Francisca Valenzuela adelanta su nuevo disco inspirado en su maternidad: “Fue emocional y psicológicamente muchísimo más duro de lo que imaginé”
Tras dos décadas de carrera, Francisca Valenzuela pensó que atravesaría el posparto del nacimiento de su primera hija, para luego volver a su vida exactamente igual. No ocurrió. La experiencia de convertirse en madre la enfrentó a una transformación que describe sin adornos: "como que me destruyó, igual". Desde ese desgarro y renacer nació "Maldita", donde comparte sus vivencias, y que la tendrá en una gira local e internacional en los próximos meses. La cantante dice a The Clinic: "Es muy emocionante ver cómo se flexibiliza la realidad, que también si uno se pone emocional es como el amor: donde cabía esto, ahora cabe todo esto otro".
Por Isabel Plant 7 de Junio de 2026
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“Supongo que esto pasa con todas las relaciones de afectos que son potentes: todo se achica, pero a la vez todo es gigante, ¿me entiendes?”, dice Francisca Valenzuela (39). “Yo pensaba, cómo se puede sentir que el mundo tan grande en esta pieza; un domingo en la mañana y está todo ahí”.
La cantante, poeta, productora, creadora del Festival Ruidosa y protagonista del pop local desde hace dos décadas, está hablando de los cambios que ha experimentado desde que se convirtió en madre, hace un año y medio. Sentada en un café que flanquea la librería Autoras –dedicada cien por ciento a libros escritos por mujeres– reflexiona sobre las sorpresas que le trajo esta nueva etapa, desde su vereda de artista.
Del enfrentarse a lo creativo cuando la cabeza está en mil partes, hasta la logística de ser música y mamá que va de gira. Y de sorprenderse con las emociones inesperadas, que decantaron en lo que será su próximo álbum, que lanzará el 30 de julio: “Maldita”.
“Siento que tengo una vida llena de pasiones y de espacios que son de mucha conexión, y que todas son parte de mí”, continúa Valenzuela. “Pero esta parte no la conocía, no la había tomado tanto en consideración quizás y no sentía que la quería tanto. Fue dándose, se fue construyendo. No es que yo soñaba con tener un domingo en la mañana con una familia. Delicioso que así sea y maravilloso que uno lo elija”.
Los domingos en familia -junto al periodista Daniel Matamala- hoy se mezclan con una agenda retomada con fuerza: Valenzuela acaba de lanzar el segundo single de “Maldita”, llamado “Malacara”. Ahora parte rumbo a Nueva York a la versión norteamericana de su Ruidosa, en el famoso Lincoln Center; en la misma ciudad además recibirá el Wonder Women of Latin Music, galardón presentado por Amazon Music en el marco de Latin Alternative Music Conference. Y, después, viene la gira de “Maldita” por Chile, que incluye tres fechas en la Gran Sala Sinfónica Nacional en Santiago -con dos ya agotadas, lo mismo que la agendada en el Teatro Biobío-. A fines de año la esperan España, Estados Unidos y México.
Valenzuela ha lanzado dos videos que son parte de este universo conceptual: “Debí tomar más agua”, un video-poema que es un monólogo interior de una madre primeriza que se pregunta desde cómo abrir el coche hasta cuánto tiempo se puede pasar sin dormir, y su diario de lactancia, para hablar “del loop solitario de dar papa”.
Francisca Valenzuela, famosa por sus letras autobiográficas que han sido exploración y memoria de lo femenino, dice ahora sobre la maternidad: “Como que me destruyó, igual”.
Y así apareció la nueva ella y el nuevo disco.
Dos décadas haciendo ruido

—Llevas ya veinte años de carrera, ¿no?
—El próximo año, 2027, se cumplen 20 años de “Muérdete la lengua”.
—Imagínate: de ser esa casi adolescente que llevó su cassette a las radios, a ahora armar tus festivales, y estar llegando a los 40 siendo mamá. ¿Cómo te llega esto? ¿Estás consciente o vas viendo el día a día sobre la marcha?
—Las dos cosas. Por una parte valoro el paso del tiempo y la experiencia adquirida y la madurez. Y sé que está todo muy sabroso y entretenido y contundente, y me siento mejor conmigo y con la vida, en muchos aspectos. Por otra parte también hay un luto de ir dejando atrás otras etapas y de sentir que uno es adulto, y adulto de verdad.
