El viernes 3 de marzo, Javiera Larraín (29) iba en el metro tomando un cono de helado cuando un tipo le susurró al oído: “Oiga, que le gusta chuparlo, mijita”. La joven decidió increpar al desconocido y en eso estaba cuando apareció otro hombre, al que denominó como el “terneado”: un ejecutivo que comenzó a tratarla de histérica: “Le dai color. Si el loco fuera rico o lo encontrarai guapo estaríai muerta de la risa”, le dijo. Javiera decidió compartir su experiencia por Facebook, una historia que terminó con el helado de Javiera sobre el “terneado” y que fue compartida por miles de personas. Ahora, en conversación con The Clinic Online comenta que es tarea de todos “generar cambios en la gente que encuentra que una ‘le dio color'”.

¿Qué pasó cuando increpaste al tipo?
Se reía y me miraba como haciéndose el loco, respondía con puros balbuceos. Después, cuando llegó el ‘terneado’ a defenderlo, aprovechó de irse y se metió al metro. El tipo que lo defendió estaba con una cara de autosuficiencia total y eso me molestó más. Su argumento era que la persona que me había hablado en primera instancia era horrible y por eso yo había reaccionado así. Me trataba de histérica y empezó a generalizar sobre las mujeres: yo era un micro ejemplo del histerismo femenino. Eso me molestó mucho porque me violentaron dos veces en 5 minutos.

¿Cómo reaccionó la gente a tu alrededor?
Todo fue muy rápido y tuve una reacción instintiva. Le tiré el helado y empezó a gritarme enferma, loca, ahí le dije: Pero, compadre, qué le dai color, si tú me encontrarai guapa o rica, estariai cagado de la risa, o no? Pa’ qué tan histérico?. Después me metí al metro porque iba camino a una reunión. Fue todo tan rápido que me tomó un tiempo poder escribir porque lo procesé con lentitud.

¿Hubo alguna frase que detonó que le tiraras el helado?
No, fue instintivo. Además, el helado me había costado plata y no quería tirarlo, jajaja. Pero era la sexta vez que me repetía que todas éramos unas histéricas, que sobre dimensionábamos esos piropos tan galanes que nos estaban llegando todos los días en la calle. Me repetía que si hubiese sido un hombre guapo, yo no habría reaccionado así. Y eso lo decía sintiéndose él un hombre guapo, cosa que me molesto aún más por su poca empatía. Siento que pensaba: ‘por ser guapo, me siento con el derecho de poder decirte lo que yo quiera’. Lo único que le faltó fue decirme que yo no creía en la libertad de expresión.

¿Te había pasado algo similar?
Con este nivel de agresión verbal, no. Pero sí, las típicas como ‘mijiteo’ y esas frases que te hacen cerca del oído cuando pasan al lado tuyo. Me había pasado arriba de un auto y es súper difícil la capacidad de reacción porque cuando vas a reaccionar, el auto ya pasó.

¿Qué te pasa cuando escuchas “feminazi”?
Me da urticaria ese término. No sé si estaré más sensible por lo que me pasó, pero me da pena escuchar y leer ese término. Por lo general, no lo veo mucho porque me rodeo de gente que no se refiere en esas palabras. Lo que sí, me da pena ver que estamos en una sociedad que es muy violenta con el otro. Me violenta que haya gente que entienda tan mal el feminismo que utilice ese adjetivo.

¿Y con los comentarios que te tratan de resentida o que “le dai’ color”?
La mayoría de los comentarios han sido positivos pero la gente que me trata de histérica o dice: ¿pa’ qué lo cuenta?, les diría que lo cuento porque quiero y porque para eso son las redes sociales, el diálogo es connatural a las personas. Pero lo más impactante fue que me escribieron muchas mujeres de manera interna a mi Facebook contándome sus historias de acoso. Eso fue súper heavy porque no soy terapeuta ni tengo ninguna competencia para contener ese tipo de situaciones y aún así, sentí una especie de responsabilidad por responderles a todas. Algunas me daban las gracias por compartirlo y por darles la fuerza para sacar la voz y otras me contaban sus historias. Yo siento que es como para cerrar un ciclo y que se sentían invitadas a contarme lo que les había pasado. Hablarlo es súper terapéutico y es el primer paso para que uno pueda superar ese mal rato o situación.

¿Qué mensaje le mandarías a las mujeres que por miedo o inseguridad se quedan calladas?
Las invitaría a contar lo que les pasó. Sé que en algunos casos es súper difícil pero no tiene que ser público necesariamente. Muchas veces hay un familiar, un amigo o una red de soporte: hay que buscar instancias para sentirse contenidas. No sé si soy ilusa o positiva pero creo que cada vez hay más solidaridad y compañerismo entre las mujeres. Pero hay cosas que hay que denunciar, no solo quedarse en las palabras.

¿Crees que existen las instancias suficientes?
Se deberían legislar políticas públicas al respecto. Desde el acoso callejero hasta la violencia de género y doméstica. Hay demasiado por hacer porque este tipo de prácticas están sumamente normalizadas. Cuando el ‘terneado’ se acercó a decirme que le estaba dando color, en realidad, no era el terneado quien me estaba hablando, sino que la sociedad en la que nació y se crió que le hizo entender que nosotras le estamos dando color. Creo que él también es víctima de un sistema cultural que ampara este tipo de conductas. A veces, una misma las normaliza y dice: para qué le voy a responder. Hay que luchar contra esa normalización.

¿Ese es el llamado que haces a las mujeres?
No sé si haría un llamado porque no me siento gurú de nadie ni una vocera del feminismo. Creo que hay que defenderse y alzar la voz, no solo por la mujeres sino que por cualquiera: hombres, niños que les estén haciendo bullyng. Estamos en una sociedad que no interviene cuando otro está siendo atacado, sea hombre, mujer, trans, quien sea. ¿En qué minuto nos dejó de importar que al otro lo abusen?

¿A quién le tirarías otro helado en la cabeza?
No me arrepiento del helado que tiré y lo volvería a hacer pero esto no es una invitación a tirar helados por la calle. Creo que no basta con tirar el helado, hay que hablarle a la intolerancia y, si es que no queda muy enojada por el helado que le tiré, sentarse a conversar de lo que pasó. Inclusive, tiraría un helado a nosotras mismas porque caemos un poco en eso de conversar con los mismos, con los que opinan como tú pero hay que generar cambios en la gente que encuentra que una ‘le dio color’. A esos los invitaría a tomar un helado y a dialogar porque ahí es dónde tenemos que hacer el trabajo, en los que no piensan como una. Les diría que el feminismo no tiene que ver con una lucha de las minas contra los hombres, ni por la supremacía de las mujeres en el mundo, encuentro que eso es una estupidez. El feminismo es una lucha política y cultural por la equidad de género total. Deberíamos remar todos para el mismo lado como sociedad pero no, pareciera que en algunos puntos nos divide.

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