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¿Qué te gusta tanto del reggaetón?
–Soy de Iquique y allá es natural escucharlo. Es una buena zona para perrear. Debe ser por el lugar. Iquique es el Miami chileno. Es una playita paradisíaca, muy pequeña, y con zona franca libre de impuestos. Entonces tenís acceso a hueás, como estos lentes Versace que ando trayendo. Aquí en Santiago qué amigo va a tener esto. Nadie. Yo, por ejemplo, vivo en un departamento casi de lujo, frente al mar, con una piscina gigante. Tengo amigos con descapotables y son gente normal. Acá para tener eso tenís que ser súper cuico, vivir en tal parte y actuar de una manera. En Iquique no. Tengo amigos ladrones y otros abogados. La movida de allá es así.

Hay harto bling bling…
–Claramente. Y aparte hay mucha minería. Entonces, alguien de clase muy baja, que no tiene educación, puede manejar un tractor y tener un sueldo de tres palos. Y qué hace un flaite con plata: se compra un auto, lo enchula, le pone un súper sonido y se va a escuchar reggaetón a la calle a todo ritmo. Yo crecí en ese ambiente, por eso el reggaetón como que lo llevo en mi ADN. Es música alegre, de ambiente playero, no es pa escuchar en Santiago. Acá la gente no anda festiva.

¿Cómo es tu vida en Iquique?
–Me despierto, miro por mi ventana y veo 40 palmeras, el mar y la arena. Al lado hay una hueá de milicos y pasan helicópteros, entonces me siento como en una película o en un video de Lana del Rey. Y cada vez que sale un helicóptero, me saco una foto y me pego el tremendo show. El reggaetón combina con mi estilo de vida. No soy depresiva. Por eso no me pega la música triste. Además que soy una nerd del reggaetón: necesito escucharlos a todos y estar atenta a cada cosa que sale. Todo el día estoy investigando, y me rayo. Me despierto y me acuesto escuchando reggaetón súper fuerte, como una enferma, en todos lados. Y somos un grupo de nerds del reggaetón que nos whatsapeamos solo para decirnos: “hueón, salió un remix de ‘Tú me dices’”. “Oh, conchetumadre, bacán”. Es como una mini mafia. O llega otro y te dice “cacha este tema” y yo le digo “pff, esa huevá es 2014, ya fue”. Y es así.

¿Cuándo pasaste de escuchar a hacer música de reggaetón?
–Antes tuve un dúo con otra chica llamado “Ponciaoculta”, pero solo pa huevear. Era más chica, tenía 21 años. Después me interesé en el reggaetón más en serio y me atreví a hacerlo.

¿Cómo nacen tus temas?
–Todos los reggaetoneros tenemos una fórmula. Las letras de Arcángel, por ejemplo, te persuaden. Y a los humanos les encantan que los persuadan de cualquier huevá. Después está Justin Quiles, medio nuevo, que hace todo rítmico y adecúa la letra al espacio de la canción. Todos tienen sus distintas fórmulas.

¿Cuál es la tuya?
–Como escucho reggaetón hace muchos años, le robé la fórmula a todos. Soy viva, por eso me va bien. Les saqué el rollo a todos y lo que hice fue crear mi fórmula. El reggaetón, por lo general, habla de una cosa: del auto, de la gasolina, de la ex, del lujo. Lo que hago es inventar una temática o algo que piense que sea actual y que vaya a pegar. Lo que más me interesa es que la gente termine perreando.

No son cosas que te pasan a ti.
–Nada. Simplemente es como debe ser una canción de reggaetón y qué tiene que decir. Tampoco voy a cantarle una canción al hueón que me estoy comiendo.

Tus letras hablan de drogas.
–Sí, harto. Fumo marihuana, pero no jalo. Y caleta de canciones hablan de la coca, pero porque ese es el contexto. Esta música está hecha para bailarla en una instancia de fiesta, en un ambiente oscuro, como de alcohol y droga. Pero yo ni ahí con la coca. Me carga la gente dura. Pero filo.

