“POR INTERNET, OBVIAMENTE, NO LE MIRÉ LOS SENTIMIENTOS”

Cuando conocí a mi actual esposa yo estaba en España y ella en Colombia, es de allá. Había tenido un quiebre amoroso reciente con una chilena, así que decidí tomarme un tiempo en otro país. No quería nada con las mujeres, andaba –como se dice- soltereando.

Me metí a esas páginas de parejas y por ahí comenzamos a hablar por chat. Tuvimos buena onda al tiro. Lo primero que me llamó la atención fue su belleza, porque por internet obviamente no le miré los sentimientos, jaja. Hablamos desde septiembre del 2009 hasta que nos conocimos en persona a mediados del 2010. Yo viajé donde ella. Sentí que era una mujer completa para mí. Terminamos casándonos el 2011 en Colombia.

Estuvimos un tiempo allá y después nos devolvimos. Su familia me trató súper bien. Todos fueron bastante buenos conmigo.

Se podría decir que todas las mujeres son iguales, pero estar con una colombiana es otra cosa, compadre, jajaja. No quiero decir que las chilenas no lo sean, pero acá hay como más ritmo, más sabor. Mi mujer va –prácticamente- una vez a la semana a la peluquería. O cada quince días, al menos. Uno llega a la casa y ve una mujer radiante y –eso- mantiene la llama viva. Cuando uno está con una extranjera uno comienza a descubrir más la cultura latina.

Hasta las costumbres cambias. Antes jamás escuchaba salsa, ahora son parte de la casa. La gastronomía en la cocina cambia radicalmente. Uno conoce otras cosas. Se abre la mente. Dicen que los extranjeros traen las cosas malas, pero no es así. Personas malas hay en todos lados.
A ella le cargaban los chilenos. Los encontraba creídos. Incluso, más que los argentinos. Igual terminó casándose con uno. Ya tenemos dos hijas. Una era de ella antes, pero somos felices los cuatro. El mundo es un pañuelo, no podemos separarnos por fronteras.

(Juan Guzmán, 36 años, operario de fábrica)


 

“TIENE BUENA ESTÉTICA”

Yo ya he vivido con dos colombianas, ¿usted no? Jaja. Vivo con mi pareja en mi departamento. Nos conocimos en un avión como en el 2011. Yo venía de allá. Andaba vacacionando. Nos tocó juntos y le metí conversa hasta que llegamos a Chile.

Cuando llegamos ella entró a trabajar y un día nos juntamos, porque le había pedido su número en el avión. Como al año o dos comenzamos a motelear. Yo ya había vivido con otra extranjera, también de allá. La había conocido en un paradero de micro. Era de por ahí. Yo la iba conquistando día a día mientras esperábamos la micro a la misma hora. Casi todos los días nos topábamos.

Yo creo que el chileno tira la talla, pero no actúa. Yo actúo nomás. Somos re pocos así. Si me gusta le digo al tiro. Le digo linda, preciosa. Así la conquisté. Ella tiene más de 50 y le tiran 25 o 30 años. Tiene buena estética.

Yo creo que le gustó que cocinara, no somos muchos los que hacemos eso.

(Manuel Rodríguez, 75 años, maestro chasquilla)


 

“ME TENÍA FE”

Un amigo me la presentó por Facebook. Él se iba a ir a casar a Colombia y me dijo que fuera, pero por temas monetarios no pude ir. Me mostró las fotos y yo sólo me fijé en una. Él me preguntó “¿no será mucho para ti?”, yo le respondí que me tenía fe. Conversamos como un año. Ella viajó a verme y pasamos el año nuevo 2011 acá. Estuvo como tres semanas. Después yo trabajé todo el verano –como doce horas diarias- para ir a verla en marzo.

Siempre me ha gustado como hablan las colombianas. Me gusta mucho ese acento. Las costeñas hablan muy bonito. También su tono de piel y sus ojos, aunque no me crean.

Nunca me imaginé que iba a terminar con una extranjera, pero las cosas se fueron dando. Antes, dejar la video llamada y no vernos más era difícil. Ahora estamos todos los días juntos. Solo estamos pololeando, pero pensamos casarnos. Hay que estabilizarse primero. Saldría caro sí, porque queremos hacer primero uno allá, en la playa y de blanco. Y otro acá, más normal.

Ahora hasta ando más ordenado. Me visto con más color.

(Álvaro Poblete, 35 años, prensista offset)


 

“BORRAMOS LA APLICACIÓN PARA NO TENER PROBLEMAS DE CELOS”

A mi pareja la conocí por internet, me metí en una de esas páginas para encontrar pololas. Al principio no quería emparejarme, ni nada por el estilo. Me hice esa cuenta porque estaba de moda. Quizá por si encontraba a alguna niña de color, porque siempre me han gustado las mujeres de tez oscura. Desde chico que me gustan. Si me preguntan un porqué, diría que las encuentro como exóticas.

Nosotros comenzamos hablando por chat y –al tiempo- intercámbianos los whatsapp y nos terminamos juntando. Los dos borramos la aplicación para no tener problemas de celos y empezamos a salir. Al principio igual fue raro, porque para un chileno no es fácil salir con una extranjera. No nos pescan mucho, la verdad.

Estar con una niña de Haití igual tiene varias cosas buenas. Son más pegadas a la Iglesia, aunque cometen los mismos pecados que cualquier mujer, jajaja. En lo personal me gustan sus labios gruesos, sus ojos medios saltones, su nariz pequeña y sentir su piel. Ellas sienten, ven y disfrutan del sexo de una forma distinta. También me he dado cuenta que no se hacen tantos problemas, son más pacíficas.

Su gastronomía es bacán. La forma en que cocinan me encanta. Yo nunca antes había comido con picante, pero ahora me fascina. ¿Cuándo iba a pensar que comería plátano frito? Ahora es de mis preferidos.

Ya llevamos como un año y tres meses pololeando. Este año esperamos casarnos, si Dios quiere.

(Carlos Pinochet, 23 años, prevencionista de riesgos)


 

“CUANDO LA VI EN PERSONA SUPE QUE ME IBA A CASAR CON ELLA”

Una amiga en común nos presentó. Empezamos hablando por Messenger. Yo trabajaba de DJ así que siempre estaba conectado para hablarle. Un día estábamos hablando y se desconectó de la nada. Luego volvió a conectarse y me dijo que se le había descargado el computador. Le propuse una video llamada y que nos juntáramos. Me dijo que no, pero a los meses me dijo que sí. Ahí viajé a Colombia.

Algo que nos ayudó a conocernos mejor fue que los dos somos mormones. Asistíamos a iglesias distintas, pero compartíamos los mismos principios. Entablamos una relación bien bonita. Cuando la vi en persona supe que me iba a casar con ella. Estuve menos de un mes allá y todo fluyó. Yo le pedía a Dios todos los días que me ayudara a encontrar la mujer indicada y me la envió. Después de un par de días le pedí matrimonio, pero ella quedó pensando la propuesta. Pusimos una fecha y me devolví, no nos vimos en persona hasta el día del matrimonio.

Pasó un año completo, ella allá y yo acá. Ya llevamos casados 6 años. Tenemos una hija. Recibimos muchas bendiciones como familia. Me gusta que sea alegre, como toda colombiana. Ante todo, me encanta su mirada, su forma de ser.

(Felipe Vilches, 33 años, contador)