Creo que hay una fantasía, especialmente en ciertas carreras artísticas, de que hay un espíritu joven y que ese espíritu tiene que perseverar, porque la antítesis es la vejez. O la maternidad, incluso. Creo que había un estigma muy grande de mi mente también acerca de eso, cómo yo puedo resignificar y reconstruir una versión de maternidad que es compatible con mi vida, con mi visión y fantasía de la mujer que yo quiero ser. En general voy para adelante, pero ahora que digo veinte años…
—Jugando en la plaza, y organizando en el celular…
—Claro, mandando los mails, componiendo. Pero también hay otras veces que es como wow, 20 años. Y más allá de decir ‘sí, hagamos un concierto’, a veces me cuesta realmente ver qué pasó, qué valor tiene, como que yo simplemente estaba a pulso construyendo y aprendiendo.
—Igual los 40 son un tema, aunque sea el cliché. Es dejar una juventud atrás, de cierta manera, pero también eso es lo bonito, que puedes ya mirar cómo viviste esa juventud.
—Uno ya tiene suficientes ciclos, de haber pasado por cosas que te ayudan a identificar como tú eres. Digo ok, han pasado cosas, hay un relato, una vida, una biografía. Pega eso también. Es esa sensación de posibilidad que uno tiene, esa cosa como cinematográfica de protagonista, de decir todo es posible, estoy en este avión, estoy en este bus, estoy en este metro mirando por la ventana y como que la vida está ahí.
—Si quiero me voy para allá, si quiero me vuelvo para acá. Y ahora no.
—Y es raro decirlo, porque no es que somos conservadoras o que hay restricciones, pero sí hay una sensación de que uno entiende que ya no todo es como antes, entonces igual es heavy. Pero se siente bien, también.
—En alguna parte Taylor Swift decía que para una mujer cantante pop, normalmente la carrera acaba a los 30. Eso es súper desafiante en tu profesión: reelaborar un discurso de lo que uno es, y cómo vas a ser una cantante mujer y no cantante joven.
—Sí, sí, cien por ciento.
—¿Cómo se sobrelleva una carrera musical después de los 40? Que se siente relevante, creo que en el caso de mujeres en música son pocas las que siguen.
—Yo creo que para mí un temor constante, y sigue siendo un poco, es el que no llegue “ese” momento, porque no voy a estar donde quiero estar o no voy a lograr lo que quiero lograr. ¿Y entonces qué pasa después? Yo creo que una parte de mí, no una parte a la que le hice caso, pero que siempre está atenta diciendo OK, no tengo 18, no tengo 25.
Como que la sensación de que una mujer exitosa, adulta, madura, que sea deseable, que tenga que ofrecer, que se siente fresca y relevante, automáticamente se construye una idea de que eso ya no pasa si eres mamá o más vieja. Obviamente sabemos que eso no es cierto, pero creo que culturalmente se ha transmitido mucho ese paradigma.
—Para una cantante ese es el desafío, porque se supone que la música es para gente joven, tienes que tener algún tipo de conexión con la de 18. En el último Ruidosa había mucha diversidad de edades, mucha juventud, y se podía ver que llegaste a un lugar donde ya te siguen distintas generaciones.
—A veces, si estoy en una cosa más de industria, es muy verdad eso. Dicen, no, la demográfica tiene que ser 18 años. Y es bacán si están ahí los de 18, bacán, bacán, bienvenidos, vengan. Pero también bacán las coetarias.
Y bacán también las mujeres mayores. La perimenopáusica, nadie habla de eso, no me ha tocado a mí, pero está la vuelta a la esquina. Otra amiga que tiene endometriosis, o el tema de la extracción de huevos y quedar embarazada. Hay temáticas de la identidad femenina que van mutando por cada generación y hay cosas que obviamente son transversales, pero también encuentro súper relevante poder profundizar y saborear cada etapa.
Si yo quiero hacer algo que parece de 18, también bacán, pero si hago este disco, por ejemplo, y hablo de la maternidad y el posparto, va a ser excluyente para algunas personas. Pero está bien, también es incluyente porque la maternidad va mucho más allá que un álbum.
¿Cómo se hace esto?
—En tu poema hablabas sobre googlear “Mujeres músicas con hijas”. ¿Fue embarazada o con la guagua afuera, que dijiste, y esto quién más lo ha hecho?
—Creo que de cara a armar el nuevo disco, antes incluso de saber qué quería hacer con el álbum, me acuerdo de pensar cuáles son los discos que las artistas han hecho después de tener guagua. Por ejemplo Madonna, “Ray of light”, tremendo disco. Sinead O’Connor, Kate Bush.