¿Es difícil componer letras de reggaetón?
–Como cualquier música. Los más doctos menosprecian el reggaetón, pero no es menor hacer música bailable. Puta, qué es difícil hacer bailar a alguien. Otros creen que el reggaetón atonta a la gente. Y es verdad, porque es pop. No estoy haciendo una creación, sino que un producto y lo estoy vendiendo. En el fondo, lo que estoy haciendo es un falabella de la huevá. Y si para ellos Britney es un producto, es porque la conoce todo el mundo y ellos se enteraron. Aunque no te gusten sus temas igual los cachai. Yo quiero llegar a ese nivel. No quiero ser una hueona hippie cantando por la buena onda en el club de un amigo y que nadie te cache, ni cagando.

LA TOMASA
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¿Quién te puso Tomasa?
–Me llamo Valeria Cisterna, pero me dicen Tomasa desde chica porque soy como esas minas negras que andan con frutas en la cabeza. Mis amigos me llamaban así para molestarme, pero a mí me encantó el sobrenombre. Aparte que siempre he sido medio masculina. En mi cabeza soy como un hueón. Entonces, encontraba súper bacán llamarme Tomasa, porque era medio hombre-mujer.

¿Por qué en tu cabeza eres como un hombre?
–Siento que no soy ni hombre ni mujer. Soy un travesti nacido en el cuerpo correcto. Así me siento: un hombre pero muy mujer. Pero nací mujer, así que bien. Como que nací operada. No tengo un género como preferencia. A veces me siento súper lejana al género femenino. Por lo mismo, no puedo decir que soy feminista y que apoyo a las minas, porque todos somos igual de malos.

¿Por qué no te sientes cercana a ellas?
–Porque si yo hubiera nacido hombre estaría haciendo lo mismo: sería tatuadora y cantaría reggaetón. No estoy cantando reggaetón porque sea mujer y quiera convencer a alguien de algo. Que yo sea mina no significa nada. Y decir que soy feminista sería decir que soy mujer, o que soy algo que quizás no soy. No me gusta generalizar. Me gusta esta huevá ridícula de querer ser hombre o mujer, inventarse un rol. De repente estar con un hombre muy hombre pa sus huevás y sentirme una mujer indefensa, ay, qué rico, ay, llévame donde querai. O de repente estar con un hueón súper mina y sentirme el hombre y yo te llevo, ven guachito y vámonos pa la cama. No me gustan los roles impuestos.

Has dicho que a veces te gustaría ser lesbiana…
–Es que me encantan las minas, pero no me interesan sexualmente. Y hay muchas minas que están en contra de que las piropeen. Pero hasta a mí me dan ganas de piropear a las minas, poh. Vai en una cuadra y hasta las más feas tienen su algo. No así a los hombres. Son todos feos, todos cochinos.

Más allá de eso, ¿qué te parecen las demandas de las feministas, como exigir una ley de aborto?
–Puta, bacán, que lo hagan. La raja sería abortar en una clínica y no en tu casa. Pero no sería de meterme a un movimiento feminista para estar a favor. Puedo hacer otras cosas. Si quieren les paso una página de internet para que aborten.

¿Qué te pasa con la gente que quiere imponer sus posturas contrarias al aborto?
–Es ilegal fumar marihuana y todo el mundo lo hace. Que la ley no lo admita, no significa que no exista. Yo no quiero tener hijos nunca.

¿Has abortado?
–Sí, hace muchos años. Compré misotrol por internet. Y lo hice porque no quería ser madre, por nada más. Me pasa que no tomo pastillas porque me hacen mal, y el condón falló. No lo pensé dos veces y aborté. Tenía mi decisión súper tomada, no me vino un sentimiento de culpa. Al revés, fue un alivio. Yo me imagino que todos los humanos son diferentes y todos tienen sus sentimientos distintos, pero soy de la idea de que las mujeres aborten y no tengan hijos nunca.

¿Por qué?
–Está lleno de gente el mundo, es un asco. Más encima, algunos padres no les dan tiempo a sus hijos, después esos hijos son una mierda y cagan la hueá. Y te digo, de todos mis amigos que tienen hijos, todos los tienen porque las minas se los cagaron. Ellas quisieron tener hijos y les hicieron hijos a ellos. Ahora todos tienen ataos con ellas, porque no los dejan ver a los cabros chicos. No tengo ninguna historia que no sea así. A veces pienso que el género femenino está en deuda.

