 103 goles en 34 partidos. En el partido final contra Universidad Católica, Francisco Fernández sacó una pelota a la mitad de la cancha, ahí Hormazábal la paró con el muslo, la amortiguó y desde allí hizo el gol.
En la revista Estadio siguiente hubo un editorial de dos páginas dedicada a Cua Cua. “Cuando uno está en un error, lo honesto es reconocerlo. Y nosotros estábamos en un profundo error con respecto a Hormazábal. Lo habíamos supuesto desde hace tiempo, lamentablemente, terminado para el fútbol. Lo teníamos por un hombre sin voluntad, arrastrado a los excesos, apegado a un medio que lo iba precipitando en el barranco. Pero, poco a poco, el 8 albo había ido recuperando formas. Primero fue asunto de jugar como él sabe hacerlo, unos 10 minutos por partido. Después fue media hora; más tarde un tiempo. En el campeonato de 1963, fue todo el encuentro”.

CARRERA COMO DT
Al retirarse del fútbol, Cua Cua trató de instaurar un sello como DT. En 1974 pagó el haberse ido, dejando al Morning justo antes de que descendiera, y en 1974 consiguió el ascenso del equipo a Primera División.

“Lo que más criticaba era que el jugador del fútbol chileno se aburguesó, termina el entrenamiento y se va. No se preocupa por perfeccionarse, mientras en sus tiempos él se quedaba con Chamaco practicando una hora y media tiros al arco, al travesaño”, recuerda su hijo, Enrique Hormazábal Gutiérrez.

En el libro “Anecdotario del fútbol chileno 2”, de Luis “Chomsky” Urrutia y Juan Cristóbal Guarello, el lateral izquierdo Alejandro Silva habla de cómo era su método como DT: “Cua Cua sabía muy bien lo que quería en la cancha, pero tenía problemas de expresión. Entonces, tomaba la pelota y hacía la demostración cuatro o cinco veces con su técnica incomparable, que los jugadores no éramos capaces de repetir. Por ejemplo, le pedía al arquero que rechazara y él de primera metía una volea que dejaba el balón en los pies de Carlos Caszely, mientras ironizaba: ‘¿Estás por ahí?’”.

Después de todo, seguía igual de canchero que siempre.