Incluso revisitar a Violeta Parra. Qué pasa no solamente en su obra, sin qué pasa en su biografía y su trayectoria. Era nutrirse de un sentido de validación. Yo sé que tengo que decidir lo que yo quiero hacer, pero la incógnita era muy grande, porque tampoco tenía un ejemplo tan cercano en el mundo de la música que yo dijera ah, tiene la guagua y se va de gira, le interesa dejar de girar o no. Afecta la obra o no aparece en la obra.
Me parecía una revolución tan monumental y me sentía casi avergonzada de que no me había fijado tanto antes. Entonces el googleo vino de manera muy 360, desde la obra, la trayectoria qué pasaba, porque la mayoría de las cosas que yo veía era como familia, pum, desaparecían.

—Me acuerdo de la Ana Tijoux diciendo que a los hombres no les preguntaban dónde dejaban a sus hijos cuando se iba de gira, y a ella sí.
—Bueno, Ana ha estado siempre girando con su familia y es súper relevante. Y tiene toda la razón, o sea, yo pensaba después cuántas giras he hecho donde estoy con puros varones arriba de un bus, que tienen hijos, y nunca parecen estar preocupados. No estoy juzgando, lo que quiero decir es que sistémicamente ellos están liberados de esa responsabilidad.
Yo pensaba todo el rato, ¿y si quieres girar con la familia? ¿Y cómo lo hago? Y la Ana fue de las pocas mujeres que yo vi que tenía su familia integrada. La Mon (Laferte) también, o la Xime Sariñana, que tuvo guagua antes que yo. Pero han sido muy poquitas en realidad.
—Bueno, y tuviste la guagua. ¿Qué pasó ahí, que te llevó a hacer un disco?
—Sí, inesperadamente.
—Vi una entrevista donde contabas que habías planeado hacer un disco muy glam, casi que mientras dabas papa en buzo.
—Totalmente, no me di cuenta cómo la transformación es tan real y tan envolvente que iba a tocar todo.
Y agradezco eso, la oportunidad de explorar y tener curiosidad creativa con un tema que es tan profundo. Lo estoy viviendo, necesito desenredarlo, desenmarañarlo, y a la vez se convierte en un artefacto, en una creación.
Toda la etapa inicial de posparto fue tradicional, en estar ahí, en el loop, en el bucle casero. Yo creo que fue psicológica y emocionalmente muchísimo más duro de lo que imaginé. Y como que me destruyó igual, fue un proceso de reconocer que eso estaba pasando y de que es un periodo de fragilidad y de crisis de por sí.

—Hoy día se habla mucho más, en películas y libros, incluso algunas influencers, sobre que esto es súper difícil, y de la depresión posparto. Pero hasta que uno no está ahí con un ser vivo que depende de ti, es difícil de explicar. Te dijeron que era así, pero tú no lo registras.
—Uno no lo registra hasta que te pasa.
—En tu canción “Bumgambilia” dices que no te sentías apta.
—Sí, total, total. Primero el entender lo que pasa, como que ni siquiera uno tiene las palabras, el cuerpo atraviesa una tormenta. Aparte la vergüenza que sentía, la culpa, no sé. Ha sido un proceso impresionante el poder identificar, verbalizar y compartir.
Decir como wow, mi admiración es tan grande hacia las mujeres y ahora entender que además sostienen este lugar que yo no lo conocía en carne propia. Fue una experiencia profunda transformación total. Y al igual que muchas cosas que escribo que son biográficas, atravesó y se convirtió en el objeto de inspiración.
—Luego, cuando la guagua tenía unos meses, te juntaste con tu productor Francisco Victoria, con una cierta idea, él te dijo, por ahí no es.
—Imagínate, yo pienso ahora como él me vio por el Zoom, de verdad yo en un estado pero paupérrimo. Desarmada, deshecha totalmente. Y recuerdo estar media maníaca. Íbamos a hacer este disco y va a ser así y voy al gimnasio. Y es como amiga, con todo amor: no creo que eso va a pasar.
Y cuando él me dio la pasada para explorar artísticamente y emocionalmente este tema y tuvo curiosidad, creo que fue una invitación a decir OK, aquí hay algo que contar también.
Yo decía qué vergüenza compartir algo que es tan obvio, pero que al mismo tiempo está escondido Cuando le empecé a contar, me dijo: rasca ahí, indaga. Y eso fue un catalizador para empezar a mirar este proceso desde otro lugar, creo que fue súper sanador y también me inyectó mucha energía.