¿Por qué?
–Es como decir que todos los hombres son malos y las minas somos víctimas. Y sí, obvio que está mal que algunos hombres sean malos, pero algunas minas también somos malas. Mi género es horrible. Puta, en los hombres confío mil veces más que en las minas. Hay una rivalidad femenina que es penca. O sea, me paro al lado de una mina y lo más probable es que me odie mucho. Y eso sí que es femenino. A un hombre le da lo mismo.

El reggaetón es terreno masculino. ¿Cómo fue meterte siendo mujer y cantando letras dirigidas a los hombres?
–Fue fácil, porque corro sola. Las minas tampoco quieren cantar cosas tan rudas. Y que ni siquiera son tan rudas. Simplemente no quieren cantar que les gusta tirar. Y como mina, me ha ido la raja porque no hay nadie más que lo haga. Ser mujer en el reggaetón solo me ha traído beneficios, porque en los videos típicos salen los hueones cantando con minas vestidas sexy, pero ahora soy yo la que está cantando esos temas.

Para algunos, las letras de reggaetón denigran a la mujer. El año pasado hubo campaña en contra. Tomaban una frase y después hacían la representación gráfica como si fuese real. Por ejemplo, con la frase de Arcángel “si fueras un clavo, yo sería un martillo y te clavaría”.
–Es ridículo. Es una escena sexual. El reggaetón es una manera diferente para demostrar amor, no denigra a la mujer. Al contrario, es una oda a las minas. Todo gira en torno a ellas. Hay países que lo han prohibido, pero es porque no lo llegan a entender. Y eso está bien también, porque son letras marginales que hablan de sexo, drogas, delincuencia, muertes. Es un género de calle. No se puede salir cantando “ay, estoy acá en el mall con mis amigas, pasándolo súper bien y respetándonos”. El género es rudo, fuerte. No es como la Francisca Valenzuela.

También se critica que pone a la mujer solo como un objeto sexual.
–¿Pero qué te dicen cuando tirai? El reggaetón habla de la intimidad, de sexo. La gente se ofende y se quedan solo con la hueá del “dale, Don, dale”, pero en el fondo esa letra te está diciendo “hueona eres lo máximo, te amo, te quiero dar todo, quiero invitarte a los viajes”. Es otra forma de entregar amor. ¿Qué tiene de machista eso? En ninguna parte dice que eres tonta, que no podís votar o “cállate, mujer, anda a lavar”, sino que al revés: te dice te voy a comprar vestidos y te voy a dar todo. La gente que critica el reggaetón es porque no lo escucha. Hay que entender el contexto del reggaetón.

¿Cuál es?
–Estai en una fiesta y tenís que convencer al otro de que te vayai con él. Y el reggaetón hace eso: te hipnotiza, te atonta, te hace moverte a un ritmo que no parai nunca. Hay pocas instancias en que los humanos nos acercamos a otros humanos porque queramos. Y cuando vai a las fiestas es porque andai buscando algo. Las fiestas están hechas para gente soltera, y la gente soltera va a los carretes a comerse a otra gente.

Así nomás…
–Y para vacilar solo, vai a una fiesta de música electrónica, que está hecha pa eso. Pero el reggaetón te acerca a otra persona, tenís que bailar con otro, independiente de que sea mina, mino o gay. No podís perrear solo, eso sería ridículo. Al toque ya tenís una pareja perreando. Y después el reggaetón te hace decir cosas que en ningún contexto dirías. Por ejemplo, hay una canción de Osuna que me encanta que dice: “hoy quiero verte desnuda, que si te dejas llevar de mí, pasarás una noche de locura”. Si tú estás bailando de cerca con otra persona, moviéndote al ritmo de la huevá y dices “oye, quiero verte desnuda”, obvio que quedai on fire. Obvio. Y la mina “ya poh, si igual yo estoy aquí pa esto mismo,”. Lo más probable es que al final de la noche esa pareja se vaya junta.

¿Eso pasa en tus carretes?
–Espero que sí, poh. Entonces, qué pasa al otro día. Si fuiste a un carrete y te comiste a alguien, vai a decir: fui al terrible carrete, me comí a la mina más rica o a un mijito rico que bailaba bacán. Y la fiesta fue un éxito. Pero si nadie se comió en la fiesta, ahí quedó tu fiesta, fomeee… Mis fiestas son un éxito cuando terminan todos agarrando. El reggaetón es un amor informal, pasajero, y es válido. Tú estai bailando con el otro que te dice “erís hermosa, te vi y no te puedo dejar de pensar, no me sé tu nombre pero me encantas”. Por qué tengo que hablar de amor eterno. Y cuando bailas reggaetón, en ningún momento ofendes a la persona con la que estás bailando. Al revés. Te convence, te engatusa, te dice: mira, vente conmigo a mi casa, tengo un auto, tengo esto. Es como un pavo real mostrando todas sus plumas.

Tira toda la carne a la parrilla.
–Ese es el reggaetón. Entonces, trato de hacer eso mismo en mis letras. En mis temas soy un pavo real. Soy la más bacán, tengo todo dominado, te quiero a ti conmigo, en mi cama, hueón te pago el taxi, qué más querís, te doy todo, vente. Eso es en las letras, porque en la vida real me tienen que invitar como diez veces para que me los coma, ja, ja, ja. Soy súper pesá.

¿Por qué?
–Me gusta que los hombres me atiendan bien, que te paguen la comida. No porque no tenga plata, sino porque tú eres el hombre y yo soy la mina. No quiero que seamos iguales. Yo estoy bien en mi posición. Tú erís hombre, así que muéstrame las plumas, después voy a evaluarte y veré si te muestro las mías. Pero eso ya es personal, el reggaetón tira todas las plumas y uhhh, vamos.

¿Cómo te va con los hombres?
–Algunos piensan que por las letras que canto soy una cualquiera o que me los voy a hacer mierda en la cama. Y la verdad es que no estoy pendiente de ellos porque me quitan demasiado tiempo. Tengo que estar concentrada en lo que hago. Pero el reggaetón es un género, no es una persecución ni anda buscando que las niñas o los cabros hagan algo, sino que es música bailable y ya está. Y por otro lado, las mujeres somos un objeto sexual. Somos lo más bonito que hay en el universo. Una mina en pelota, no hay más lindo que ver eso. No me puedo ofender de que seamos lo máximo. No están mal los que piensan lo contrario, porque el reggaetón sí usa a la mina como un objeto sexual. Yo soy un objeto sexual. Hay gente que le incomoda, a mí no. El otro día conversaba con el hermano de un amigo que es modelo.

Ya…
–Y me dijo que había ido al mall a hacer promo mostrando sus músculos. Y que alguien le había dicho si acaso no se había sentido un objeto. Y nos reíamos. Yo le dije: si me preguntaran a mí, le diría que me siento el objeto más caro de la tienda. Por eso me encantaría decirte que mis tetas son falsas para valer más, pero son de verdad, ja, ja, ja. Pero no necesito desexualizarme para ser alguien ni renegar de mi naturaleza. No estoy enojada con el mundo. Y hay minas que si lo están.

¿Sí?
–Y creo que pasa porque muchas no están siendo tratadas como minas.

¿Qué es que te traten como minas?
–Que te abran la puerta del taxi, que te digan que erís bonita, que te respeten y toda esa huevá. Pero hay minas que se afean y reniegan de la huevá. Como que no les gusta que las vean como una cosa sexual. Hay un enojo de por medio con los hombres. Yo no los desprecio, los amo a todos por lo que son. Es como decir que todos los hombres son súper ahueonaos. Sí, son súper ahueonaos. Y las minas también somos súper ahueonás.

¿Las feministas te han tirado mala onda?
–Sí, poh. Quieren que me haga feminista y yo no. Soy mujer pero no feminista. Soy una artista, no una hueona política y no quiero convencer a nadie. No estoy ni ahí con abanderizarme porque dejai de lado a otros, terminai segmentando más. Yo quiero ser Rihanna, no quiero ser Anita Tijoux.