Empecé esta búsqueda de libros y otras obras. Porque incluso los testimonios que yo había encontrado como el de Jazmina Barrera, o Lucy Jones, que me nutrieron de un lugar emocional, se convirtieron también en un cuerpo de trabajo que me ayudó a inspirar y a abordar mi propio cuerpo de trabajo.
—Y fue bonito sentir que pasó todo esto, pero seguías siendo creativa. O sea, puedo hacer una canción, no me lo ha quitado esta guagua.
—Sí, eso es un temor que uno tiene. Incluso la primera canción, cuando la escribimos lo pasé muy mal, me sentí muy estancada, muy fuera de training. Y me acuerdo de llorar después de la sesión. Nunca más voy a hacer una canción, no me acuerdo cómo se hace, ¿quién quiere escuchar lo que tengo que decir, qué quiero decir?
Y fue muy rico sentir una fluidez creativa, incluso la paradoja del tiempo: fue tan limitado el tiempo que teníamos que había que decidir y no podía dudar. Entonces eso permitió también construir con una velocidad que hace mucho tiempo no tenía.
—Cuando Alison Mandel se llevó las gaviotas en Viña hace unos años, se emocionó porque dijo que había sido mamá y había pensando que esto nunca más. Era imposible imaginarse de vuelta en el trabajo.
—Es muy emocionante ver cómo se flexibiliza la realidad, que también si uno se pone emocional es como el amor: donde cabía esto, ahora cabe todo esto otro.
—¿Y por qué el disco se llama “Maldita”?
—Por esa sensación de decir: debería estar contenta, pero no lo estoy. Eso se siente como una maldición, como que hay algo en mí que está fallado, que no me permite disfrutar, que no me permite estar en el lado del bien.
Y además cuando empecé a conceptualizar el disco me di cuenta que las canciones tenían mucho que ver con temáticas que eran malditas para las mujeres: la histeria, la ira, el deseo, el estar descontenta, la frustración, la oscuridad. Y todo este mundo arquetípico de las mujeres incomprendidas y juzgadas, inadecuadas.
Hay una canción que se llama “Maldita”, que es de mis favoritas, que además es un homenaje a “Maldigo el alto cielo”. Esta cosa como tensa y circular y como un frenesí, como un delirio de desesperación.
—Hay un sonido muy libre. Supongo que siempre va a estar esa cosa de que me toquen en las radios, que suene en Spotify, pero “Bugambilia” para hacer un primer single, va para otro lado.
—Sí, sí, me encanta. Fue con intención eso. Si esta etapa habla de estos temas, tirémonos a la piscina, filo con tratar de suavizarlo o ser complaciente. Y me pasó mucho en el focus group, de alguna gente en los círculos un poquito menos nucleares de trabajo, eso fue un poco la respuesta: esto es muy difícil. O además es muy violento, la gente no va a entender, no quiere escuchar algo así.
Y yo entiendo que “Bugambilia”, por ejemplo, no es una canción de ponle play en la fiesta tres veces y vamos a cantarla y hacerle un TikTok. Pero tiene que ver con posicionar un tema. Pienso más en una creación que es un artefacto cultural, que cataliza una conversación.
Tenía claridad que esa era la propuesta y que la expectativa no es que sea un viral que compita con los hits del momento. Ojalá fuera amigos, pónganle play, pero siento que tiene que ver con un relato que es más grande y que tiene que ver con mi propuesta como artista.
Entonces fue bacán, porque yo creo que siempre he sido más alternativa en mi mente y en mis referencias, y ahora pude plasmarlo en la obra misma.
—Bueno, eso lo puede hacer una artista con sus 20 años de carrera y no alguien que lleva cinco.
—Obviamente uno siente la presión externa, todo tiene un costo igual. Yo también he tomado decisiones artísticas con la idea de que supuestamente va a ser mejor para tu carrera y ahora yo sé que eso no es necesariamente así.
Siempre he hecho lo que he querido, pero sí puedo identificar en algunas etapas en que fui más susceptible a la sensación de que hay algo afuera que es la decisión correcta. Aunque yo hiciera la canción más pop, nada garantiza que voy a tener ese millón de streams que todo el mundo quiere.
Entonces al final mejor sigo algo que se siente real y auténtico, y un punto de vista que creo que es muy valioso. Hoy en día especialmente, y que son ideas y una voz distintiva.
**Agradecimientos: Autoras librería.