¿Te interesa la política o lo que pase en Chile?
–No estoy ni ahí con la política. Sé que todos son ladrones. Soy totalmente ignorante al respecto. Vivo en otra. A mí no me toca la ley. Ojalá no me metan presa y si lo hacen, seré la reina de la cárcel porque soy tatuadora. Tampoco cacho a la Bachelet, así que ni puedo opinar de ella. No voto. Me imagino que hay cosas muy importantes en la política, pero no me afectan directamente. No me siento parte de nada. Siento que lo que puedo pensar hoy, mañana puedo pensar lo contrario. Entiendo que la gente burra no cambie de opinión. Y esas opiniones no van porque otra gente te las diga, es súper personal. No necesito ir donde un gallo para decirle no le tire un piropo a una mina: si lo aprendís, bacán, y si no, también estai en tu derecho a ser un imbécil. Esa es la libertad verdadera.
Reggaetón DEL FUTURO

Eres exponente de lo que se llama reggaetón del futuro. Creía que el reggaetón no tenía futuro.
–Tiene ene futuro. Es una escena medio nueva, medio rara, paralela en muchos países. Y que recién está llegando a Chile.
¿Qué es lo distinto al reggaetón tradicional? ¿Las letras son distintas?
–Son iguales, solo que los que las crean no son de Puerto Rico. Somos gente de otros países generando una huevá nueva. Y pasa que Chile está súper atrasado en esto, en Santiago no pasa nada. Recién ahora vine a mostrar mi música y fue un éxito, se armaron las medias colas pa entrar. Llegaron caleta de gays, flaites, travestis, pelucas y harto taco. Y muchos hipster que encontraban horrible el reggaetón, pero ahora para ellos es lo más cool del mundo. Incluso, en Alemania y Estocolmo están escuchando reggaetón. He tocado allá y queda la cagá. No entienden ni una huevá de las letras, pero vacilan igual, hasta hacen el intento de perrear. El reggaetón ya no es sinónimo solo de flaite, ahora todo el mundo lo escucha.

¿Te molesta que se asocie a lo flaite?
–Es que es flaite, poh. Y yo soy flaite, aunque no tanto, pero nunca tuve plata. Y ser flaite es ser un hueón pobre que todo el rato sueña con tener plata. El trauma del flaite es querer tener plata. Y yo tengo ese trauma. Quiero tener plata, quiero estar ahí con Rihanna, vacilando con sus productores, grabando en Miami. Quiero ser la reina del reggaetón. La Britney de la hueá.

¿Por qué a los reggaetoneros les encanta ostentar tanto lujo?
–Porque somos gente flaite. No somos ricos. El sueño del flaite es ser rico, y bañarse en plata y oro. Por ejemplo, yo me compré mis lentes Versace y, como soy flaite, les saqué una foto y la subí a Instagram. Alguien que tiene plata no ostenta. Para uno, hacer eso es como un logro material de lo que estai haciendo. Y si en los videos aparecen marcas, las Louis Vuitton, es porque la gente que escucha reggaetón las desea. Obvio que el niño flaite sueña con sus tillas Lacoste. Y está súper bien, es una motivación a salir de esa huevá. Antes ser flaite era como ser sucio y todo mal, pero ahora veo un flaite y está vestido mejor que todos mis amigos hippies. No es que la ropa sea importante, pero sí te hace sentir mejor y no como una mierda de la sociedad. Un cabro flaite se compra una polera Lacoste y se siente parte de la sociedad. Porque siempre han sido marginados.

¿Y cómo reggaetonera ganas plata?
–O sea, gano más como tatuadora. El reggaetón me da menos, pero tampoco es tan poco. Mi reggaetón es con fines de lucro. Y ahora estoy mal. Me robaron la plata el fin de semana de los show que hice por estos lados. Y ni siquiera me alcancé a sacar una foto con la plata. No me compré nada, me quedé sin ni uno. Para alguien que quiere ser la reina del reggaetón, es una tragedia.

Los temas de Tomasa se pueden escuchar en
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